Un nuevo rostro aparece en la foto de familia de líderes latinoamericanos. Recuerda ligeramente, por algunas de sus expresiones y por la forma de sus gafas, a su coterráneo Oscar Arnulfo Romero, aquel obispo que pidió el fin de la violencia en El Salvador, y que rogó a los militares, les imploró, y aun les ordenó desde la autoridad moral de la Iglesia , que no apuntaran sus armas contra el pueblo.
Es Mauricio Funes uno de los periodistas de mayor éxito en el país centroamericano, quien se convirtió en 2007 en el candidato del izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) para intentar alcanzar la presidencia y llevar adelante un grupo de transformaciones económicas y sociales que ha entendido necesario emprender en esa nación, golpeada por una guerra civil entre 1980 y 1992, que dejó unos 75 000 muertos, 6 000 desaparecidos y una secuela de destrozos.
El rival de Funes fue Rodrigo Ávila, ingeniero industrial, titulado en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, Estados Unidos, y quien estuvo dos veces a cargo de la Policía Nacional Civil. El mencionado político se presentaba por el partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), de derecha, que ha gobernado El Salvador por 20 años, desde antes incluso que acabara el conflicto.
El resultado confirmó lo que muchas encuestas daban como más probable: el 15 de marzo pasado, Funes se alzó con la victoria: 1 354 000 votos (51,32 por ciento frente a los 1 284 588 sufragios (48,68 por ciento) obtenidos por Ávila, quien esa misma noche, de vuelta a la sede de ARENA, declaró –según el diario salvadoreño La Página – invocando a Roberto D'Aubuisson, fundador del partido: “ Ahí está la figura de bronce del máximo líder que dio el ejemplo […] Hoy me toca a mí replicar ese ejemplo de una manera estoica [...] Quiero a Mauricio Funes, del FMLN, reconocerle que en esta lucha cerrada [el pueblo] le ha dado la ventaja”.
Asimismo deseó que Dios le diera a su adversario “ sabiduría y entendimiento, y que le haga reconocer que seremos una oposición vigilante y garante de que se respeten las libertades del pueblo”.
Y ciertamente necesitará esos dones, así como una cuota de destreza y talento mayor que la empleada hasta aquí como excelente profesional de la comunicación. Una cosa es ser un reportero acertadamente crítico con la gestión gubernamental, y militar en la oposición, y otra ejercer la presidencia, en un país que aún trata de cerrar las hondas grietas causadas por la guerra, en un contexto internacional de crisis que incluso en naciones con mayor relieve económico hace tambalearse a los gobiernos.
CRISIS EN EL PAÍS DE LAS MARAS
“ Dicen que fue un buen presidente/ porque repartió casas baratas/ a los salvadoreños que quedaron.”
Era este el retrato trágico que hacía el poeta salvadoreño Roque Dalton del gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez, que enlutaba a su patria allá a finales de la primera mitad del siglo XX . Un pesado clima de tensión, muerte e impunidad que no se desvaneció durante casi el resto del siglo, y que convertía la realidad cotidiana de El Salvador, también durante los años 80, en una metáfora de infierno sobre la tierra.
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Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos; el FMLN pasó a la vida política, y se disolvieron los escuadrones de la muerte. Como se observa, las circunstancias variaron notablemente, y ni es momento de dictaduras en Centroamérica, ni de que los procesos de transformación ocurran mediante la violencia armada.
Sin embargo, no pocos expertos coinciden en que tal pasado de violencia repercute en uno de los principales problemas que enfrenta Mauricio Funes desde que presidente Antonio Saca le cedió el puesto el 1ro. de junio: los altísimos niveles de criminalidad.
Las cifras son espeluznantes. Según un reporte de la agencia de noticias AFP , que cita un informe de la Policía , más de 1 000 salvadoreños fueron asesinados durante el primer trimestre de 2009, lo que hace un promedio de 12 asesinatos diarios en el país. Con 372 crímenes sangrientos en enero, 330 en febrero, y en marzo 341, las víctimas suman 1 043.
Asimismo es de notar que El Salvador, como otros países del área, es hogar de las denominadas maras (pandillas juveniles). La BBC cifraba en 2006 en más de 12 000 los integrantes de esas agrupaciones altamente violentas, contra los que los gobiernos de ARENA emprendieron acciones de contención sin mayores éxitos.
Una de esas estrategias fue implementada por el gobierno saliente de Antonio Saca, y llevó por nombre Plan Super Mano Dura. Establecía períodos de prisión de entre tres y cinco años por pertenecer a una pandilla, y entre seis y nueve por dirigirla, entre otras penas. Sin embargo, en cuanto a acciones para combatir la marginalidad y la exclusión, fuente de estas conductas, el plan era mudo.
La violencia, no obstante, es solo una arista. Un análisis de la agencia IPS , de principios de abril, titulaba “ La herencia maldita” el legado que toma en sus manos el nuevo gobierno. Jorge Daboub, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, ubicó en 36 000 los puestos de trabajo que se han perdido desde agosto de 2008, a medida que se agudiza la crisis económica mundial. Estados Unidos Unidos, origen de esta, recibía hasta el 57 por ciento de las exportaciones salvadoreñas, que debieron reducirse en un 21 por ciento entre febrero de 2008 y febrero de 2009.
De igual modo, los ingresos por concepto del Impuesto al Valor Agregado (IVA) descendieron de 130 millones de dólares a 98 millones, debido a la contracción del consumo interno. Y si estamos hablando de un país de 5,7 millones de habitantes, que tiene a 2,5 millones de sus hijos viviendo en Estados Unidos, existe un aspecto que no puede faltar: las remesas. Solo en 2008, estas llegaron a contabilizar 3 787 millones de dólares (17,1 por ciento del Producto Interno Bruto). Pero en el primer mes de este año, en comparación con similar momento del pasado año, ya esas transferencias monetarias habían descendido hasta ocho puntos porcentuales.
Habrá un mayor estremecimiento social, sin dudas. Y es Funes quien deberá lidiar con él.
CAMBIOS EN EL SUR, CAMBIOS EN EL NORTE
En el programa electoral del nuevo mandatario y de su vice, el ex comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén, ocupan lugar privilegiado los temas que preocupan a la gente, y que ARENA no resolvió en las dos décadas con que contó para enfrentarlos.
Así, el binomio ejecutivo promete frenar el auge de la delincuencia, y llevar adelante la consolidación de las estructuras democráticas del país, según quedó expresado como voluntad de las partes en el Acuerdo de Chapultepec.
Por otro lado, implementará programas para reducir el impacto provocado por las crisis globales, a saber, la inseguridad agroalimentaria, la vulnerabilidad energética, y los efectos locales de la recesión en Estados Unidos, además de superar el desempleo, disminuir el alto costo de la vida, la pobreza (ubicada en el 40 por ciento de la población) y la inequidad en la distribución de los beneficios, cuando se conoce que solo una quinta parte de sus habitantes recibe hasta el 45 por ciento de los ingresos nacionales, un panorama parecido al de otros países de América Latina, calificada –según parámetros económicos internacionales– como la región de más desigual distribución de las riquezas.
Para realizar sus propósitos, y aunque curiosamente no es la mejor época para la salud de la economía, Funes toma la banda presidencial en un contexto político más favorable en este hemisferio.
Empecemos por Estados Unidos Unidos. Allí, el recién estrenado presidente demócrata Barack Obama hizo saber, antes de las elecciones, que reconocería inmediatamente la voluntad del pueblo salvadoreño en las urnas; todo lo contrario de la política de su antecesor, George W. Bush, que en un anterior ejercicio electoral (el del veterano dirigente del FMLN, Schafick Handal, frente a Antonio Saca) dejó caer, como “ al descuido”, la poco envidiable suerte (la deportación) que correrían decenas de miles de salvadoreños ilegales en Estados Unidos, y la consecuente disminución de las remesas, si el candidato elegido no era el de ARENA.
Con el nuevo inquilino de la Casa Blanca , la felicitación fue de las primeras en llegar, e incluso tres días después, el enviado de Estados Unidos para América Latina, Thomas Shannon, se entrevistó con Funes en privado. Según analistas, El Salvador está interesado en que Obama efectúe una reforma migratoria que les facilite las cosas a los inmigrantes salvadoreños, y por supuesto, que no se produzcan deportaciones masivas que harían más difícil la gestión interna en la nación centroamericana.
De momento, el joven político salvadoreño subrayó que fortalecería los nexos históricos y estratégicos con Estados Unidos Unidos, y según AFP , en un encuentro con el mandatario costarricense Oscar Arias, refirió que “ los cambios ahora no solo vienen del sur, sino también vienen del norte”, en alusión a la disposición de Washington de dialogar no solo con sus amigos en el continente, sino incluso con sus adversarios ideológicos.
Otra cuestión es, en tal sentido, la presencia en América Latina de varios gobiernos de izquierda, con muy variados tintes. También en un intercambio con la prensa, Funes bromeó: “Siempre me preguntan si soy de la izquierda light , de la izquierda vegetariana, o de la izquierda radical, de la carnívora”, para después ser más exacto en sus definiciones: “El cambio que estamos ofreciendo es mejorar la calidad de vida a los salvadoreños, y eso no tiene que ver con la ideología”.
Para la región, una buena noticia es que el mandatario electo ha anunciado el restablecimiento de los vínculos diplomáticas con Cuba. Y lo dijo durante la proclamación de su victoria electoral, lo que otorga especial significación a sus intenciones, precisamente cuando La Habana asiste a un relanzamiento de sus relaciones al más alto nivel con los países del área.
Sin embargo, a quienes inmediatamente comenzaron a indagar sobre el tipo de izquierda que asumiría su gobierno, y sobre los supuestos polos de atracción hacia los que un país tan pequeño debería presuntamente gravitar, Funes fue meridianamente claro en expresar sus deseos de buenas relaciones –sin que nadie “meta un solo dedo” en El Salvador, remarcó– lo mismo con Venezuela, Bolivia y Nicaragua, que con Brasil, Argentina y Chile, este último bloque visto en medios políticos como de tendencia más “moderada”.
Y por supuesto, a nadie se le escapa que, aunque se mantengan distancias corteses, de todos modos El Salvador necesita más que nunca del apoyo que al menos tres de los países mencionados pueden ofrecerle en materia energética, así como de iniciar una ventajosa cooperación con La Habana en un área tan sensible como la salud. Hasta el momento, ningún gobierno salvadoreño había dado luz verde a programas de colaboración en este sentido, del que sí venían sacando provecho otros países, y no siempre afines ideológicamente con la Isla , como Perú.
Para Funes serán, eso sí, cinco años de desafíos. Y los ciudadanos del país centroamericano tendrán oportunidad de saborear por primera vez una alternancia política de signo más social, y de constatar cuán sólidos se han vuelto la democracia y el respeto a la voluntad del pueblo, aquel por cuyo bien monseñor Romero se puso en la mira de los intolerantes. |