Ya sea en la China rural, en la sabana africana o en el Occidente citadino, los cuerpos de las mujeres, y específicamente su capacidad reproductiva, son objeto de múltiples ataques. Píldoras, parches e implantes hormonales, espermicidas, etc. son intentos para detener el sistema de la mujer en una de sus capacidades más perfectas e integrales: darle la existencia a un ser humano, y por ende, continuar su especie. Los anticonceptivos son a fin de cuentas introducción invasiva de material extraño en el cuerpo de la mujer que anula el proceso reproductivo natural. Lo que la doctora Bonnie Dunbar esperó desarrollar era una vacuna que podría engañar al sistema inmunológico femenino. Una forma de lucha contra las células reproductivas como si estas fueran virus. La vacuna de la doctora Dunbar era un intento insidioso de hacer que el cuerpo considere el embara zo como una enfermedad.
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caso de las píldoras) la tasa de deserción y falla de uso son altísimas. Por supuesto, es algo que nunca se molestan en decir en público.
Entre los muchos éxitos de su larga y brillante carrera, la doctora Dunbar formó parte de la plantilla de científicos de la Fundación “Harbor Branch ” de la Universidad Atlántica de Florida, del Smithsonian Institution y, no nos sorprende en lo más mínimo, del Population Council , digamos la “Universidad” de Rockefeller. Ha recibido muchas condecoraciones por sus décadas de trabajo en las vacunas anticonceptivas y en el año 1994 fue premiada por el National Institute of Health (NIH, el instituto encargado de la salud pública en Estados Unidos) como la First Margaret Pittman Lecturer (Primera Catedrática Margaret Pittman ) . Ella es un miembro fundador de The Africa Biomedical Center (Centro Biomédico de África), en Kenia, donde actualmente vive. A través de los años, la doctora Dunbar ha asesorado a la Organización Mundial de la Salud en muchos proyectos de países en desarrollo, incluyendo China, India, América del Sur y África (no es coincidencia que todas estas regiones son objetivos principales para los programas de control de población de las Naciones Unidas).
La doctora Dunbar participó recientemente en la IV Conferencia Pública Internacional sobre la Vacunación. Ella partió de Kenia para presentar los resultados de su fallida investigación de la vacuna y hacer un llamamiento sorprendente para una reorientación de fondos, apartados del VIH/SIDA y la investigación de la vacuna anticonceptiva, a las necesidades primarias de salud de los africanos y, por supuesto, a la reducción de la población.
Cuando empezó como estudiante de posgrado a desarrollar una vacuna anticonceptiva, se dio cuenta de que muchas mujeres infértiles tenían anticuerpos hacia su propia zona pelúcida (glicoproteína que rodea el óvulo femenino o el huevo). Esto impide que el esperma se una penetrando y fertilizando el óvulo. Esto se convirtió en la base de la hipótesis de la investigación de la doctora.
“Por años”, explicó, “pensamos que si las mujeres eran infértiles debido a estos anticuerpos, pero por otro lado, eran perfectamente saludables, entonces esta situación se convertía en un eficaz método anticonceptivo, que evitaría la fecundación sin ser abortivo, y tampoco interferiría con el sistema endocrino”. Esperaba imitar este trastorno de infertilidad natural, para hacer una vacuna que desarrollaría en mujeres saludables respuesta inmunológica a sus propios óvulos. “El objetivo de nuestra vacuna era desarrollar autoinmunidad”, declaró la doctora Dunbar, así de claro y sin ninguna afectación.
La manera en que proponía generar autoinmunidad fue inyectar a sus conejos de laboratorio, no con sus propias glicoproteínas de la zona pelúcida (muy parecidas a otras proteínas del conejo que realizan funciones diversas en el cuerpo de este animal), sino con las proteínas del cerdo. Estas últimas son lo suficiente extrañas para “engañar al conejo produciendo anticuerpos en contra de sus mismas propias proteínas”. Y fue eficaz. Estas inyecciones provocaron una respuesta autoinmune en los conejos inoculados. Sin embargo, hubo una dificultad mayor que, curiosamente, al final resultó insuperable:
“Descubrimos que cuando inmunizábamos a estos animales, les destruíamos completamente los ovarios”, admitió la doctora. “Desafortunadamente, no solamente estábamos evitando la fecundación, sino que generábamos toda una enfermedad autoinmune, también conocida como insuficiencia ovárica prematura”.
Ella probó la vacuna en varios animales, incluyendo primates, y descubrió en todos los casos que la vacuna causó una falla autoinmunológica permanente en los ovarios. Al observar las fotografías de estos ovarios devastados, completamente destruidos por el propio cuerpo femenino, la doctora Dunbar tomó una decisión. Actuando con integridad, a menudo ausente en investigadores de anti-fertilidad, resolvió oponerse totalmente a cualquier desarrollo posterior de esta vacuna en seres humanos. “ Al declarar la muerte de esta vacuna para la investigación humana adicional ” , declaró la doctora, “ yo seré responsable de la infelicidad de algunas personas en mi empresa de biotecnología y de algunas otras más ”.
Ahora esta antigua vacuna anticonceptiva está siendo desarrollada como un posible agente de esterilización no quirúrgico para perros y gatos. También se utiliza para seleccionar la limitada población de elefantes africanos.
Tomado de Actualidad y Análisis, Año IV, número 6 (150). |