
DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, No 2298
EL RESPETO DE LA
INTEGRIDAD CORPORAL
En tiempos pasados, se recurrió de modo ordinario a prácticas crueles
por parte de autoridades legítimas para mantener la ley y el orden,
con frecuencia sin protesta de los pastores de la Iglesia,
que incluso adoptaron, en sus propios tribunales las prescripciones
del derecho romano sobre la tortura.
Junto a estos hechos lamentables, la Iglesia ha enseñado siempre
el deber de clemencia y misericordia; prohibió a los clérigos
derramar sangre. En tiempos recientes se ha hecho evidente
que estas prácticas crueles no eran ni necesarias
para el orden público ni conformes a los derechos legítimos
de la persona humana. Al contrario,
estas prácticas conducen a las peores degradaciones.
Es preciso esforzarse por su abolición,
y orar por las víctimas y sus verdugos.