por Nelson de la R. Rodríguez |

LA HABANA
 |
Parecía que el revés en el Segundo Clásico Mundial había enfriado las pasiones del Béisbol en la Isla. Pobre asistencia a los estadios, juegos con marcadores desproporcionados y numerosas ausencias en los equipos marcaron la fase final de la etapa regular del Campeonato Cubano, pero afortunadamente… ¡llegaron los play offs !
En esa fase, el equipo de La Habana , luego de cinco años consecutivos clasificando a la etapa definitiva, conquistó por primera vez el ansiado título al vencer a Villa Clara en cuatro de los cinco partidos disputados.
Indiscutido líder de la Zona Occidental los dirigidos por Esteban Lombillo vencieron en la etapa inicial de lo que algunos llaman la post temporada (yo creo que todo forma parte del mismo campeonato) a la Isla de la Juventud y luego a Pinar del Río. Dos rivales totalmente diferentes.
|

Equipo Habana |
Frente a la Isla (equipo que con otro sistema de clasificación se hubiera quedado fuera), el Habana salió con la etiqueta de favorito y se llevó el triunfo 4 juegos por 1. Los dos primeros éxitos en el “Nelson Fernández” y los restantes en el “Cristóbal Labra”, escenario en el que el pitcheo pinero llegó hasta donde pudo frente a una ofensiva que lució superior casi siempre.
La final occidental enfrentó a pinareños y habaneros. Los del extremo Oeste salieron con cierto favoritismo por diversas razones: venían de ganarle a Sancti Spíritus, un adversario mucho más fuerte que Isla de la Juventud , su pitcheo abridor con Pedro Luis Lazo, Yunieski Maya y Vladimir Baños había enfrentado con éxito a sus rivales de turno en la etapa regular, y porque en finales de zona siempre habían superado a los habaneros. |
Sin embargo, el Béisbol no se define en las estadísticas y los llamados “vaqueros” se impusieron en cuatro de los seis partidos, los tres últimos en forma consecutiva pasando incluso dos veces por encima de Pedro Luis Lazo, quitándole la posibilidad no sólo de que su equipo avanzara a la final sino también de que él terminara su carrera con 250 triunfos.
|
Inicialmente, en ese play off, los habaneros perdían la serie 1-2, pero se repusieron de tal forma que ganaron dos partidos seguidos en el “Capitán San Luis” y luego remataron en el “Nelson Fernández” para evitar que la serie llegara a un séptimo desafío.
Con el título occidental en sus manos el Habana salió a discutir la Corona de Cuba frente a Villa Clara. Esta vez las posibilidades de éxito parecían mucho mayores que cuando discutieron frente a Santiago de Cuba en la Serie 42. Sin embargo, los “naranjas” arribaron a la discusión del Campeonato con el aval de haber dejado fuera a dos de los favoritos: Santiago de Cuba y Ciego de Ávila.
Pocos se atrevieron a dar a La Habana como favorito, pese a que los números le favorecían. En la etapa preliminar Villa
|
Dennis Laza |
Clara no le pudo ganar siquiera un juego, su pitcheo es mucho más profundo y los de Eduardo Martin no ganaban un juego de final nacional desde mediados de la década del noventa.
|

Ruby Silva. |
Los detractores de La Habana apelaron a ideas como estas: “ La Habana siempre es igual, llega al play off y después se amarilla”, “Sus peloteros no saben jugar en la hora buena” y “Su pitcheo está por demostrar en fases finales la calidad que posee”.
La Serie entre La Habana y Villa Clara estuvo matizada por diversos factores: el comienzo de la misma se corrió dos días más de lo reglamentado; primero se indicó que se jugaría siempre de día y después se cambió con partidos nocturnos en Santa Clara, también se dejó libre el pitcheo cuando durante todo el Campeonato estuvo regulado. Esas medidas favorecían a Villa Clara, sus peloteros recibieron más descanso, su mejor pitcher Freddy Asiel Álvarez pudo lanzar el choque de apertura y estaba libre para trabajar en cualquier otro momento. |

Ernesto Molinet |
A eso súmele el favoritismo de diversos medios nacionales de prensa que anhelaban quizás la victoria de un equipo que tuvo que sobreponerse a las ausencias de Dayán Viciedo y Juan Yasser Serrano, la no presencia de Eduardo Paret y la separación de Yorkis La Rosa.
Sin embargo, los habaneros estaban heridos en su amor propio y cansados de ver pasar las Series Nacionales sin poder guardar en sus vitrinas un título de Campeón. Y conocedores de sus debilidades y fortalezas emprendieron el camino de la final.
|
Miguel Alfredo
González |
A la hora de la verdad, el equipo demostró que la presión del juego no le hizo cambiar de color, sus hombres respondieron a la hora clave y el pitcheo, por si quedaban dudas, resultó infranqueable para los bateadores rivales.
Esteban Lombillo supo aglutinar un grupo de jugadores en el que no hay un “líder natural”. Quizás su “jugada maestra” fue la de introducir en la alineación a Ruby Silva –que acompañado de Dennis Laza– le dio al equipo una velocidad adicional y la “pimienta” que se necesita para partidos de este tipo. Por detrás, Ernesto Molinet, pese a lo que digan, demostró que es el máximo impulsor de carreras; Rafael Orta, aunque no es un cuarto bate natural, sí resultó muy oportuno y Michel Rodríguez es su mejor bateador en series extras. Roberto Zulueta es la garantía en la inicial, Danger Guerrero, la combatividad personificada y Juan Carlos Linares, el respaldo a una línea central que evidentemente tiene aún algunas lagunas.
Me tomo unas líneas adicionales para escribir sobre el pitcheo y por añadidura de los entrenadores Javier Gálvez y José Manuel Pedroso.
La calidad del cuerpo monticular habanero es el fruto de un trabajo que ya cumplió cinco años. Cuando los que rigen el Béisbol en Cuba adoptaron la medida de normar el trabajo de los lanzadores, ya los preparadores de La Habana lo hacían por adelantado. Es quizás el único equipo del país en el que está bien definido el papel del abridor, el relevista intermedio y el cerrador.
|
La fase final del Campeonato dejó ver a un talento como Miguel Alfredo González que más que promesa es una realidad entre lo mejor del pitcheo cubano. No por gusto ganó 5 juegos en la etapa, uno frente a Isla de la Juventud y luego dos contra Pinar del Río y Villa Clara. Miguel Alfredo, con sólo 22 años, dio una lección de pitcheo, con un control que va más allá de no otorgar bases por bolas, salió de las pocas ocasiones en que la ofensiva rival le complicó alguna entrada. Demostró flema de grande y pasó a ser el líder indiscutible de ese staff de abridores, que se completa con Yulieski González (con más suerte debió arribar a las 100 victorias en Series Nacionales) y Yadiel Pedroso, quien cumplió con creces la deuda que tenía en fases finales.
|
Tal es la profundidad del pitcheo habanero que se da el lujo de tener a Jonder Martínez como relevista intermedio, y para cerrar a hombres como Miguel Lahera y José Angel García, codeados de tú por tú con los mejores del país. Otros integrantes de la nómina que tuvieron poca actuación, en otras novenas serían seguros abridores.
En el momento que usted lee estas líneas, la Serie Nacional será sólo un recuerdo reciente y las miradas estarán puestas en la preselección nacional y la venidera Copa Mundial; sin embargo hay detalles dignos de mencionar.
La afición de La Habana disfrutó hasta el extremo un título que acariciaba desde hacía muchos años, y quizás por eso l as últimas horas del jueves 4 de junio y las primeras del viernes 5, fueron diferentes en los 19 municipios. El grito de victoria que se apagó la noche antes, esta vez retumbó con fuerza y los aficionados convocados únicamente por el deseo de expresar la alegría que sentían en su interior, invadieron las principales plazas municipales y muchas “4 Esquinas” se llenaron al ritmo del toque de cazuelas, claxon, sirenas y tambores. Unas horas más tarde, desde Nueva Paz hasta Artemisa el recibimiento a los nuevos campeones se convirtió en un suceso sin precedentes en la historia del deporte en La Habana.
|
El pueblo habanero recibió agradecido a sus peloteros.
|
¡Enhorabuena a los monarcas y también a sus parciales! |
|