¿EN EL CALOR DE UN HOGAR? |
por Yarelis Rico Hernández

Hogar Clínica San Rafael. |
| Permítanme una anécdota que para empezar evade con intención el llamado lead periodístico: Cirilo, era, ya no es, un anciano servicial y jaranero. Vivía en un hogar religioso para personas de la tercera edad. Sí tenía familia: hijos, hijas, yernos, nueras, nietos y nietas… también biznietos. Le ganó la batalla a los 100 años. Su larga parentela solía visitarlo a menudo, incluso, lo sacaban a pasear. Para Cirilo era una felicidad ayudar a los demás; lo mismo servía el almuerzo, que barría los pasillos… Un día, después de preparar las mesas para la comida , Cirilo se suicidó, nadie supo por qué… Mi hija, que le conocía desde pequeña, me dijo hace poco tiempo que Cirilo tenía los ojos tristes. Otra persona, cercana a él, dice que sus hijos querían que regresara a casa, pero para él aquel hogar ya era su casa y no escondía su felicidad por estar allí. Pero un niño dice que Cirilo tenía los ojos tristes. |
No estaba Cirilo en un hogar mugriento con olor a orines y heces fecales por todas partes, como suelen presentarse algunas de las instituciones de este tipo regidas por el Estado –que no son todas, aclaro. El lugar donde vivía desde hacía más de 15 años le garantizaba la atención médica necesaria, el cuidado de su ropa, la higiene de su cuarto, de pasillos, área de enfermería, comedores, baños… Asimismo, le procuraba una balanceada alimentación. Sin embargo, Cirilo se suicidó.
Es verdad conocida que la Iglesia en Cuba quiere y puede hacer más a favor de las personas de la tercera edad. Hasta ahora ha hecho. Así lo prueba el trabajo de religiosas y religiosos consagrados en hogares de ancianos, aunque en este sentido, y atendiendo al crecimiento de la demanda, se trata de un servicio que bien pudiera ampliarse a lo largo de la Isla. Para mantenerse en Cuba, muchas de estas instituciones asistenciales se han conducido de manera mixta entre organizaciones no gubernamentales y el Estado. Existen sólo siete centros de este tipo en La Habana , y uno en Camagüey, el “Hogar padre Olallo”, de reciente creación.
Sobre el funcionamiento de estos centros, conversamos con Manuel Cólliga OH, director del Hogar Clínica San Rafael, de Marianao.
“Un hogar de este tipo le brinda al anciano varios servicios: asistencia médica y social, alimentación, limpieza, aseo… Hay ancianos que se integran mejor que otros a las dinámicas e iniciativas que prepara la trabajadora social (paseos, juegos, bailes, participación en actividades culturales, que incluyen la visita de afamados artistas); otro grupo, adaptado a trabajar durante toda su vida, opta por apoyar en algunas tareas como barrer, ayudar en el comedor, en la ropería, la lavandería… Es decir, se les brinda una actividad para que se sientan útiles. Es otra forma de vida que puede tener sentido si se le orienta correctamente.” |
Sin embargo, hay ancianos que por el deterioro de su salud no pueden hacer nada. ¿Cómo asistirlos o llegar a ellos?
“Siempre hay casos que están limitados, que no pueden moverse y están como marginados porque no logran incorporarse a las diversas dinámicas. La trabajadora social y la Pastoral de la Salud (PAS) del centro, junto al sacerdote de la casa, tratan de motivarles, ofrecerles una atención más personalizada, pero esta situación, en un centro donde hay 135 ancianos, entre internos y de día, resulta compleja, más, si agregamos que muchos de estos ancianos no pueden siquiera expresarse, pero tienen sentimiento. Ahí hay una vida que debemos y tenemos que atender. Estos ancianos, encamados, en sillas de ruedas, desvalidos… requieren de personas concretas que pasen mucho más tiempo con ellos. Y ahí, no solo nosotros, sino todos los hogares tienen un gran desafío Harían falta personas voluntarias que apadrinaran a estos ancianos solos, se acercaran a ellos y se convirtiesen en sus amigos.”
Pero… ¿admiten ancianos en esta situación?
“Hay de todo, aunque por lo general tratamos de que el anciano entre al Hogar valiéndose por sí
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José Francisco Cabrera
(69 años).
Aquí me siento encantado de la vida, inmejorable, casi como en mi casa. En el Hogar lo tengo todo, el medicamento a la hora, la ropa limpia, excursiones… Entré porque tenía problemas con mi familia, mi esposa enfermó de los nervios y mi única hija vive en Italia, yo estaba prácticamente en la calle. Ojalá hubiera venido mucho antes. |
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El ambiente de esta casa –hasta cuando vienen artistas, hay baile o misas importantes– ofrece una paz que te invita a vivir. Yo me siento muy cuidado. Hace poco tiempo tuve que ingresar en el hospital y no me faltó nada, a menudo me visitaban el padre Simón y la trabajadora social, y para mi sorpresa, cuando llegué, me recibieron todos mis hermanos.
La situación del país está difícil para todos, pero para un anciano es todavía más dura. Con las pensiones –y eso que las han aumentado– no alcanza ni para comer, sin contar las deudas adquiridas por el cambio de equipos electrodomésticos.
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mismo. Un año para un anciano es un mundo, hoy está bien y de pronto enferma gravemente o como secuela de una operación sufre una parálisis u otra afectación de su organismo. Además, muchos de los que hoy nos acompañan llegaron con 60 años, 65, y algunos se acercan ya a las 100 primaveras.”
¿Buscan muchos ancianos ingresar en este Hogar?
“Tenemos más de 600 personas en lista de espera y capacidad para 119 internos, más 16 de día, a eso se suma un grupo de 40 que atendemos en el barrio de Pogolotti. Aquí mueren al año entre 17, 25, a veces menos ancianos, eso fluctúa, y según las capacidades libres se incorporan nuevas personas.”
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Manuel Cólliga OH,
director
del Hogar Clínica San Rafael. |
Por lo general, ¿quién solicita el ingreso, la familia o el propio anciano?
“Muchas veces la familia, más de lo que quisiéramos. A menudo, la familia busca ingresar al anciano, pues lo ve como algo –ni siquiera ‘alguien'– que obstaculiza su vida. Pero como en todo, hay casos y hay casos, no podemos ser tan absolutos. También llegan ancianos que se han quedado solos, sin familia en Cuba, a los que se les han marchado sus hijos al exterior, otros que no tuvieron descendencia, en fin… Me he percatado que, por una parte, la población envejece aceleradamente, y por otra, aumenta el número de ancianos solos. Esto es un problema serio. En las viviendas donde el anciano está acompañado, hay –por lo general– un respaldo de asistencia y alimentación. Pero aquellos que se van quedando solos, pierden ese respaldo. Lo digo con conocimiento de causa; en ocasiones, las hermanas de Santa Ana, con quienes compartimos el trabajo del Hogar, visitan el barrio de Pogolotti y encuentran casos de este tipo, que viven en condiciones de extrema pobreza, en espera de que algún vecino les dé un plato de comida. O sea, hay una situación del anciano en el país muy, muy terrible.”
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¿Podríamos afirmar que la no correspondencia entre demanda y capacidad se da en el resto de los hogares religiosos?
“Sí, no cabe dudas. Además, hace ya algún tiempo no se construyen hogares a nivel de Estado, incluso, ha habido que cerrar algunos por su malas condiciones. Muchos se ubican en antiquísimas construcciones, con unas condiciones higiénicas deprimentes y un personal asistencial poco comprometido con su trabajo.
”Yo no sé si el Gobierno tiene recursos para crear más hogares, socialmente es muy factible, pero económicamente representa un ‘pozo sin fondo'. Un centro de este tipo lleva un gasto enorme de fabricación, mantenimiento, salario y atención médica… y dada la situación actual sería utópico creer que el país pudiera asumirlo. Creo que por largos años tendremos muchas peticiones que no podremos atender y muchos ancianos que estarán en una situación deprimente, en sus casas o en la calle porque no pueden ser atendidos.”
Para admitir a un anciano en un hogar católico, ¿qué requisitos se requieren?
“Debo hablarte como católico y como hermano de San Juan de Dios. Según las constituciones de la Orden Hospitalaria , del año 1580, nosotros admitimos al enfermo independientemente del color |
Mariela Benítez
(Trabajadora Social)
Cuando el anciano o el familiar solicitan el ingreso, le aplicamos una encuesta para conocer por qué quiere entrar al Hogar. Luego, el médico y yo visitamos su casa para valorar la parte clínica y el aspecto social, así como el nivel de validismo del anciano.
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Una vez que se aprueba un caso, existe una comisión, a la que también se incorpora el hermano Manuel Cólliga, director de la casa, que discute su ingreso. Discutimos los viernes e ingresamos al anciano los lunes.
Buscamos que el anciano pueda valerse por sí mismo para no cargar al personal de servicio. Pero si nos llega un caso, con una problemática social fuerte, aunque no se valga por él, lo ingresamos igual. Ya en el Hogar, le confeccionamos dos historias, la social y la médica, le hacemos un estudio de vida a través de un cuestionario y, de requerirlo, se le indican los medicamentos, y uno o más especialistas si padece de alguna enfermedad. En lo que puede definirse como período de adaptación, se le pregunta al anciano si desea trabajar, y en qué actividad específica quiere ser colocado. El cuestionario también indaga sobre sus aficiones, si le gusta cantar, bailar… en fin. Nada es obligatorio.
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| de su piel, su ideología, su religión; entendemos que el enfermo es una persona que representa al Señor, que representa a Cristo que pide auxilio, que pide ayuda. Ocurre que como centro católico tenemos una capilla con una actividad religiosa, misa todos los días, tenemos además, conferencias, actividades culturales, y eso está abierto para todos los ancianos, el que quiere va y el que no quiere no va. Aquí viven hombres ateos, muy comunistas, muy arraigados a la primitiva ideología del comunismo, que nunca van a la capilla, y otros que van a misa todos los días, pero eso no nos interesa, a todos los tratamos por igual. Tenemos ancianos que se bautizaron de niños e hicieron la comunión, pero después se separaron de la Iglesia ; al incorporarse al hogar vieron la posibilidad de acercase nuevamente a su fe; muchos se han confirmado, han comulgado, y la mayoría ha pedido confesarse. Recuerdo un anciano que después de confesarse me dijo: ‘me siento ahora mejor que en toda mi vida'… También recuerdo a otro anciano que falleció hace poco, era un hombre muy inteligente, prestigioso economista. Él tomó todos los sacramentos, se confesó, y poco antes de morir me dijo: ‘ahora estoy en paz con Dios'. Este es un servicio que tristemente no pueden ofrecer los hogares que no son religiosos. Tengo muchas peticiones de personas que están en instituciones estatales que quisieran trasladarse para acá. Esas personas me dicen, ‘pero es que yo soy cristiano, quiero tener cerca la religión, ir a misa cuando yo quiera'; no cabe dudas de que la fe le cambia la vida a quienes se acercan a ella. Ahora es vida, y vida plena. |
”Al anciano hay que atenderlo física, psíquica, social y cristianamente, espiritualmente. La fe en estas edades de la vida es importantísima… Funciona como una terapia que no debiera faltar en ningún hospital ni en ningún hogar de ancianos. Ojalá en todos los hogares de ancianos, tanto religiosos como del estado, pudiera dársele la oportunidad de acercamiento a un agente de pastoral, un sacerdote, y que el anciano tuviera la posibilidad, el que lo necesite o lo desee, de confesarse, de participar en una misa. Esto sería una bendición para él, porque el anciano ya no tiene nada, no le queda nada, y si además le quitas el recurso a Dios, ¿qué le queda…? Eso explica que muchos suicidios ocurran en esta etapa de la vida. Está demostrado por muchos estudios que una persona que afronta su vida, su enfermedad desde la fe, tiene más energía y más fortaleza para enfrentarse a la soledad. Se sabe acompañado y sostenido…”
Usted mencionó el suicidio como una de las causas de muerte en esta etapa de la vida. ¿Por qué cree que algunos ancianos se suicidan, incluso, dentro de hogares religiosos?
“En el fondo, cuando un anciano se suicida |
Wilfredo Sebastían (78 años)
Mi entrada la solicitó mi hija. Ella tenía que salir de misión a Venezuela y no quería dejarme solo en casa. Ya yo me estaba cayendo de vez en cuando, no podía salir a la calle, cojeaba mucho. Todavía no andaba en silla de ruedas, pero caminaba con mucha dificultad. |
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El hogar ha sido mi sostén y mi seguridad. Estoy inválido. No puedo caminar, aquí encuentro la atención y el cuidado necesarios. A mí me dio la poliomielitis cuando tenía cinco años y estuve seis años en el hospital Reina Mercedes, ahí me operaron seis veces, pero una enfermedad de este tipo siempre deja secuelas. Sin embargo, nada impidió que comenzara a trabajar desde muy joven hasta enrolarme en la marina. |
Cuando nació mi nieta, en el año 1990, me jubilé; para esa fecha mi mujer no estaba bien de salud. Ella murió y a mi hija le propusieron una misión, que no podría cumplir si no encontraba un sitio donde me pudieran cuidar. Así fue como llegué aquí, hace dos años atrás. |
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–salvando las enfermedades mentales, la depresión y la angustia– es a consecuencia de una deficiencia de todo el equipo terapéutico, pero especialmente de la Pastoral de la Salud. Porque la persona con fe tiene argumentos de peso para enfrentar cualquier contrariedad que se presente en su vida.”
Una vez en el hogar, ¿cómo es la relación con la familia?
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“Desde que el anciano entra, le aclaramos a sus familiares que no deben divorciarse de él. Pedimos que los visiten, si es posible que los saquen a pasear, los llamen por teléfono. En ocasiones nos hemos visto en la necesidad de requerir a algunas familias que han olvidado por completo a su anciano.
”Para buscar o propiciar un mayor acercamiento entre el anciano, sus parientes y el personal del Hogar, nos reunimos cada año para celebrar el Día de la Familia , una iniciativa que todos esperan ansiosamente. Pero hay que decir que pese a nuestra insistencia, muchas familias no se preocupan por sus ancianos.
”Aquellos que no tienen parientes, los asistimos igual, no hay diferencia. Cuando son hospitalizados por la causa que sea, les garantizamos todo lo necesario: acompañamiento, alimentación, ropa personal y de cama. Lo hacemos con todos, sin excepción. Por supuesto que el que tiene una familia preocupada, encuentra en ella la compañía que necesita y quiere, aunque a veces es el propio familiar el que solicita al Hogar el servicio de
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Sista María Morera
(85 años)
Llevo 11 años en el hogar. Yo sola solicité la entrada. No le dije nada a mi hijo. Vine durante diez meses y siempre le comentaba a la trabajadora social mi problemática: que era una mujer ciega, vivía con mi hijo y mi nieto, hacía además todo en la casa… Pero ya era peligroso, me había golpeado y algunas personas habían intentado
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engañarme para entrar a la casa, como sabían que estaba sola y que además, era ciega, querían robarme. Estaba muy asustada.
Para mí el Hogar ha significado lo mejor que me ha pasado en los últimos tiempos, me siento cuidada y protegida. Si la vida no me hubiera colocado ante la situación que tuve que afrontar, no hubiese dejado mi casa. Aquí están al tanto de lo que necesito, que si tengo un turno médico, si me hace falta una medicina, en fin… pero nunca sustituirá mi verdadera casa.
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acompañamiento. Todo eso lo suplimos desde aquí con la idea de que el anciano no sienta que está solo, se sienta siempre acompañado y protegido.”
Ahorita hablaba de la PAS. ¿Se refiere a la de la comunidad de laicos de San Rafael?
“Hablo de la del Hogar. La Pastoral de la Salud tiene como misión acercar al hombre a la Trascendencia. En todas las instituciones de la Orden Hospitalaria integramos la PAS como un servicio más al enfermo, en este caso, al anciano. Así como tenemos servicio médico, de psicología, fisioterapia, contemplamos la Pastoral de la Salud como un servicio terapéutico más para la persona necesitada. ¿Cuál es la diferencia entre un centro religioso y uno estatal? En el centro religioso el servicio está ahí, mientras que en el estatal, si el anciano lo desea, debe solicitarlo.
” La Pastoral de la Salud es un equipo que dirige el sacerdote. Lo conforman además algún religioso o religiosa, empleados del hogar y en el caso nuestro, algunos ancianos. Ellos son los que detectan cuando un anciano está muy decaído y, sin forzar nada, le asisten espiritualmente.” Si la opción del asilo resulta tan dolorosa y extrema para el anciano, ¿por qué cree que tantos de ellos quieran entrar a un hogar de este tipo? “Las condiciones materiales influyen mucho para que un anciano quiera entrar en un hogar, pero también el aspecto afectivo. Muchos de ellos se sienten relegados en sus casas, no escuchados, no tenidos en cuenta, y si a eso agregamos que en una misma vivienda conviven dos, tres y hasta más generaciones, es de imaginar que el anciano se convierta en un obstáculo. En ocasiones, aunque el familiar no lo quiera, se ve imposibilitado de atenderle como es debido, pues tiene que trabajar, mantener la casa. Lo bueno sería que la familia encontrara los recursos materiales y humanos necesarios para atender y acompañar al anciano sin necesidad de sacarlo de su medio. Esto es lo ideal. Cuando esto es imposible, optar por un centro de este tipo es lo mejor.” |
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