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ECONOMÍA

- La crisis financiera y económica mundial
por Lorenzo L. Pérez
- La historia parece repetirse
por Orlando Freire Santana

 



  La crisis financiera y económica mundial
por Lorenzo L. Pérez(*)
 
La crisis financiera y económica que está afectando la economía mundial es la peor en los últimos 60 años. La crisis estalló en el sector financiero en el año 2008 y ha amenazado la estabilidad del sistema financiero internacional. Los problemas en el sector financiero comenzaron a afectar la actividad económica a mediados del año pasado de una manera bien significativa. Aunque comenzó en los Estados Unidos, la crisis se ha extendido a otros países ricos primero y, más recientemente, ha empezado afectar a países emergentes y pobres a través de la caída de la demanda por sus exportaciones y el desaceleramiento pronunciado de los flujos de capital de países ricos a países emergentes y pobres, lo cual limita la capacidad de estos últimos de importar bienes y servicios necesarios para su desarrollo. Se espera que en 2009 la economía mundial tenga un crecimiento negativo por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, después de muchos años
de alto crecimiento.
La crisis financiera y económica mundial

CAUSAS DE LA CRISIS

Existe un creciente consenso entre analistas económicos del sector privado y de medios oficiales sobre cuáles han sido las causas de la crisis: desequilibrios económicos en países importantes (especialmente en los Estados Unidos, China y países productores de petróleo), una política monetaria en los Estados Unidos excesivamente laxa, inversiones demasiado riesgosas que se emprendieron sin tener pleno conocimiento del peligro envuelto en ellas, y una regulación inadecuada del sistema financiero. Estos factores por sí solos no hubieran producido la crisis que estamos viviendo, pero combinados han causado una crisis económica de gran impacto cuando vino a su fin el proceso especulativo en el sector de bienes y raíces en muchos países y los precios de las viviendas se desplomaron.

Causas: desequilibrios económicos en países importantes, política monetaria en EE.UU., excesivamente laxa, inversiones demasiado riesgosas y una regulación inadecuada del sistema financiero.
Por muchos años, Estados Unidos ha tenido un déficit de cuenta corriente externa (las exportaciones de bienes y servicios son menores que las importaciones de bienes y servicios). (1) El país ha podido financiar estos déficits con influjos de capital de países que tenían un superávit en la cuenta corriente externa como China –que es un fuerte exportador de bienes a los Estados Unidos– y los países petroleros. Otra manera de ver este fenómeno es que algunos países estaban consumiendo mucho, y otros, muy poco. También, el hecho de que las tasas de cambio (relación, por ejemplo, del dólar al euro) no reflejaran del todo las relaciones económicas internacionales, contribuyó a estos desequilibrios. Adicionalmente, las inversiones financieras en Estados Unidos eran también causadas por ser visto este país como el más seguro para invertir reservas financieras y por el papel crucial desempeñado por el dólar
como moneda de reserva internacional (moneda aceptada para hacer pagos de transacciones internacionales). Por ese motivo, por ejemplo, China se ha convertido en unos de los principales inversionistas de bonos de la tesorería norteamericana.

El abundante financiamiento externo del que disfrutó Estados Unidos facilitó que las tasas de interés en el país fueran bajas, lo cual, a su vez, llevó a un aumento grande de consumo. Además, en retrospectiva, el Banco Central de Estados Unidos siguió una política monetaria demasiado relajada al mantener las tasas de interés de corto plazo a niveles bajos para contribuir al mantenimiento de un crecimiento económico alto. Esta política fue seguida pues se pensaba que había ocurrido un aumento importante de productividad que permitía al Banco Central mantener la inflación baja y el crecimiento económico alto, con una política monetaria relajada.

Las tasas de interés bajas, sin embargo, indujeron a inversionistas financieros a buscar inversiones que tuvieran un rendimiento más alto que las inversiones más conservadoras, como en bonos del gobierno o préstamos tradicionales a compañías privadas con una buena experiencia en créditos. En años recientes ha habido un desarrollo notable en el área financiera de firmas que han desplegado instrumentos financieros exóticos, donde préstamos como los hipotecarios son agrupados en instrumentos que son vendidos en todo el mundo a bancos comerciales y de inversión, fondos de pensiones y compañías de seguro. Muchos de estos nuevos instrumentos financieros agrupaban hipotecas que estaban basadas en un valor de las casas artificialmente inflado. Un problema adicional era que las hipotecas empezaron a ser dadas a personas que en realidad no calificaban para recibirlas (no tenían suficientes ingresos o no daban un pago de entrada suficientemente alto). La esperanza era que el aumento del valor de las casas y de los ingresos permitiría a los compradores, eventualmente, poder hacerle frentes a sus compromisos hipotecarios. Este proceso funcionó más o menos bien mientras siguió el aumento sostenido del precio de las casas y los ingresos crecían. Los inversionistas de muchos países que compraban estos instrumentos financieros no tenían del todo conciencia del riesgo que estaban tomando.

También se desarrollaron de una manera explosiva contratos de seguros, en los que se aseguraba contra la posibilidad que compañías privadas no pagaran sus deudas, o contra posibles pérdidas de especuladores en transacciones futuras en los mercados de acciones. Es importante destacar que, aunque ciertamente el rendimiento de estas transacciones financieras era más alto que las transacciones financieras más convencionales, los inversionistas tampoco entendían muy bien el riesgo que estaban corriendo. Con el crecimiento explosivo de estas transacciones, las condiciones para una crisis financiera se comenzaron a crear. Al empeorar la situación económica, algunas compañías fueron a la quiebra creando una reacción en cadena.

En retrospectiva, queda claro ahora que la regulación prudencial del sistema hipotecario y de los instrumentos financieros exóticos dejó mucho que desear, especialmente en Estados Unidos, ya que dicha regulación está muy fragmentada con varias agencias federales o reguladores estatales que tienen obligaciones de supervisión de diferentes actores del mercado financiero. Al final, algunas transacciones no fueron reguladas y los supervisores no se aseguraron que hubiese capital suficiente en las instituciones que tomaban estos riesgos. La causa inmediata de la crisis surgió en el sector hipotecario cuando los precios de las casas comenzaron a caer debido a una sobreoferta de casas y edificios, y los problemas que los compradores de casas comenzaron a tener para hacerle frente a sus compromisos hipotecarios. Los precios de bienes y raíces dejaron de subir primero y luego comenzaron a caer rápidamente. Esto causó que el valor de los instrumentos financieros basados en hipotecas cayera y pusiera en serias dificultades a los bancos e inversionistas que habían invertido fuertemente en estos instrumentos. Estos problemas se transmitieron a otros sectores de la economía y produjeron una falta de confianza en los mercados financieros. Como resultado, los mercados de crédito se congelaron en muchos países desarrollados, lo cual ha causado una caída significativa de la actividad económica.

CONSECUENCIAS DE LA CRISIS

De manera sorpresiva, en el último trimestre de 2008, la actividad económica cayó a la tasa anual de 6 por ciento en Estados Unidos y Europa, y en Japón la caída fue alrededor del 12 por ciento. La tasa de crecimiento en países en vías de desarrollo no se ha tornado negativa pero ya está empezando a caer. La tasa de desempleo en Estados Unidos ha aumentado rápidamente y en marzo llegaba al 8.5 por ciento y –se espera– seguirá aumentando por algún tiempo. Esto causa que la demanda siga cayendo en el país y que las inversiones se retraigan produciendo un círculo vicioso. En China, millones de personas han perdido sus empleos, lo que ha forzado a muchos a volver a las zonas rurales que habían dejado en búsqueda de una mejor vida. Los mercados de valor en todo el mundo han experimentado caídas entre el 30 y el 50 por ciento en espacio de unos meses, lo cual ha resultado una gran pérdida, tanto para los inversionistas individuales como para los fondos de pensiones.

En los países desarrollados, los mercados de crédito (bancarios y no bancarios) continúan operando a niveles muy bajos, dado que las instituciones financieras están tratando de consolidar sus operaciones reduciendo el crédito y aumentando su liquidez. Los requisitos para obtener préstamos son ahora más estrictos y existe un ambiente de desconfianza entre las instituciones financieras para hacer negocios entre ellas, porque hay dudas acerca de hasta qué punto ellas mismas son viables. Esto a su vez le causa problemas a empresas no financieras para mantener sus actividades, pues muchas veces las líneas de crédito para capital de trabajo son reducidas o retiradas.

La crisis financiera y económica, además, está aumentando la carga de la deuda pública de los países debido a que –como veremos en la sección siguiente– muchos países están implementando correctamente programas de estímulo económico, o han tenido que proveer capital a instituciones financieras que necesitan capital o financiamiento para evitar que quiebren. La quiebra de estas instituciones pudiera causar una reacción en cadena y arrastrar a la quiebra a otras instituciones financieras y empeorar la situación económica.

POLÍTICAS PARA ENFRENTAR LA CRISIS

La crisis actual es la más seria en muchos años. Sin embargo, se debe reconocer que se produce después de casi una década de crecimiento muy alto y de aumentos de los niveles de vida significativos en la mayoría de los países del mundo, y que está muy lejos de ser como la depresión de los años treinta. Las economías desarrolladas crecieron en un promedio de 2.6 por ciento entre 1990 y 2007, y los países en vía de desarrollo a una tasa de 6.5 por ciento durante el mismo período. También es cierto que, periódicamente en economías de mercado, se dan crisis financieras debido a la toma de riesgos excesivos. Como resultados de estas crisis, algunas compañías quiebran y desaparecen y otras más fuertes aparecen. Las autoridades de los países afectados están conscientes de ello, y están tomando medidas para atacar los problemas existentes a corto plazo, y acciones para resolver los problemas institucionales a más largo plazo dentro del contexto de mantener las economías de mercado.
Las primeras políticas que se han tomado para enfrentar la crisis han sido las de los bancos centrales, que han reducido las tasas de interés a niveles más bajos que antes de la crisis (debido a los crecientes niveles de capacidad ociosa de las economías). Sin embargo, dadas las condiciones de desconfianza en los mercados de crédito, la baja de intereses ha tenido un impacto limitado y los bancos centrales se han visto forzados a usar políticas monetarias menos ortodoxas, como dar créditos directos a ciertos sectores como los hipotecarios, y comprar directamente bonos gubernamentales para bajar el rendimiento de estos bonos e inducir a inversionistas a prestar más al sector privado (muchas de las fuentes de financiamiento al sector privado han desaparecido en los últimos meses).
...los bancos centrales se han visto forzados a usar políticas monetarias menos ortodoxas, como dar créditos directos al sector hipotecario.


La tarea más difícil es poder restaurar la viabilidad económica de las instituciones financieras que han sufrido grandes pérdidas. Esto exige limpiar los balances de estas instituciones asegurándose que la caída de valor de sus préstamos sea reconocida y que sean adecuadamente recapitalizadas como exigen sus pérdidas. Cada país tiene formas diferentes de hacer esto de acuerdo a sus propias instituciones. Es un proceso difícil de implementar porque hacer una valorización adecuada de los activos de los bancos, en las condiciones existentes, no es nada fácil y porque, al final, se traduce en el uso de cuantiosos recursos públicos para recapitalizar estos bancos. En relación con esto, se están tomando medidas para coordinar a un nivel internacional las normas prudenciales que regirán de ahora en adelante las transacciones financieras. Transacciones antes no supervisadas, lo serán de ahora en adelante e instituciones cuyas quiebras pueden poner en peligro al sistema financiero, serán sujetas a una supervisión adicional.

Por último, queda claro que con la caída del consumo privado asociado con la crisis, existe la necesidad de que los gobiernos aumenten sus gastos para promover la reactivación de las economías. La mayoría de los países están implementando grandes programas de estímulo que enfatizan proyectos de inversión que se pueden implementar de forma relativamente rápida y que protegen a los más afectados por la crisis como, por ejemplo, el aumento a los beneficios de los seguros de desempleo. El grado en que estos programas de estímulos sean recomendables, depende de cuánta capacidad ociosa se ha creado en las economías y cuánto espacio fiscal existe en los países para aumentar la deuda pública. Idealmente, los programas de estímulos fiscales no deben tener efectos permanentes en los déficit fiscales, o sea, subir la deuda pública a niveles que no son sostenibles. Los gobiernos además, deben tomar medidas fiscales adecuadas para reducir los déficit cuando las condiciones económicas mejoren.

REFLEXIONES DESDE LA PERSPECTIVA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

La actual crisis es muy preocupante desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) porque claramente el bien común está sufriendo: todo apunta hacia el aumento del desempleo, las caídas de los ingresos de los trabajadores, la pérdida de valor de los fondos de pensiones… Detrás de las diferentes causas de la crisis está una actuación que justifica medios de dudosa moralidad para perseguir fines basados en la avaricia y sin reconocer el daño que se le podía hacer a otros. La DSI enseña que no hay sustituto a crear conciencias bien formadas para que los agentes económicos, en economías de mercados, balanceen el objetivo sano de maximizar ganancias con la defensa del bien común.

La Iglesia reconoce que los mercados libres son una institución social de importancia por su capacidad de garantizar la producción de bienes y servicios de una manera eficiente para el beneficio del bien común. Esto es evidente y es un hecho afortunadamente reconocido por la mayoría de los países. Por eso las propuestas hechas para enfrentar la crisis por los líderes de las economías mundiales son pensadas desde la perspectiva de mejorar los mecanismos de mercado. Ahora bien, no hay duda de que las acciones que están siendo tomadas implican un aumento importante de la actuación de los gobiernos en las economías. Esto es claramente justificable bajo los principios de subsidiaridad y de solidaridad de la justicia social. Hay necesidad de que los gobiernos intervengan en estos momentos que existe desconfianza en los mercados con programas de estímulos para compensar la caída en el consumo del sector privado, o que se tomen medidas para descongelar los mercados de crédito.

El principio de solidaridad con los más vulnerables llama a tomar medidas como el aumento del seguro de desempleo. El principio de solidaridad también tiene una dimensión internacional y exige que los países ricos no corten los programas de asistencia económica a países pobres en estos momentos, y que no introduzcan trabas a las exportaciones de los más pobres.

(*) Economista. Ex funcionario del Fondo Monetario Internacional. Reside en Washington DC.

Notas

(1) Los déficit de cuenta corriente externa son un reflejo de los déficit fiscales y el bajo nivel de ahorro del sector privado.