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HISTORIA

Gabriel Millet y Lara:

Un benefactor habanero

por Arturo A. Pedroso Alés

“El saber y ser útil a sus semejantes
es la verdadera divisa del hombre.”

No son muchas las plumas que se han detenido a estudiar la vida de Gabriel Millet y Lara, ilustre benefactor habanero del siglo XIX , a quien la ciudad, y en particular la enseñanza pública, le deben estar eternamente agradecidas. Su legado resulta hoy poco conocido y hasta ignorado por muchos. Nuestra historiografía apenas recoge pequeños apuntes biográficos de intelectuales como Raimundo Cabrera o el doctor Manuel Valdés Rodríguez, ambos contemporáneos e íntimos amigos del abogado Millet, que nos permiten una primera aproximación a su figura.

Gabriel Millet y Lara nació en La Habana el 29 de octubre de 1823, en pleno cenit de la sociedad esclavista. Cursó estudios en el colegio San Fernando, y en el Seminario San Carlos y San Ambrosio, donde se graduó de bachiller. Se licenció en Derecho en 1847, en la Universidad de Barcelona. Años después regresó a Cuba para ejercer con éxito su profesión en La Habana y Pinar del Río. Preso en 1869 por delito de infidencia se vio forzado a emigrar a la Península.

Como muchos otros intelectuales de su generación, viajó por Europa en busca de nuevos horizontes. Residió algún tiempo en París, aunque se afincó definitivamente en Madrid, y anualmente disfrutaba de cortas temporadas en Cuba.

Gabriel Millet y Lara.
Gabriel Millet y Lara


En fuentes como el Diccionario de la Literatura Cubana o la Enciclopedia Popular Ilustrada, Cuba en la mano , de Fermín Peraza, se afirma que “se hizo de una fortuna por su trabajo y laboriosidad”, sin embargo, si admitimos esta aseveración como absoluta, perderíamos de vista importantes detalles. En primer lugar, hay que tener en cuenta su origen clasista; en segundo lugar, señalar que Millet poseía varias propiedades urbanas en La Habana y fincas rústicas en la provincia de Pinar del Río, las cuales le reportaban formidables rentas. Entre ellas podemos citar la casa de Mercaderes No. 13 (antiguamente marcada con el número 5), que pasó a formar parte de su patrimonio después de que fuera embargada, en 1884, a don José María Herrera y Garro, tercer conde Fernandina. Esta residencia estaba arrendada a los comerciantes e importadores de víveres Sociedad Badía y Compañía. Por último, podríamos añadir el interesante dato que aporta el historiador Julio Le Riverend en su obra La Habana , espacio y vida, cuando al referirse a la vinculación que existió –a mediados del siglo XIX – de un grupo de hombres ilustrados a la clase financiera, señaló: “Gabriel Millet, el benefactor de la Sociedad Económica de Amigos del país, era director del Banco Industrial Pecuario, del cual poseía 100 acciones (…) ” (1)

También en la literatura, en un grupo de artículos periodísticos, se destacó su intelecto. En 1888, dio a conocer su libro Una pascua en Madruga .

En las elecciones de 1881 fue diputado a Cortes por los autonomistas de Santa Clara, conjuntamente con Calixto Bernal. Asimismo, formó parte de la sociedad anónima que, con capital de 30 mil pesos, se constituyó en Madrid en febrero de ese mismo año para el sostenimiento del periódico La Tribuna , vocero del Partido Liberal Autonomista.

A pesar de no abrazar el ideal independentista, ya que siempre militó en las filas del autonomismo, prestó importantes servicios a la causa redentora por medio de su incansable labor propagandista. Sobresalió también por la ayuda que proporcionara a emigrados, prisioneros y cubanos desterrados en Europa.

Entre los cubanos que recibieron el generoso apoyo de Gabriel Millet en París, se encuentra el mayor general bayamés, Francisco Vicente Aguilera, quien en 1872, comisionado por Carlos Manuel de Céspedes, realizó un viaje a los Estados Unidos, y luego se trasladó a Europa, con la finalidad de recaudar fondos para la guerra iniciada en Yara, el 10 de octubre de 1868.

Para legitimar la anterior afirmación, probablemente no exista un testimonio más elocuente que los apuntes autobiográficos del joven patriota Juan Gualberto Gómez, quien residía en la capital francesa desde 1869, y con quien el abogado Millet estrechó sólida amistad. En un fragmento de estos se puede leer:

“(…) allá por los años 1872 o 1873 llegó a París el inmortal político Francisco Vicente Aguilera, vicepresidente de la República en Armas. Don José Ramón Betancourt y don Gabriel Millet me indicaron servirle de traductor. El gran patriota, en las semanas que trabajé á sus órdenes, me impresionó de tal manera por su bondad y me abrió tales horizontes con su devoción a Cuba que me inculcó un amor definitivo al ideal por el cual sacrificó su cuantiosa fortuna, la paz de su hogar, su reposo y cuanto tenía.”

Gabriel Millet y Lara, ilustre benefactor habanero del siglo XIX


Millet también prestó su eficaz y entusiasta contribución a la feliz iniciativa que, desde el semanario La Unión de Güines, lanzó su director Raimundo Cabrera para erigir –mediante suscripción popular– un mausoleo en el cementerio de Colón a José de la Luz y Caballero, con la finalidad de poder trasladar los restos del sabio cubano del viejo cementerio de Espada a la nueva necrópolis habanera.

Desde las páginas del periódico Patria , el 11 de junio de 1892, nuestro Héroe Nacional José Martí, con motivo del ingreso de su entrañable amigo, Juan Gualberto Gómez, a la Sociedad Económica de Amigos del País, ofreció elevados juicios acerca de Gabriel Millet, y se mostró conmovido por el gesto altruista del abogado, quien lejos de cualquier sentimiento discriminatorio, premió el talento del periodista, intelectual y patriota matancero al expresar:

“(…) ha sido grande nuestro júbilo al leer que dos cubanos de padre europeo han llevado de la mano un cubano de padre negro á la más alta y meritoria de las sociedades de Cuba, á la Sociedad Económica de Amigos del País.”

Y más adelante añade: “Grande ha sido el júbilo al saber que un cubano de antigua casa, el meritorio Gabriel Millet, y Raimundo Cabrera, puesto en alto por la fuerza de sus obras, acaban de llevar al hermano mulato, al noble Juan Gualberto Gómez, á la casa ilustre donde han tenido asiento los hijos más sagaces y útiles de Cuba”. (2)

El 3 de junio de 1899 falleció en Madrid el abogado Millet, a los 72 años de edad, cuando se disponía a regresar definitivamente a Cuba a pasar sus últimos días. En su testamento, instituido dos años antes, había legado gran parte de su fortuna para el fomento y sostenimiento de la enseñanza pública en su patria, además de haber ordenado que sus restos fueran traídos a La Habana.

SU CONTRIBUCIÓN A LA ENSEÑANZA

Fueron varios sus aportes a la patria, así como las virtudes cívicas que adornaron su personalidad, pero entre estos hay dos que resaltan por su contenido filantrópico y elevados sentimientos nacionales. Dichas mandas patrióticas resultaron la fundación del premio Luz y Caballero , el 26 de diciembre de 1890, en honor al insigne pensador, pedagogo y filósofo, a quien Martí denominó “el padre, el silencioso fundador” , y el establecimiento de un colegio público en la barriada del Cerro.

El abandono prevaleciente por estos años en la enseñanza en Cuba, unido a las no pocas deficiencias del sistema educacional, son causas más que suficientes para medir el verdadero significado de su legado, más allá de otras consideraciones. Una verdadera radiografía de tan comprometida situación resultó el censo de población realizado en el año 1899, durante la primera intervención norteamericana en la Isla. De acuerdo con el padrón, la población total de Cuba, en octubre de 1899, rebasaba ligeramente el millón y medio de habitantes y de ella casi 700 mil no sabían leer.

Ambos legados ganarían una alta estimación y reputación en la Isla. Con la medalla de oro del premio Luz y Caballero se reconocía la fecunda trayectoria y los inestimables servicios prestados al magisterio por destacados pedagogos, y con la medalla de plata se estimulaba a los alumnos de brillante desempeño. A partir de 1892 comenzó su entrega y se mantuvo de manera ininterrumpida hasta mediados del siglo XX . Con él fueron reconocidos algunos de nuestros más brillantes maestros y planteles de enseñanza de todo el país. Así tenemos, por solo mencionar algunos, que en 1892 fue distinguido el profesor Manuel Pruna, de la Escuela Pública de Varones; en 1901, la profesora y licenciada en Ciencias Naturales, María Luisa Dolz y Arango; en 1912, el director de la Escuela de Artes y Oficios de Villate, el célebre pintor Aurelio Melero, y en 1922, la profesora Angela Landa, directora de la Escuela del Hogar de La Habana.

  La escuela “Redención” muestra hoy un alarmante deterioro.
La escuela “Redención” muestra hoy un alarmante deterioro.
  La escuela “Redención” muestra hoy un alarmante deterioro.


Antes de finalizar el año 1897, el 3 de diciembre, Gabriel Millet y Lara otorgó testamento en Madrid ante el notario don Antonio Turón y Bosca. En la cláusula número diez de dicho documento, en gesto de gran generosidad y amor a su patria donaba su casa quinta de la calzada de Buenos Aires, en El Cerro, para establecer en ella, con el nombre de “Redención”, una escuela pública gratuita de primera enseñanza. La redacción de los estatutos y reglamentos los confiaba a sus albaceas en Cuba, don Raimundo Cabrera, don Manuel Fernández Morjardin, don Federico Martínez Quintana y Eliseo Giberga, además de confiar la dirección y gerencia del centro de estudio a la bicentenaria Sociedad Económica de Amigos del País.

Para el sostenimiento de tan importantes disposiciones, Millet y Lara donó sus capitales censados, así como las rentas urbanas y rústicas que poseía en Cuba. Entre ellas figuraban, por solo mencionar algunas, 25 acciones en el ferrocarril de Cárdenas a Júcaro, una finca rústica situada en la jurisdicción de San Cristóbal, Pinar del Río, y una casa de altos y bajos situada en la calle de Mercaderes, que había adquirido en remate público del excelentísimo señor conde Fernandina.

El 5 de enero de 1905, después de algunas obras de adaptación para satisfacer las necesidades del plantel de enseñanza, inició su labor docente la escuela “Redención”, en la antigua casa señorial, con una matrícula aproximada de cien alumnos, sin distinción de razas, tal y como el abogado Millet había dispuesto en su testamentaria.

Por sus aulas, y la anexa Academia de Arte Villate, construida años después, pasaron varias generaciones de alumnos de la barriada del Cerro. En esta última, se formaron importantes intelectuales y artistas de la plástica cubana contemporánea, como el pintor René Portocarrero, los escultores José Ramón de Lázaro Bencomo (Delarra) y Juan José Sicre, el caricaturista, periodista y pintor Armando Maribona o el arquitecto Eugenio Batista por solo mencionar algunos.

Notas:
(1) Julio Le Riverend Brusone La Habana, espacio y vida. Editorial Mapfre, Madrid, 1992, p. 165
(2) José Martí. Obras Completas. Editorial Lex., Vol. I, T I, La Habana, 1948, p. 563.