Creo que las dos variantes son interesantes y pudieran tenerse en cuenta, aunque la realidad es una: nuestros peloteros se estancan en su desarrollo y necesitan un “techo” superior al actual, pues a muchos la Serie Nacional ya les “queda chiquita”.
No se trata sólo de sistema de entrenamiento, ni de rescatar la Serie Selectiva. Con nuestra manera de entrenar alcanzamos los mayores logros y dudo que la Selectiva vuelva a darnos los resultados de antaño, tiempos en los que dominaba el bate de aluminio y nuestros rivales apenas si sobrepasaban el nivel universitario. La situación va más allá y soy de los muchos que piensan (atletas incluidos) que es necesario aumentar el contacto con un nivel más alto de Béisbol.
Opino que ha llegado el momento de que nuestros peloteros se inserten de alguna manera en Ligas Profesionales, sin que necesariamente sea en los Estados Unidos.
El fenómeno no es nada nuevo para el deporte cubano y menos para el Béisbol. Hace algunos años figuras legendarias de nuestra pelota fueron casi forzadas al retiro y luego llevadas a jugar en países como Japón y Nicaragua, escenarios en que casi todos brillaron. Sin embargo, eran peloteros que aunque no acabados, sí estaban ya, al menos, en el comienzo de su curva descendente.
Según se argumentó, el ser retirado de la Serie Nacional le abría las puertas a jugar por un salario del que la Agencia Cubadeportes y el INDER también se beneficiaban.
Actualmente hay entrenadores cubanos en muchos países que trabajan en equipos profesionales, en algunos casos hasta como directores.
Creo que ahora pudiera hacerse otro intento específicamente con los atletas. Estoy seguro que prestigiosas Ligas Foráneas estarían dispuestas a contratar a peloteros cubanos, los cuales pudieran ser representados nuevamente por entidades deportivas criollas.
A estas alturas el término “amateur” o “aficionado” poco cuenta en el mundo y de hecho la mayoría de las Federaciones Internacionales borraron el vocablo de sus siglas, incluyendo la de Béisbol, que desde 1999 dio la bienvenida a los profesionales.
El deporte aficionado se refiere básicamente a aquel deportista que se ejercita en sus ratos libres luego de la jornada de trabajo o de estudio y casi siempre en los fines de semana, sin recibir por ello ninguna remuneración; mientras que el profesional es aquel que se dedica a los entrenamientos a tiempo completo y por eso recibe un salario.
El deporte profesional existe porque hay deportistas profesionales, gente que se dedica a practicarlo en forma remunerada. Aunque no queramos aceptarlo, los tiempos en que la actividad física se relacionaba con el tiempo libre y la diversión están muy lejos. El deporte moderno es alta competición, negocio, entrega total. Los deportistas son ahora asalariados y pertenecen a clubes que funcionan como empresas.
Cuba siempre ha defendido el deporte aficionado, pero encontró un mecanismo con el que los atletas se benefician de una licencia que además de garantizarle un salario como cualquier ciudadano, le permite asumir jornadas completas de entrenamientos, topes y competencias. Filosofía y mecanismo aparte, su esencia no deja de ser una práctica profesional pero eso sería tema para otra oportunidad.
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De lo que se trata ahora es de elevar el nivel de nuestro Béisbol y la inserción de peloteros en ligas del extranjero es una opción a tener en cuenta. Si en otros deportes los cubanos reciben premios en metálico, ¿por qué el Béisbol está limitado?
¿Hubieran alcanzado Dayron Robles y Yipsy Moreno tal maestría deportiva si no compitieran en el Circuito Grand Prix y la Liga de Oro? ¿Sólo en eventos oficiales Leinier Domínguez hubiera llegado a los 2 700 puntos de Elo? ¿Sin la Liga Mundial Masculina y el Grand Prix Femenino, nuestro voleibol hubiera alcanzado posiciones de privilegio? Estoy seguro que no.
A estas disciplinas se le suman muchas otras y no podemos prescindir de ellas ni de la remuneración económica que nos aportan. Es más, muchos proyectos deportivos del país han podido emprenderse gracias a esos ingresos.
Nuestros peloteros son codiciados por su calidad y la presencia en ligas foráneas beneficiaría de muchas maneras. En primer lugar, ayudarían a la selección nacional con una mayor experiencia, hábitos novedosos de trabajo y conocimiento del rival, mientras que la remuneración económica (necesaria para todos) los ayudaría tanto a ellos y a su familia como al movimiento deportivo cubano.
Además, si partimos de la idea que la emigración cubana de los últimos años obedece más bien a cuestiones económicas que políticas, el permitir que los atletas sean contratados en otros países, que nos representen en las competencias internacionales y reciban una remuneración justa, cerraría el paso a las deserciones y al llamado robo de talentos, que tanto nos ha afectado en los últimos años, lo cual no es un secreto para nadie.
Creo que el tema es sugerente. El INDER tiene los mecanismos a su alcance para llevarlo a cabo de la manera más justa posible y si se habla de aprovechar la enseñanza japonesa, su experiencia en esta esfera es digna de analizar. Sus peloteros no pueden ser contratados en otro país antes que jueguen al menos ocho temporadas en la Liga Japonesa. Eso les garantiza un torneo nacional del más alto nivel y luego sus estrellas están disponibles para la selección nacional tal como ocurrió en el Clásico Mundial con Daisuke Matzuzaka e Ichiro Suzuki, entre otros. Si los peloteros cubanos tienen esa oportunidad estoy seguro de que todos seguirían representando al país en los eventos internacionales.
Reitero que no se trata sólo de jugar en las Grandes Ligas estadounidenses (allí los mecanismos son diferentes), las ligas invernales en Dominicana, México, Venezuela y Puerto Rico también son una opción, como además lo son Japón y Corea del Sur.
El recibir remuneración económica no hace menos a un deportista, es simplemente el premio a una constancia en el entrenamiento, al esfuerzo, a la entrega diaria, aunque a eso se le llame profesional.
Pensar que un deportista que recibe dinero es menos digno y que ama menos a su país constituye un gran error. Ejemplos altamente positivos hay muchos, pero como muestra ahí les dejo a peloteros como Johan Santana (Ven.), Albert Pujols, David Ortiz y Miguel Tejada (Dom.), Derek Jeter (USA) y los nipones Daisuke Matsuzaka e Ichiro Suzuki.
Remunerados por su esfuerzo son también la pertiguista rusa Elena Isinbayeva, el automovilista español Fernando Alonso, el baloncestista chino Yao Ming, el corredor jamaicano Usaín Bolt, el ajedrecista ucraniano Vasili Ivanchuk y por qué no, también y de manera muy justa, nuestros ídolos actuales: Dayron Robles y Leinier Domínguez.
Ojalá y a esa lista puedan sumarse también representantes cubanos de otras disciplinas, y por supuesto, peloteros. Todos saldríamos ganando.
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Elena Isinbayeva.

Dayron Robles.

Yipsi Moreno.
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