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En política la realidad resulta a menudo ser menos importante que la percepción de la realidad.
Contemplada desde afuera la actual situación de México en tanto Nación sería describible como un rompecabezas, o como una bomba a punto de estallar. Pero semejante mirada quizá contemplaría un espejismo, un paisaje inexistente.
Los textos de geografía ubican a México en América del Norte pese a que temperamentalmente los mexicanos son latinoamericanos. Pero es verídico si se toma en cuenta la línea del Ecuador y además que Texas, California y Arizona eran parte de México antes de caer en manos de los llamados en inglés Estados Unidos de América.
La expresión francesa trompe-l’oeil, engaña-ojo, es más exacta. Para comprenderlo debe saberse por qué existen en México las bardas.
En sus aproximadamente 1.964.000 kilómetros cuadrados, habitados hoy por cerca de 100 millones de personas que incluyen a descendientes de sus pobladores autóctonos, México es ejemplo del reparto injusto de la riqueza. La miseria de los pauperados es harto visible, las fastuosas mansiones de los excesivamente ricos están ocultas pues las tapan bardas, murallas que impiden sean vistas.
A un cierto trasluz las bardas exhiben un visceral temor de los potentados. Reflejan su miedo ante una eventual otra revolución como la de principios del siglo xx, cuyos muertos nunca serán contabilizados ya que hace mucho son cenizas y polvo.
Pero quedan trazas en la historia, la gastronomía, las bellas artes y el imaginario colectivo mexicanos.
El Primero de Noviembre, muy católico Día de Todos los Santos, se llama allí Día de los Muertos. En las panaderías se venden hermosas elaboraciones artesanales masticables del Pan de Muerto. La honrada tradición del grabado mexicano nació con el célebre José Guadalupe Posadas y sus imágenes de calaveras y esqueletos vivos.
Hay motivaciones históricas para el miedo. Emiliano Zapata y Doroteo Arango, más conocido como Pancho Villa, dos de los líderes de la revolución social agraria iniciada por Francisco Madero en 1910, fueron asesinados, acribillados a balazos en sendas encerronas. También el propio Madero. La lista de occisos mexicanos por causas no naturales nunca se ha detenido aunque en etapas su crecimiento haya mermado.
En este octubre de 2006 el Estado de Oaxaca y su capital de igual nombre están patrullados por helicópteros artillados de la marina y corre el rumor de que la huelga insurrecional, que la población apoya, de los maestros contra el impopular Gobernador Ulises Ruiz concluirá bajo metralla aérea.
Sin embargo, la Secretaría de Gobernación (equivalente a un Ministerio del Interior federal) ha emsamblado una Mesa de Negociaciones, que aún no ha dado fruto concreto y que podría resultar, al igual que el escándalo oaxaqueño, otro hábil engañaojo.
Ya es imposible verificar cada voto y demostrar que un bien aceitado fraude electoral habría despojado de la Presidencia a Andrés Manuel López Obrador, y que la misma argucia habría instalado en el sillón más alto del sistema institucional a Felipe Calderón, el candidato del Partido de Acción Nacional, PAN.
La percepción casi generalizada es que existió fraude y que fue orquestado entre el PAN, el Partido del todavía actual Presidente Vicente Fox, y el PRI, Partido Revolucionario Institucional, que pese al contrasentido de su nombre gobernó México durante seis decenios.
Pero del PRD, Partido Revolucionario Democrático que lanzó la candidatura de López Obrador, el líder profundo es Cuhautémoc Cárdenas, hijo del Presidente Lázaro Cárdenas quien en 1938 nacionalizó el petróleo de México e inició una moderada refoma agraria. Es vox populi que AMLO y Cuauhtémoc no forman un armónico conjunto como podrían serlo una camisa y un calzoncillo al tono.
Luego de que grandes multitudes en su apoyo ocuparon la Plaza del Zócalo (centro del Distrito Federal, la capital mexicana), Andrés Manuel López Obrador declaró desconocer la autoridad presidencial del oficialmente proclamado Primer Mandatario, Felipe Calderón, y anunció emprender una gira por el resto del vasto país.
¿Otro engañaojo? En el Distrito Federal está al comenzar una –una más– Feria Internacional del Libro.
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