En ese caso se encuentra el doctor Manuel Bisbé Alberni (Santiago de Cuba, 28 de diciembre de 1905-Estados Unidos, 20 de marzo de 1961). Hace 59 años, es decir, durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás, definió su posición: “Yo soy de los que creen en las reservas morales de nuestro pueblo, de los que no admiten que la sensibilidad pública esté embotada, de los que sostienen que los mercaderes de la política han llegado a veces a corromper la manera de vivir de muchos cubanos, pero no han logrado corromper su manera de sentir”. (1) Hace unos días, al trabajar con los escritos de este ejemplar hombre de nuestra cultura, me conmovió su evocación de una frase lapidaria de Ignacio Agramonte –la que encabeza esta glosa–, insertada en el discurso que pronunciara en vísperas del 108 aniversario de su nacimiento: “¿Cómo no evocar la figura del Bayardo, y pensar en su cálido llamamiento a la vergüenza como una solución cubana? Lo recordamos, haciendo su entrada en la historia, frente a los propósitos contrarrevolucionarios y pacificadores de Napoleón de Arango […] Lo vemos compartiendo el amor a la patria con el amor a su idolatrada Amalia Simoni, y poniendo una tónica romántica en la guerra, en la vida y en la concepción revolucionaria”. ()2 Bisbé concluye sus palabras con una valoración que es digna de tener en cuenta: “[…] La inmortal frase de Ignacio Agramonte tiene hoy –repetimos– categoría de programa de gobierno. ¡Hay que contar de nuevo con la vergüenza de los cubanos!” (3)
La pasión por la cultura universal y nacional; la dedicación al estudio; la defensa de los principios éticos que acompañan históricamente la existencia de nuestra nacionalidad; son, a mi juicio, características que se manifiestan a lo largo de su vida en una obra que supo conjugar –como debe ser– el quehacer intelectual con la actitud cívica y combativa ante los problemas acuciantes de su tiempo.
Bisbé obtiene en la Universidad de La Habana el doctorado en Derecho Civil y Público, y en Filosofía y Letras. Ejerce como profesor de Geografía e Historia en el Instituto de La Habana , del cual es expulsado en 1930 por pronunciarse en contra del gobierno de Gerardo Machado. Especializado en Lengua y Literatura Griegas, logra la categoría docente de Auxiliar en la Facultad de Filosofía y Letras. Es expulsado del alto centro de estudios, en 1936, por su fuerte oposición al propósito de militarizar la Universidad ; pero lo reponen en su cátedra al cesar dicha situación. Un detalle interesante de su magisterio: en 1939 es el único profesor que tiene el derecho a pasar de auxiliar a titular sin oposición, pero para sorpresa del claustro renuncia a ese derecho y obtiene, mediante libre competencia, la categoría de Profesor Titular. Se afirma que colaboraba con la Oficina del Historiador de la Ciudad.
A sus méritos académicos hay que añadir un profundo conocimiento del pasado colonial y su condición de ensayista penetrante. Notable, a mi juicio, es su ensayo Ideario y conducta cívica del Padre Varela (publicado por primera vez en 1940), del cual transcribo estas valoraciones: “[…] dejó de ser Varela un liberal español para reafirmar su americanismo fervoroso, para convertirse en un defensor incansable de la libertad americana, y así vio cómo su amor a Cuba, no incompatible en los primeros momentos con su amor a España, se convertía en justa y sincera pasión de independencia […] Su obra y su espíritu reviven en la obra y en el espíritu de José Martí. Creó el ideario de una Cuba independiente...” (4) No falta en esta obra su justo y sabio consejo: “Si de verdad queremos ser fieles a la memoria de Varela, si queremos honrarlo con ese homenaje que va más allá de la palabra, popularicemos a Varela, pongamos a nuestro pueblo y en particular a la juventud en contacto con sus enseñanzas, y hagamos de su ideario una reserva espiritual de nuestro pueblo”. (5)
El doctor Manuel Bisbé tiene una activa y digna participación en la lucha cívica contra los serios problemas políticos y sociales de su época. En 1936, se halla entre los fundadores del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico); es uno de los primeros críticos del gobierno de Grau San Martín y, en 1947, se separa de esta organización –por la cual fue electo, con el no. 11 en la boleta, Representante a la Cámara – para fundar junto a Eduardo Chibás Rivas, el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), con la consigna Vergüenza contra Dinero. De nuevo es elegido Representante a la Cámara y llega a ser el presidente del Comité Parlamentario Ortodoxo en esa instancia de poder.
El año 1949 es muy convulso para el país: la corrupción y la violencia en diversas manifestaciones son alarmantes; pero la denuncia pública y la lucha política a favor de la probidad no claudicaron. El senador Pelayo Cuervo Navarro, miembro del Partido Ortodoxo, logra que el 27 de enero sea una realidad la Causa 82, instruida por malversación, fraude, prevaricación y desobediencia por el magistrado Antonio de Vignier y Riera.
En tales circunstancias, el Club de Leones de La Habana decide iniciar una recia campaña contra el peculado, que a Bisbé le parece oportuna porque considera que ese es un mal casi endémico de la administración colonial y republicana cubana, y dice entonces: “Robar a Cuba, si se roba en grande, no es un pecado, sino un medio de conquistar credenciales de gran señor y codearse con nuestra high life ; lo que es un mal negocio es robarse un pan, si se tiene hambre, porque a ese sí que le llaman ladrón y lo meten en chirona […] Se oye decir a menudo: ‘no seas bobo, aprovéchate que tal vez no tengas de nuevo esta oportunidad'.” (6) Es indiscutible que le asistía la razón al insistir en que “el peculado sin sanción está afectando seriamente a la moral cubana” (7)y al valorar que “es muy duro el contraste entre el funcionario y el empleado cumplidor y pobre, siempre amenazado por una cesantía, y el desfalcador omnipotente, pez de todas las aguas, al que ninguna situación política logra sumergir”.(8)
El gran sentido moral de la lucha ortodoxa descansa, a su juicio, en la batalla que libra la vergüenza frente al dinero. “No importa que la batalla se pierda una vez; lo importante es que la batalla se libre cuantas veces sea necesario”. Y con la respetuosa combatividad de su palabra insiste en un propósito válido en tiempos de corrupción: “[…] Hay que acabar con los pícaros que se empeñan en burlarse de los que se resisten a ser pícaros. Hay que volver por los fueros de la honradez y honrar y premiar al hombre honrado”.(9) Piensa que “ha llegado el momento de actuar, de coger el bisturí y comenzar a cortar”, pero, conocedor de las leyes y de los hombres, declara una urgencia:”[…] que los jueces cumplan con su deber y no se dobleguen ante los culpables del delito de peculado, ni ante los apañadores de ese delito, que son tan culpables como ellos”. (10)
Por sus virtudes ciudadanas y la nitidez de su conducta pública, llega el doctor Bisbé a tener un gran arraigo en el pueblo. Nace en los barrios de la capital su nominación para la alcaldía de La Habana y, el 4 de septiembre de 1949, el Directorio Municipal Habanero del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) proclama su candidatura, con el lema “ La Habana siempre vota por el mejor candidato”. En esa memorable ocasión, le dice al pueblo: “Vamos a esta lucha manteniendo la línea gloriosa de la independencia política, sin pactos con ningún otro partido, sin compromisos que condicionen nuestra actuación futura y en entera libertad para darnos totalmente a la tarea de adecentar la administración municipal habanera y de luchar por todas las posibilidades de la gran Habana del futuro…” (11)
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Su programa se basa en tres tareas:
1) Adecentamiento de la administración municipal, suprimiendo las botellas y compensaciones políticas, y acabando con los privilegios y fraudes en la cobranza y aplicación de los impuestos. 2) Atención eficaz, mejora y ampliación de los servicios públicos. 3) Solución definitiva del problema del agua previendo las posibilidades futuras de la capital.
Quiere que el pueblo reflexione cómo es posible que una ciudad cuyo municipio cuenta con un presupuesto de más de diez millones de pesos, no tenga un teatro municipal digno de su propia jerarquía, ni cuente con casas baratas para aliviar el grave problema que confrontaban los obreros con sus precarias viviendas. Nadie se preocupaba, por ejemplo, de cómo andaba el funcionamiento de los hospitales y las creches, el servicio de incendio y las escuelas del municipio. Las críticas recaían, por supuesto, en Nicolás Castellanos que era a la sazón Alcalde de La Habana.
Sobre el problema del agua, denuncia que sirve de “cortina de humo” porque como concentra toda la atención del pueblo, los otros problemas pasaban desapercibidos. Sus argumentos al respecto son fuertes y concretos. La “solución” era falsa: se jugaba con las llaves, dándole agua a barrios que no la recibían, quitándola o reduciéndola en aquellos que, hasta esos momentos, no habían tenido escasez. Advierte que “lo más grave es que se está tomando |
Bisbé junto a Conchita Fernández
en un acto político en Regla. |
agua cruda del río Almendares, como han denunciado el ingeniero Cosculluela y el alcalde auténtico de Regla, doctor Rueno Estrada, en la cantidad de un 44 por ciento, mezclándose a la de Vento con grave peligro para la salud de los habaneros, con injusticia para el vecino término de Regla, al que casi dejan sin agua, y con seria merma del caudal del Almendares que acabaría por convertirse en una corriente de agua discontínua”. (12)
El líder ortodoxo se dirige a los habaneros que sienten en su alma el culto a la hermosa ciudad; a los que están cansados de la corrupción, privilegios y abusos de poder; a los que se sienten impotentes ante la injusticia porque saben que se hace política con todo: con la cama y las medicinas necesarias a los enfermos, con el agua que se ofrece, con la beca para la creche o el colegio, y nada pueden hacer. Su palabra es clara y precisa: la única opción es luchar por una nueva etapa en la vida de la capital, que recoja la tradición de los buenos alcaldes y de aquellos días en que honraban el consistorio habanero hombres de la más ilustre talla intelectual y moral.
El doctor Manuel Bisbé permaneció en Cuba hasta 1957, año en que debido a su vertical posición en contra del gobierno de facto de Fulgencio Batista y su cercanía con el proyecto del M-26-7, de acuerdo con el testimonio de Conchita Fernández, (13) tiene que exiliarse. Regresa a la patria el 1ro. de enero de 1959. Sirve a la Isla , tan querida y añorada, aceptando la designación del gobierno revolucionario como Representante permanente de Cuba ante la ONU. A la edad de 56 años lo sorprende la muerte en los Estados Unidos –20 de marzo de 1961– debido a una repentina enfermedad cardíaca.
Como ciudadano que procedió de acuerdo con sus principios éticos y su concepto del deber; que pudo haber cometido errores como cualquier hombre, pero se mantuvo siempre a favor de la verdad y la justicia, creo que debe haber emprendido en paz el viaje definitivo.
Al acercarme a su vida, en el 48 aniversario de la entrega de su espíritu, sigo pensando que el recorrido del doctor Manuel Bisbé Alberni constituye un testimonio del compromiso con su tiempo, con su fe y con la patria que corresponde a un intelectual.
REFERENCIAS
(1) Archivo Nacional de Cuba (ANC). Fondo: Donaciones y remisiones. Caja 298, no. 9 (donación del señor Abel Mestre).
(2) Ibídem.
(3) Ibídem.
(4) Manuel Bisbé Alberni. “ Ideario y conducta cívica del Padre Varela ” , en Bohemia , año 53, no. 17, 23 de abril de 1961.
(5) Ibídem.
(6) ANC: Fondo Donaciones y remisiones. Caja 298, no. 8 (donación del señor Abel Mestre).
(7) Ibídem.
(8) Ibídem.
(9) Ibídem.
(10) Ibídem.
(11) Ibídem.
(12) Ibídem.
(13) Pedro Prada: La secretaria de la República , Editorial de Ciencias Sociales, La Habana , 2001, p. 262.
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