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Cuando la luna entre celajes níveos
Muestra su disco de radiante luz,
Y brillan esparcidas las estrellas,
Como diamantes, en el Cielo azul,
Cuando altivos los árboles sacuden
Sus ramas que azotando el viento va,
Y del sueño a los dúlcidos halagos
Reposan los vivientes en su hogar;
Cuando contemplo la grandiosa esfera
Y el pensamiento vuela más allá,
En donde extiende sus parejas alas
El ángel celestial de la verdad
Abierta el alma a extrañas emociones,
Lleno de fe mi ardiente corazón,
Me pongo a meditar en la grandeza
Y la sublime majestad de Dios.
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Del volcán en las lavas ardorosas,
Del monte en la magnífica eminencia,
Del agua en la ondulante transparencia,
Del fuego en las serpientes luminosas;
En los doseles de purpúreas rosas,
Del fresco valle en la agradable esencia,
Del bosque en la lozana florescencia,
Del cielo en las llanuras majestuosas.
En cuanto brota de la tierra inculta,
En cuanto al aire tenue se levanta,
En cuanto el mar en su interior sepulta;
En todo lo que aterra o lo que encanta,
Nunca, Señor, al hombre se le oculta
La omnipotente huella de tu planta. |