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Tributo de Antonio Prieto a la |
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en el año 90 de su proclamación como
Patrona de Cuba. |
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por Hilario ROSETE SILVA |
Antonio Prieto
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... volvió a evidenciarse que el pueblo,
la gente sencilla, vibra con María. |
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Según consta en la recopilación Mensajes de los papas a Cuba,1 fue en 1916 que el Papa Benedicto XV envió el primer mensaje pontificio dirigido especialmente a nuestro país.
La carta papal, fechada el 21 de agosto, estimulaba el fomento de la piedad popular hacia la Madre de Dios bajo el título de Virgen de la Caridad del Cobre, y correspondía al regocijo experimentado por el pueblo de la Isla cuando supo que el Sumo Pontífice había accedido a la súplica de los veteranos de nuestras guerras de independencia, y de los obispos cubanos, de nombrar a la Caridad del Cobre como Reina y Madre de esta tierra. |
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La decisión que declaró a “La Caridad” como Patrona de Cuba, había sido tomada y hecha pública por la Sagrada Congregación de Ritos del Vaticano el 10 de mayo de aquel año. De entonces acá, cubanos y cubanas de todos los estratos, edades, oficios, profesiones y niveles de escolaridad, expresaron y siguen expresando de múltiples formas, con diversos matices de educación religiosa, mas con abierta sinceridad, su devoción a la Virgen.
Testimonio de dicho fervor –que pronto será cuatricentenario– fue el espectáculo que el pasado 16 de septiembre de 2006 le ofrecieron a Nuestra Señora el cantante cubano Antonio Prieto, sus invitados, y, por qué no, el público que repletó la sala Ernesto Lecuona del Gran Teatro de La Habana, con ocasión del aniversario 90 de aquella proclamación.
A juzgar por sus partes integrantes, y también por el ordenamiento de ellas, la gala se asemejó, en su expresión artística, no solo a la fe del propio anfitrión, sino a la de cualquier cubano de a pie; recordó, con palabras del investigador cubano Esteban Morales, que “el ajiaco de don Fernando Ortiz no ha terminado de hervir”, y, con el favor de la mismísima Virgen, pareció confirmar las sospechas que Nicolás Guillén expresara en el prólogo de Sóngoro cosongo, cuando dijo que el espíritu de Cuba era mestizo, que del espíritu hacia la piel nos vendría el color definitivo, y que algún día se hablaría del “color cubano”.
Secundado con lealtad –y humildad–, cosa digna de ver, por los artífices de la guitarra Oscar Garrido y Silvio Tarín, y por el espigado percusionista Ismael Sánchez, Antonio Prieto interpretó –y actuó– piezas ya establecidas en su repertorio, como son A corazón abierto (de Josefina Calcagno), Lo que no sabes (de Mario Aguirre), y Señora Señora (de Denisse de Kalaff); paseó y recreó la consabida Veneración (de Miguel Matamoros) y estrenó Estoy embrujao (de Israel Rivero).
Dueño en Dicen (de Omar Alfaro), teatral en Amor desolado (de Alberto Cortés), y un tanto intempestivo en Advertencia (de Angélica María) –sobre todo si se tiene en cuenta la esencia de la Caridad–, su mejor carta credencial fue la autenticidad en la organización de un tipo de concierto que pocas veces rebasa los predios de las instituciones religiosas.
Sobrio y elegante en el vestir, sin traicionarse a sí mismo ni a su forma de hacer, demostró buen tino a la hora deservir y servirse de sus invitados.El dúo Roca Azul contribuyó con el elogio por medio del lirismo inconfundible de Ave María del Morro, la nana que escribiera el brasileño Herivelto Martins. La niña Ada María de la Caridad Garzón, tocó un “educado y fervoroso” violín. El compositor e intérprete Carlos Carlos, cantó, de su propia inspiración, Mulata. La soprano Lucy Provedo se acompañó a sí misma al piano para regalarnos uno de los frutos cimeros de la música universal, el Ave María de Franz Schubert.
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Al margen de la
ascendencia religiosa
y del credo político,
volvió a evidenciarse
que el pueblo...
sabe exteriorizar
su amor
por la
Virgen
y por el Señor.
La Virgen
de la Caridad del Cobre
es la
Madre de
todos los cubanos:
iniciativas
como esta,
son dignas
de agradecimiento.
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"Para rendir Tributo ninguna voz es débil"
José Martí
Por la memoria de nuestras madres inolvidables.
Ruega por nosotros.
Porque nuestros hijos crezcan hechos hombres de bien.
Ruega por nosotros.
Por la familia cubana necesitada y humilde.
Ruega por nosotros.
Por él amigo sincero que en los momentos difíciles nos tiende la mano generosa.
Ruega por nosotros. Por la prosperidad de nuestra Patria.
Ruega por nosotros.
Por la libertad que queremos y construimos.
Ruega por nosotros.
Por los veteranos de Nuestras Guerras de Independencia que nos enseñaron a venerarla.
Ruega por nosotros.
Por ti y por mí que somos Cuba.
Virgen Santísima de la Caridad del Cobre.
Ruega por nosotros.
Antonio Prieto
TODOS TUS HIJOS TE CLAMAMOS
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Jampier Falcón y Clara Cabrera dieron la nota final. Codirectores de un conjunto fortuito conformado por el coro Domínico y el grupo vocal instrumental Laude, agrupaciones que, de modo habitual, dirigen él y ella, respectivamente, por separado, supieron “sacar” de sus pupilos una sentida Virgen mambisa, la pieza de R. Zelada y O. Rodríguez virtualmente convertida en himno mariano criollo desde hace muchos años.
Vale aclarar que el coro Domínico está integrado, a su vez, por fieles de la iglesia de San Juan Bautista y Santo Domingo de Guzmán, anexa al convento de San Juan de Letrán; la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús del Vedado; la SMI Catedral de La Habana, y la parroquia de Santa Catalina de Siena, mientras el grupo Laude, compuesto por siete voces, pertenece al Centro Nacional de Música de Conciertos.
“Antonio Prieto vino a mí, y me propuso que Laude interpretase Virgen mambisa”, contó Clara Cabrera, que además hizo de pianista, “y entonces me pareció justo proponerle una unión ocasional con los integrantes de Domínico. Era saludable que las voces de dichos artistas aficionados, cantantes de toda una vida de un himno tan significativo en las iglesias de La Habana, en las misas ordinarias y en los días festivos y de precepto, se oyesen aquí. Dicha unión, además de homenajear a nuestra Madre, fue un regalo, un reconocimiento al esfuerzo y la constancia de este grupo de fieles: varios de los integrantes de Domínico, cantaron por primera vez fuera del ámbito religioso”.
“Estuve de acuerdo con Clarita”, precisó Antonio Prieto, “y le propuse que, cual colofón, en un intermedio del himno, después de que el coro hubiese interpretado sus dos terceras partes, yo elevaría las súplicas a la Virgen que aparecían impresas en el reverso de la portada del programa...” (Reverso que ahora emplea Palabra Nueva para ilustrar este comentario).
“A propósito”, expresó el Padre Rafael Proenza, párroco de la iglesia de San Juan Bautista y Santo Domingo de Guzmán, “fue revelador el hecho de que en este ámbito no religioso, la sala de un teatro estatal, se le rindieran honores a nuestra Patrona: fue algo grande, algo que hay que destacar. Y luego, al margen de la ascendencia religiosa y del credo político, volvió a evidenciarse que el pueblo, la gente sencilla, vibra con María, sabe exteriorizar su amor por la Virgen y por el Señor. La Virgen de la Caridad del Cobre es la Madre de todos los cubanos: iniciativas como esta, son dignas de agradecimiento”.
Cualquiera coincidiría con el Padre Rafael. “Para rendir tributo ninguna voz es débil”, diría José Martí. Sepan otros artistas que la frase del Apóstol, tomada por Antonio Prieto, ¡enhorabuena!, para presidir las notas del programa, cual bumerán solícito y bendito, ha vuelto al punto de partida y flota en el aire...
Nota:
1 Ediciones Vitral, Pinar del Río, 1997. |
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