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San Patricio

por fray Frank Dumois, ofm

San Patricio, (389-461)
Obispo, Apóstol de Irlanda

 

Entre los grandes misioneros
de todos los tiempos, san Patricio
ocupa un lugar cimero.

Nació en la Britania romana (actualmente Gran Bretaña) hacia el año 389. En su hogar se hablaba el latín, pero a los 16 años cayó en manos de unos piratas que lo robaron y lo vendieron como esclavo en Irlanda. Allí aprendió el celta, que será su lengua de apóstol. Aquí también experimentó los horrores de la esclavitud: el hambre, el frío, la desnudez, los malos tratos, etcétera.

Su amo, sacerdote de la religión politeísta de los druidas, le encargó el cuidado de sus ovejas; y hasta los 20 años Patricio fue pastor.


Allí en Irlanda la gracia lo convirtió. En su Confesión nos dice que mientras llevaba su ganado por los valles y colinas le sostenía el pensamiento de Dios y crecía su fe. Una noche se escapó de su amo y después de andar más de 300 kilómetros , llegó a Westport, donde encontró una nave que lo condujo a su patria. Después viajó a Francia donde fue discípulo de san Germán de Auxerre. Estuvo en los célebres monasterios de Tours y de Lerins. En estos monasterios adquirió formación bíblica que luego emplearía en su vida apostólica. También visitó las comunidades monásticas de las islas del mar Tirreno.

Patricio llegó hasta Roma donde recibió la ordenación sacerdotal de manos de san Germán de Auxerre, y el Papa Celestino le dio la misión de evangelizar la isla de Irlanda. En sus sueños creía ver a los hijos de los paganos irlandeses que le extendían sus brazos y le decían que fuera hacia ellos a llevarles la salvación. Partió rumbo a Irlanda en el año 432, después de que san Germán lo ordenara obispo.

Los druidas lo recibieron con las armas en las manos, pero él no se desanimó en la búsqueda de la conciliación. Buscó a su antiguo amo para pagarle el rescate de su servidumbre. Se multiplicaron los milagros y algunos reyes locales y otros paganos se convirtieron.

Su antiguo dueño quiso asesinarlo, pero su brazo quedó paralizado con la espada en alto, su casa empezó a arder por los cuatro costados y el druida se arrojó a las llamas desesperado por haber sido vencido por su antiguo esclavo.

Patricio se enteró que se iba a celebrar en Tara –centro político y religioso de la isla– la reunión general de los guerreros de Irlanda, bajo la presidencia del rey Loeghoiré y el colegio druídico. Y hacia allí, con gran valor, se dirigió el santo para predicar la fe cristiana. Se convirtieron muchos reyes, druidas y bardos. De tal manera arraigó el catolicismo en Irlanda que la llamaron isla de los santos. En otras partes las tradiciones suelen ser hazañas bélicas, pero en Irlanda son los viajes de los monjes, debido a la importancia que tuvo la vida monacal en la incipiente cristiandad.

Patricio recorrió sus valles, con el arpa en una mano y la cruz en la otra; en el ceñidor de cuero llevaba la esquila de bronce para convocar al pueblo. Con grandes dotes de organizador, estableció parroquias, ordenó sacerdotes, formó comunidades, creó escuelas.

Con todo, como en todas las misiones a lo largo de los siglos, no faltaron sufrimientos y persecuciones. Sus adversarios mayores fueron los sacerdotes de los ídolos, que en más de diez ocasiones lo encerraron en la oscuridad del calabozo, e incluso atentaron contra su vida.

Nada arredraba al intrépido apóstol, y aunque hubo, como he dicho, intentos de asesinarlo, Irlanda fue el único país del occidente europeo en el que no hubo mártires en su evangelización.

La poesía céltica encontrará una sombra hospitalaria junto a las iglesias y los futuros poetas serán los convertidos de Patricio, los alumnos de las escuelas y los monjes de sus monasterios.

Pocos años antes de su muerte, Patricio puso en las manos de otros obispos el gobierno de la Iglesia de Irlanda, retirándose en silencio a Ulidia para prepararse a la muerte, que lo sorprendió el 17 de marzo del 461. Ha sido venerado siempre en toda Irlanda desde el siglo viii y desde el siglo X también en Inglaterra. Está en el calendario romano sólo en 1632.

San Patricio tenía una profunda espiritualidad litúrgica. Si estaba de viaje como si no lo estaba, solía cantar los salmos, los himnos (se le atribuye un himno en irlandés), el Apocalipsis y todos los cánticos de la Escritura.

El catolicismo arraigó profundamente en Irlanda de tal modo que el anglicanismo no logró imponerse, cuando en el siglo XVI se intentó con Isabel I. En las persecuciones y el hambre del siglo XIX muchos irlandeses emigraron a los Estados Unidos y le dieron un fuerte impulso al catolicismo norteamericano. La catedral de Nueva York está dedicada a san Patricio, ya bien entrado el siglo XX, casi el 70 por ciento de los obispos estadounidenses son de ascendencia irlandesa.

También muchos emigraron a Inglaterra y fortalecieron allí el catolicismo.

Debemos agradecer a Dios que se haya podido conservar la Confesión del santo de la cual presentamos un fragmento:

“ Sin cesar doy gracias a Dios que me mantuvo fiel en el día de la prueba. Gracias a Él puedo hoy ofrecer con toda confianza a Cristo, quien me liberó de todas mis tribulaciones, el sacrificio de mi propia alma como víctima viva, y puedo decir: ¿Quién soy yo, y cuál es la excelencia de mi vocación, Señor, que me has revestido de tanta gracia divina? Tú me has concedido exultar de gozo entre los gentiles y proclamar por todas partes tu nombre, lo mismo en la prosperidad que en la adversidad. Tú me has hecho comprender que cuanto me sucede, lo mismo bueno que malo, he de recibirlo con idéntica disposición, dando gracias a Dios que me otorgó esta fe inconmovible y que constantemente me escucha. Tú has concedido a este ignorante el poder realizar en estos tiempos esta obra tan piadosa y maravillosa, imitando a aquellos de los que el Señor predijo que anunciarían su Evangelio para que llegue a oídos de todos los pueblos.

”¿De dónde me vino después este don tan grande y tan saludable: conocer y amar a Dios, perder a mi patria y a mis padres y llegar a esta gente de Irlanda, para predicarles el Evangelio. Sufrir ultrajes de parte de los incrédulos, ser despreciado como extranjero, sufrir innumerables persecuciones hasta ser encarcelado y verme privado de mi condición de hombre libre, por el bien de los demás?

”Si Dios me juzga digno de ello, estoy dispuesto a dar mi vida gustoso y sin vacilar por su nombre, gastándola hasta la muerte. Mucho es lo que debo a Dios, que me concedió la gracia tan grande de que muchos pueblos renacieron a Dios por mí. Y después les dio crecimiento y perfección. Y también porque pude ordenar en todos aquellos lugares a los ministros para el servicio del pueblo recién convertido; pueblo que Dios había llamado desde los confines de la tierra, como lo había prometido por los profetas: A ti vendrán los paganos, de los extremos del orbe diciendo: ‘Qué engañoso es el legado de nuestros padres, qué vaciedad sin provecho'.”

Y también: “ Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. Allí quiero esperar el cumplimiento de su promesa infalible, como afirma en el Evangelio: Vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob.

”Como lo afirma nuestra fe, los creyentes vendrán de todas partes del mundo.”

CONCLUSIÓN

Ese espíritu misionero que brilló en san Patricio debe estar también en cada cristiano. No sólo somos cristianos para salvarnos, sino también para extender el reino de Dios, procurando que otros conozcan a Cristo y a la Iglesia a través de nuestro ejemplo, nuestra oración y nuestra palabra.