Una belleza natural daba paso a la conquista del hombre. El arte, como notas vibrantes de una misma sinfonía ejecutada por Dios desde la creación, nos regalaba un espectáculo sabatino en el kilómetro 14 de la Monumental. El nuevo edificio del Seminario “San Carlos y San Ambrosio”, aún en proceso de construcción, nos dejaba ver entre sus inacabadas estructuras la silueta de lo que será nuestro futuro recinto.
Nos sorprendió ver cuán avanzada estaba la obra, sobre todo a los que como yo, fuimos testigos de la bendición de la primera piedra en el año 2006. Ver cómo aquel terreno de irregulares planos se había transformado en una estructura armónica, rompió con toda posibilidad de |
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escepticismo. En la visita, el cardenal Jaime L. Ortega Alamino, quiso guiarnos por toda la obra en construcción. Y es que resultaban incompletas las explicaciones de los ingenieros sin la ilusión que él les ponía.
Días antes, el arzobispo habanero había sostenido con los 49 seminaristas y sus formadores un conversatorio sobre la historia, motivos y características del proyecto. Nos invitó a cultivar aún más la mirada de la fe, esa que trasciende la realidad fáctica y la eleva hasta el corazón mismo de Dios. El padre Antonio Rodríguez, rector del centro, citando al primer obispo habanero monseñor José González Estrada, nos dijo: “el Seminario no sólo constituye el corazón de la Iglesia , sino que se ha de convertir en el corazón de su obispo”, y añadió: “en esta obra del Seminario en Cuba, nuestro obispo habanero ha puesto todo su corazón”. Y es que desde 1998 el cardenal soñaba con la construcción de un nuevo edificio para el Seminario. Antes tuvo que asumir otros proyectos de mayor urgencia, como la reconstrucción de la Casa Sacerdotal “San Juan María Vianney”, obra concluida en el 2005. Después le seguiría la difícil elección del terreno donde construir la edificación; pues, si bien es cierto que el Seminario es algo más que la estructura arquitectónica, toca señalar que es imposible separarle de la categoría espacio-temporal . Un espacio que propicie la unidad de ambiente donde impere el silencio, y de este modo pueda resonar con mayor intensidad la Palabra de Dios en los corazones que le aguardan. Un tiempo ocasional, que se vuelve oportuno, y decisivo en el proceso de formación del candidato al sacerdocio. Así hizo Jesús con sus apóstoles; Él les dijo: “Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco” ( Cf. Mc. 6, 31); descansar en el Señor que no significa precisamente cancelar toda actividad humana, sino que es más bien descanso orante.
Siempre resulta difícil mudarse y más aún cuando se trata de una casa que cuenta con una legendaria historia en la vida de nuestra Nación cubana. Saber que en el actual recinto estudiaron el padre Agustín Caballero, Varela, Saco... nos hace constantemente deudores de un pensamiento y patriotismo de gran envergadura. Pero es precisamente nuestra Nación cubana la que exige sacerdotes, no solo herederos de este insigne legado, sino auténticos hombres de Dios que sigan construyendo su Reino en la Patria que les vio nacer.
“La nueva instalación será propicia para cultivar la mirada de fe; crecer como hombres que han respondido con generosidad al llamado del Señor, y aprender constantemente en la escucha de su Palabra”. Así nos alentó el Arzobispo habanero.
* Seminarista de La Habana. |