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Soy cubana
aunque no quisiera
Entrevista a la escritora cubana residente
en los Estados Unidos Uva de Aragón |
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por Waldo Fernández Cuenca*
fotos Cortesía de la entevistada |
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Su amor por Cuba, tierra de la que no ha podido desprenderse ni por
un momento en cuerpo
y alma, me motivó a pedirle
esta pequeña entrevista. ¿Acaso la nación necesita
reconocer la historia
de tantos desterrados o emigrados que todavía no logran o no pueden articular un puente de comunicación permanente con la tierra
que los vio nacer?
Los cubanos no somos simplemente revolucionarios ni “gusanos”, ni comunistas ni mafiosos, aunque así
intentemos clasificarnos
una y otra vez de uno
y otro lado: somos seres que todavía no han encontrado el camino del respeto
al pensamiento ajeno,
que no han logrado (a pesar del inmenso amor hacia
su tierra) encontrar el camino de la inclusión definitiva
en una Cuba mejor. |
Uva de Aragón ha incursionado en la poesía con Versos de exilio (1976) y Los nombres del amor (1996), en el cuento con Ni verdad ni mentira y otros cuentos (1976) y Entresemáforos (1980) entre otros, en la novela con Memoria del Silencio (2002), en el ensayo con El caimán ante el espejo: ensayo de interpretación sobre lo cubano (1994), y en el teatro con la obra Con todos y para el bien de todos, la cual ha sido traducida al inglés. Su obra literaria está marcada por la nostalgia, el desarraigo y el perenne acercamiento al suelo patrio, pero ante todo Uva es de esas personas que por encima de cualquier posición política ha puesto a Cuba en primer lugar y eso es ya un mérito incalculable cuando odios y resentimientos marcan el pulso de un enfrentamiento político a muerte. A través de este sincero intercambio he descubierto a una persona de infinita nobleza y de un gran corazón, corazón que suspira lleno de amor por Cuba. |
¿Cómo fueron sus primeros años en los Estados Unidos, cómo desarrolló su vida de adolescente y joven en ese país?
“Siempre digo que dejé de ser niña a los nueve años cuando murió mi padre y me hice mujer cuando llegué a Estados Unidos, a los 15 con mi madre, mi segundo padre y mi hermana menor. Era la única que sabía inglés y me convertí en el lazarillo de la familia. La salida de Cuba representó una ruptura muy fuerte con mi cultura, mi lengua (por 20 años viví en Washington y New York), la familia, los amigos. Después me casé a los 17 años y tuve mi primera hija a los 19. No fue la vida normal de una adolescente. Tuve que trabajar y enfrentarme a la vida a muy temprana edad. ”
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Uva de Aragón (derecha) con su padre Dr. Ernesto R.
de Aragón y su hermana Lucía. La Habana, 1949. |
Imagino que los móviles de su familia para emigrar hayan sido por el ascenso al poder de las fuerzas rebeldes de Fidel Castro. A lo largo de todos estos años, ¿qué imagen de Cuba le transmitieron sus padres y familiares?
“En efecto, mi segundo padre, Carlos Márquez Sterling, fue uno de los pocos políticos que quiso buscar una solución pacífica a la crisis cubana, y que abogó por un proceso electoral. Fue perseguido de inmediato y tuvimos que salir de Cuba. Mi padre estaba opuesto al sistema, pero quería a Cuba infinitamente, conocía bien su historia, había sido protagonista de muchas actividades durante la República , y siempre me trasmitió una imagen positiva del país. Es decir, una cosa es Cuba y otra la Revolución. Eso lo aprendí desde muy joven. ”
Usted manifiesta una y otra vez que su mayor deseo es que más nunca un cubano tenga que vivir desterrado o exiliado. ¿Cuál es el papel que deben jugar los diferentes factores dentro y fuera de Cuba para que eso no suceda más, para que ningún cubano tenga la necesidad de sentir que sale del país desterrado o exiliado?
“Tenemos que asumir estos años y todo lo que ha sucedido en la Isla y en la diáspora como una historia compartida, y asumirla con lo bueno y con lo malo. Necesitamos ser más tolerantes, menos intransigentes, aprender a convivir, a reconciliar diferencias. Otros pueblos lo han hecho, ¿por qué no nosotros? ”
En su libro Morir de exilio usted relata la vida de muchos cubanos que han muerto fuera de su tierra. ¿Cuál ha sido la que a usted más le ha conmovido o impactado? ¿Por qué?
“Naturalmente que las muertes de mis familiares, como mis padres y mi hermano, son las que más me impactaron. También las de mis contemporáneos, como Enrique Baloyra, Miguel González Pando, Raquel Lavilla, personas con quienes había compartido muchos proyectos y sueños. Asimismo he sufrido el fallecimiento de aquellos que consideré mis maestros como Eugenio Florit, Gastón Baquero, Anita Arroyo y Leví Marrero, entre otros. ”
Si tuviera que decir una palabra o frase que reuniera toda su obra literaria, ¿cuál diría?
“Cuba. ”
¿Cuáles son los escritores cubanos que más le han marcado en su obra literaria?
“Sin duda, mi abuelo, el escritor Alfonso Hernández-Catá ha tenido una influencia, más que en mi estilo, en transmitirme en la sangre la vocación inescapable por la literatura. Fue un personaje casi mitológico durante mi infancia y adolescencia. Mi segundo padre, Carlos Márquez Sterling, me orientó mucho en mis lecturas. Sin duda hay una presencia de Martí en mis primeras prosas. Luego no sé. Uno encuentra su propia voz. ”
Usted es una colaboradora habitual del Diario de Las Américas , tiene una columna semanal de diversos temas, ¿qué experiencias más gratas y no tan gratas guarda de su labor como periodista en ese diario?
“La mayoría de las experiencias son gratas, de lectores que le escriben a uno, llaman por teléfono, envían mensajes electrónicos o hasta lo reconocen en un supermercado o una gasolinera y lo felicitan por una columna. Una vez un señor mayor me mostró un recorte todo amarillento de un artículo mío que llevaba siempre en su cartera. Me conmovió mucho. Las experiencias menos gratas son las controversias y críticas que provocan algunos de mis artículos, pero si me las hacen con respeto, casi me agradan, porque la labor del periodista no es complacer, sino hacer pensar. Si molesto a alguna gente es señal de que estoy haciendo bien mi trabajo. ” |
Después de vivir casi una vida entera fuera de su país, ¿cuánto hay de cubana en Uva y cuánto no?
“Yo creo que soy cubana, pero naturalmente hay también influencias de otras culturas. De Estados Unidos, donde he vivido casi medio siglo, lo que más admiro es su sistema democrático interno, la madurez política de sus ciudadanos, la capacidad del país de transformarse por vías pacíficas, como ha sucedido, por ejemplo, con las relaciones raciales. En otros aspectos de la cultura popular, como por ejemplo la música o la misma literatura contemporánea, me son totalmente ajenos. Es que yo he residido en Estados Unidos, pero siempre he vivido en Cuba. ”
¿Qué sintió cuando pisó tierra cubana después de 40 años de ausencia?
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Carlos Márquez Sterling, Uva Hernández-Catá, Uva y Gloria
de Aragón, Washington DC., septiembre de 1959. |
“Cuando me bajé del avión en el Aeropuerto José Martí lo primero que sentí fue el deseo de besar la tierra cubana, y seguidamente pensé que si lo hacía tendría muchas dificultades en levantarme, y entonces me reí de mí misma, pues la risa es el amortiguador que usamos los cubanos para aliviar el dolor y la solemnidad. En lo más profundo de mí misma sentí que por fin llegaba a casa tras una larga ausencia. En ese primer viaje lloré mucho. Eran sollozos incontrolables, que me sobrevenían en los momentos más inesperados, como al ver las lozas del piso en la antigua casa de mi abuela, o al visitar la Playa Veneciana , escenario de los últimos recuerdos que tengo de mi padre antes de su enfermedad y muerte cuando yo tenía nueve años. ”
El hecho de ser jefa del Instituto de Estudios Cubanos de la Florida International University , ¿qué representa para usted?
“No soy jefa, sino subdirectora. Ha sido una magnífica oportunidad que me ha permitido conocer a académicos y escritores cubanos residentes en la Isla , viajar a mi país, tender puentes, organizar encuentros académicos con estudiosos de Cuba de todas partes del mundo. En fin, dedicarme a estudiar y promover los estudios sobre Cuba. A veces me parece casi inmoral que me paguen por hacer algo que me gusta tanto. ”
En su consideración, ¿cuánto aporta esta institución a un estudio lo más objetivo posible sobre la Cuba actual?
“Creo que mucho, porque es una institución que cuenta con muchos profesores cubanos que tienen sin embargo la formación de la academia estadounidense. O sea, combinan la comprensión del problema que no puede aportar de igual forma un extranjero, y una metodología rigurosa. Hemos logrado establecer un espacio para la discusión respetuosa entre académicos dentro de la Isla y fuera. ”
Leyendo su libro Crónicas de la República 1902-1958 y Cuba/España, España/Cuba. Historia Común , de Manuel Moreno Fraginals, aprecio una visión diferente, casi reivindicadora de la polémica figura de Tomás Estrada Palma, en contraste con lo que me enseñaron en la escuela. ¿De qué manera valorar la figura de Tomás Estrada Palma en nuestra historia nacional?
“Creo que a menudo los cubanos no hemos sido justos con don Tomás. Solemos decir que fue impuesto por los americanos, pero la realidad es que el apoyo de Máximo Gómez, el hombre más popular en Cuba al terminar la guerra, fue decisivo. Tampoco está grabado en la memoria colectiva que Estrada Palma peleó en la guerra del 68, sufrió presidio en Barcelona hasta el Pacto del Zanjón y desempeñó una gran labor junto a Martí y después de la muerte del Apóstol en el Partido Revolucionario Cubano. También solemos olvidar su recorrido en 1902, desde Holguín hasta llegar a La Habana , para tomar posesión de la presidencia y las muchas muestras de verdadero afecto que recibió del pueblo cubano, como aparece reseñado en el periódico La Lucha de aquellos años. Tal vez lo más injusto es que no recordemos cómo el primer presidente logró negociar con los Estados Unidos el Tratado Permanente que recogía las estipulaciones de la Enmienda Platt y darles sólo dos de las cuatro bases que pedían (luego fue sólo una). Incluso los vecinos del norte pensaban que era un intransigente en la defensa de los intereses nacionales cubanos. Otra virtud de don Tomás fue su absoluta honestidad administrativa. Sin embargo, cometió dos grandes errores. El primero, tal vez porque no se rodeó de los mejores asesores, fue no sólo ir a la reelección en 1906, sino utilizar métodos de violencia y corrupción para ganar, que en realidad no se avenían a su personalidad serena ni a sus valores éticos. El segundo fue renunciar y hacer a su gabinete renunciar cuando los liberales se alzaron, dejar la República acéfala y pedirle a los americanos que intervinieran por segunda vez, cosa que hicieron, valga aclarar, con pocas ganas. Creo que este error fue producto de su falta de fe en que los cubanos fueran capaces de gobernarse a sí mismos. A las figuras históricas hay que juzgarlas con sus virtudes y defectos, aciertos y desaciertos, no por una sola acción. Para mí, Tomás Estrada Palma fue un buen cubano, que luchó por la independencia de Cuba, que alcanzó honestamente la presidencia, y que cometió errores políticos costosos para la recién estrenada República, pero que no lo hacen merecer la imagen tan negativa que se ha propagado de él. ”
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Uva de Aragón con Leví Marrero,
San Juan, Puerto Rico, 1990. |
¿Qué visión tiene usted de la historiografía cubana hecha en la Isla ?
“Cualquiera respuesta mía tiene por fuerza que ir precedida por la aclaración de que lamentablemente no conozco toda la historiografía hecha en Cuba e incluso tengo grandes vacíos en la literatura. Dicho esto, mi impresión es que la historiografía cubana, especialmente con respecto al siglo xx , sufrió por muchos años del gran defecto de ser una ‘historia oficial' que reflejaba una versión determinada de los hechos, y no estaba abierta a distintas interpretaciones, debates, trabajos provocadores, etc. Han abundado los clichés. Añádasele también en algunos casos el uso de una retórica marxista, entre otras cosas, bastante poco clara. Naturalmente que ha habido excepciones y hay historiadores en la Isla que respeto y |
admiro. Creo que lo anterior se está superando bastante y estamos viendo cada día un espacio mayor para reinterpretar el pasado desde distintas perspectivas. ”
Una Cuba inclusiva, más democrática y unitaria es su gran sueño, ¿cuál es la magia del imposible de no desprenderse del amor patrio?
“A menudo digo que ser cubano es una enfermedad incurable, hereditaria y a veces contagiosa. En mi caso, la cubanía me viene en la sangre. Por la rama de mi abuelo materno, mi tatarabuelo José Dolores Catá fue fusilado por los españoles en la guerra del 68 y su hijo Álvaro Catá peleó en la del 95 junto a Maceo. Mi abuelo sirvió a Cuba como diplomático. Por la rama de mi abuela materna estoy emparentada con los Cisneros, tan presentes en la historia cubana del siglo xix . Por la rama paterna, mi abuelo estuvo exiliado durante la guerra de independencia cuando mi padre era niño. Mi padre, el doctor Ernesto R. de Aragón, tenía un gran sentido de justicia social que me inculcó. Fue gran amigo de las feministas y batalló por el acceso de las mujeres a los servicios de salud pública. Estuvo muy involucrado en la reforma universitaria. Como ya he dicho, mi madre se casó en segundas nupcias con Carlos Márquez Sterling, quien presidió la Asamblea Constituyente de 1940 y amaba a Cuba con pasión. Además, en las tertulias de casa de mi tía Sara Hernández Catá en La Habana , tuve la oportunidad de conocer a la flor y nata de la cultura cubana, como Raúl Roa, Alejo Carpentier, Sergio Carbó, Ernesto Lecuona, Luis Carbonell, Bola de Nieve, el pintor Juan David, y muchos más. En fin, no hay ninguna magia. Por herencia y ambiente, noblesse oblige . O sea, soy cubana aunque no quisiera. ”
* Estudiante de Periodismo. |
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