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ECONOMÍA


El foro de
el otro
y el anti

Davos
El foro de Davos, el otro Davos y el anti Davos .

por Orlando Freire Santana

A partir del año 1971 se ha hecho costumbre reunir en la pintoresca localidad de Davos, en los Alpes orientales de Suiza, a un prominente grupo de economistas, banqueros, financistas, hombres de negocio y políticos deseosos de encontrar soluciones a los casi siempre agobiantes problemas de nuestra

época. La iniciativa partió del profesor suizo Klaus Schwab, y de esa fecha acá ha contado con estrechos colaboradores como Gordon Brown, Bill Gates, Henry Kissinger, Ban Ki-Moon, Condolezza Rice y Tony Blair, entre otros.

En un principio el profesor Schwab se propuso convocar anualmente a los principales líderes económicos de Europa para tratar acerca del desarrollo de la industria y el comercio continentales. Pero ya en 1989, al vislumbrarse un mundo globalizado en el que el mercado iba a oficiar con una alta dosis de protagonismo en el proceso de interrelación de las economías, el cónclave decidió abrirse a representantes de otros continentes. En ese momento la reunión comenzó a llamarse Foro Económico Mundial; no obstante, para muchos –entre los que me incluyo– conserva la atractiva denominación original de Foro de Davos. Se estima que alrededor de 2 000 personas discuten allí temas que después se reflejan en la economía y la política mundiales.

Esas cumbres no pretenden, en cambio, tomar decisiones ni llegar a acuerdos, sino fomentar el debate y los contactos a nivel político y empresarial en un marco que en ocasiones se ha calificado como “mercado de ideas”, y en otras ha significado un impulso para fusiones empresariales, lanzamiento de tendencias sociales o fomento del diálogo político. Por supuesto que el tono de las polémicas ha mostrado, en cada momento, la situación por la que atravesaba la economía mundial. Así, en un período de ascenso del pensamiento globalizador, como correspondió al lapso 1991-2005, los temas centrales de las citas fueron: La nueva dirección para el liderazgo; Cooperación y megacompetición; La recuperación global; Redefinición de los puntos básicos de la globalización; Desafíos más allá del crecimiento; Globalización de la economía mundial; Construyendo la sociedad de la Red ; Prioridades para el siglo XXI , la crisis asiática y el nacimiento del euro; El impacto de la globalización, internet y la ingeniería genética; Cómo mantener el crecimiento y crear puentes que terminen con las divisiones: un marco de acción para el futuro global; El liderazgo en tiempos de fragilidad: una visión para un futuro común; Construyendo la confianza; Asociarse para la prosperidad y la seguridad; y Decisiones contundentes para los tiempos difíciles.

En los últimos tiempos, sin embargo, no faltaron voces que se alzaron para alertar sobre signos poco halagüeños. En la cita del 2007, por ejemplo, el propio Klaus Schwab advirtió que la globalización solo beneficiaba a unos pocos. El secretario general de la ONU , Ban Ki-Moon, se lamentaba en el 2008 de que un recurso natural tan importante como el agua estaba agotándose, y el mundo tenía que adaptarse a esa realidad. Y hasta el multimillonario Bill Gates solicitó en el evento del pasado año que las fuerzas creativas del capitalismo ayudaran a solventar las necesidades no satisfechas de los países pobres. En ese contexto, la escena quedaba lista para el encuentro del presente 2009.

Lógicamente, en momentos en que la crisis financiera y económica extiende sus efectos sobre buena parte del planeta, a nadie sorprendió que todas las aristas relacionadas con ella centraran los debates de este año en Davos. En efecto, durante cinco días convergieron en ese centro turístico invernal unos 40 jefes de Estado, una quincena de ministros de Finanzas, varias decenas de dirigentes empresariales y hombres de negocio, especialistas, expertos y algunos representantes de Organizaciones no Gubernamentales –hasta llegar a 2 500 asistentes–, los cuales no dudaron en calificar de sombrío el actual panorama de la economía internacional.

De acuerdo con los reportes de los medios informativos que cubrieron el evento, dio la impresión de que los asistentes fueron sorprendidos por la magnitud alcanzada por la turbulencia. Nadie supo ofrecer una respuesta clara de qué era lo que se debía de hacer para salir del túnel, ni tampoco brotó del cónclave un pronóstico preciso de cómo se iba a comportar el futuro. En medio de pésimas noticias económicas, del temor a estallidos sociales tras la explosión del desempleo, el colapso del crédito y las exportaciones, así como el descalabro del sistema financiero, para el diario argentino La Nación , (1) el desconcierto que primó en Davos podía resumirse con la famosa frase de Sócrates: “Sólo sé que no sé nada”.

Mas, si algo quedó claro, fue la necesidad de restablecer la confianza en el sistema financiero internacional; la urgencia de construir un nuevo órgano de supervisión global; lo perentorio de hacer regresar la ética al mercado de capitales, así como el diseño de institutos multilaterales que prevengan y ayuden a limitar los efectos sociales y políticos de las crisis. Empero, si me preguntaran acerca de algún consenso logrado en Davos, ese fue la defensa del capitalismo de libre mercado –a pesar del desatino actual del laissez faire o “dejar hacer” de Adam Smith–, y la inconveniencia de un retorno al proteccionismo. Es muy probable que nos hallemos, no obstante, en la antesala de una nueva ola de corte socialdemócrata o la aceptación de la mesura que ofrece la política económica de la democracia cristiana, en las cuales el Estado interviene más en los asuntos económicos. O tal vez un resurgimiento del Keynesianismo.

El Foro de Davos ha sido objeto de acerbas críticas por parte de los movimientos sociales opuestos a la globalización neoliberal, los cuales estiman que estas citas sirven únicamente para discutir y defender los intereses de los poderosos en detrimento de los desposeídos. Esas fuerzas, alineadas con fervor a la izquierda del espectro político, no escatiman oportunidades para celebrar conferencias paralelas al encuentro de los zares de la economía mundial. Destaca, en este sentido, la escenificada este año en la también ciudad suiza de Zurich, convocada por la Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras Especulativas y la Acción Ciudadana.

Allí en Zurich, en un espacio denominado “El Otro Davos”, entre críticas a la globalización neoliberal, y la advertencia de que “la burguesía y los gobiernos que defienden los intereses de ella se van a mostrar dispuestos a hacer pagar a los trabajadores por el agravamiento de la crisis”, el profesor de sociología Alain Bihr, de la universidad francesa de Franche-Comté, fue exponente de la indudable beligerancia que caracterizó el cónclave: “El agravamiento de la crisis económica abre la posibilidad de una ruptura revolucionaria. Todo dependerá de la capacidad de lucha de las capas populares”. (2)

Pero resulta innegable que las distintas versiones del Foro Social Mundial, con el protagonismo abrumador de la izquierda latinoamericana, han constituido la contrapartida por excelencia de las reuniones en Davos. La ciudad brasileña de Belem, en pleno corazón de la selva amazónica –todo un símbolo de rebeldía contra Occidente–, fue sede esta vez de la novena edición de este foro “Anti-Davos”, que contó con la participación de cinco presidentes de la región: Hugo Chávez, Evo Morales, Luiz Inacio Lula da Silva, Rafael Correa y Fernando Lugo.

Los movimientos sociales presentes en Belem abogaron por la adopción de propuestas concretas, alternativas a las que por esos días se debatían en Davos. Correa, por su parte, defendió una integración más estrecha entre los países de América Latina para enfrentar la actual crisis. Y por supuesto que al venezolano Hugo Chávez, quizás presintiendo la victoria en la consulta popular que días después obtendría, le iba a corresponder el papel de agorero principal del sistema capitalista. El adalid del ALBA llamó a sus correligionarios a abandonar la trinchera de resistencia ante la ofensiva neoliberal, y pasar a una contraofensiva en pos de la victoria definitiva del socialismo del siglo XXI.

Un elemento novedoso frenó un poco el ímpetu de los cerca de 100 mil activistas que participaron en el Foro. En las pasadas ediciones, cuando George W. Bush ocupaba la Casa Blanca , el presidente norteamericano era el blanco favorito de las virulentas protestas contra Estados Unidos; manifestaciones que casi siempre concluían con la quema de la efigie del mandatario. Ahora, con el recién estrenado Barack Obama, primó más la cautela ante la expectativa por el comportamiento del presidente.

La izquierda radical vive en este momento un frenesí idéntico al que embargó a los partidarios del liberalismo tras la desaparición del socialismo real. Mas, a diferencia de estos últimos, precisan de adoptar, reconózcanlo o no, muchas de las armas de su adversario, debido a que los que podían resultar sus paradigmas naturales –el sistema unipartidista y la planificación centralizada– han probado con creces su ineficacia. He ahí la gran paradoja que tienen ante sí.

Notas

(1) “Balance sombrío en el Foro de Davos”, en página web de La Nación , del 11 de febrero de 2009.
(2) “Foro de Davos: ¿Una salida revolucionaria a la crisis?, en página web de Inter Press Service del 11 de febrero de 2009.