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DEPORTES

Una mirada al

por Lázaro J. ÁLVAREZ

Béisbol cubano
sin llover sobre lo mojado
Equipo Cuba que asistió al Clásico Mundial.

Para esta edición me propuse no hablar de Béisbol, pues conocer de cerca a la única mujer cubana con categoría de árbitro Internacional en el Vólibol era (y sigue siendo) una propuesta interesante. Sin embargo, el insistente pedido de colegas, amigos cercanos y lectores, me hizo volver al tema de las bolas y los strikes.

No pretendo referirme al revés de Cuba en la Copa Mundial , y menos aún a la Serie Nacional que actualmente se desarrolla con una estructura diferente a la de años anteriores. Pretendo ir más allá, porque si bien es cierto que últimamente nuestra selección nacional ha cedido en los eventos internacionales, también lo es que en el resto de las categorías hace mucho que no ganamos un título extra fronteras.

Creo que el problema de la pelota va más allá de la dirección del equipo grande, o que Yulieski Gourriel sea inamovible en la alineación del equipo Cuba, o que la estrategia a la hora de la selección de los atletas no esté exenta de errores.

Se impone un trabajo riguroso en las categorías escolares. Lejos de lo que pudiera pensarse, en Cuba actualmente se juega poco Béisbol. Si bien es cierto que la labor con las categorías infantiles comienza a veces con niños de 5 o 6 años, es necesario detenernos en la forma en que se realiza el trabajo.

Si usted tiene un niño que muestra interés por el Béisbol, lo primero que tiene que hacer es comprarle un guante cuyo costo ronda los 20 CUC, precio que resulta inalcanzable para la gran mayoría de los padres trabajadores. Si no tiene el guante difícilmente sea aceptado por el entrenador, aunque el físico del infante sea el ideal, con potencia en su brazo y fortaleza a la hora de conectar. Lamentablemente, el INDER no tiene los recursos para mantener como se debe el trabajo en las categorías escolares. Añada usted el déficit de entrenadores en la base debido a colaboraciones en el exterior. En muchos casos, el preparador que queda de reserva no tiene los mismos conocimientos y habilidades que aquel que se va trabajar a lejanos parajes, pero casi siempre con mayores recursos para su labor.

Según el criterio de los propios entrenadores, esas categorías se mantienen gracias al aporte de los padres. Son ellos lo que compran los implementos, gestionan el transporte para los topes de preparación y cubren los gastos de spikes, trajes y bates que, en su mayoría, sólo se consiguen en la moneda referida anteriormente.

Ante esta situación, asalta una pregunta y la consiguiente respuesta: ¿qué pasa con aquel niño que tiene habilidades pero que sus padres no pueden asumir esos gastos indispensables? Evidentemente sus posibilidades de ser pelotero son casi las mismas de que yo me convierta en astronauta. Surge entonces otra pregunta para la cual me quedo ahora sin respuesta: ¿sigue siendo el deporte un derecho del pueblo o se convertirá en patrimonio de aquellos con posibilidades económicas por encima de la mayoría de la población?

Sin embargo, ese no es el único problema. Los niños que pueden acceder a los entrenamientos y más tarde integrar los equipos municipales desarrollan torneos muy cortos. Las lides se disputan y rara vez se juegan 10 desafíos de Béisbol en competencias oficiales. Eso es muy poco para un país que se vanagloria de tener a esta disciplina como su pasatiempo nacional.

El fenómeno es también inherente al resto de las edades y aunque en el caso de las categorías 15-16 y Juvenil, los torneos son un poco más largos, tampoco es lo que se necesita para un desarrollo sostenido, más si tenemos en cuenta que las condiciones en las EIDE y las ESPA están muy lejos de ser las ideales, tanto desde el punto de vista deportivo como de condiciones de vida. Esto último hace que los padres no envíen a sus hijos a estos centros y aquellos futuros peloteros de alto rendimiento se conviertan, entonces, en aspirantes a otras carreras universitarias y el Béisbol es solo el recuerdo de una etapa de sus vidas.


Para desarrollar hay que jugar y para jugar hacen falta guantes, bates y pelotas que hoy no se tienen. Los que se dediquen a este deporte tienen que tener al menos las condiciones de vida adecuadas. Cuantas veces hemos visto a niños y hasta adultos viajando en una carreta, en un camión o en lo que aparezca, para disputar una competencia o un tope de preparación.

En los Campeonatos Provinciales de todas las categorías son muchos los partidos que no se disputan porque no hay transporte. Las direcciones municipales de deportes no tienen un ómnibus para estos fines y dependen exclusivamente de “favores” que hacen otros centros del territorio. Así es imposible.

He leído con atención los trabajos publicados por otros colegas y todos coinciden en que el Béisbol cubano está en crisis. No reconocerlo así es hacer el papel de tontos. La sequía de títulos internacionales, los estadios casi vacíos en la Serie Nacional y el éxodo “casi masivo” de peloteros de todas las provincias, son síntomas que no se pueden ocultar. Se impone un diálogo nacional al respecto. Es necesario preguntarle al hombre, al pelotero, al entrenador, lo que necesita para hacer su trabajo, las cosas que le preocupan y que a veces no le dejan concentrarse en el juego de pelota.

Está claro que 16 equipos son demasiados para un torneo élite. Creo que 8 serían suficientes y la provincia que su selección no tenga nivel para estar en la máxima categoría que luche por hacerlo. No me detengo en este tema pues no pretendo hacer conjeturas sobre cuál debe ser la estructura de la Serie Nacional ni mucho menos.

Al Béisbol cubano le faltan muchas cosas, pero lo que más le falta son recursos y esto se traduce en dinero. Se necesita para comprar implementos, mejorar las condiciones de vida de los peloteros de todas las categorías, premiar a los más sobresalientes, dotar los estadios de provincia con mejores condiciones de audio, iluminación, pizarras, confort, tener una mejor propaganda, imprimir banderitas de los equipos, postales de los peloteros, en fin para hacer del Béisbol un verdadero espectáculo.

Tiene que haber una política de estímulo a los atletas. No pueden recibir la misma remuneración el máximo jonronero o impulsor del equipo que aquel que está en el banco toda la contienda. Ni puede ganar lo mismo el pitcher que gana 10 juegos y el que apenas trabaja en el campeonato. Para eso también hace falta dinero.

Para muchos, es ahí “donde se traba el paraguas”. Sin embargo, somos muchos lo que pensamos que la solución a esos problemas pudiera ser nuevamente la inserción de los peloteros cubanos en ligas foráneas, tema del cual escribí con amplitud hace algún tiempo (“Una opción para elevar el nivel del Béisbol cubano”, Palabra Nueva, mayo de 2009).

Los peloteros cubanos tienen la calidad para imponerse en muchas ligas foráneas sin que necesariamente sea en Estados Unidos. México, Venezuela, República Dominicana, Corea, Japón, Italia, etc., son territorios donde los nuestros pueden sobresalir. El Estado cubano los puede representar y una parte de sus ingresos pudieran utilizarse a favor del desarrollo de la pelota en el país.

Estos peloteros también serían elegibles para integrar la selección nacional. En esta deben estar los mejores peloteros del país, sin distinción, jueguen donde jueguen.

Lo cierto es que algunos mitos han caído: ya no tenemos el mejor Béisbol del mundo, aunque a ciencia cierta no sé si alguna vez lo tuvimos. Antes era difícil que un equipo Cuba perdiera dos veces con un mismo rival en una competencia: en Beijing, Corea del Sur nos ganó dos veces, dos veces nos ganó Japón en el Clásico Mundial y ahora en la Copa Mundial dos veces caímos frente a Estados Unidos.

Los resultados alcanzados en los últimos años son el reflejo del Béisbol que tenemos en el país, para superarlos, se imponen cambios que van desde la base hasta la selección nacional.