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S.M.I. Catedral de La Habana
2 de marzo de 2009.
“JESÚS VISTO
DESDE FUERA
DEL
CRISTIANISMO”
Queridos hermanos y hermanas:
Este año como en años anteriores hablaremos de Jesús. Es inagotable la persona de Jesucristo cuando nos acercamos a Él, cuando meditamos su evangelio, cuando predicamos u oímos predicar sobre sus palabras, sus enseñanzas, su vida. En el cristianismo todo se considera teniendo a Cristo como su centro. El calendario cristiano no cuenta los años a partir de un punto inicial, dijéramos, a partir del comienzo de un imperio, o a partir de la creación del mundo, sino a partir de un punto central que es el acontecimiento que constituye Jesucristo en la historia de la humanidad. Cristo es el centro del tiempo y el Señor del Universo y de la historia y se convierte no sólo en referencia para contar los años como lo hacemos hoy, sino en un criterio para juzgar la vida, el bien, el mal, lo que es verdadero o lo que es falso. El hecho de que Dios se haya encarnado, se haya hecho carne, para tomar nuestra condición humana, introdujo en la historia a un hombre único, a un hombre que ha |
vivido, que le da a la historia un valor de salvación, es decir, el tiempo deja de ser una acumulación de acontecimientos sucesivos para convertirse en un tiempo que lleva hacia un futuro iluminado en sus pasos intermedios por una palabra, por una referencia, por una persona, Jesucristo. Es a todo lo que llamamos el acontecimiento Cristo.
Nadie puede tener noticia de Jesucristo y quedar indiferente, ninguna cultura que conozca algo de su persona y que se considere verdaderamente tal, puede pasar de largo ante Jesucristo. Ningún hombre religioso, de cualquier religión que sea, puede sentirse indiferente ante la figura de Jesús, ante el mensaje que brota de sus palabras, de su entrega, de su testimonio de amor a los hombres.
JESUCRISTO EN LA CULTURA CONTEMPORÁNEA
En la cultura actual Jesucristo tiene distintas representaciones que pueden provenir de ambientes no cristianos y aun ateos. En todas partes encontramos una pregunta no cristiana sobre la persona de Jesús, sobre su obra y sobre lo que significa el fundador del cristianismo para la humanidad, y esto generalmente va unido a una simpatía amplia y sincera hacia Él, que es conocido y apreciado sobre todo como un ejemplo para la humanidad.
Aunque no llegan a una visión completa, esas imágenes “desde fuera” muestran diversos elementos de conocimiento y de experiencia humana y aun de experiencia religiosa. Jesús da a los hombres y mujeres de hoy la posibilidad de ser realmente humanos y cualquier hombre de cualquier religión o sin religión puede apropiarse de Jesús. Aquí recordamos a san Pablo: “no hay distinción entre judío y griego, ya que Él es el Señor para todos los que le invocan: “todo el que invoque el nombre del Señor se salvará” (Rom 10, 12-13). La humanidad se dirige a Cristo como a un modelo fundamental para interpretar el propio misterio del hombre y esto sucede a pesar del ateismo, de la indiferencia religiosa, y de la globalidad unificadora de la cultura contemporánea. Del corazón del hombre y de la mujer de hoy brota con fuerza una invocación muy honda para que su realidad humana, eso que nosotros llamamos el misterio de cada corazón humano, sea descifrado por Cristo; brota un deseo de ser sostenido por Él en la soledad, en el quehacer cotidiano, en el progreso de la humanidad, en el dolor y en el fracaso, ser salvados de todo mal físico, moral y espiritual y de la muerte por ese Jesús aún desconocido, ese ser que presienten de algún modo.
También fuera del cristianismo Jesús aparece como aquel que puede descubrirle al hombre quién es él y hacerle comprender cuál es su vocación en la vida. Jesucristo recrea la humanidad, da valor y dignidad al ser humano y sentido a su existencia. Y estamos hablando de hombres y mujeres que miran a Cristo desde fuera del cristianismo, en esa fatigosa y a veces angustiosa peregrinación del hombre contemporáneo buscando el verdadero rostro de Dios y algo más que eso, buscando la propia identidad humana: ¿Quiénes somos? ¿Quién soy? Esto que pasa en esa humanidad doliente y no cristiana, mucho más de lo que podemos pensar o descubrir, es una provocación al cristianismo, a quienes estamos dentro de la experiencia y del conocimiento claro de Jesucristo como el Señor. Es un llamamiento para que escuchemos esa voz y respondamos con un anuncio y un testimonio adecuado de Jesucristo.
JESUCRISTO EN LAS RELIGIONES NO CRISTIANAS
Las religiones no cristianas “no pocas veces reflejan un rayo de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres” (Nostra Aetate # 2, Concilio Vaticano II).
1. Veamos la figura de Jesús en el Hinduismo y en el Budismo.
Sabemos que el hinduismo es la grande y antigua religión de la India. Es anterior al cristianismo. Son cientos de millones los que profesan el hinduismo en la India y algunas regiones aledañas. Todos conocemos a Mahatma Gandhi como aquel que por medio de una lucha no violenta, pacífica, animó al pueblo indio para obtener la independencia de Inglaterra. El mundo contemporáneo tiene en alta estima la figura de Gandhi por su irradiación, por su profunda fe religiosa, por su método de lucha no violento. |
Mahatma Gandhi. |
Se sabe que Gandhi quedó fuertemente impresionado por el Sermón de la Montaña. En él veía concentrado todo el mensaje cristiano: “Dichosos los pobres porque de ellos es el Reino de los cielos, dichosos los que lloran… dichosos los mansos y humildes de corazón… dichosos los limpios de corazón…”, etc. Gandhi, que era muy tolerante, tanto por temperamento, como por educación, no encontraba fuertes diferencias entre el Sermón de la Montaña y varios textos sagrados del hinduismo. Para Gandhi, Jesús fue un mártir, la encarnación del sacrificio, un gran maestro de la humanidad. En el hinduismo, a la par que Buda, Mahoma, Ramakrishna y otros, Jesús es considerado como un excelente ejemplar de moralidad, de no violencia, de verdadera humanidad. Para Vinopa, un discípulo de Gandhi, Jesús fue el mayor de los comprometidos, es decir, de los que creen en la fuerza de la verdad y de la no violencia.
Para no pocos teólogos hindúes, Jesús es una “encarnación plenaria de Dios”. En Él, Dios desciende con la finalidad concreta de salvar al mundo. Hay otro gran teólogo hindú, por ejemplo, que considera a Jesús como una de las mayores encarnaciones de Dios, como un profeta puro y generoso que sufrió y expió por cada uno de nosotros y por los que han de venir después. Evidentemente, no ven en Jesús al único enviado de Dios, la única encarnación de Dios en la humanidad, sino que Cristo es uno de muchos o de algunos otros que también han sido encarnación de Dios. Este es el modo hindú de acoger a Jesucristo y de asimilarlo (asimilarlo en el sentido de hacerlos suyo, de incorporarlo a sus creencias). |
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El budismo experimenta la gran fascinación de la personalidad de Jesús que es colocado frecuentemente al lado de Buda y de Confucio entre los grandes sabios de Oriente. Siempre se habla de su ejemplaridad humana y de su alta enseñanza moral.
2. Jesús en el Islam.
En el Corán, Jesús (que es llamado Isa), es mencionado en 15 de los 114 capítulos del libro, en un total de 93 versículos. Jesús es considerado como un gran profeta del Islam. Nació de María Virgen, lo que demuestra el gran poder de Dios. Jesús es considerado como el que hizo muchos milagros y es maestro de monoteísmo absoluto y de la sumisión total a Dios. Esto último es lo mismo que dice el Islam con respecto a Dios en su teología. Aparece Jesús así como un perfecto musulmán, como lo fue el primer hombre, Adán, y más tarde Abraham. Según el Corán los tres son perfectos musulmanes. Jesús es el profeta más santo anterior a Mahoma, pero no es más que un profeta. El Corán rechaza la divinidad de Jesús. La teología musulmana dice: Dios es absolutamente lejano e inmutable y no puede encarnarse. Voy a citar una frase del Corán: “Dicen los impíos: el Misericordioso tiene un hijo. ¡Esta es una afirmación abominable!” (Corán XIX, 88-89). “No, el Misericordioso no puede tener un hijo” (Corán XIX, 92). Sin embargo, dan a Jesús los títulos de Mesías, siervo de Dios, bendito, palabra segura, mensajero; creen en la concepción virginal y en los milagros de Jesús. Todo esto interpretado como signo del poder de Dios en Jesús, pero el Corán niega la muerte de Jesús, porque Dios no puede dejar en la humillación a un profeta suyo tan grande.
A pesar de todo esto la enseñanza de Jesús, expresada sobre todo en el Sermón de la Montaña provoca entre los musulmanes admiración y respeto. Podemos decir que el Islam hace una lectura totalmente humana y profética de Jesucristo.
3. Jesús en la religión judía.
Después de casi dos milenios de profunda incomprensión entre judíos y cristianos, después de la II Guerra Mundial, hemos entrado en una fase de superación del rechazo y ha comenzado a recuperarse el Jesús histórico por parte del pueblo judío. Grandes historiadores judíos o escritores de obras de teatro, de poesía, de novelas y de artículos reconsideran la figura de Jesús. Los libros de texto de historia que se usan en Israel hacen una presentación de la figura de Jesús, sobre todo afirmando que se trata de un judío ilustre. En las investigaciones sobre Jesús hechas en la época contemporánea se le llama el “gran hermano” (Martin Buber) o el “eterno hermano”. Escuchemos lo que dice un autor judío, Ben-Choren: “Jesús es para mí el eterno hermano, no sólo hermano en cuanto hombre, sino también mi hermano judío. Siento su mano fraterna que me toma para que lo siga. No es la mano del Mesías, esta mano que tiene señales de heridas. Indudablemente no es una mano divina, sino una mano humana, en cuyas rayas está excavado el más profundo dolor”. Otros estudiosos judíos llaman a Jesús “rabino” y “maestro” y lo reconocen como un intérprete oficial de la “Ley” en Israel (se trata de la Ley de Dios).
La comprensión histórica actualizada más objetiva de Jesús la tenemos en el testimonio de Jule Isaac, un escritor judío. Aquí mencionamos algunas de sus afirmaciones más significativas:
- Jesús fue un judío según la carne.
- Fue aceptado por gran parte de su pueblo y sus primeros seguidores fueron judíos.
- No se puede atribuir al conjunto del pueblo judío el crimen de “deicidio”: ni históricamente “porque el responsable de la Pasión y muerte de Jesús fue la oligarquía sacerdotal y laica de tendencia saducea, servidora de Roma y detestada por el pueblo”; ni, “teológicamente” porque no fueron los judíos quienes crucificaron a Jesús, sino los pecados de toda la humanidad.
Hemos visto la figura de Jesús contemplada por las grandes religiones del mundo fuera del cristianismo. Hemos visto que Jesús aparece como una personalidad de gran significado humano y religioso, como un profeta de Dios, maestro del humanismo, mártir y testigo de la verdad sobre el hombre y sobre Dios. Pero es sólo un profeta entre tantos, aunque con un mensaje original y fascinante para todos. Desde fuera del cristianismo no se capta lo esencial de Jesucristo: su trascendencia absoluta y divina queda totalmente incomprendida o rechazada.
Por lo tanto, no se ha comprendido a Cristo en este proceso, sino más bien se ha asimilado el acontecimiento que es Jesucristo. En el mejor de los casos vemos en esas religiones intentos por apropiarse de la figura de Jesús, a quien se le desconoce en su originalidad propia. Se pretende vivir, amar, creer y orar como y con Jesús, pero no a Jesús.
4. El Cristo de los filósofos.
Los filósofos modernos que han hablado de Jesús pueden dividirse en dos categorías: los que lo interpretan a la luz de la sola razón y consideran a la razón opuesta a la fe, pero acentúan por otra parte que Jesús es un humano excepcional y, por el contrario, los que lo interpretan a la luz de la razón y de la fe, reconociendo en la fe el privilegio de una inteligencia más profunda y auténtica del misterio de Dios, de Cristo y del hombre. Así, por ejemplo, Pascal.
En todo caso, hoy parece que el clima filosófico dominante es el que afirma por un lado la absoluta racionalidad del acontecimiento Cristo, considerándolo un hombre al nivel de Sócrates, Buda o Confucio; y por otro subrayando su innegable carácter “decisivo”, siendo Jesús el más extraordinario entre los hombres “normativos”.
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5. El Cristo de los marxistas.
Dos interpretaciones: la mitológica y la histórica. Por la relevancia social del marxismo no puede pasarse por alto la comprensión que el marxismo tiene del fundador del cristianismo. Veamos primero la corriente mitológica, que considera a Cristo como una creación fraudulenta de la primitiva comunidad cristiana. Esta interpretación rechaza la existencia histórica de Jesús y de sus apóstoles, afirmando que el mito Jesucristo ha ido haciéndose historia en tres etapas sucesivas:
a). El Apocalipsis originado en la primera mitad del siglo i que, según ellos, divinizó enseguida a la persona de Jesús.
b). Las cartas de Pablo redactadas, según ellos, al comienzo del siglo ii , que conceden a Jesús atributos humanos y divinos.
c). Por último los evangelios, escritos en la segunda mitad del siglo ii (según ellos), que llevaron adelante este proceso mitológico al describir la vida terrena de Jesús. El cristianismo habría comenzado independientemente de la existencia de un Jesús histórico. Su origen estaría causado por la desintegración del mundo antiguo y por las particulares condiciones socioeconómicas del Imperio Romano. |
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La corriente histórica, por el contrario, enlaza el origen del cristianismo con la figura histórica de Jesús de Nazaret, pero interpreta su figura a la luz del materialismo histórico. Jesús aparece como un populista y un comunista “antes de tiempo” y lógicamente sin ningún carácter sobrenatural. Este modo de pensar se abrió paso entre los marxistas de Occidente después de la Segunda Guerra Mundial por obra del marxista inglés A. Roberson, que se pronunció a favor de la historicidad de Cristo.
6. La interpretación neomarxista.
Esta interpretación que tiene una cierta resonancia en los países occidentales, no sólo enlaza el origen del cristianismo con la figura histórica de Jesús, sino que hace de él un paradigma humano revolucionario que es ejemplar incluso para el marxista ateo. Es un relanzamiento marxista de Jesús presentado como modelo sublime de humanidad que hay que descubrir e imitar porque aún esto no se ha hecho.
Hay algún filósofo neomarxista que ve en Jesús un modelo perfecto de existencia humana. Jesús encarnaría así al máximo al ideal del hombre de infinitas posibilidades, sujeto de acción creadora, capaz de luchar con el mismo Dios para ser premiado por él al estilo de Jacob. Aún sus milagros no son magia, ni ninguna intromisión indebida de Dios en el orden natural, sino son signos de la capacidad del hombre mismo para superar las realidades que lo rodean. Otro pensador marxista ve en Jesús la capacidad del hombre de expresar con plena libertad su verdad y defenderla sin componendas. Jesús fue un ejemplo de esa radical autenticidad. El pensador marxista Kolakovski resume el significado de Jesús para el hombre contemporáneo de este modo: Jesús abolió la Ley a favor del amor; eliminó la violencia en las relaciones humanas, recordó al hombre que no se vive sólo de pan; abolió la idea de pueblo elegido, etc. Él mezcló parte de la absoluta historicidad de Jesús y lo interpreta como un herético y como un rebelde. Dice él: la verdadera imagen de Jesús no es la del cordero manso, sino la de la serpiente. Jesús sigue el consejo de la serpiente en el paraíso que llamó a la liberación total diciendo al hombre “Serán como Dios”. Jesús realiza en su persona esta aspiración, en él el hombre se hace Dios. Otro autor marxista Machover dice lo siguiente: “Hay que leer la Biblia con los ojos del Manifiesto Comunista, … para democratizarla, de manera que el texto sagrado, liberado de su carácter sobrenatural, pueda descubrir su fundamento y su temática social; así el verdadero marxismo y el verdadero cristianismo podrán colaborar”.
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Esta mirada neomarxista sobre Jesús implica una innegable actitud de respetuosa consideración de su personalidad humana y de los valores humanos defendidos por el cristianismo, pero es lamentablemente reductiva de su figura. Lo que hay en el fondo es el prejuicio tan arraigado en el marxismo ateo de que es imposible que el hombre se abra al Cristo totalmente Otro, a Dios.
8. La interpretación cristiano-marxista.
Aquí tratamos de la comprensión de algunos pensadores cristianos, para los cuales la única lectura válida de Cristo es la marxista. Los resultados de esta relectura son un rebajamiento mortificante de la riqueza religiosa del acontecimiento Cristo en categorías sociopolíticas inadecuadas y además reductivas. Existe el libro de F. Belo, Lectura materialista del evangelio de Marcos, publicado en 1975. Nos deja insatisfechos la absolutización de esas lecturas parciales, la instrumentación de una visión totalmente cerrada a lo trascendente, así como el subjetivismo que le imprimen los autores, imponiendo más bien la propia visión de Cristo y olvidando que todos debemos dejarnos interpelar auténticamente por la persona y el anuncio de Jesús.
Conclusión. |
Leszeck Kolakovski. |
El anciano Simeón, al ser presentado Jesús en el Templo, dijo a María que su Hijo sería “una bandera disputada”. Pero, si bien algunos no ven en Él a Dios hecho hombre, sí ven un profeta de Dios, un enviado de Dios, un hombre insigne, un maestro de humanidad. No hay una mirada de amor sobre Jesús y otra de odio, de modo general, hay más bien una mirada de fe y de amor y otra de simpatía y admiración. Pero aun en el caso del rechazo, no pocos pueden pasar ante Jesús con indiferencia.
Si en nuestro pueblo parece abundar más esta indiferencia es porque el anuncio de Jesús no se ha hecho o no ha encontrado el modo de hacerlo comprensible al hombre y la mujer de hoy, o porque no tenemos el arrojo de proclamar a Jesús a tiempo y destiempo.
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S.M.I. Catedral de La Habana
9 de marzo de 2009.
“JESUCRISTO VISTO ‘DESDE DENTRO'
DEL CRISTIANISMO”
Me refiero a verlo con los ojos de la fe desde dentro del cristianismo. Si contemplamos a Jesús apoyándonos en la vida de la Iglesia , en la Sagrada Escritura , y la Liturgia , que es la expresión cultual de lo que la Iglesia cree y vive, es decir, todo aquello que ella realiza como oración publica de alabanza a Dios, de súplicas, de predicación, dentro de la cual ocupa un lugar de máxima importancia la celebración de la Eucaristía , podemos responder con plenitud a las indicaciones y los anhelos de los modos de concebir a Jesús que están presentes tanto en las religiones no cristianas, como en los humanismos contemporáneos. Pero antes de presentar de modo sintético los modos de doctrina y de praxis católica contemporánea con respecto a Jesucristo, vamos a pasar rápidamente sobre la óptica de fondo de la consideración de Jesucristo por la teología, tanto ortodoxa como luterana, que tienen también su validez.
1. Modo de concebir y de celebrar a Cristo en la teología ortodoxa.
La característica de la cristología ortodoxa no es la interpretación contemporánea de cuanto Cristo ha hecho o dicho, tal y como lo recoge su evangelio, para buscar su influjo concreto en la vida de la Iglesia |
Crucifixión / El Greco. |
y la sociedad. La cristología ortodoxa brota más bien de un esfuerzo de participación lo más íntima posible en el misterio salvífico de Cristo. Es decir, Jesús ha venido a nosotros enviado por el Padre, ha muerto en la Cruz por nosotros, ha resucitado y está en su gloria. Nuestra participación en este misterio lleva consigo la iluminación de la mente, la contemplación con todo nuestro ser de todo lo que es Jesús, lo que ha hecho por nosotros y de cómo vive junto al Padre. La adoración, en esfuerzo por una vida ascética, es decir, de sacrificio, de renuncia a muchas cosas y la alabanza continua, que se muestra sobre todo en la Liturgia ortodoxa tan rica que hace que nos transportemos a esa gloria alcanzada por Cristo y que nosotros debemos alcanzar un día.
La cristología ortodoxa es una cristología desde arriba y parte desde la afirmación del primer capítulo del evangelio de san Juan: “ la Palabra se hizo carne”. La consideración sobre Jesucristo entre los ortodoxos comienza justamente por el hecho inaudito, gratuito y gloriosísimo de que Dios se haya hecho hombre, es decir, de la encarnación considerada como un acontecimiento decisivo que le devuelve al hombre y al mismo Universo la gloria divina. Es la afirmación convencida de que “el hombre es verdaderamente hombre cuando participa en la vida de Dios” (Meyendof). Los ortodoxos, convencidos de la importancia fundamental, decisiva y suficiente de la Tradición eclesial, de los Padres de la Iglesia y de los primeros Concilios del cristianismo, insisten en la divinidad de Cristo, hombre verdadero y Dios verdadero. Jesús en la ortodoxia no es problematizado, sino adorado, vivido y testimoniado como el tesoro más grande de la fe de los Padres, que hay que mantener y transmitir íntegramente para la salvación de la humanidad.
Al extenderse la Iglesia Ortodoxa Rusa por el mundo, sobre todo después de la Revolución de Octubre y de la creación de la Unión Soviética , la teología ortodoxa rusa tuvo que enfrentar las sugerencias de los filósofos y teólogos occidentales. Su esfuerzo en primer lugar fue hacia el mantenimiento de la fe tradicional y en este aspecto, grandes teólogos ortodoxos rusos, como Endokimov, pueden definir la cristología ortodoxa como una nueva presentación de la doctrina de los primeros Padres de la Iglesia. Pero esta propuesta de la Tradición no significa recuerdo estéril ni simple imitación de lo pasado, sino que ofrece aspectos particularmente originales del misterio de Jesucristo, ofreciendo muchas respuestas a las ansias e inquietudes modernas. La cristología ortodoxa de la gloria de Dios en el rostro de Cristo y de la participación redentora del cristiano en esta gloria, está totalmente inundada de la serena certeza de la definitiva liberación del hombre y del Universo por la venida de Cristo a nuestra historia.
2. El modelo de la “Cruz” en la cristología luterana”.
Para Lutero y para toda la tradición protestante hasta épocas muy recientes, la Cruz es el módulo más adecuado para comprender y para vivir todo el mensaje de Cristo. La teología de la Cruz es la visión de fondo de Lutero, su método de interpretación, para la misión de Cristo, su conocimiento práctico y existencial del cristianismo.
No consiste esta teología luterana solamente en una reflexión crítica sobre el dato específico de la muerte redentora de Cristo en la Cruz , sino que constituye la característica fundamental del mensaje cristiano y la síntesis de su absoluta originalidad. Y así la Cruz no es sólo una parte en todo el mensaje cristiano sino más bien el criterio formal de interpretación de toda la misión de Cristo. A la teología reflexiva, filosófica, académica, de la gloria, de los ortodoxos, Lutero prefiere la teología bíblica de la Cruz. Para él, en la perspectiva de la Cruz se valora todo lo que Dios ha manifestado sobre sí mismo de manera paradójica en el anonadamiento del Verbo hecho carne y crucificado. Por eso, como la cristología es revelación de la Cruz , esta es el centro y el objeto fundamental de todo el pensamiento teológico luterano. Sólo en Cristo Crucificado Dios se revela y se esconde, sólo en Cristo Crucificado está el verdadero conocimiento de Dios.
La Pasión y la Cruz de Cristo son los auténticos signos de la presencia de Dios y constituyen el único conocimiento indirecto pero proporcionado que el hombre puede tener de Dios.
A la luz de esta nueva comprensión que nos es revelada, que no es fruto de un discurso filosófico o natural, Lutero lee todo el misterio cristiano y la salvación que este misterio nos trae mediante la Cruz.
En años recientes, Moltmann ha propuesto al “Dios Crucificado” como conocimiento intrínseco de toda teología y de toda verdad del cristianismo.
Sin embargo, este autor introduce una visión más equilibrada cuando dice: “Volver a ocuparse hoy de la teología de la Cruz significa evitar la unilateralidad de la Tradición y supone entender al Crucificado a la luz y en el contexto de la Resurrección y por tanto de la libertad y de la esperanza”.
3. Distintos modos de acercarnos a Cristo en la teología católica.
Entre los católicos se da una pluralidad de modelos cristológicos que no dan tanto énfasis a la gloria divina ni a la absolutización del acontecimiento de la Cruz. Lo que prevalece en el pensamiento teológico católico es el descubrimiento y la valoración adecuada, con todas sus implicaciones, de la humanidad de Jesús. Esta nueva comprensión de Cristo tiene en cuenta las distintas visiones filosóficas o teológicas como los distintos horizontes culturales donde se halla el cristianismo. Nace así una pluralidad de consideraciones cristológicas según los contextos sociales, inculturadas y muy abiertas a la llamada existencial, pero estas distintas consideraciones teológicas no se oponen generalmente, ni se excluyen mutuamente, sino que pueden encontrarse y completarse en un mismo proyecto de pensamiento teológico sobre Jesucristo. Así algunos teólogos siguen cristologías de tipo clásico, presentando a la persona de Jesús primeramente y presentando su obra después. Otros, con métodos muy dinámicos, afirman que al amor divino manifestado en Cristo le corresponde solicitar la acción del hombre para la construcción del mundo y de la humanidad. Para Kasper, la historia es la clave esencial para descifrar el significado del acontecimiento de Cristo. Cristo no es una deducción de las necesidades del hombre o de la sociedad, sino que lo encontramos en el misterio de su historia concreta, con sus acontecimientos originales, extraordinarios y únicos de que fue protagonista: nacimiento, predicación, obras, actitudes, Pasión, muerte, Resurrección. Estos acontecimientos, en su conjunto, son los que tienen valor auténticamente para nuestra salvación. Otros teólogos, como Boldoni, unen íntimamente el conocimiento del misterio de Cristo con el conocimiento del misterio del hombre: Jesucristo responde a las preguntas fundamentales del misterio del hombre. El gran teólogo Karl Rahner parte del hombre como un ser dotado de una necesidad trascendental, en búsqueda siempre de algo que está más allá de él, por encima de él. El hombre busca en la historia que se nos presente este misterio inabarcable llamado Dios, que nos salga al paso, y esto sucedió en la persona de Jesucristo. Un hombre así, con este destino de buscador insaciable es el que puede encontrar a Cristo que lo colme en plenitud. Después vienen las cristologías en contextos, es decir, presentaciones de Cristo que tienen un afán de inculturación, y así tenemos el Cristo liberador latinoamericano que presenta a Cristo no tanto en su |
verdad de Hijo de Dios hecho hombre, sino con su impulso transformador y liberador de la realidad oprimida. Ante esta teología nos preguntamos si la exigencia exclusiva sobre el influjo sociocultural del evangelio como modelo para actuar no incluye el riesgo de elevar a criterio absoluto de verdad el principio de la sola eficacia práctica de la persona de Jesucristo en la historia. Si eso fuera verdad, perdería significado el misterio central de la redención y de la liberación cristiana que se encuentran en el sufrimiento por la Cruz y
el la Resurrección de Jesús. Está el Cristo de Pueblo, el Cristo de la religiosidad popular, que no es otro que el Cristo del anuncio eclesial. Dice el documento de Puebla: “el pueblo latinoamericano, profundamente religioso, aun antes de ser evangelizado, cree en su gran mayoría en Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre”. El documento de Puebla sitúa el anuncio de la liberación cristiana sobre la base de la integridad del misterio de Cristo: “solidario con los sufrimientos de nuestros pueblos, sentimos la urgencia de darles lo que es específicamente nuestro: el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios” (no. 181).
4. El Cristo bíblico eclesial.
La existencia de una pluralidad de modelos cristológicos plantea un problema. ¿Cuál de ellos es legítimo para servir a Cristo hoy en la Iglesia , sin reducirlo, sin relativizarlo? Frente a la multiplicidad de interpretaciones de cristologías, que llamamos “desde fuera” y de la cristología “desde dentro”, ¿cuál es el verdadero rostro de Jesucristo y dónde podemos encontrarlo? |

Karl Rahner. |
Debemos decir que la opción equilibrada es la del “Cristo bíblico-eclesial” tal y como la Iglesia nos lo entrega en las Sagradas Escrituras y en su vida de fe. La vida espiritual del pueblo de Dios, su compromiso de santidad, de apostolado y de misión, los esfuerzos ecuménicos, tienen su fuente en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre y Redentor, verdadero hombre y verdadero Dios, consustancial al Padre y a nosotros. El éxito de la salvación de toda la humanidad queda asegurado solamente por esta densidad personal divina y humana de Jesucristo.
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Una cristología no suficientemente fundada en el Cristo bíblico-eclesial puede quedar disminuida a nivel de anuncio humanístico. Cristo se convierte solamente en camino del hombre, Cristo se queda en uno de los caminos hacia Dios y no manifiesta la verdadera identidad de Jesús camino, verdad y vida. El Cristo bíblico-eclesial tiene un lugar privilegiado en la vida de la comunidad, de los que creen en Él. En la Iglesia es donde aparece el verdadero rostro viviente de Cristo y en la Iglesia comunidad eucarística, comunidad apostólica, comunidad de oración, comunidad de pecadores salvados, es donde está viva hoy, no como recuerdo arqueológico o como simple teoría, sino como realidad experimental la proclamación entusiasta que Pedro hizo antes de Pascua: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”, y después de Pascua: “Sepa con certeza el pueblo de Israel: este ha sido curado en nombre de Jesús de Nazaret a quien ustedes crucificaron y a quien Dios ha resucitado de entre los muertos… en ningún otro está la salvación, no se nos ha dado otro nombre entre los hombres en el que podamos ser salvados” (Hch 4, 10-12).
La comunidad eclesial está firmemente convencida del carácter total y significativo de la salvación en Cristo, en ningún otro encontraría el hombre el significado pleno de su vida, de su muerte, de su gozo, de su dolor, de su estar con los demás, de su amor, de sus fracasos, de su soledad: “Hemos encontrado al Mesías (que significa el Cristo)” (Jn 1, 41), le dice Andrés a su hermano Simón después de haber encontrado y conocido a Jesús. Esto lo repiten también los cristianos hoy. Y esta confesión cristológica nuestra, más que un fruto de nuestra búsqueda humana o que conclusión de nuestra investigación histórica y teológica, es, ante todo, una iluminación divina por la fe. Cristo Resucitado y viviente, ayer y hoy, es el que toma la iniciativa de revelarse libremente a los que creen en Él, como hizo con la Magdalena , con los apóstoles, con los discípulos de Emaús, con Pablo.
Este Cristo de la fe de la Iglesia lo veremos con detenimiento en una próxima catequesis, después de haber contemplado el Cristo de la historia y así tendremos una visión más cercana de lo que es nuestra fe en Cristo salvador. |

La Resurección / El Greco. |
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