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Poesía Religiosa.
por Jorge Domingo CUARIELLO
Fina García Marruz

Fue FINA GARCÍA MARRUZ (1923) la única mujer que integró aquel movimiento literario conocido como el Grupo Orígenes, ya toda una leyenda en las letras cubanas. Y de acuerdo con el criterio de Cintio Vitier fue además la que le concedió a dicho grupo “el tono confesional que le faltaba”. En efecto, su verso está marcado por esa vocación, que la lleva también a poner de manifiesto una profunda ternura, de raíz cristiana, dirigida principalmente a los pequeños, a los desventurados, a los que sufren. Hay grandeza en asumir como propio el dolor ajeno y regalarse en un sufrimiento amoroso sin exclusiones. Por estos valores, entre otros, la producción poética de FINA GARCÍA MARRUZ, que incluye los títulos Transfiguración de Jesús en el Monte (1947) y Visitaciones (1970), está llamada a perdurar.
Fina García Marruz
  PUES HABRÁ DE VENIR, SEÑOR, LA HORA

Pues habrá de venir, Señor, la hora
tremenda de dejar lo muy amado,
pues nos ha de dejar desamparados
la mano que sostiénenos ahora,
pues el alma rendida que te adora
tiembla de ir a aceptar su oscuro hado
cómo no han de temblar nuestros pecados
si hasta el cuerpo les huye sin demora.
En el terror la pobre ánima sola
no dejes. Pueda yo doblar el cuello
como ave mansa entre la parca ola
que le aletea al morir. ¡Mas no a la fuerza
como a la res que se le marca el pecho
palpitante de miedo, vaya a tierra!
  CRISTO EN NOSOTROS

¡Y a esa sombra tocada por el alma,
a medias viva, sólo, bajas
como a una cueva
que torna macilento el resplandor!
De miedo y de tristeza tiemblas.
A carne más mortal desciendes
ahora y, desoído, llamas!
¡Qué días y qué noches, qué
débiles auroras atraviesas!
En verdad que has caminado
obre aguas.
¡Ay, y que no
resucitas allí! Nadie
se nombró peregrino.
Han amado sus estancias.
Nadie escuchó al extraño
que hacía cálidas las brasas
de los que se reunían
para la cena, ni supieron el nombre
del que les daba el pan
y al entregarlo, bendecíalo.
 

EL POLLINO

“hijo de animal de yugo”
Sus enormes orejas de terciopelo
nunca oyeron sino: Anda!
Maltrecho, gris, animal
hecho a yugo. Para sus ijares
se hizo el palo, para sus cascos
la piedra. No otra madre
que la soga corta: sólo, única amiga,
una gota de rocío por el belfo húmedo.
Pero a veces sucede lo extraordinario.
Hoy vinieron a desatarlo unos hombres rudos.
Esperaba el halón, el grito zafio.
Y sólo oyó que respondían a su dueño:
El señor lo necesita.
(Domingo de Ramos)

 

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