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APOSTILLAS

por Monseñor Carlos M. de Céspedes GARCÍA-MENOCAL

¿Típico? ¿Genuino?

¿Son adjetivos calificativos esencialmente sinónimos?
¿Resulta indiferente para el buen andar de un pueblo que se prive de la tipicidad
y de la genuinidad a quienes encarnan sus mejores potencialidades?


1. En el siglo pasado, se desarrolló la “filosofía del lenguaje”, en relación con las diversas ramas de la lingüística. Con anterioridad teníamos sólo atisbos fragmentarios. No todo está suficientemente clarificado en este ámbito de la filosofía, pero hay pistas ya que son casi universalmente aceptadas. Considero entre ellas la articulación entre el lenguaje (palabras, oraciones y demás construcciones lingüísticas, géneros literarios, etc.), el pensamiento (el mundo intelectual) y el ser más íntimo de la persona, en el que se imbrican y/o entrelazan todas las potencialidades humanas (afectividad, voluntad, etc.). De ese ser más íntimo nace el operar, el actuar. Operatio sequitur esse (la operación, en el sentido de la acción sigue al ser, deriva de él). De aquí que el esfuerzo por lograr que las palabras y construcciones lingüísticas nos resulten transparentes no es un esfuerzo inútil. Tiene que ver con la identidad de la persona y de cualquier grupo humano, así como con la identificación de las culturas.

2. Siguiendo en este ámbito, hemos de concluir que –salvo en los casos de patologías– a un lenguaje preciso y bien articulado, propio de una u otra cultura y su ámbito lingüístico, debe corresponder una persona o un grupo de personas que, en su ser y en su actuar tengan esas características, las derivadas de una sólida articulación desde los niveles más íntimos de la personalidad. Me parece que no es necesario insistir en la importancia del tema con relación a la comunicación interpersonal y grupal, los desarrollos personales y sociales, las políticas educacionales y culturales, etcétera.


Ejemplificación de lo que quiero expresar a partir de algunas consideraciones acerca de dos palabras frecuentes entre nosotros .

3. Tengo la impresión de que, en el lenguaje coloquial cubano contemporáneo, los dos adjetivos calificativos mencionados en el título, se utilizan frecuentemente como sinónimos y que con ellos se quiere expresar, en principio, una cualidad, un producto, una cosa, una institución, un talante personal, etc., que se considera peculiar de una región, un país, un grupo, etc., que facilita su identificación, generalizada, en la contemporaneidad estática de su ser y de su existir, sin tener suficientemente en cuenta las posibilidades de dicho ser y existir, dinámica y teleológicamente considerados. Me resulta evidente que del hecho de que alguna persona o realidad sean consideradas típicas y/o genuinas o no, dependen otras realidades de diverso alcance social e importancia, ya que de la aceptación de la genuinidad y tipicidad y de su promoción en el grupo, van a depender las posibilidades de influencias y retractaciones, positivas y/o negativas.

DICCIONARIOS Y ETIMOLOGÍAS

4. Veamos algunos diccionarios , que considero buenos y que tengo ahora a mano:

Diccionario esencial de la lengua española (Real Academia Española (Espasa Calpe, Madrid, 2006).

GENUINO, NA. Adj. 1. Auténtico, legítimo. Ej. Interés genuino, Versión genuina. -2. Propio o característico . Producto genuino de una época.

TÍPICO, CA. Adj. 1. Característico o representativo de un tipo. Ej. Modelo típico de organización. - 2. Peculiar de un grupo, país, región, época, etc. Ej. Una casona típica de Cantabria.

La fuente. Diccionario enciclopédico ilustrado de la lengua española , publicado bajo la dirección de don José Alemany Bolufer, de la Academia Española (Sopena, Barcelona, 1936).

GENUINO, NA. Adj. Puro, propio, natural, legítimo.

TÍPICO, CA. Adj. Que incluye en sí la representación de otra cosa.

Para mejor esclarecer los significados, conviene ahora ilustrar estas definiciones por sus sinónimos y antónimos, tomados de otro diccionario, Diccionario español de sinónimos y antónimos, publicado bajo la dirección de F. C. Sainz de Robles, Editorial Científico-Técnica, La Habana , 1979.

GENUINO. Sinónimos: auténtico, verdadero, fidedigno, cierto, seguro, positivo, real, puro, natural, propio, legítimo. Antónimos: postizo, falso, ilegítimo.

TÍPICO. Sinónimos: alegórico, simbólico, característico, patente, claro, inconfundible.

5. Con relación a esta última palabra, este diccionario no incluye “antónimos”. El único antónimo castellano, en sentido estricto, sería “atípico”, que no es más que la añadidura del prefijo “a” que, raigalmente, equivale a negación de lo que significa la palabra que lo sostiene. “Atípico” es, por consiguiente, “lo que no es típico”. Lo he incluido por razones que más adelante percibirán los lectores.

6. Por otra parte, si vamos a las etimologías , “genuino” procede directamente del latín, genuinus, derivado del abanico semántico de genus , raza, estirpe, género, etc. Por consiguiente, genuinus podría traducirse, en buen español, como “genuino”, con el sentido de natural de una determinada estirpe, raza, etc., a la que se esté haciendo referencia, cuando se introduce el adjetivo. A su vez, la palabra latina mencionada depende de la griega genéa y de todos sus compuestos y derivados, relativos, asimismo, a la estirpe, la genealogía, la raza, etc. En buen español contamos con muchas palabras derivadas de estas raíces griegas y latinas.

7. En cuanto a “típico”: es adjetivo directamente derivado del latín typus , que no es otra cosa que la latinización del vocablo griego typus, que puede significar cuño, copia, imagen, modo de ser, carácter, etc. Esta palabra griega, y su emparentada antitypos, fueron utilizadas con frecuencia por la exégesis bíblico-teológica –tanto en la Escuela Alejandrina como en la Antioquena –, aunque no siempre con idéntica significación. De estas escuelas pasaron a la teología oriental y occidental, llegando su uso hasta nuestros días.

8. Teniendo en cuenta los tres diccionarios y la brevísima referencia etimológica, nos damos cuenta de que “genuino” y “típico” son dos adjetivos que, en alguna de sus acepciones, pueden considerarse “sinónimos”. En otras, no. Lo cual sucede con casi todos los sinónimos. Amén de que aun en las acepciones en los que lo son, cada palabra tiene originalmente o por adquisición posterior legítima, matices que le son propios. Como adjetivos calificativos que son las palabras a las que me estoy refiriendo, un lenguaje bien hablado y bien escrito requiere precisiones. De ahí la necesidad que experimentan casi todos los escritores, de verse rodeados de buenos diccionarios de la lengua en la que escriben, para poder precisar bien el significado y la raíz de las palabras que emplean, puesto que de esta última se derivan, casi siempre, los matices propios de la palabra a elegir.

9. Por lo tanto, machacón como soy en este ámbito, insisto en que aun en los casos en que “genuino” y “típico” pueden considerarse sinónimos y, como tales, es lícito emplearlos, la sinonimia no equivale a igualdad radical o esencial o sustancial. Pudiere ocurrir que, en el caso que nos ocupa –lo genuino y lo típico–, por su raíz y/o por la evolución y el uso inteligentes de nuestro lenguaje, los matices propios, diferenciales, no se apliquen al sustantivo o al pronombre en cuestión. Consideraciones análogas podríamos hacer con relación a muchos vocablos. El idioma es cosa seria y con él no se debería jugar, si deseamos que resulte, en verdad, medio privilegiado de comunicación entre las personas, y no de confusión, al estilo de la Torre de Babel. Una cosa es el acrecentamiento o henchimiento inteligente del lenguaje, y otra es su deformación derivada de injertos y margullos de alguna especie dañina de “marabú” silvestre. Lo cual, como imagen, no pasa de ser un absurdo kafkiano : ¿a quién se le ocurriría injertar marabú, si es silvestre y es dañino? Además, no olvidemos que el lenguaje debe adecuarse, en lo posible, a la verdad de lo que expresa y la verdad de las realidades humanas incluye su movimiento, su dinamismo, a partir de su propia esencia, en la dirección del enriquecimiento, de las mayores alturas posibles, no de la corrupción destructora.

El español que hablamos los cubanos y nuestras realidades personales y sociales. Algunas personalidades cuya tipicidad y/o genuinidad no es aceptada por todos los cubanos.

10. “¿A qué viene ahora todo esto?”, se preguntará algún lector, añadiendo para sí mismo: “El padre Carlos no se habría metido en estos vericuetos lingüísticos, si no se le hubiera presentado en estos días algún fenómeno de esa especie”. Es cierto que no me dedico a recorrer vericuetos lingüísticos, si no les veo una relación con el español que hablamos los cubanos y… con la realidad que vivimos y tratamos de mejorar, o sea, con nuestra cultura genuina. Lo que me movió en esta ocasión no fue un hecho aislado, sino una letanía de hechos y dichos, relacionados con el español de la Isla y con las realidades personales afectadas por el empleo, correcto o no, de tales vocablos. Específicamente, me ha movido a compartir estas reflexiones y búsquedas el empleo frecuente de las palabras señaladas, o sea, “genuino” y “típico, como adjetivos cuya significación se niega a cubanos “de lujo” que, para suerte nuestra, abundan y elevan la estatura de nuestro ser, de nuestra propia ontología insular, no la extranjerizan, ni la corrompen en ningún sentido.

11. En más de una ocasión, me ha ocurrido toparme con lo que entiendo es una “injusticia” lingüística y conceptual. Se trata de que, al mencionar a cubanos con el estilo de, por ejemplo, Carlos Manuel de Céspedes, Carlos J. Finlay, José Martí, Jorge Mañach, José Lezama Lima, Dulce María Loynaz, Alicia Alonso… y otros de esa estirpe, se me ha dicho que “no son cubanos típicos” o, lo que es casi lo mismo, que “son cubanos atípicos”. Con más frecuencia de lo que yo desearía, cuando se habla de algún cubano o cubana que se destaque por su eticidad y sensibilidad, por su capacidad artística, científica o política, y sea, simultáneamente, persona que muestra gran “elegancia” espiritual, cultura, caballerosidad o feminidad exquisitas, con rasgos de cosmopolitismo sano y gustos refinados, salta alguien para afirmar su “atipicidad”. Lo que para algunos, equivale a menoscabo de la cubanía y, consecuentemente, a castración de las posibilidades ejemplarizantes de esa personas para con nuestro pueblo ¡Como si esos caracteres positivos fueran exclusivos de alguna extranjería dominante y estuvieran vetados en esta Ínsula, de la que afirmo, como nuestro Lezama, que nacer, haber crecido y, espero, morir en ella es, para mí, “una fiesta innombrable!”

12. ¿Quién es, pues, “el cubano típico”? ¿Acaso la vulgaridad y la ignorancia son los únicos rasgos de tipicidad cubana? ¿Quién es atípico y quien no lo es? Me parece que, en Cuba o en cualquier otro país, la respuesta dependería de lo que se entendiese por “típico” o por su antónimo y, en todo caso, se debería evitar el recurso a generalizaciones que distancien a la persona citada de su pueblo y del adjetivo gentilicio que lo identifica. La palabra “típico” puede traicionarnos y llegar a ser, al menos en el lenguaje coloquial medio, equivalente a “muy numeroso o frecuente”. Lo cual resultaría semánticamente empobrecedor y podría acarrear consecuencias socialmente graves en el plano social, si se proyectare esta significación a nivel cultural generalizado.

13. En primer lugar, me parece que, a lo sumo, se podría afirmar o negar la tipicidad así entendida, como rasgo personal, con relación a un grupo más reducido y más objetivamente identificable, no con relación a toda la nacionalidad, integralmente considerada. Lo referiría a una zona, a una ciudad, a un grupo o clase social, a un grupo profesional, etcétera.

14. Por otra parte, esos que no son considerados “típicos”, debido a su excelsitud, con relación a la “media” del grupo humano de referencia, tienen la misión, consciente o inconsciente, de levantar la estatura del grupo humano o de la nación en la que se saben enraizados, que los debería considerar como células vivas del grupo, dotados de un magisterio sui generis . Serían, quizás sin saberlo, típicos por su condición de animadores –estimulantes y catalizadores– en el proceso de la causalidad final y potencial; no con tipicidad contemporánea, estancada, sino dinámica. Ellos son “tipos” de lo que puede llegar a ser un cubano. Y, en siendo así las cosas, se les debería aplicar el calificativo.

UN PRESUPUESTO LINGÜÍSTICO

15. Cuando esas, a mi entender, confusiones ocurren en alguna conversación en la que yo participe, suelo intervenir diciendo que la persona en cuestión podría no ser cubana “típica”, con tipicidad de número, inmovilidad y estancamiento, pero que sí lo es en cuanto que su existencia misma llama a la realización de las potencialidades del “ser cubano” y que, en cualquier hipótesis, la persona en cuestión sí es cubana “genuina”, que es algo más que “típica”, puesto que incluye una nota ética, más o menos evidente en la enunciación.

16. En Cuba, pues, ¿quién es cubano típico, el tabacalero pinareño, el habanero cosmopolita, el ganadero camagüeyano o el cañero de las regiones orientales? ¿El cubano urbano o el de nuestros campos? ¿El que no sabe hablar un buen español pues no lo ha estudiado bien, ni cuida su lenguaje oral y/o escrito, pronuncia mal, tiene un vocabulario escaso, utiliza palabras groseras, etc.? ¿O el cubano cultivado, que sabe bien lo que dice y cómo lo dice? ¿Quién es más típica, una buena bailarina de ballet, con las características de la “escuela cubana”, o una rumbera de barrio marginal? ¿Una mujer espiritual y trabajadora o una “jinetera” que no se niega ni al sexo bien pagado, ni al alcohol, ni a una “línea” de droga? ¿Quién es el cubano típico, el proxeneta Yarini o el beato Olallo Valdés? ¡Cuidado con la palabra “típico”! Al emplearla, se debería manifestar no sólo sus fronteras –hasta dónde llega–, sino también la calidad (en el sentido de la qualitas de los filósofos escolásticos) de su sentido.
Me entregué al sueño de lograr
un magnífico ballet y, por tanto,
me complace ser reconocido
por esta obra a la cual
he consagrado mi vida.


17. Por ejemplo, yo creo que se puede decir que el ballet, como género artístico, no es típicamente cubano, ya que surgió en otros países y se ha desarrollado también en otros países. Pero sí se debería precisar siempre que el Ballet Nacional de Cuba y Alicia y Fernando Alonso, sus inspiradores y maestros, creadores de la “escuela cubana de ballet”, reconocida en el ámbito universal de la danza, son típicamente cubanos, tienen un estilo que los identifica, que nace –por transmutación artística– de la manera de moverse, gesticular y caminar de los cubanos. Excepcional bailarina es Alicia y excepcional maestro es Fernando, pero cubanos hasta la médula. Cubanos genuinos y, con relación al ballet, típicamente cubanos, sin desconocer el ámbito ecuménico de la danza. El Ballet Nacional de Cuba ha levantado y levanta las posibilidades de la danza en Cuba y “a lo cubano”.

18. José Martí fue un hombre excepcionalmente genuino por su eticidad y su cultura; por el uso que hizo del lenguaje, tanto en prosa como en verso (sigo pensando que es el mejor entre los poetas cubanos de todos los tiempos), por haber sido capaz de organizar nuestra Guerra de Independencia y haber proyectado la república alentado por principios éticos y estéticos muy genuinos. Pero estas cualidades –y otras por añadidura– no lo despojan de su cubanía genuina y típica en el sentido dinámico que he expuesto. No fue un cubano “típico”, si medimos la tipicidad con el rasero de los números, pues la mayoría de los cubanos no le llegaban ni al tobillo. Sin embargo, me atrevo a decir que, en su manera de concebir la independencia y la república, de hacer política y hasta de utilizar el lenguaje, José Martí fue típicamente cubano. Lo era debido a su propia identidad de cubano, heredada, no de los genes parentales, pero sí de lo mejor de la cubanía fundacional. Su lenguaje, muy culto pero no extranjerizante, deja traslucir al cubano que siempre fue. Y considerándolo típico, en este sentido de la potencialidad de su ser, entiendo y promuevo su peso en nuestra historia nacional.

19. ¿Y Jorge Mañach? Un genuino caballero criollo, promotor incansable de cultura, buen escritor, profesor sumamente apreciado y político dialogante, aunque no siempre atinado. ¿Alguno de ese género lo es siempre? Cubano de raíz y de savia, no de jolgorios callejeros, ni de sentimentalismos altisonantes. Cubano genuino que entre otras cosas, propició que los cubanos de mi generación conociéramos, con amor y admiración, desde la adolescencia, a José Martí, por medio de su obra Martí el Apóstol . ¿También típico? Insisto: depende de cómo se entienda la palabra y de las delimitaciones del vocablo. Si otorgamos las posibilidades teleológicas a la comprensión de lo típico, o sea, si lo entendemos con toda su carga, no sólo ni principalmente horizontal y estática, sino vertical hacia arriba y dinámica siempre, entonces, sin que lo dudemos, fue un cubano típico, promotor, desde dentro, de la genuina cubanía. Esa que, quizás no resulta evidente para todas las miradas, pero que sólo los que la viven son capaces de estimular su presencia real.

¿TIPICIDAD Y GENUINIDAD NEGATIVAS?

20. Por el camino bien demarcado en su alcance, se puede hablar también de la “tipicidad y de la genuinidad negativas”. Así, por ejemplo, Yarini fue un proxeneta, genuino como proxeneta –“chulo”, en la acepción cubana de la palabra– y “típico”, al menos, de la “zona de tolerancia” en La Habana del primer cuarto del siglo XX , si es que no lo sigue siendo con relación al proxenetismo habanero del siglo XXI : confróntese el reciente filme cubano: Los dioses rotos ; no lo he visto todavía, pero es considerado uno de los mejores de los últimos años.

21. Negativa es también la “tipicidad” de algunos grupitos de jóvenes y adolescentes, en los que coinciden extrañas formas de vestir y de “componerse” externamente, la gestualidad ambigua, los giros de lenguaje y modos de hablar chocantes y hasta ininteligibles y el gusto por ciertas formas de música –o mejor, de antimúsica–, con prácticas delincuenciales de diverso calibre, casi siempre “pesado”. ¿Son jóvenes cubanos típicos? De los jóvenes en general, no. Lo son, negativamente, de un sector de la población, pero con un tipicismo que, también, puede ser contagiante y dinámicamente destructivo. Involución ética y cultural que se propaga, todavía como enfermedad que afecta a una minoría ínfima de la población juvenil, pero que se va haciendo significativa en algunas zonas de nuestro país, sobre todo, en algunos barrios de la capital. Pero podría llegar a ser epidemia sumamente dañina y peligrosa que, en sus casos extremos, eliminase lo que entendemos como cualidades y valores éticos y culturales propios de nuestro pueblo. “La calle –repiten muchos– está mala, muy mala”.

PREOCUPACIÓN ÉTICA Y CULTURAL

22. Por consiguiente, y tomando de nuevo el hilo primario de mis reflexiones, me preocupa no sólo la justeza en la comprensión de personas de nuestro pasado o de nuestro presente, sino el peso que tiene la “equivocación” de la comprensión de las personas y de una realidad social, que el lenguaje pone de manifiesto. Equivocación y lenguaje que alcanzo a percibir hasta en algunos “medios” de comunicación que, en principio, deberían transparentar las políticas culturales y la gestación continua de nuestra identidad nacional. De la misma, no puede faltar la eticidad. Si faltase, reduciríamos la gestación de identidad a barniz y apariencia engañosa y hasta esquizofrénica. Cuando se habla de promover la cultura cubana, ¿de qué cultura se está hablando? ¿Se tienen suficientemente en cuenta los elementos primordiales, los que oso calificar como genesíacos de la cultura, y que son los que tienen que ver con la eticidad compartida, expresada por medio del lenguaje oral, escrito y “gestual”? El cubano medio, hoy, habla peor que el cubano medio de hace decenios. Es más ilustrado, “sabe más” de alguna disciplina académica, de lo que tenga que ver con su profesión, pero no del resto: ni siquiera de las más elementales disciplinas humanísticas –que deberían estar en las bases comunes a todas las profesiones–, ni de su propio lenguaje, que desconocen y no articulan debidamente y, como ya he precisado, esta desarticulación puede provenir de una desarticulación interior y puede, simultáneamente, retroalimentarla y afectar el ser, el existir y el actuar. Confío en que, hasta ahora, el deterioro llegue sólo al lenguaje y no todavía a la realidad interior que, en principio, el lenguaje expresa.

23. Por consiguiente, si insisto en el lenguaje, es porque este es, simultáneamente, expresión y génesis, con relación al ser mismo de la persona humana. Podría añadir –pero prolongaría demasiado este texto– la educación del buen gusto, de la música, del vestir adecuadamente (no digo “ricamente”), los buenos modales; etc. Todo eso que antes llamábamos “urbanidad”, porque se suponía que, en principio, esas realidades eran las requeridas para poder vivir en lo urbano, es decir, en la “ciudad”, en el mundo de las más amplias y coordinadas –articuladas– relaciones humanas.

24. Estoy seguro de que no falta la rectitud de intención en los gestores y realizadores de nuestras políticas educacionales y culturales, pero me da la impresión de que, en alguno de sus espacios o niveles concretos, a veces faltan las ideas sólidas y claras al respecto. Delito social, quizás, objetivo e inconsciente o no suficientemente sopesado, es no cuidar debidamente el alma cubana y tolerar las heridas que atentan contra su salud.

UNA PARÁBOLA COMO CONCLUSIÓN

25. ¿Qué es lo “típico” y lo “genuino” de un tren? ¿La locomotora o los vagones? ¿Acaso no lo son ambos? ¿De qué sirve la locomotora, si se le corta la comunicación con los vagones? ¿Cómo podrían avanzar los vagones, si no tienen locomotoras? Genuinos y típicos artilugios del andar hacia adelante de cualquier ámbito de un pueblo son tanto “las locomotoras”, los que imprimen el movimiento debido por el carril apropiado, cuanto “los vagones”, los que se suman al movimiento debido por ese carril adecuado, los que son “contagiados” por la ejemplaridad de su locomotora, genuina y típica, no por cualquier maquinaria tropezona y descarriladora que se atraviese en el camino. Precisamente por andar hacia delante en la buena dirección, un “tren” completo es genuino y típico como tren.

La Habana , 2 de marzo de 2009.