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El compromiso
cristiano me ha hecho ser lo que soy |
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por Nelson de la R. Rodríguez |
A Diana Regla Díaz Rodríguez, o simplemente Diana,
es fácil encontrarla. Con solo visitar la Parroquia de María Auxiliadora se puede ver rodeada de los niños de la catequesis o preparando con los jóvenes alguna peregrinación.
Ella es así y quizás en medio de tanta sencillez no reparamos en que por más de 10 años integró el equipo nacional de Gimnasia y con sus resultados le dio mucha gloria a nuestro país..., pero de esa gloria, la deportiva, |
¿Cómo comienzas en la Gimnasia ?
“En realidad, lo primero que hice no fue Gimnasia. Mi mamá me llevó casi obligada al baile español cuando tenía 4 años, porque ella bailaba. Me subió al escenario para que bailara, pero en un momento me detuve y le dije: ‘Yo quiero ser gimnasta'.
” Entonces me llevaron a unas pruebas de captación aún sin tener la edad requerida. Recuerdo que había un grupo grande de candidatas, nos hicieron las pruebas y luego una persona me trajo de regreso hasta el lugar donde estaban todos los padres, y preguntó por mi mamá, que hasta se asustó pensando que yo había hecho algo malo pero no, entonces le dijeron: ‘Ella es la única que aprobó', y a partir de ahí comencé a practicar.”
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| Era ese el comienzo de la carrera deportiva de una niña que soñaba ser Campeona Olímpica. Poco tiempo después su nombre comenzó a escucharse en las ceremonias de premiación |
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cuando alcanzó varias medallas de oro en los Juegos Escolares Nacionales de 1989 y 1990. Esa fue la antesala de su primer gran resultado.
“En 1991 ya mi entrenadora era Lourdes Medina, que primero fue mi ídolo como gimnasta y luego casi una madre para mí. Bajo sus orientaciones, y con sólo 10 años, participé en la Primera Copa Interclubes, a la que asistieron 12 países. Allí obtuve el primer lugar entre las máximas acumuladoras, y otras cuatro medallas de oro en los eventos por instrumentos. Ese resultado me abrió las puertas del Equipo Nacional.”
Casi sin pensarlo, Diana ya formaba parte del grupo de las mejores gimnastas de Cuba y con apenas 11 años experimentó el rigor de los entrenamientos, esos que son insustituibles si se quiere llegar bien lejos.
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Diana con la gimnasta
Lourdes Medina. |
“Recuerdo que entrenábamos en tres sesiones. En la primera trabajábamos con los instrumentos: cuerda, clavas, pelota y cinta, haciendo hincapié en la parte técnica. En la segunda dábamos clases de ballet y en la tercera se retomaba algo que hubiera quedado pendiente de la primera y toda la preparación física, donde entra la carrera que es realmente lo que más me costaba a mí, sobre todo porque siempre era la más pequeña y delgada y llegaba hasta decir: yo soy gimnasta no corredora.”
La Gimnasia otorga varios juegos de medallas y sus practicantes deben mostrar habilidades en instrumentos tales como pelota, cinta, clavas y cuerda. Aunque hay que dominarlos todos, Diana tiene su preferencia.
“Mi preferido eran las clavas. Recuerdo que en 1994 se celebró en Santiago de Cuba el Campeonato Nacional Juvenil y yo con 13 años resulté la Máxima Acumuladora , me seleccionaron como la Más Técnica y obtuve el primer lugar en todos los instrumentos, pero específicamente en las clavas; cuando terminé mi selección, tuve que salir dos veces al terreno porque el público no dejaba de aplaudir.”
Además de competir de manera individual también está la prueba de Conjunto… |
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“El Conjunto es diferente porque no depende sólo de ti, sino del resto del equipo y puede que estés en una buena forma pero una de las otras atletas no, y eso influye luego en el resultado, pero yo lo disfrutaba mucho porque desarrolla el colectivismo, compartes con las demás, etcétera.”
En la modalidad de Conjunto, participó Cuba en el Campeonato Mundial que se realizó en New Orleans, Estados Unidos, en el año 2002.
“En ese momento yo me sentía muy bien desde el punto de vista deportivo. Aunque tenía sólo 21 años, ya era muy madura y se podía decir que estaba en mi mejor forma. Recuerdo que mis compañeras allí fueron Daily Parra, Arletti Chacón, Yanet Coma y Mirlay Sánchez.
”Allí fuimos más bien a tomar experiencias y recuerdo que nuestro accionar le llamó la atención a delegaciones muy experimentadas, como Rusia y Bulgaria. Sus representantes vieron en nosotras muchas potencialidades y nos decían que sólo faltaba pulir un poco más algunos detalles. Además, nos sucedió algo que jamás ocurre en un certamen de nivel, y es que cuando fuimos a competir, la música que se escuchó no fue la nuestra y tuvimos que detener la ejecución y luego comenzar de nuevo. Eso nos desconcentró totalmente, además de otras cosas que nos pasaron.”
¿Por ejemplo?
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“Lo del viaje se preparó todo a última hora, y en el módulo que nos dieron para llevar, todas debíamos usar un pequeño bolso que decía BÉISBOL CUBA. Cuando los periodistas allá nos vieron, enseguida nos preguntaron: ¿Si ustedes son gimnastas por qué andan con un bolso de Béisbol?” Y ahí tuvimos que ‘inventar' y decir que bueno, que éramos cubanas y en Cuba el Béisbol es el deporte nacional, etcétera.
”Después de ese Mundial yo me sentí muy mal, prácticamente entré en shock debido más bien a la presión de tantas competencias y entrenamientos, pues era muy joven. Eso hizo que abandonara la Gimnasia y pasara un año en el Patinaje.”
¿Patinaje?
En realidad el deporte que más me gusta a mí es el patinaje sobre hielo y me ilusioné al ver que en Cuba comenzaba la práctica en la modalidad sobre ruedas, pero luego me desencanté porque solo se practicaba en la capital y en aquel entonces no se le veían muchas posibilidades de desarrollo.” |
Con sus 28 años cumplidos, Diana demuestra madurez en sus actos y su hablar se torna seguro. Esas cualidades quizás comenzaron a desarrollarse, sin ella saberlo, a partir de su llegada al equipo nacional con solamente 11 años, edad en la que la mayoría de las niñas de su tiempo aún jugaba con muñecas.
“Nunca nadie había llegado tan joven al equipo nacional. Para mí fue muy difícil pues era la más pequeña entre muchachas mucho más altas que yo; además el hecho de estar en el Cerro Pelado, rodeada de tantos hombres me preocupaba tanto que nunca dormí allí. Siempre iba para mi casa o para la casa de mi entrenadora. |
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| ”Además no siempre le caía bien a todo el mundo y mis detractores decían que era muy pequeña, que no crecía, y cosas así para sacarme del paso, desconcentrarme, pero yo tenía muy claro mis objetivos y logré sobreponerme a todo eso. |
”También está el hecho de que la gimnasia rítmica es un deporte de mucha apreciación, que depende del criterio de los jueces y en muchas ocasiones sufrí las llamadas ‘cuchillas', como se dice en el argot deportivo cuando los árbitros se ‘equivocan'.”
La entonces pequeña y aún hoy delgada Diana no estaba sola en su objetivo de sobresalir en el deporte.
“Hoy, cuando reparo en eso, me doy cuenta de que yo sola no podía, y es gracias al Espíritu Santo que pude sobreponerme y soportar los malos momentos. Además, cuando salía a competir yo sabía que mi familia, mis amigos y los hermanos del grupo de oración de la parroquia de El Santo Cristo del Buen viaje estaban orando por mí y eso me alentaba mucho.”
¿Alguna vez el hecho de ser católica te impidió estar en el equipo nacional?
“Estar en el equipo nacional no, pero una vez dentro sí, porque sentía la presión para que formara parte de la Unión de Jóvenes Comunistas, y yo tenía muy claro que yo ante todo soy católica. En algunos momentos se decía que si no era de la juventud no podía viajar. Eso a mí no me importó, pues nunca renunciaría a mi fe. Yo estaba muy segura de que era católica no miembro de la ‘Juventud', y sí algunas veces fue un impedimento, pero yo seguí adelante.” |
Diana compitió hasta los 22 años. A esa edad muchas gimnastas pasan al retiro debido al exceso de trabajo en los entrenamientos, que deja un marcado desgaste físico y hay cualidades que poco a poco se van perdiendo. En el caso que nos ocupa esa no fue la razón principal.
“Me retiro luego de los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003, donde obtuve dos medallas de plata y una de bronce. Supe que en el calendario seguía el Campeonato Mundial y luego las Olimpiadas de Atenas, pero nosotros no íbamos a participar porque no existía el suficiente dinero para eso; quiere decir que venía un período solamente de entrenamientos y casi ninguna competencia. A eso se unieron otros factores: ya me sentía cansada, no tenía donde vivir porque mi casa se había derrumbado y tenía que estar viviendo en casas alquiladas |
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| o con amistades, y todos los díassubirme a las cinco de la mañana al M-2 para ir a entrenar. Eso pesó mucho y era consciente que ya tenía que darle otro rumbo a mi vida.”
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La lista de resultados de Diana Regla Díaz Rodríguez es bien extensa. En la categoría escolar fue dos veces Campeona de Cuba. Entre juveniles dos veces resultó la reina nacional y allende los mares se llevó dos medallas de plata y una de bronce en el continental de Monterrey, México 1994. |
Ya en la primera categoría, fue la Máxima Acumuladora en los campeonatos nacionales de 2001, 2002 y 2003, en los que sumó una amplia cosecha de medallas en las pruebas por instrumentos. A nivel internacional, además de competir en el mundial de New Orleans, resultó multimedallista en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata, Argentina, en 1995, y Santo Domingo, República Dominicana, en 2003. Por cierto, en la primera cita fue la más joven de la delegación cubana con solo 13 años. Además de eso se llevó tres preseas de plata en el continental de Cancún, México, en el 2001, y resultó monarca en la I Olimpiada del Deporte Cubano en el 2002, una alternativa a la no presencia de nuestros atletas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe ese año.
Esos méritos y otros muchos que abarcarían más cuartillas, le hicieron a Diana ostentar la condición de GLORIA DEL DEPORTE CUBANO. |

Diana con el grupo de jóvenes de la parroquia “María Auxiliadora” |
“Yo realmente no me siento reconocida como tal. En ese sentido, me siento muy frustrada y desalentada, incluso en este momento no tengo ni trabajo y para nada me siento como GLORIA DEL DEPORTE. Si ahora mismo pudiera tirar el carné que me identifica como tal lo haría. Hoy, lo que me alienta no es lo que pude hacer como deportista, sino mi familia, mi comunidad de María Auxiliadora, mi trabajo en la iglesia, mis amigos.” Hoy Diana, vive otra realidad muy alejada de los tapices de la Gimnasia.
“Actualmente sirvo al Señor en la Parroquia de María Auxiliadora en La Habana Vieja , allí trabajo con los niños que son mi gran amor, el oratorio, los talleres de manualidades, computación, deportes. Esa labor me satisface, el poder ayudar y dar amor a los muchachos de la zona que tanto lo necesitan. En esa labor me siento realizada porque desde niña quise ser maestra. De hecho llegué a ser profesora de Gimnasia Rítmica, pero esa labor educativa con los niños también me fascina.”
¿Y el deporte?
“Las Comunidades Salesianas son muy activas y cada año tenemos los ‘Juegos Salesianos' y nuestra Parroquia ha obtenido muy buenos resultados. Competimos en voleibol, atletismo y baloncesto.”
Hoy Diana ya no brilla sobre el tapiz, pero no deja de asombrar con sus capacidades físicas. Los que la conocen afirman que es de las más “caminadoras” de la diócesis de La Habana.
“Lo que ocurre es que la Pastoral Juvenil Salesiana desde hace cuatro años formó un Grupo que se llama ‘Amantes de lo nuestro', yo pertenezco a él y hemos realizado peregrinaciones a lo largo de toda la isla. La primera vez caminamos desde Camagüey hasta Santiago de Cuba, luego peregrinamos toda la zona del Escambray, partiendo desde Trinidad, más tarde hicimos el trayecto Habana-Jaruco; luego Santa Clara-Habana y la más reciente fue desde La Habana a Mantua, en Pinar del Río.”
¿Qué hacen en las peregrinaciones?
“El trayecto casi siempre lo hacemos de madrugada para evitar el sol, en tramos cercanos a los 40 kilómetros . Es una experiencia maravillosa en la que se reúnen los jóvenes comprometidos de las comunidades salesianas. Durante la travesía vamos rezando el rosario, cantando, contando anécdotas, luego visitamos los distintos pueblos, las iglesias, las familias, gente que vive en condiciones insospechadas. Esta experiencia también nos ayuda a conocer mejor nuestra patria, no solo su geografía, sino también las realidades que existen fuera de la ciudad y que a veces ni nos imaginamos.”
En Diana convergen muchos talentos. A sus títulos internacionales del deporte, se unen hoy, con igual fuerza, su labor como responsable de la catequesis a nivel parroquial y la coordinación del grupo de jóvenes. A la hora de elegir las satisfacciones que ofrecen unos y otros, quizás muchos utilizarán una balanza para descubrir el mayor peso. En ella, es diferente.
“Ni siquiera tengo que ponerlo en la balanza. Yo me quedo con mi compromiso cristiano católico. El deporte estuvo en mi vida porque me gustaba, me inculcó la perseverancia y la disciplina, pero el compromiso cristiano me ha hecho ser lo que soy hoy, Diana, Diana hoy.”
En un mundo que intenta alejarnos de Dios, donde en muchos casos prevalece el individualismo, los deseos de sobresalir a cualquier precio, Diana, la campeona de gimnasia, la catequista, tiene su propia visión.
“Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. Yo les digo a todos los atletas que no han experimentado esta realidad, que el deporte es para uno solo, para el beneficio personal, pero no hay nada mejor que hacerse para otros. Es por eso que en un momento fui lo que fui y ahora sigo siendo la misma Diana, pero para los otros, para todos.”
Así es esta joven de 28 años, sobresaliente ayer como deportista, comprometida siempre como católica y aún con sueños por realizar. |
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