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Sean nuestros hijos un plantío, crecidos desde su adolescencia,
nuestras hijas sean columnas talladas, estructura de un templo;
que nuestros silos estén repletos de frutos de toda especie,
que nuestros rebaños a millares se multipliquen en los ejidos
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas ni alarma en nuestras plazas.
¡Dichoso el pueblo que esto tiene, dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor! |
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Salmo
144, 12-15
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- - - - SUGERENCIAS - - - |
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“Si el hombre fuera fruto sólo del azar o la necesidad, o si tuviera que reducir sus aspiraciones al horizonte angosto de las situaciones en que vive, si todo fuera únicamente historia y cultura, y el hombre no tuviera una naturaleza destinada a transcenderse en una vida sobrenatural, podría hablarse de incremento o de evolución, pero no de desarrollo.” Ofrecemos la primera parte de la última encíclica del Papa Benedicto XVI
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