Podría decirse que Nieves Xenes es conocida como autora de un solo poema: “Una confesión”, el que ha sido antologado en innumerables ocasiones y por el que es recordada siempre. El poema, como su nombre advierte, es la “confesión”, acto sacramental, ante un sacerdote: “¡Padre, no puedo más! mi amor refreno,/ pero en la horrible lucha estoy vencida;/ esta pasión se extinguirá en mi seno/ con el último aliento de mi vida”. (2) Desde la primera estrofa nos conmueve el clamor del amor imposible, tanto de lograr como de olvidar. Luego ofrece su sinrazón al que la escucha: “Vos me habláis de la gloria y del martirio,/ del enojo del cielo que provoco,/ ¿pero no comprendéis que es un delirio/ hablar de todo eso al que está loco?” (3)
Más adelante caracteriza su sentimiento: “Mi amor es el incendio desatado/ cuya llama voraz nada sofoca!/ El torrente que rueda desbordado/ arrastrando a su paso cuanto toca!”(4)
Y por último concluye con una súplica: “¡Ay, padre! En vuestra santa y dulce calma/ rogad a Dios que evite mi caída,/ porque este amor se extinguirá en mi alma/ con el último aliento de mi vida!” (5)
El poema aparece fechado en 1884. Fue escrito en una serie de serventesios, pero por su longitud no lo ofrecemos completamente. Elogiado por diversos autores, Aurelia Castillo de González, también poetisa, dice sobre él: “Nadie que la ha leído la olvida, nadie puede olvidar ese torrente de lava que corre impetuoso como un Niágara , y como un Niágara , bellísimo también. Parece escrita de un solo impulso, en pocos momentos: el impulso arrollador de la pasión, que llega a su término derribando cuanto se le opone”. (6) Por su parte, Max Henríquez Ureña manifiesta: “[…] en ‘Una confesión' y otras composiciones de fuerte erotismo, traicionó el secreto del amor impetuoso que la avasallaba y que no le era dable revelar al mundo”. ()7 También Juan José Remos escribió: “Su valor y su sinceridad difícilmente se igualan: tuvo valor para sentir y resistir a la vez, tuvo sinceridad para no ocultar su sentimiento y hacer su Confesión ” (8) , y más adelante plantea: “La naturalidad y el fervor son sus características esenciales; y es que dijo en verso lo que sintió, y al impulso de la idea ardiente, brotó el verso fácil y cautivador”. (9) Pero la historia amorosa que hay detrás de este poema es poco conocida.
La poetisa se había dado a conocer en las tertulias literarias de José María de Céspedes, según cuenta Aurelia Castillo de González en el “Prólogo” a la edición citada de sus Poesías , y único estudio biográfico conocido hasta el presente sobre la quivicanense.
Para el estudio de la misma es imprescindible hacer mención a la figura de José Antonio Cortina, el inspirador de “Una confesión” y a quien se sintió unida de forma indisoluble.
El tribuno del autonomismo, como se le conoció por sus grandes dotes oratorias, con su propio dinero subvencionó la Revista de Cuba (1877-1884), fundador de la sociedad La Caridad , en el Cerro, la primera escuela para enseñar a leer a niños negros; poeta de poca valía, pero hombre de personalidad magnética.
Todo parece indicar que Nieves Xenes lo conoció en agosto de 1879 en una velada literaria, según cuenta su biógrafo Luis de Arce al citar un testimonio de Diego Vicente Tejera: “Pepe era muy voluble. Jamás tuvo predilecciones más que para su esposa. Inconstante por temperamento, busca siempre lo nuevo. Allá en Guanabacoa […] parece que el pasatiempo se extendió más de la cuenta”. (10)
Aunque no se refiere específicamente a la autora de “Julio”, es conocido que ella visitaba también la Villa de la Asunción al asistir a las tertulias de Nicolás Azcárate, amigo a quien le dedica un desesperanzado poema en su álbum en mayo de 1887. En el terreno de la especulación, pudiera referirse también a Mercedes Matamoros (1851-1906), a quien Cortina publicó en 1880 sus Sensitivas en la Revista de Cuba y que residía en Guanabacoa. Sin embargo, como es sabido, el inspirador de “El último amor de Safo” fue Antonio Comoglio. No obstante, los poemas amorosos de la Matamoros datan de 1902 y el romance con Cortina pudiera ser anterior. Ambas poetisas se conocían, y frecuentaban las tertulias de Azcárate, como lo demuestra el poema que Nieves Xenes dedica en el álbum de Mercedes. Una de las estrofas es muy significativa:
“Que en mis horas radiantes y serenas/ la ventura soñé que tú has soñado,/ y en el cáliz amargo de mis penas/ hay gotas de la hiel que has apurado!...” (11)
Y para remarcar este fugaz e imposible romance –Cortina estaba casado con una prima suya, preciosa mujer de belleza nórdica– continúa explicando Arce:
“Así estaba de popularizada su persona en todas las esferas sociales y políticas. Cierto día del mes de agosto de 1879 en una velada literaria, cuando desciende de la tribuna se le acerca un grupo de señoritas para que les escriba en álbumes y abanicos unas palabras. En ese grupo figura una joven de diez y siete años, de una belleza exuberante; es una cubana que se distingue a la legua. De aquellos ojos brotan extraños destellos, en su cara se descubren ocultas pasiones de niña enamorada.
”Cortina presiente en aquel mismo instante, lo que en el decursar del tiempo, se tradujo en ardientes versos con promesas de un idilio puro y solo para él. Es una mujer que le amó toda la vida en discreto silencio, conservándose en santa pureza hasta confesar: Necesito estar cerca de él; verlo, escucharlo, que me mire, que me bese… que me bese mucho… ” (12)
Al parecer, Arce se equivoca al calcular la edad de la joven, porque para esa fecha Nieves tendría veinte años. Pero después de la muerte de Cortina, debido a una meningoencefalitis, ocurrida en 1884, narra su biógrafo la historia de una misteriosa joven, vestida de negro y cubierta con un velo, quien quedó junto a la tumba rezando un rosario también negro y que, antes de marcharse, escribió la inicial de su nombre sobre la losa. Aún tiempo después podía vérsele rezando ante la tumba a la que llevaba flores. En una ocasión, coincidió con Ángel Cortina, hermano del fallecido, quien no se atrevió a dirigirle la palabra. Al llegar a su casa y relatar el encuentro, la madre lloró en silencio. Y para que no quede dudas de que Arce se refiere a Nieves Xenes, transcribe en su estudio biográfico unos versos escritos por la velada joven del cementerio: “Queda durmiendo en dulce calma,/ de la muerte en la noche oscura y fría…/ yo me alejo llevándome en el alma/ una noche más triste todavía!” (13)
A pesar de que no quedan dudas sobre el amor imposible que sintió Nieves Xenes por José Antonio Cortina, el mismo Juan J. Remos lo explica en su Historia de la literatura cubana , y aunque lo haya callado púdicamente Arce, el biógrafo de Cortina, además de que la poetisa le “confesara” a Aurelia Castillo que “esos cantos eran ideas poéticas” (14) de lo que no hay certeza es de hasta qué medida fue correspondido o alentado este amor por el líder autonomista, a quien Arce califica de “cierta volubilidad”. Quizás algo de ello hubo, porque no se explicarían de otro modo estos versos: “Escucha vida mía,/ cuando de mi pasión en el exceso/ te besé delirante el otro día,/ te di toda mi alma en aquel beso!” (15)
Nieves Xenes obtuvo algunos premios literarios en vida, como el de los Juegos Florales de la Colla de Sant Mus en 1888 con la extensa obra “El Poeta” y medalla de oro por “Cuba y América” con el soneto “Julio” y que la llevaron a ser admitida como miembro de número de la Academia Nacional de Artes y Letras. Su voluntario retiro, dedicada exclusivamente al cuidado de sus sobrinos, la apartó de las reuniones de la Academia y la llevó al abandono de la lira alrededor de 1907.
No obstante, dentro de esa vida retirada sostuvo correspondencia con Esteban Borrero –el padre de Juana– (16) con el que se sincera en varias cartas. El 14 de junio, sin que date el año, le escribe: “[…] yo no he leído nada, amigo mío, soy una ignorante; jamás he estudiado nada; he pasado toda mi vida absorta en el cariño y el cuidado de mi familia, apenas me he ocupado de otra cosa. Desalentada desde el principio de mi vida, nunca he hecho el más leve esfuerzo por salir del oscuro rincón donde me arrojó el destino. Apenas sintió el peso de la vida, se rindió mi pobre almita de mujer como diría Ud. con una ternura un poquito humillante”. (17)
En carta posterior, el 26 de junio, también sin consignar el año: “También le agradezco que me diga que desea leer mis versos. No los tengo coleccionados, cuando pueda, ya Ud. sabe que soy muy perezosa, le copiaré algunos de los menos malos. Le envío esos que tenían mis hermanas, no son los que hubiera preferido sino los que he encontrado”. (18)
No era tan así que la poetisa no hubiera leído nada como asegura, ya que hizo traducciones de Victor Hugo, Carducci y compuso un poema a la muerte de Casal.
El 8 de julio de 1915 muere después de sobrevivir seis meses a la muerte de su madre. El asentamiento de su muerte nos dice que la causa fue una peritonitis simple a la edad de 55 años. Y aquí la historia amorosa y poética se convierte en leyenda. Ella pidió ser enterrada cerca del ser amado, y sus familiares cumplieron su voluntad: María de las Nieves Xenes fue sepultada en la Necrópolis de Colón en el cuadro 25 cc bóveda 1, a dos tumbas de la de José Antonio Cortina, donde se encuentra la estatua de tamaño natural del autonomista. En el cementerio este lugar es conocido como el cuadrante de los tres Pepes , porque además de Cortina están José de la Luz y Caballero y José Antonio Saco.
José Lezama Lima calificó su poesía de “sincera, expresando con una forma apasionada la manera peculiar en que se presentaba en ella la vena amorosa, (19) y Aurelia Castillo la define certeramente al plantear su figura contradictoria, “amante hasta la locura y contenida, no obstante, hasta el sacrificio”. (20)
Quizás haya que buscar en esa perfecta dicotomía de amor desbordado-amor contenido que la singulariza, la causa por la que sus versos, desgarradores y ardorosos unas veces, desesperanzados otras, la convierten en una de las insoslayables anunciadoras de una nueva forma de decir en la poesía femenina cubana.
Notas:
(1) Nieves Xenes: Poesías , Imprenta El siglo XX, La Habana , 1915.
(2) Ibídem, p. 29.
(3) Ibídem.
(4) Ibídem, p. 30.
(5) Ibídem, p. 31.
(6 )Aurelia Castillo de González: “Prólogo” en Poesías , Nieves Xenes, ed. cit., p. 19.
(7) Max Henríquez Ureña.
(8) Juan J. Remos y Rubio: Historia de la literatura cubana , Cárdenas y Compañía, La Habana , 1945, t. II, p. 495.
(9) Ibídem, p. 498.
(10) Luis A. de Arce: José Antonio Cortina: época y carácter, 1853-1884 , Editorial Selecta, La Habana , 1953, p. 41.
(11) Nieves Xenes: ed. cit., p. 146.
(12) Ibídem, pp. 43-44.
(13) Ibídem, p. 45 y “Ante una tumba” en Poesías , Nieves Xenes, ed. cit., p.14.
(14) Castillo de González, Aurelia: “Prólogo” en Poesías , Nieves Xenes, ed. cit., p. 13.
(15) Nieves Xenes: ed. cit., p. 5.
(16) Juana Borrero (1877-1896) la “virgen triste” de los versos de Casal, excelente poetisa y pintora.
(17) Fondo Esteban Borrero, BN. El subrayado es de la poetisa.
(18) Ibídem.
(19) José Lezama Lima: Antología de la poesía cubana , Consejo Nacional de Cultura, La Habana , 1965, t. III, p.411.
(20) Aurelia Castillo: “Prólogo” en Poesías , Nieves Xenes: ob. cit., p. 20. |