No sé si pagó la multa que le pusieron un día por fungir de estatua en un parque matancero. Bien valía ser asumida por sus amigos por tal de verlo haciendo de las suyas, con esa capacidad para convertir la pesadez en gracia y la repugnancia en atracción. Porque aquellos que lo conocen han votado más de una vez por prescindir de él, pero siempre terminan buscándolo, gozando de su humor corrosivo, de su natural presencia.
Orlando Cruzata, tipo entre los tipos, ha vivido como en un video-clip. Con sus Lucas, hechos a cabezazo limpio, sacó de la monotonía a gastados mecanismos promocionales; más de una generación de músicos están en deuda con él.
-¿Cómo llegaste a la televisión?
-En 1981 dejé la carrera que estaba estudiando: Licenciatura en Deportes, Educación Física y Recreación. Estuve entonces un tiempo trabajando en el Mercado Libre Campesino –gané bastante dinero en aquella época–, hasta que vino una tía mía y me preguntó que hasta cuándo yo iba a estar de freelance, como un semidelincuente. Dime dónde tú quieres trabajar, agregó. Yo, por decir algo, contesté que en la televisión y a la semana ya estaba allí.
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Entré en Atrezzo como ayudante de escenografía; tenía que hacer de todo: el engrudo, limpiar cuando se terminaba de trabajar, recoger… Estuve en ese taller alrededor de un año y aprendí mucho de papier maché, del trabajo con yeso, gracias al que cogí una alergia que me sacó de allí definitivamente. Me pasaron al Departamento de Muebles, cargando estos casi dos años, llevándolos a todos los programas de la televisión (teatros, aventuras…). Ese mundo me llamó la atención, aproveché el tiempo y pasé un curso importante de Historia del Arte, específicamente del mueble, hasta que un escaparate me cayó en la espalda y me hizo una fisura en una vértebra. Entonces pasé al “Departamento de Maticas”. Era muy bonito, porque tú llegabas a las siete de la mañana, te entregaban un pedido e ibas en un camión a buscarlas. Trabajé también en la nave de pinturas y en Vestuario, porque era un ayudante y tenía que hacer esas labores. Ya de utilero, |
Orlando Cruzata |
me vinculé más a las filmaciones y me hice miembro de la Asociación Hermanos Saíz, haciendo algunos trabajos; gracias a ellos me ofrecieron ser asistente de dirección en prestación de servicios. Y hasta el día de hoy.
-¿Y al video-clip?
-Al video-clip llegué por dos problemas: uno, la necesidad de expresar cuál era el audiovisual que uno quería hacer; eso es muy difícil a través de una película, un tele play, sobre todo para una persona joven. A través del video-clip sentía que podía expresar diferentes formas, diferentes sensaciones, diferentes lenguajes, que podían ser válidos o no, pero que uno necesitaba decirlos, en fin, probar. El otro problema era puramente económico, porque en 1993, cuando hice mi primer video-clip, la situación era muy tensa, y realizarlo significaba una entrada de dinero bastante importante para la época. Descubrí que uno puede combinar la economía con el arte.
-Desde que comenzaste te has aliado a Rudy Mora. ¿Qué ha aportado cada cual al producto final?
-Cada cual ha aportado parte de su personalidad, parte de su visión de cómo debería ser el video-clip, de cuál debe ser su estética. El complemento de los dos es el que ha hecho que nuestra obra salga adelante, quizás no sólida, pero sí renovadora. Rudy es una persona muy organizada, muy metódica, todo lo contrario a lo que soy yo, que soy “antimétodo”; a mí se me ocurren las cosas, las hago y ya. Indiscutiblemente que no solamente somos un binomio con presupuestos estéticos, sino que también nos une una amistad de muchos años, un respeto mutuo por la obra y la vida.
A Rudy siempre le gustó contar historias. Él hizo unos cuantos trabajos interesantes con la cámara de la Asociación Hermanos Saíz. Yo me incliné más por la música, el tema del video-clip siempre me fascinó desde que este apareciera en los años 80. Trabajar el musical, el espectáculo, el concierto, siempre me ha fascinado. A mí no me gusta contar historias, más bien prefiero presentar imágenes. Quizás en esas diferencias esté la magia de nuestro trabajo.
-Tu programa televisivo, los espectáculos que has diseñado para las premiaciones de los Lucas y en menor medida tus propios clips están perneados de una estética un tanto posmoderna. ¿Casualidad?
-Un creador es el fruto del mundo en que vive y de la realidad en que se desarrolla. Vivimos una época posmoderna. La propia renovación del lenguaje en el mundo audiovisual ha llegado a un momento en que la reiteración, las citas, se convierten en leitmotiv y forman parte de esa estética. Pero no creo que el lenguaje mío sea esencialmente posmoderno, y si lo es, es de una forma natural. A mí me gustan mucho las citas, desde la literatura hasta el cine, pasando siempre por el filtro de la tecnología.
-Se supone que el video-clip sea el medio promocional por excelencia para vender un producto musical determinado. En el caso de Cuba: ¿cómo se explica la cada vez mayor popularidad de estos mensajes promocionales cuando no existe, dado los altos precios, un mercado nacional del disco?
-El objetivo primordial del video-clip en Cuba es promocionar al artista; en otros lugares es contribuir a la venta del disco. No es una contradicción, al cubano medio le gusta la música y, por supuesto, le gusta también el video-clip, aunque éste al final no haga vender más discos; eso lo saben los artistas y los realizadores. Sin embargo, cada vez se le da más importancia; la prueba es que cada año se hacen más video-clips. En nuestro país, los parámetros que inciden en su realización son netamente culturales y promocionales. Eso no quita que en un futuro también jueguen un papel fundamental en la venta de los discos.
-En los espectáculos humorísticos del grupo Nos y Otros, al que tú pertenecías, era constante la frase: “La televisión no idiotiza a la gente; la gente ya es idiota por ver la televisión”. ¿Asumes la misma? ¿Contribuyen el video-clip a hacernos más idiotas?
-Yo creo que si un video-clip es de esencia idiota, contribuye a hacernos cada día más idiotas, pero si un video-clip es de una realización seria y realmente artística y con una propuesta interesante que nos hace sentir bien y nos aporte cuando lo vemos, no solamente por la realización, sino por el tema musical –una buena música, una buena letra–, que son dos cosas que hay que compaginar para lograr un buen producto, no nos hace más idiotas.
Es como todo: un programa de televisión idiota nos hace más idiotas, porque a la larga lo que está promoviendo es eso, pero un buen programa, una buena película, un buen poema, o un buen cuadro, producen el efecto contrario.
El video-clip pertenece a una estética de superficialidad, nunca juega con resortes muy profundos en el ser humano, pero no quiere decir eso que siempre sea superficial desde el punto de vista más peyorativo, sino que son elementos artísticos, estéticos, que en tres minutos te hacen vibrar resortes de tu propia vida, de tu propia espiritualidad. Si esa música es bien promovida, bien aceptada por la gente, el video-clip está cumpliendo su objetivo. Si esa música es bien idiota, el video-clip está promoviendo la idiotez también. De ello hay bastantes ejemplos, como los hay contrarios.
-¿Te gustaría que te recuerden como un “mecenas” del video-clip cubano?
-No creo que yo sea ni mecenas ni “maicena” del video-clip cubano. Lo único que he hecho es un proyecto que lo promociona, no otra cosa. Los realizadores son los verdaderos mecenas, los que cada día, con muy pocos recursos, con una tecnología que no es la que se utiliza en el mundo, pero con una dignidad tremenda, hacen que el video-clip cubano vaya ocupando un espacio, que la gente que vive en tu cuadra, en tu barrio, se sienta orgullosa de lo que estamos haciendo.
-¿Qué tal te llevas con Lucas?
-Lucas es un tipo muy exigente, se está haciendo demasiado popular y eso me hace trabajar mucho. Pero es un tipo que después te pasa la mano y te dice: bueno, compadre, vale la pena lo que se está haciendo, porque a fin de cuentas estamos ayudando un poquito a que el audiovisual cubano tenga no solamente promoción, sino un mayor espacio para la búsqueda formal, saliendo de ciertos cánones que son caducos en la televisión y que en el video-clip se pueden mover, experimentar, exprimir y hacer diferentes. Lucas es un tipo al que uno debe querer.
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