Señor Orlando Márquez Hidalgo.
Ante todo gracias por esta revista que publica el arzobispado de la Habana –a ella llevo años suscrito. Esto no quiere decir que esté de acuerdo con todos sus puntos de vista, los temas son muy polémicos y con honestidad discrepo con algunos de ellos. En los años que llevo suscrito, considero me ha ayudado a interpretar y conocer aspectos que ni siquiera imaginaba: realmente me gusta. Ahora bien, el asunto por el cual me dirijo a esta revista está dado por el cuento publicado en el #187: “En Angola dejé un amigo y una guitarra”. Este cuento a mí en particular me parece un testimonio, pero es válido dentro del género cuento. No pretendo polemizar con la autora del cuento ni con el jurado; creo que ella está en el derecho de hacer el cuento a su manera y el jurado fijar las bases según considere; pero, sí me gustaría referirme a su contenido y muy especialmente a la pregunta final del cuento. “Todavía me sigo preguntando si valió la pena jugar a ser héroe”. (…)
Quiero expresar que lo mío no es un cuento, porque de forma parecida a lo del cuento yo también fui a Angola. Puedo asegurar que no me llevaron; fui porque quise: no estoy arrepentido y no tengo dudas como Yuri. Llegué allí con veinticinco años, estuve un año, nunca fui a un combate y tuve la suerte de regresar, porque en un evento de ese tipo, existe el riesgo de no volver: son muchos los peligros y no todos de la guerra. Más de dos mil compatriotas no regresaron con vida. Pienso que la mayoría de los que fueron sabían a lo que se exponían y estaban concientes, que aquello no era un juego de héroes. Al igual que quienes fueron, otros no quisieron ir y aquí están: es decir, motivaciones para ir o para no ir, hubo muchas, es posible que para algunos fuera un juego de héroes (...) hoy estoy más convencido de la justeza y nobleza de ese gesto del pueblo cubano: gesto que lógicamente no puede ser espontáneo, en cualquier parte son los líderes los que tienen las iniciativas y toman las decisiones; los pueblos los siguen o no: El pueblo cubano los siguió (…).
(...) Creo que este cuento pudo ser más balanceado: digo esto porque creo son mucho más los elementos positivos que los negativos de esta epopeya: y de esta, se extrajo la idea del cuento. Lo épico y glorioso no se cita en este, solo aparece lo negativo, a mí modo de ver: esto lo convierte en un pedazo de cuento: con esto no estoy negando nada de lo que aparece en él, ni pidiendo que le quiten algo. ¡No! Lo que estoy diciendo es que me preocupa lo mucho que le falta, y más aun si ganó un concurso. Repito; es cierto que este cuento está bien enmarcado dentro del género, pero también es cierto que el tema es histórico y de gran sensibilidad, un cuento con estas características puede distorsionar la realidad histórica aunque su fin no haya sido ese (…)
No estoy por la guerra. La guerra no es más que la discusión política por medios violentos, es el predominio de una conciencia primitiva sobre la razón, es la preponderancia de la ambición y el egoísmo de los más fuertes. (...) Tres ejemplos más. ¿Acaso no valió la pena el sacrificio de Cristo, quien lo dio todo por el prójimo? ¡Cristo fue el primero en nuestra era que nos enseñó a morir por lo que él consideraba una causa justa! ¿No valió la pena el sacrificio de Juan Pablo Segundo y de la madre Teresa de Calcuta? Estoy convencido de que el ejemplo de estas personas es positivo, sus hechos son de influencia y trascendencia mundial (...) Creo que con estos ejemplos y con el ejemplo de Cuba en Angola, estamos en capacidad de decir que sí valió la pena luchar por una causa justa.
Atentamente y con todo respeto,
Andrés Alfonso Pena, Campo Florido
NOTA: Soy custodio de escuela y tengo noveno grado: pero en esto solo me debo a la verdad histórica. Por su importancia, sería bueno que los lectores de Palabra Nueva, sepan que hay personas que discrepan con el cuento aludido.
Estimado lector:
Aquí hay un fragmento de su carta; bastante largo para ser un fragmento, pero conveniente para dejar claro el espíritu de su mensaje. Me parece magnífico que exista la discrepancia.
Como bien usted dice, se trata de un cuento. Un cuento no es la realidad, aunque puede reflejarla o recrearla, o sugerirla. Esa es la libertad del escritor. Un cuento no hace historia, y usted, como yo, seguro habrá leído libros de historia que son puro cuento. Sobre la realidad de la guerra, para usted, que nunca combatió, y tal vez para otros que sí combatieron, valió la pena… pues para otros no, simplemente, y tienen sus razones que deben ser igualmente respetadas. Lo que es música para unos puede ser ruido para otros o, lo que es sueño para unos, puede ser pesadilla para otros. Aquí también tenemos casos de stress post-traumático por la guerra. En muchas ocasiones solo vemos parte de la verdad. ¿Cuál era la verdad histórica de aquella guerra? O ¿ cuál es hoy la verdad histórica sobre aquella verdad histórica? Quizás sea hora de hacer un balance sosegado del tema.
Sobre la similitud que establece entre aquella guerra y la vida de Jesucristo, Juan Pablo II y la madre Teresa de Calcuta... creó que no funciona. Espero nos siga leyendo, y escribiendo.
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