Marco teológico pastoral de la celebración de los
400 años del hallazgo y la presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre en Cuba.
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A Jesús
por María,
la Caridad nos une |
Elaborado por la comisión preparatoria
PRESENTACIÓN
1. La celebración de los cuatrocientos años del hallazgo y la presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad es un acontecimiento singular para la Iglesia en Cuba, que vive y desarrolla su misión en medio del pueblo. La reflexión teológica, espiritual y pastoral, que se ofrece a continuación, pretende iluminar, desde la fe pensada y vivida en la Iglesia , tal acontecimiento celebrativo y lo que de él se deriva. Recogiendo las intuiciones y sugerencias plasmadas anteriormente en el marco operativo, elaborado por la Comisión Nacional formada a tal efecto, en una introducción, tres capítulos y una conclusión, se desarrollan contenidos doctrinales, teniendo en cuenta las dimensiones teológica, espiritual y pastoral de la vida de la Iglesia.
2. La introducción se centra en la explicación del objetivo general y el lema que nos acompañará en estos años de preparación al Jubileo de 2012, a partir de un análisis de la realidad socio-religiosa de nuestro pueblo en la perspectiva de la misión evangelizadora de la Iglesia. En el primer capítulo se aborda el tema del primer año de preparación 2008-2009: María de la Caridad , regalo de Dios para nuestro pueblo.
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El segundo capítulo está dedicado al tema del segundo año 2009-2010: María de la Caridad peregrina con los cubanos y nos lleva a Jesús . El tercer capítulo nos da la perspectiva del tercer año 2010-2011: María de la Caridad anima y acompaña a la Iglesia que quiere servir a su pueblo . En la conclusión, bajo el título María de la Caridad , madre de todos los cubanos, se ofrece una reflexión contextualizada sobre el significado del Jubileo del 2012.
3. La línea explicativa de cada capítulo pasa por mirar a María en la perspectiva de la historia de la salvación de Dios para la humanidad, como madre del Verbo encarnado, partiendo de lo que nos dice sobre ella la Sagrada Escritura , para después observar su presencia en la historia de la Iglesia y su Magisterio hasta nuestros días, en el aquí y ahora del pueblo cubano y de nuestras comunidades que la invocan como Virgen de la Caridad del Cobre.
4. El marco teológico pastoral pretende ofrecer la base doctrinal para una actualización y revitalización pastoral, elaborada a partir del Plan Global Pastoral 2006-2010 y del Documento de Aparecida en el contexto de la celebración mariana jubilar del 2012; de hecho nuestros obispos han propuesto prolongar la vigencia del actual PGP dos años más, es decir, hasta el Año Jubilar 2012. Por tanto, el presente documento, y lo que se propone en él, viene a dar una nueva iluminación a lo que ya venimos haciendo, en la perspectiva pastoral de nuestra iglesia en Cuba, y en línea con el sentir y el hacer de las iglesias hermanas de Latinoamérica y el Caribe. La novedad consiste en mirar a Santa María, Virgen de la Caridad , Madre de Jesús, Madre de la Iglesia y de todos los cubanos, para con ella y desde ella, primera discípula y misionera, seguir anunciando a Cristo como Camino, Verdad y Vida, para que nuestro pueblo, en Él, tenga vida abundante, verdadera, eterna.
5. Celebrar los 400 años del hallazgo y la presencia de la venerada imagen de la Virgen de la Caridad es motivo de alegría y júbilo para la Iglesia y el pueblo. Es tiempo de gracia y conversión. La Virgen de la Caridad sigue siendo contacto insuperable con la gente humilde, vínculo indiscutible entre el pueblo cubano y la fe cristiana católica. Celebrar significa festejar, congratularse, felicitarse, dar gracias, sin exclusiones o exclusivismos, con generosidad y espíritu de reconciliación. Nuestra celebración ha de ser una gran manifestación de acción de gracias al Señor por habernos hecho este hermoso regalo de la Virgen de la Caridad ; que nuestras expresiones vayan siempre acompañadas de la acción de gracias, poniendo los ojos más en nuestros tesoros que en nuestras carencias. Santa María de la Caridad es uno de los mejores tesoros de la fe y la cultura de la Iglesia y del pueblo. Y del corazón agradecido brota la esperanza en un futuro mejor; esperanza fundamentada no en promesas humanas o estrategias más o menos acertadas sino en que Dios, Padre bueno, por medio de María, Madre de la Caridad , seguirá acompañando a su pueblo en esta tierra cubana.
6. A la Bienaventurada Siempre Virgen María, nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Madre de todos los cubanos, encomendamos la preparación y el desarrollo del Jubileo “con la confianza de que la maternal protección de la Patrona de Cuba fecundará los esfuerzos evangelizadores de la Iglesia católica para el bien y la prosperidad de nuestro pueblo”.
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INTRODUCCIÓN
A Jesús por María, la Caridad nos une
7. La presencia multisecular de la devoción a la Bienaventurada Siempre Virgen María, Madre de nuestro Señor Jesucristo, en nuestra patria se remonta a los orígenes de esta. La evangelización y el crecimiento de la Iglesia en el suelo cubano desde los tiempos de la conquista hasta nuestros días, pasando por los tiempos de la colonia española, fue acompañada por la piedad mariana traída por los primeros evangelizadores, bajo diversas advocaciones, según los lugares de origen de aquellos, su pertenencia a distintas congregaciones religiosas o sus preferencias devocionales; entre todas las advocaciones, imágenes y lugares marianos, la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre fue adquiriendo más auge y se convirtió, sobre todo a partir de las luchas por la independencia, en signo de unidad patria y cubanía.
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8. Con la independencia, los templos, capillas, cofradías, fiestas y manifestaciones públicas de su culto se multiplicarían notablemente. Cuba y La Caridad quedaron unidas. La devoción mariana presente en Cuba desde los inicios de la conquista, colonización y evangelización, se constituyó en una advo-cación preferente entre otras: Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, a la que se le darían otros títulos de honor (Patrona en 1916, Reina en 1936 y Coronación por Juan Pablo II en 1998).
9. La Virgen de la Caridad es un elemento esencial en la vida de Cuba y de la fe católica de Cuba. Por eso, en el aquí y ahora de nuestro pueblo, Ella puede ser, aun más, signo y vínculo de unidad entre todos los cubanos que, desde dentro o fuera de la patria, piensan y desean lo mejor para Cuba, y que, |
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desde distintas creencias, ideologías o modos de pensar, ven a la Virgen de la Caridad como símbolo de cubanía, como expresión de bondad para todos sin distinción y perciben que la Caridad nos une, la Caridad , Virgen de la Caridad y la caridad, amor cristiano, entendida como esencia del ser y existir de la persona humana.
10. Pues es la preocupación por la persona humana el hilo conductor de la misión evangelizadora de la Iglesia. “La dignidad de la persona humana se convierte así en criterio que supera las limitaciones y contradicciones de las diversas ideologías y proyectos humanos”. Todos los caminos de la Iglesia conducen a la persona humana, al hombre de hoy en toda la verdad de su vida, “primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión… camino trazado por Cristo mismo”. Todo ser humano y todo el ser humano, creado a imagen de Dios en Cristo, creatura única entre las demás obras creadas, está hecho para amar por el Dios que es Amor, y sólo en Él puede descubrir y realizar la sublimidad de su vocación divina y plenificar su existencia hacia la vida eterna. María, madre de Jesús y madre nuestra desde la Cruz , vivió como nadie la vocación al amor y por eso puede ser llamada Virgen de la Caridad. Ella , como la Iglesia , es maestra en humanidad, y puede engendrar sentimientos nobles de amor a Dios y al prójimo en quienes con corazón humilde a ella se acercan.
11. La devoción mariana fue decisiva en la evangelización de Cuba: muchos hombres y mujeres de nuestra tierra llegaron a Jesús por María. Celebrar hoy la presencia de la Virgen de la Caridad entre nosotros puede y debe llevar a un encuentro con Jesucristo de todos los cubanos, a una reevangelización ad intra de la Iglesia católica y a un nuevo impulso misionero en la evangelización ad extra . El pueblo cubano en general, al que la Iglesia sirve en su misión evangelizadora, ha ido pasando por distintas etapas en su itinerario religioso; consideramos que este momento de su historia es particularmente importante, entre otras cosas, por el nuevo despertar de la religiosidad. El sentido religioso de la vida, la apertura natural a la trascendencia, tiende a expresarse a veces en formas primitivas y poco comprometedoras, que satisfacen precariamente el hambre espiritual: biblismos literalistas y desencarnados; formas sincréticas de santería y espiritismos; supersticiones de corte “New Age”; formas de religiosidad popular poco cristianas.
12. El primitivismo religioso emergente, que se condensa en la fórmula do ut des (te doy para que me des), ha de ser evangelizado; las personas que viven este despertar religioso son terreno para sembrar la semilla del Evangelio que Cristo nos propone: una religiosidad basada en la gratuidad del Amor de Dios, y que nos invita a encontrar el sentido pleno y último del ser humano en el amar como Él nos ha amado, en la caridad que María como mujer y madre encarnó. Caridad que es fundamento insustituible de la reconciliación a la que la Iglesia católica en Cuba continuamente está llamando, especialmente a través del magisterio de nuestros obispos.
13. El momento es muy oportuno para que, desde la sencillez de la figura de María como madre de Jesús y primera discípula, ayudemos al pueblo, destinatario de la misión de la Iglesia , a encontrar en Jesucristo su propia identidad, a saciar el hambre de Dios, a encontrarse con el Dios vivo y verdadero manifestado en Jesucristo como el Hombre nuevo y perfecto, que revela plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación, el sentido último de su existencia. María sigue siendo el mejor camino para llegar a Cristo; el amor de Dios manifestado en ella la convierte en vínculo de unidad para todos los hombres y mujeres de buena voluntad que a ella acuden, en sublime modelo humano y cristiano de discípula y misionera que vivió la fe, la esperanza y el amor.
14. En este momento privilegiado de la historia, es necesario una nueva mirada a nuestro pueblo con los ojos de la fe de María. ¿Qué necesita Cuba? Conocer, amar y adorar a Dios, Creador y Padre amoroso que nos ha creado a su imagen y que se nos ha revelado definitivamente por medio de su Hijo Jesucristo, único Salvador, y que perpetúa su presencia en medio de nosotros por la acción vivificante del Espíritu Santo. Conocer, amar y venerar a María, hija amada del Padre, madre de Jesús y madre de todos los hombres, que bajo la advocación de la Caridad ha permanecido entre nosotros como Patrona y Señora nuestra, fuente de inspiración y belleza, de unidad y de paz, de esperanza y reconciliación. El pueblo cubano, la familia cubana, cada cubano y cubana donde quiera que estén, como quiera que piensen, han de seguir sintiendo a la Virgen de la Caridad como alguien que les escucha, que les protege, que les acoge, que les anima en los caminos del mundo a ser hombres y mujeres nuevos, según su vivo ejemplo.
15. La misión de la Iglesia en Cuba seguirá siendo la de presentar la verdad sobre Dios y sobre la persona humana, pues Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad; responder a la necesidad de conocer y amar a Dios que es Creador, Padre y Amor; presentar la verdad sobre Jesucristo, Hijo del Padre, nuestro único Salvador que nos llama a ser sus discípulos; sobre María de la Caridad , madre de Jesús y madre nuestra, que nos ha acompañado a lo largo de nuestra historia personal y nacional, que sigue en medio de nosotros como camino para llegar a Dios, para ser discípulos de Cristo, para ser hombres y mujeres dignos y coherentes. Tarea de la Iglesia que ha de tener en cuenta los grandes desafíos del momento presente en todos sus niveles y dimensiones, especialmente, el despertar religioso pluriforme y multicolor del sincretismo y la religiosidad popular católica, el deseo de respuestas trascendentes en ateos y agnósticos desencantados, el ecumenismo como testimonio de la unidad y la caridad cristianas.
CAPÍTULO PRIMERO
María de la Caridad , regalo de Dios para nuestro pueblo.
16. “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16); Jesucristo es el gran regalo de Dios Padre a todos nosotros; es la Gracia de Dios, el signo supremo de la Nueva Alianza , el Sumo y Eterno Sacerdote, el único Mediador de salvación entre Dios y los hombres. Pero Jesús vino al mundo como todo ser humano, “nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Gal 4, 4). María, madre de Jesús, fue el instrumento incólume en la providencia divina para que Dios mismo se hiciera hombre. En este sentido, María es regalo de Dios para la humanidad, como Madre de Dios, como primera discípula de Jesucristo su hijo, como modelo sin pecado del hombre nuevo que todos estamos llamados a ser, llena de gracia redimida desde su concepción.
17. María es llamada por los Santos Padres de la Iglesia la Nueva Eva. Al igual que Eva, prototipo de la primera mujer, fue dada por Dios Creador como regalo a Adán, prototipo del primer hombre (cf. Gn 2, 22), así María es el regalo de Dios a toda la humanidad como prototipo del hombre nuevo y la mujer nueva que, en Cristo, todos estamos llamados a ser. La fidelidad de la Virgen a la Palabra de Dios, coronada, al final de su vida terrena, con su asunción a los cielos, la convierte en el primer ser humano que ya ha alcanzado la realización de la nueva humanidad, hacia la que camina el resto de los hombres de buena voluntad.
18. Pudo ser regalo de Dios porque dijo sí a Dios Padre y, sólo de esa manera, en la obediencia de la fe, Dios Padre actuó en ella por medio del Espíritu, engendrando al Verbo encarnado. “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 39). Al decir sí a Dios se |
convirtió en don para el mundo, regalo fecundo.
19. María pudo decir sí porque escuchó a Dios y escuchándole deja que el Altísimo le explique su proyecto y cambie su futuro; y en este sentido es mujer orante, modelo de oración para los orantes. La oración es escucha de la Palabra de Dios. Escucha meditada… María meditaba todas esas cosas en su corazón. Escucha comprometida… ¿Quiénes son mi Madre y mis hermanos? dijo Jesús: aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Dichosa, bienaventurada me llamarán todas las generaciones, dijo María a Isabel. Dichosa y bienaventurada la llama una mujer del pueblo, a la que Jesús responde dichosos y bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.
20. Al igual que Jesús es presentado en la escena de la vida pública por Dios Padre que, en su teofanía del Jordán junto al Bautista, dice “este es mi Hijo Amado, en quien me complazco” (Mt 3, 17), así María, en la casi teofanía del anuncio del ángel Gabriel, es presentada como la hija amada del Padre que halló gracia ante Dios, como la llena de gracia porque ha creído en la Palabra de Dios. “¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lc 1, 45). María es mujer de fe porque ha creído y ha creído porque ha escuchado a Dios Padre en el silencio de su corazón, en la soledad de su existencia llena del silencio de Dios. |
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21. Esta es la espiritualidad de María, la espiritualidad de la obediencia de la fe y de la confianza en el Padre eterno vividas en el silencio de las horas y los días… sin comprender del todo… sin ver despuntar el día anunciado por Simeón… es la espiritualidad de Nazaret: días, meses, años sin ver nada, sin un signo, sin una señal clara… sólo escuchando, meditando, viendo crecer al hijo de sus entrañas, en sabiduría, en estatura y en gracia, bajo su cuidado y acompañada de su esposo José, varón justo y fiel.
22. Por ello, María es maestra en espiritualidad. “Hoy soñamos con una espiritualidad centrada en Jesucristo y encarnada, que cultive el espíritu misionero y exprese la dimensión social de la fe. Una espiritualidad en clave de esperanza”. (1) Una espiritualidad que genere vida abundante, que signifique verdadero desarrollo del espíritu humano, que tenga como base el deseo de seguir a Cristo, que nos configure con el Maestro, que cultive los principios y valores del Reino anunciado por Él, que tenga en cuenta lo más noble y bello del ser humano creado a imagen de Dios en Cristo, que sea participación del Espíritu de Dios; espiritualidad que nos encamine a la santidad auténtica como desarrollo de nuestra consagración bautismal, espiritualidad sin espiritualismos desencarnados, espiritualidad desde muchas espiritualidades, espiritualidad abierta a todo lo que de verdadero, bueno y bello hay en cada corazón humano, en cada cubano; una espiritualidad que, más allá de lo devocional, estructure a cada ser humano como persona, como persona humana, inteligente, libre y capaz de amar.
23. Una espiritualidad que podemos imaginar realizada en María, mujer creyente y orante, mujer de fe, oración y cruz. Necesitamos abrir los ojos para descubrir el hambre de Dios en nuestro pueblo, el deseo de espiritualidad, la búsqueda de sentido de la vida por medio de la fe y de la oración.
24. La fe como virtud teologal, por tanto como gracia y don de Dios, es la base de la más auténtica y genuina espiritualidad cristiana, alimentada continuamente por la oración, entendida principalmente como escucha del Dios Creador y Padre manifestado en Jesucristo. Para el creyente la oración es el camino por el que se llega a Dios y el camino por el que Dios llega a nosotros; la oración es hablar y dejarse interpelar, como dice Santa Teresa de Jesús, por quien sabemos que nos ama. El cristiano auténtico, creyente en el Dios vivo y verdadero revelado en Jesucristo, hace de la oración su mejor método para encontrarse con Dios, para crecer en la fe, en la esperanza y en el amor. “La adhesión a Cristo, centro de la espiritualidad del discípulo, se nutre de la oración y particularmente de los sacramentos… La intimidad con Jesucristo en la oración nos hace ‘permanecer en Él como Él está en nosotros' y ‘esta reciprocidad es el fundamento mismo, el alma de la vida cristiana y una condición para toda vida pastoral auténtica'”. (2)
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25. En este primer año de preparación al Jubileo de 2012 ponemos el énfasis en la revisión y renovación en el ad intra de nuestra iglesia; se nos presenta así la oportunidad inigualable para que nuestras comunidades profundicen en el conocimiento y la vivencia de Dios, revelado por Jesucristo, como Creador de todo y de todos, que nos ha creado por amor y para amar, Padre bueno, amor entrañable. Y para que reflexionen sobre el significado de la Virgen en la espiritualidad y en la fe personal de cada uno y en el quehacer pastoral comunitario; el trabajo participativo de los consejos parroquiales y de comunidad, de los distintos equipos, grupos y movimientos, ha de estar iluminado por |
la mirada a María, Virgen de la Caridad , primera discípula y misionera de Jesús.
26. Nuestra condición de cristianos brota del sacramento del bautismo como sacramento de la fe. El bautismo aparece siempre ligado a la fe. “El bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos”. (3) Por el bautismo hemos sido purificados del pecado y regenerados a la vida divina para ser hijos de Dios en el Hijo único; el bautismo, como sacramento que actualiza en nosotros el misterio pascual de Cristo, manifestado en la teofanía del Jordán, nos incorpora a su Muerte para resucitar con Él, significa un nacer de nuevo a una vida nueva según el Espíritu; por el bautismo llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados al Pueblo de Dios, que es la Iglesia , para ser partícipes de su misión. |
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27. En este año primero de preparación al Jubileo de 2012, estamos invitados a renovar la reflexión en nuestra condición de bautizados, a revisar los catecumenados en nuestras diócesis, los procesos de iniciación cristiana, a insistir en la toma de conciencia y en el sentido de pertenencia a la Iglesia para identificarnos más con su mensaje y su tarea evangelizadora. En los procesos formativos y catequéticos, a veces hemos confundido precariedad con improvisación; y esto ha provocado lagunas doctrinales, espirituales y morales en nuestros cristianos católicos de hoy, y no pocos abandonos. Ser cristianos es ser discípulos y misioneros de Cristo, como María, en la fe, la esperanza y el amor.
28. “La máxima realización de la existencia cristiana como un vivir trinitario de ‘hijos en el Hijo' nos es dada en la Virgen María quien, por su fe (cf. Lc 1, 45) y obediencia a la voluntad de Dios (cf. Lc 1, 38), así como por su constante meditación de la Palabra y de las acciones de Jesús (cf. Lc 2, 19.51), es la discípula más perfecta del Señor. Interlocutora del Padre en su proyecto de enviar su Verbo al mundo para la salvación humana, María, con su fe, llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo, y también se hace colaboradora en el renacimiento espiritual de los discípulos. Del Evangelio, emerge su figura de mujer libre y fuerte, conscientemente orientada al verdadero seguimiento de Cristo. Ella ha vivido por entero toda la peregrinación de la fe como madre de Cristo y luego de los discípulos, sin que le fuera ahorrada la incomprensión y la búsqueda constante del proyecto del Padre”. (4)
CAPÍTULO SEGUNDO
María de la Caridad peregrina con los cubanos y nos lleva a Jesús
29. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 6). De muchos modos y maneras había hablado Dios a los hombres y les sigue hablando… pero llegada la plenitud de los tiempos nos ha hablado por medio del Hijo, la Palabra hecha carne que puso su morada entre nosotros, el idioma definitivo del Padre, el nuevo Moisés, la Gracia de Dios, el único Mediador de salvación de cuya plenitud hemos recibido gracia tras gracia.
30 . Jesucristo es el Camino hacia Dios Padre al mismo tiempo que es el camino hacia el hombre, hacia cada ser humano; revela la Verdad plena sobre el Dios vivo y verdadero y conocemos por Él la verdad toda sobre la persona humana, la verdad que nos hace libres; manifiesta la Vida de Dios al mundo, el misterio de su Amor, y en Él encontramos la vida plena, verdadera y eterna, a la que estamos llamados, hombres y mujeres, como creaturas hechas a imagen de Dios en Cristo. “Muéstranos al Padre y nos basta”, le diría Felipe (Jn 14, 8); este sigue siendo el anhelo, a veces sosegado y otras angustioso, de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que quieren saber de Dios, que quieren conocer a Dios. ¡Tanto tiempo con ustedes y todavía no me conocen!, diría Jesús. ¿Por qué no te conocen? ¿Por qué no le conocen?
31. María es la llena de gracia, la primera agraciada, que encarnando al Verbo de Dios se pone en camino hacia la montaña para visitar y ayudar a su pariente Isabel (cf. Lc 1, 39), llevando en sus entrañas purísimas al mismo Cristo, que se nos revela como el Camino, la Verdad y la Vida. María , poniéndose en camino, se convierte también en camino hacia Dios y hacia los hombres, peregrina de la fe y mensajera de la esperanza; viviendo en la Verdad de Dios se convierte en modelo de verdad realizada para los hombres; llevando en su seno la Vida , engendrando al Verbo de Dios, hace de su vida un don para los demás y engendra vida nueva en quien a ella se acerca. María es madre y discípula de su Hijo Jesucristo porque, escuchando su Palabra, la cumple a la perfección encarnándola, haciendo de ella la vida de su vida. Es la primera discípula de Jesús, porque fue la primera en creer en la encarnación del Hijo de Dios, cuando dio su asentimiento a las palabras del ángel. Isabel se lo celebra: “¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lc 1, 45).
32. María es fiel espejo donde podemos ver reflejado a su hijo Jesús. A través de María, que encarna plenamente a su hijo Jesús escuchando y cumpliendo la Palabra , Dios le habla a la humanidad en lenguaje femenino. De esta manera, podríamos llegar a afirmar y entender que la Virgen de la Caridad representa el rostro materno de Dios para el pueblo cubano.
33. Por eso decimos que María lleva a Jesús y nos lleva a Jesús, sin suplantarlo, sin reducirlo, sin deformarlo; en la imagen de la Virgen de la Caridad , María nos muestra desde su brazo a Cristo, Camino, Verdad y Vida para todos los cubanos, para todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Una de las mejores imágenes de la vida humana es el camino… la vida es caminar… “La vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su ‘sí' abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza , en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros?” (5) María nos enseña que la vida es camino hacia Dios, cumpliendo la voluntad del Padre, camino hacia la interioridad de uno mismo, meditando todo en el silencio del corazón, y camino hacia los demás, saliendo generosamente al encuentro de quien Dios pone en su camino. María es la mujer peregrina, la mujer caminante, que peregrinando con nosotros nos enseña el camino hacia su hijo Jesús.
34. María, poniéndose en camino, sale al encuentro de Isabel, alguien que la necesita… y, por eso, es modelo para nosotros de mujer misionera, de mujer servidora de los demás, a imagen de Cristo; por eso es Virgen de la Caridad. ¡Cuántos necesitados le salieron a Jesús pidiendo ayuda por el camino! Leprosos, ciegos, cojos… Jesús mismo pone en la escena del camino al buen samaritano en la
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parábola, quizás más bella, sobre el ejercicio de la caridad cristiana como amor desinteresado al prójimo desconocido.
35. Al igual que en aquel tiempo, hoy Cristo sale al encuentro del hombre en el camino de la vida a través de quienes, como María de la Caridad , son testigos de su amor y su verdad en el sacrificio por los demás, misioneros de la esperanza para muchos que han perdido toda ilusión. Cristo necesita las manos de quienes formamos su Iglesia para, desde ellas, como desde las manos de la Virgen de la Caridad , seguir siendo presentado al pueblo cubano, especialmente a los más débiles y necesitados. A la vez, a través de ellos mismos, los humildes y pequeños, nos sigue saliendo al encuentro para que, sirviéndoles a ellos, los bienaventurados, nos encontremos con Él y podamos también ser llamados bienaventurados. |
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36. Por eso, María es la primera misionera; qué es ser misionero sino ponerse en camino para llevar a Cristo a los demás; qué es ser misionero sino propiciar que los otros por medio de ti se encuentren con Cristo. En el hoy de la historia y de la Iglesia en Cuba, con y como María de la Caridad , “nos proponemos fortalecer la misión anunciando a Jesucristo y comprometiéndonos en la edificación de su Reino con renovado ardor, creatividad y audacia”. (6) ¡Ay de nosotros si no anunciamos a Cristo y su Evangelio! Al igual que María engendra a Jesús en sus entrañas purísimas, los cristianos estamos llamados a engendrar a Cristo en los corazones de todos los hombres.
37. La Iglesia es esencialmente misionera; “como la Iglesia es misterio y sacramento universal de salvación, su misión no puede ser otra que realizar lo que ella es: de su ser íntimo dimana su quehacer, su tarea, su misión”. (7) “La misión no es una tarea más, entre otras, de la Iglesia , sino su razón de ser, el centro de su vida. Ella no existe para sí misma sino para evangelizar, lo cual constituye su ‘dicha y su vocación propia y su identidad más profunda'”. (8)
38. La misión de la Iglesia se concreta en la evangelización y en la implantación del Reino. Jesús envió a sus apóstoles a anunciar el Evangelio y a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cf. Mt 28, 19). Tres son los contenidos fundamentales de la misión: anuncio de Jesús y su Evangelio, edificación de la comunidad por medio de la iniciación cristiana y promoción de los valores del Reino. Por tanto, la misión de la Iglesia es evangelizar y bautizar, como puerta a los demás sacramentos que nos hacen cristianos; no se puede ni oponer, ni excluir, ni reducir lo uno a lo otro. La misión encomendada por Cristo a los Apóstoles es una sola, es decir, hacer discípulos bautizándoles y enseñándoles. Los cristianos se hacen, no nacen. “La misión de la Iglesia es, pues, esencialmente edificadora de Iglesia, de comunidad eclesial, tanto en su dimensión ad gentes , haciéndola nacer donde aún no existe, como en su dimensión pastoral, haciéndola madurar y desarrollarse donde ya está presente”. (9)
39. Y la misión de la Iglesia está al servicio de la vida plena de todos los hombres. Cristo se encarnó para que tuviéramos vida, vida abundante, vida plena, vida eterna. Él es la Vida. La misión de la Iglesia es que todos tengan vida nueva en Cristo, vida que primero se hace realidad en los discípulos-misioneros, que están llamados por Cristo a ser comunicadores de vida. “Las condiciones de vida de muchos abandonados, excluidos e ignorados en su miseria y su dolor, contradicen este proyecto del Padre e interpelan a los creyentes a un mayor compromiso a favor de la cultura de la vida”. (10)
40. Volviendo de nuevo la mirada a María, notamos que, además de visitar a Isabel, tuvo que ponerse en camino otras muchas veces más a lo largo de su vida… humillada porque era pobre y no tenía sitio en la posada, para que Jesús naciera… perseguida huye a Egipto, para que Jesús no pereciera… olvidada en el anonimato, regresa a Nazaret, para que Jesús volviera a su tierra, creciera y realizara su proyecto mesiánico… atemorizada de nuevo vuelve a Jerusalén para recuperar a su hijo Jesús, perdido entre los doctores del Templo, porque había venido a cumplir la voluntad del Padre.
41. María es la peregrina de la fe. Y este ponerse en camino significó en ella una continua “conversión”, entendida, no como superación del pecado, que ella nunca experimentó, sino como abandono en las manos del Padre, cambio de mentalidad constante, confianza absoluta en el proyecto de Dios que, meditándolo, pero sin comprenderlo en plenitud, la desinstalaba en cada momento y desbordaba todas sus previsiones.
42. He aquí el fundamento de la esperanza cristiana: la confianza total en Dios Padre bueno que nos acompaña y guía por el camino del mundo, que nos ha prometido en Cristo estar siempre con nosotros por medio del Espíritu de la Verdad , que nos llama a una plenitud que todavía no se da en el aquí y ahora pero que ya ha comenzado en la medida en que, como María, encarnamos a Cristo y lo mostramos al mundo, a nuestro pueblo necesitado de esperanza. María de la Caridad es la mensajera o, también, la misionera de la esperanza para el pueblo, porque ella nos lleva a Cristo, única esperanza verdadera para todo ser humano, para todos los cubanos. “El encuentro personal con Cristo, y su aceptación como Salvador de nuestras vidas y Señor de la historia, es el fundamento de nuestra esperanza y el sentido más profundo de nuestra existencia”. (11)
43. “ La Iglesia en Cuba aspira a llevar adelante una acción evangelizadora esperanzada y esperanzadora. Esperanzada porque pone su confianza en la fidelidad de Dios, que siempre cumple sus promesas, y se sostiene en la presencia permanente de Cristo y del Espíritu en su Iglesia, quienes la guían y asisten a través de las vicisitudes de la historia hasta la plenitud de un futuro que pertenece por entero al mismo Dios. De esta esperanza, que se nutre permanentemente de las Promesas del Señor, saca la Iglesia el ardor y el gozo apostólicos para el desarrollo de su misión, aun en medio de las mayores adversidades. Y esperanzadora, porque pretende compartir con todos los cubanos el tesoro de su propia esperanza como uno de los mayores servicios fraternos que puede brindar. Este servicio de animación de la esperanza pasa necesariamente por el anuncio de Jesucristo, objeto de nuestra esperanza, con toda su carga de sentido plenificante y sus profundas consecuencias renovadoras para la existencia del hombre y de la sociedad en que vive. Se trata, en resumen, ‘de anunciar, al cubano de hoy, la verdad de Jesucristo y sobre el mismo hombre, a fin de que pueda tener esperanza'”. (12)
44. Por ello, María es modelo de conversión para nosotros. ¡Qué es la conversión sino un volver la mirada constantemente a Dios Padre para confiar más en Él!, para decirle: ¿qué quieres de mí?, habla Señor que tu siervo escucha; aquí estoy para hacer tu voluntad. La Iglesia cubana, en este momento privilegiado de la historia, teniendo a María como modelo y ejemplo, necesita conversión. Mirando constantemente a Dios como Padre, como fin último de todo ser humano, no vamos a errar el camino. Convertirse es “aceptar, con decisión personal, la soberanía de Cristo y hacerse discípulos suyos”, (13) es mirar de nuevo a Cristo vivo con los ojos de María para, desde Él, mirar de nuevo al hombre y al mundo, confiadamente, con esperanza.
45. La Iglesia en Cuba necesita ponerse nuevamente en camino hacia el hombre concreto de nuestra tierra y de nuestro pueblo, para comprenderlo desde Cristo, para encaminarlo hacia Cristo, verdad y vida de todos los hombres. ¿Por qué no me conocen?, nos pregunta Jesús. ¿Por qué no le conocen?, nos preguntamos los cristianos. De esta pregunta debiera surgir la auténtica conversión que nos impulse a la misión; conversión personal de nuestros pecados, conversión estructural hacia una iglesia más evangelizada y evangelizadora, conversión pastoral hacia una iglesia más misionera. Conversión personal que implique poner nuestra vida a la luz de Cristo para abandonar el pecado y todo aquello que nos impide reflejar su rostro; conversión estructural que impulse a revisar todas nuestras estructuras para que reflejen mejor los valores del Evangelio de Jesús y, de esa manera, el rostro visible de la Iglesia sea mas creíble; conversión pastoral que signifique cambiar la mirada sobre el mundo y sobre el hombre, perdiendo nuestros complejos y prevenciones, para que nuestro trabajo evangelizador sea menos miedoso y prejuiciado, más vivo y eficaz, más lleno de vida y de verdad, más apoyado por las obras de caridad, más confiado en la gracia del Espíritu. La auténtica conversión lleva a crecer en la fe, en la esperanza y en la caridad.
46. “La conversión personal y comunitaria a Aquel sin el cual nada podemos hacer (cf. Jn 15, 5) es fundamental para la renovación eclesial y para el ejercicio de la misión, pues los evangelizadores lo serán de verdad si ellos mismos están evangelizados. La conversión sigue siendo el presupuesto necesario e irrenunciable de la misión y como tal la primera opción pastoral. Y conversión no sólo al Dios revelado en Jesucristo, sino también a nuestra realidad en la que ese mismo Dios quiere hacerse presente salvíficamente. Por eso, a la conversión se une el necesario discernimiento a la luz del Espíritu y de los signos de los tiempos para crecer, personalmente y comunitariamente, en fidelidad a las exigencias del Reino”. (14)
47. La necesaria conversión en los católicos cubanos y el esfuerzo por llevarla a cabo nos debe conducir a una auténtica conversión en nuestra sociedad, cuyas pautas pueden ser: respeto total a la vida humana desde sus inicios hasta su final, paso de la práctica de la simulación a la cultura de la verdad, superación del engaño como excusa de supervivencia, responsabilidad en el ejercicio de las obligaciones familiares, laborales y ciudadanas, crecimiento en la tutela de las libertades individuales como servicio a la convivencia pacífica y respetuosa entre ciudadanos de distinta forma de pensar.
48. Como fruto de la conversión en todas sus dimensiones, viene la reconciliación con Dios, con los hermanos, con uno mismo. La Iglesia en Cuba ha de seguir llamando constantemente a la reconciliación, pero desde la conversión. La auténtica reconciliación nace de dentro hacia fuera; reconciliarse con la esencia de uno mismo y con Dios, como sustento de nuestra existencia, es el paso previo y necesario para reconciliarnos sinceramente con los demás. Reconciliarse significa reconocerse, encontrarse de nuevo; si no me reconozco en Dios, y a Dios en los demás, difícilmente podré vivir la reconciliación en profundidad. Reconciliarse implica perdonar y olvidar. Perdonar como Dios nos perdona, gratuitamente, sin exigir nada a cambio.
49. Tarea de la Iglesia en Cuba sigue siendo perdonar y enseñar a perdonar. Como discípulos y misioneros de Cristo hemos de fomentar en el pueblo cristiano el perdón como actitud consciente y constante. No nos pueden perdonar si no perdonamos. La Iglesia en Cuba tiene que perdonar de corazón y también tiene que pedir perdón por las veces que no ha brillado en ella el amor de Cristo. El rostro visible de la Iglesia ha de reflejar en todo momento y ocasión la misericordia infinita del Dios Amor sobre cada uno de nosotros, los discípulos de Cristo, que se proyecta sobre todos los hombres y mujeres de buena voluntad que, reconociendo sus culpas, humildemente se acogen a ella. Viviendo la misericordia y el perdón de Dios, como discípulos de Cristo, a través del sacramento de la reconciliación, seremos los mejores maestros en el enseñar a perdonar y acoger la misericordia divina.
50. Con ocasión del Jubileo de 2012 y su preparación, se nos ofrece la oportunidad de promover la tan deseada reconciliación entre todos los cubanos. María de la Caridad es la primera mujer reconciliada y reconciliadora; mirando todos juntos a la Virgen de la Caridad nos sentiremos reconciliados y reconciliadores: esta es nuestra esperanza. María, “como madre de tantos, fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se experimenten como una familia, la familia de Dios”. (15)
CAPÍTULO TERCERO
María de la Caridad anima y acompaña a la Iglesia que quiere servir a su pueblo
51. Cristo vino al mundo a cumplir la voluntad del Padre, y la voluntad del Padre es que todos, en Él, tengan vida, vida abundante, nueva y eterna. Por eso se puso a servir y no a ser servido, para dar su vida en rescate por muchos; “el que quiera ser el primero entre ustedes, sea el servidor de todos” (Cf. Mt 20, 25-28), les había dicho a sus discípulos. Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo… y se ciñó la toalla y les lavó los pies, y les dijo: “Yo les he dado ejemplo para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes”. (16) “¿Tú eres rey?” le preguntó Pilatos. “Yo soy rey; yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad”. (17) Pero su Reino no es de este mundo y su reinado consiste en ganarse los corazones de los hombres obrando el bien, curando a los oprimidos por el mal, dando la vida, porque nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos. Pasó por uno de tantos, como un hombre cualquiera, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de Cruz. Desde la Cruz nos lo dio todo, hasta lo último que le quedaba, su propia madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo; y luego dice al discípulo: ahí tienes a tu Madre. Desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Jn 19, 25-27). La “hora” suprema de la encarnación del Verbo fue la entrega voluntaria de la propia vida al Padre: “todo está cumplido”, “en tus manos pongo mi espíritu”. (18) Jesucristo es el rostro visible del Dios que es Amor; Jesús es el Siervo de Yahvé y el servidor de la humanidad; es la Caridad de Dios, el amor divino humanado, el amor humano divinizado, es el Dios Amor encarnado.
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52. María, en las bodas de Caná, adelanta la “hora” de su Hijo, propicia el inicio de su misión redentora, la manifestación de su verdad y amor, y nos invita a cumplir su voluntad: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). María, presente en todos los momentos de la vida de su hijo Jesús, desde Belén hasta el Gólgota, desde el pesebre hasta la cruz, acompaña también desde el primer momento a la Iglesia naciente, visible en los discípulos de su Hijo. Ella es, en definitiva, la que como primera discípula, desde la encarnación, comienza a construir la Iglesia , la asamblea de los creyentes en Cristo. Cuando el Hijo de Dios se encarnó en la Virgen , en ese momento, en cierto modo, ella toda es la Iglesia ; el Verbo, no se encarnó en otra persona, sino en María. |
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53. Por eso María es Madre de la Iglesia , porque engendra a Cristo y porque “engendra” también a los discípulos, indicándoles el camino a seguir: cumplir la voluntad del Padre eterno, poner por obra las palabras de Cristo. Porque es Madre de Cristo, es Madre de la Iglesia ; su papel con respecto a la Iglesia deriva directamente de su unión con Cristo. “Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es ‘miembro muy eminente y del todo singular de la Iglesia ', incluso constituye ‘la figura' (typus) de la Iglesia. Pero su papel con relación a la Iglesia y a toda la humanidad va aún más lejos. ‘Colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra Madre en el orden de la gracia'”. (19) 54. “Como en la familia humana, la Iglesia-familia se genera en torno a una madre, quien confiere ‘alma' y ternura a la convivencia familiar. María, Madre de la Iglesia , además de modelo y paradigma de humanidad, es artífice de comunión. Uno de los eventos fundamentales de la Iglesia es cuando el ‘sí' brotó de María. Ella atrae multitudes a la comunión con Jesús y su Iglesia, como experimentamos a menudo en los santuarios marianos. Por eso la Iglesia , como la Virgen María , es madre”. (20) María, en nuestra tierra, en el hoy de nuestra historia, anima y acompaña a la Iglesia cubana como madre y maestra bajo la advocación de la Caridad. También la Iglesia , como María, quiere y debe ser madre y maestra para el pueblo cubano, ejerciendo la caridad, sirviéndole generosamente.
55. “Llenen las tinajas de agua” (Jn 2, 7) es el mandato de Jesús a los sirvientes, ante la presencia de su madre; y de ahí parte su primer signo milagroso. Una constante en los milagros de Jesús es que siempre cuenta con la colaboración y compromiso de quienes le rodean; en la multiplicación de los panes: “denles ustedes de comer” (Mc 6, 37); en la pesca milagrosa: “rema mar adentro y echen las redes para pescar” (Lc 5,4); en la resurrección de Lázaro: “muevan la piedra”; “desátenlo y déjenle andar” (Jn 11, 39-44). Jesús hace sentir a sus discípulos que su acción salvífica divina pasa por el compromiso y la implicación de quienes de ella participan. El amor de Dios, que pasa por las manos de Jesús, necesita de las manos de los discípulos para llegar definitivamente a los hombres y mujeres de su tiempo. María fue la primera discípula comprometida con la misión de su Hijo, y por eso la llamamos Virgen de la Caridad. Supo intuir la necesidad de los esposos en Caná para comprometerse con ellos. María de la Caridad es modelo de compromiso encarnado para todos los discípulos misioneros que, en Cuba, queremos seguir encarnando a Cristo.
56. “Con los ojos puestos en sus hijos y en sus necesidades, como en Caná de Galilea, María ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo. Indica, además, cuál es la pedagogía para que los pobres, en cada comunidad cristiana, ‘se sientan como en su casa'. Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida y solidaria, en fraternidad, en atención y acogida del otro, especialmente si es pobre o necesitado. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que la convierte en ‘casa y escuela de la comunión' y en espacio espiritual que prepara para la misión”. (21)
57. “Y el agua se convirtió en vino” (Jn 2, 9). Jesús viene al mundo para transformar la realidad humana, para convertir las tristezas en alegrías, para curar los corazones desgarrados, para liberar a los oprimidos; el ejercicio de la caridad cristiana es transformar el mundo y la vida de los hombres según el plan de Dios. La alegría humana más auténtica y duradera es la que brota de la acción liberadora de Cristo, fruto de la caridad cristiana. La caridad es el alma de la santidad de la Iglesia y el corazón de su misión. “El menor de nuestros actos hechos con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos”. (22) La caridad es la fuerza divina, virtud teologal y don sobrenatural, que nos impulsa a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, a amar como Cristo nos ha amado, a cumplir sus mandamientos, a vivir en la paz y en la libertad de los hijos de Dios, a practicar gozosamente el perdón y la misericordia. “La caridad representa el mayor mandamiento social. Respeta al otro y sus derechos. Exige la práctica de la justicia y es la única que nos hace capaces de esta. Inspira una vida de entrega de sí mismo: ‘Quien intente guardar su vida la perderá; y quien la pierda la conservará' (Lc 17, 33)”. (23) Al final de la vida, los discípulos de Cristo seremos examinados en el amor caritativo, pues “cada cosa que hicieron a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hicieron” (Mt 25, 40).
58. La caridad es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres. El ejercicio de la caridad pertenece a la naturaleza de la Iglesia y es manifestación irrenunciable de su propia esencia. La justicia nace de la caridad. “El amor –caritas– siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo”. (24) La actividad caritativa de la Iglesia ha de ser la respuesta a las necesidades inmediatas de los pobres, independiente de partidos e ideologías, sin ningún afán proselitista.
59. El papel fundamental de los laicos en la vida de la Iglesia , en relación con el mundo, es transformar la realidad, viviendo su vocación laical en la fe, la esperanza y la caridad. “El deber inmediato de actuar a favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos... la caridad debe animar toda la existencia de los fieles laicos y, por tanto, su actividad política, vivida como ‘caridad social'”. (25) El amor de Cristo nos apremia para comprometernos en la construcción de una sociedad más justa y caritativa, más acorde con los principios del Evangelio. Hemos de seguir haciendo nuestra, la opción preferencial por los pobres, tan sentida y vivida en nuestras Iglesias hermanas de América Latina y el Caribe. La Iglesia en Cuba ha de seguir creando nuevos espacios para la asistencia social, para la promoción humana, para el diálogo con el mundo de la cultura y de la política; hay que buscar caminos nuevos y creativos, propios o en colaboración, a fin de responder a los efectos de la pobreza en todas sus manifestaciones. En Cuba también hay pobres… pobres en lo material y pobres en lo espiritual. En palabras de la beata Madre Teresa de Calcuta, pobre es el que no tiene a Cristo. El modelo que tenemos en María de la Caridad nos reclama constantemente una caridad vivida y encarnada en lo concreto de la vida cotidiana.
60. “Uno de los objetivos prioritarios del Plan de Pastoral que ustedes han elaborado –dijo el Papa a nuestros obispos– es justamente la promoción de un laicado comprometido, consciente de su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo. Les invito, por tanto, a promover en sus Iglesias particulares un auténtico proceso de educación en la fe en los diversos niveles, con la ayuda de catequistas debidamente preparados. Procuren que todos los fieles tengan acceso a la lectura y meditación orante de la Palabra de Dios, así como a la recepción frecuente del sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía ”. (26)
61. Por el sacramento del bautismo, incorporados a Cristo, los laicos participan de la misión de la Iglesia , sacerdotal, profética y caritativa, según su carácter propio secular. La confirmación es el sacramento que perfecciona la gracia bautismal y que nos da en plenitud el Espíritu Santo para incorporarnos más firmemente a Cristo y hacer más sólido nuestro vínculo con la Iglesia , asociándonos todavía más a su misión, ayudándonos a dar testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada de las obras. Por la confirmación, que es la plenitud del bautismo, el discípulo de Cristo es revestido de la fuerza del Espíritu Santo para ser su testigo, recibe el poder de confesar la fe de Cristo públicamente como tarea o misión.
62. En el tercer año de preparación al Jubileo de 2012, se nos invita a revisar la disciplina del sacramento de la confirmación en relación con el bautismo y la Eucaristía , que completan la iniciación cristiana. La promoción de la identidad laical pasa por fundamentar su especificidad en la gracia sacramental del bautismo y de la confirmación. La gracia de la confirmación es la plenitud del don del Espíritu Santo que impulsa a los laicos a la misión y al compromiso con la transformación de la sociedad, siendo testigos de Cristo con la palabra y las obras. María acompañó a los Apóstoles en la espera del Espíritu Santo. La Virgen fue uno de los miembros de la Iglesia de Jerusalén. Ella, en esa comunidad eclesial, transmite los primeros hechos y experiencias de la vida salvadora de su Hijo, recogidos posteriormente en los Evangelios de Mateo y Lucas. Que Santa María de la Caridad también acompañe a todos los cubanos y cubanas que, cristianos católicos por el bautismo, quieren comprometerse con Cristo y su Iglesia para siempre, recibiendo el sacramento de la confirmación, como discípulos misioneros.
63. Y de nuevo ponemos los ojos en Santa María de la Caridad. “Detenemos la mirada en María y reconocemos en ella una imagen perfecta de la discípula misionera. Ella nos exhorta a hacer lo que Jesús nos diga (cf. Jn 2, 5) para que Él pueda derramar su vida en América Latina y el Caribe. Junto con ella, queremos estar atentos una vez más a la escucha del Maestro, y, en torno a ella, volvemos a recibir con estremecimiento el mandato misionero de su hijo: Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos (Mt 28, 19). Lo escuchamos como comunidad de discípulos misioneros, que hemos experimentado el encuentro vivo con Él y queremos compartir todos los días con los demás esa alegría incomparable”. (27)
CONCLUSIÓN
María de la Caridad , madre de todos los cubanos
64. “Nuestra Iglesia se llena de júbilo por la cercana celebración de los 400 años del hallazgo de la bendita imagen de la Virgen de la Caridad en la Bahía de Nipe, en el año 1612. Ella es la Madre y Patrona del pueblo cubano. A las muchas iglesias y casas donde se encuentra su imagen acuden y rezan los cubanos de toda clase, condición y pensamiento. Alrededor de ella se da la unidad de hijos y hermanos”. (28) Con estas palabras saludaron al Papa nuestros obispos en Roma en la reciente visita ad limina .
65. En el año 2012, la Iglesia católica en Cuba invitará a los cubanos a celebrar el gran acontecimiento de los 400 años del hallazgo y la presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, fiesta que es de todos. Viviremos intensamente ese Año Jubilar con actos e iniciativas hermanadas que expresen nuestro agradecimiento a Dios Padre por el gran regalo de María bajo la advocación de la Caridad. ¡Cuántos,
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| a través de estos 400 años, nos hemos dirigido a Ella, y hemos encontrado en su dulce mirada y en su manto maternal, el refugio y el aliento para vivir!
66. Pero, ¿qué es un Jubileo? El término “jubileo” expresa alegría, no sólo interior, sino también júbilo que se manifiesta exteriormente. Por eso la Iglesia cubana invita a todos a la celebración alegre y gozosa de este acontecimiento.
67. El uso de los jubileos comenzó en el Antiguo Testamento y continúa en la historia de la Iglesia. El jubileo era un tiempo dedicado de modo particular a Dios. Se celebraba cada siete años, según la ley de Moisés: era el “año sabático”, durante el cual se dejaba reposar la tierra, se liberaban los esclavos y se perdonaban todas las deudas. Una de las consecuencias más significativas del año jubilar era la emancipación de todos los habitantes necesitados de liberación y la recuperación de la posesión de la tierra heredada de los padres. (29) El año jubilar debía devolver la igualdad entre todos los hijos de Israel, abriendo nuevas posibilidades a las familias que habían perdido sus propiedades, e incluso, la libertad personal. Era un modo de restablecer la justicia social. |
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68. “El jubileo, para la Iglesia , es verdaderamente el ‘año de gracia', año de perdón de los pecados y de las penas por los pecados, año de reconciliación entre los adversarios, año de múltiples conversiones y de penitencia sacramental y extrasacramental”. (30) Se celebran como jubileos los años conmemorativos del misterio de la Encarnación y de la Redención , pero también se pueden celebrar jubilarmente otros acontecimientos particulares significativos para la vida de la Iglesia.
69. La celebración de los cuatrocientos años del hallazgo y la presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad es un acontecimiento jubilar para nuestra Iglesia en Cuba. Y es, asimismo, motivo de alegría para toda Cuba, de la que también forman parte nuestros compatriotas que viven más allá de las fronteras geográficas del país, porque somos un solo pueblo.
70. En nuestras ansias de gracia y renovación jubilar para nuestra sociedad cubana es necesario valorar la familia; institución medular de la sociedad que necesita reconciliarse, perdonarse, sanar sus heridas. Solo así y desde el ámbito enriquecido de nuestras familias, podremos fortalecer y construir el pueblo cubano, el pueblo cuya Madre común es la Virgen del Amor, que quiere lo mejor para sus hijos.
71. Deseamos que, con motivo del Jubileo del 2012, nuestra Iglesia católica en Cuba viva un nuevo Pentecostés; queremos que nuestra Iglesia, acompañada por María de la Caridad , se sienta renovada y reconfortada por los dones del Espíritu Santo; anhelamos que el pueblo cubano viva cada vez más los valores del Evangelio de Jesucristo. “En este camino nos precede y acompaña siempre María de la Caridad , ‘estrella de la evangelización' y modelo de nuestra Iglesia. Ella ha acompañado a nuestro pueblo, prácticamente desde los inicios de su historia. Ella ha acompañado también el despertar evangelizador de nuestras comunidades y sostenido la fe de nuestra gente sencilla. Y seguirá inspirando siempre nuestra misión en cuanto ella es un signo vivo de la unidad del pueblo cubano y de la comunión a la que estamos llamados todos los cubanos en Cristo por el amor”. (31)
72. En unión con el Santo Padre y toda la Iglesia universal, cuando nos disponemos a preparar la celebración del Cuarto Centenario del hallazgo de la venerada imagen de nuestra Señora de la Caridad del Cobre, a ella nos encomendamos con todas nuestras intenciones, y le pedimos que nos proteja y dé fortaleza en nuestra misión de construir el Reino de su hijo Jesucristo en esta tierra en medio del pueblo cubano.
73. Santa María de la Caridad del Cobre, Patrona y Reina de Cuba, ruega por nosotros. Amén.
Notas:
(1) Plan Global de Pastoral, 9.
(2) Ibid, 36.
(3) Catecismo de la Iglesia Católica , 1213.
(4) Aparecida, 266.
(5) Benedicto XVI, Spe Salvi , 49
(6) PGP, 9.
(7) ENEC, 243.
(8) PGP, 24
(9) PGP 26. Cf. Juan Pablo II, Redemptoris missio , 33. Cf. ENEC, 255: “Evangelizar siempre será colaborar en el encuentro personal y comunitario del hombre con Cristo; hacer presente, con la palabra y con la vida, el amor universal de Dios”.
(10) Aparecida, 358.
(11) PGP, 35.
(12) PGP, 29.
(13) Juan Pablo II, Redemptoris missio , 46.
(14) PGP, 35.
(15) Aparecida, 267.
(16) Cf. Jn 13,1-16.
(17) Cf. Jn 18,36-37.
(18) Cf. Jn 19,30; cf. Lc 23,46.
(19) Catecismo, 967-968.
(20) Aparecida 268.
(21) Aparecida, 272.
(22) Catecismo, 953; cf. 1Cor 13,1-13.
(23) Catecismo, 1889.
(24) Benedicto XVI, Deus caritas est , 28.
(25) Benedicto XVI, Deus caritas est , 29: “ La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes y, por otro lado, nunca habrá situaciones en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, más allá de la justicia, tiene y tendrá siempre necesidad de amor”.
(26) Benedicto XVI, Discurso a los obispos de Cuba en visita ad limina . Cf. PGP, 9: “Queremos un laicado que, consciente de su vocación y misión, privilegie su acción pastoral entre y con las familias y los jóvenes, y participe en la transformación de la realidad tanto eclesial como social”.
(27) Aparecida, 364.
(28) Alocución del presidente de la COCC , Mons. Juan García Rodríguez, ante el Santo Padre en la visita ad limina .
(29) Cf. Lev 25,10.
(30) Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente , 14.
(31) PGP, 48. |
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