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Mientras se mueve entre las “Coordenadas” de “Lucas”, Luis Silva confiesa que no renunciará por ahora a su personaje más querido: Pánfilo, un anciano que el humorista se inventó a partir de su propia historia personal y la realidad de una Cuba que sigue enriqueciéndolo. |
Al pan... PAN
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por Yarelis Rico Hernández |
| Llegó con más de una hora de retraso a la cita para la entrevista. Fue claro en sus razones: “Fui a buscar el pan que me toca por la libreta”. No supe si hablaba en serio o en broma, pero con un simple gesto descubrí en él rasgos de Pánfilo “el viejito del pan” que en los últimos meses nos acostumbra a su presencia en el programa “Vivir del cuento”, transmitido por la televisión cubana los domingos en la tarde. Luis Daniel Silva es hoy también el rostro de “Lucas” (la voz del audiovisual cubano) y es, además, el habitual conductor de |
| “Coordenadas”, espacio que diariamente presenta la programación del Canal Habana. Sin embargo, admite que son sólo facetas experimentales de su vida, oportunidades que agradece y aprecia, pero que nunca estarán por encima de la mayor de sus pasiones: el humor. |
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Dueño de una gracia y talento innatos, Silva confiesa haber sido un regalo para su madre. Vino al mundo el nueve de octubre de 1978, justo el día en que ella cumplía los 23 años. Nadie pensó que sería artista y sí un maestro exigente. Fue un niño muy protegido. No conoció a su padre biológico, pues él falleció cuando su mamá estaba embarazada. “Incluso –asegura– estoy aquí de milagro. Fue una etapa muy dura para ella, de mucho sufrimiento”. Afirma tener un papá genial desde los dos años, alguien que hasta hoy lo sigue acompañando. Y si bien el humor marca sus días, la familia ocupa el centro de su vida. “Ella primero –dice–, después todo lo demás”. Así iniciamos una conversación que se extendió por más de una hora y que a ratos se vio interrumpida por la llegada de alguna admiradora que apurada reclamaba una foto con el joven humorista.
“En mi casa éramos cinco: mi abuela materna, mi padres y mi hermano. Siempre ha sido una familia unida, si vamos a hacer algo en la casa, lo hacemos contando con todos. Eso lo he llevado a mi matrimonio y en ese ambiente he criado a mi hijo. Vivo en la misma casa donde nacieron y vivieron mis abuelos, después mi mamá, yo, mi hermano, y ahora también mi esposa y mi hijo.”
¿Cómo y cuándo te inclinas por el humor?
“Ya de niño, en el círculo infantil, siempre me brindaba para las actividades. Desde entonces experimentaba como una grata sensación el hacer sentir bien a las personas que me rodeaban. Recuerdo que yo llegaba y empezaba a hacer cuentos inventados por mí y disfrutaba creando un círculo alrededor mío; así fue en la primaria. En la secundaria, en una actividad del matutino, imitamos a los profesores de la escuela, y me metí tan adentro del profesor que yo debía |
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| interpretar, que fue un éxito aquello… A partir de ahí comencé a preguntarme: ‘¿será que yo puedo imitar voces?' Y sí, descubrí que imitar voces daba mucha risa, y a partir de ahí es que tomo con más seriedad la imitación. Esto es lo que realmente me inicia. Luego entré en la vocacional ‘Lenin' y seguí imitando con mayor seriedad. Ya cuando llego a la universidad, donde ingreso a estudiar Ciencias de la Computación, centro más la imitación en personajes conocidos: actores, narradores deportivos, locutores… Durante la carrera que, por cierto, me robaba mucho tiempo, comencé a presentarme en las peñas que organizaban las distintas facultades. De casi todas me llamaban, y de pronto resulté ser el cómico de la Universidad de La Habana. Por ese entonces ya imitaba a Héctor Rodríguez, a Serrano, el del noticiero, al propio Eusebio Leal… |
”En tercero y cuarto años de la carrera participo con más fuerza en los festivales de aficionados de la FEU, y obtuve algunos premios, a partir de ese momento comienzo a relacionarme con algunos humoristas, ellos me veían actuar y me daban sus consejos: ‘mira prepara un texto, un monólogo y preséntalo en el Festival Aquelarre, no tiene que ser una cosa larga, con un monólogo de diez y quince minutos tienes'. Y me puse a preparar uno, y resultó que no era una imitación de voces, fue el monólogo del pan que hasta hoy me acompaña. Y con este monólogo surge el personaje de Pánfilo. Estuve meses escribiendo. Pánfilo existe por ese monólogo. Pánfilo, no es un nombre casual, si lo separas te darás cuenta que surge del pan…, y su doctor, el cardiólogo, se llama Paneque.”Sin embargo, hoy Pánfilo es conocido también fuera de este monólogo…
“Pánfilo existe y ha sido duradero por muchas razones. Él es una mezcla de las personas mayores que he visto y observado en estanquillos, paradas de guaguas, en el barrio donde vivo. En este personaje hay cosas de mi abuela materna, con la que viví desde que era muy pequeño; a ella le gustaba leer, estar actualizada… La pelota le encantaba, cogía sus luchas, era muy cuidadosa con los muebles, muy pulcra. Esas cosas que me acompañaron desde la niñez yo se las fui incorporando a Pánfilo. Es un señor informado, preparado, él estudió, sabe hablar de pelota, lee el periódico… Un hombre que cuida sus muebles. Tiene cosas de mi abuela, también de tíos que iban a la casa. La voz de Pánfilo es de un pariente de mi abuela que nos visitaba. Conformé el personaje a partir de vivencias bien cercanas y otras más alejadas de mí pero fáciles de hallar en cualquier sitio de este país. Siempre he querido que la gente lo acepte, lo asimile, no como algo irrespetuoso, sino como algo cercano y familiar. Hay personas que me dicen: ‘Pánfilo es mi papá' o ‘se parece a mi abuelo', y eso me agrada, me motiva. No voy a renunciar a él, todavía necesito incorporarle muchas más cosas al personaje, darle más vida.”
Al retomar hechos de la cotidianidad de manera humorística, puede correrse el riego de que se les reste importancia a sucesos de tanta significación para la persona, ¿de qué te vales para presentarlos, sólo del humor?
“Concibo el humor para bien de las cosas. De hecho, el humor es irreverente, a veces irónico, gusta de poner el dedo en la llaga, pero nunca como burla o instrumento para destruir. Mi trabajo va más a caricaturizar, exagerar determinados rasgos de una personalidad, de un ser humano. Se trata de una caricatura escénica. Trato de simular la imagen y la voz de una persona, agrego textos simpáticos, me excedo en la gestualidad, pero intentando siempre el acercamiento a una crítica para mejorar nuestra realidad, porque ese es el sentir de los humoristas. No es una denuncia. Expongo las cosas a la gente, y se las presento de manera que puedan descubrir las distintas lecturas dentro del humor.
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”Para mí no existe nada que no pueda ser humorístico, hasta el acontecimiento más solemne puede hacernos sonreír. En este sentido es bueno recordar películas como La muerte de un burócrata, Guantanamera, ambas se valen de la muerte para hacernos reír. Eso es lo que tiene el humor, que mientras más rígido sea un suceso más risible resulta. Donde más rigidez existe, también hay más risa.”
Si te dieran a escoger entre el cabaret, el teatro o la televisión, ¿cuál preferirías?
“La televisión me encanta, aunque para los humoristas es un poco más fría, en este medio haces un chiste o interpretas un personaje y no sabes cómo reaccionará el televidente. Eso pasa con ‘Vivir del Cuento'. En el estudio el único público que tienes es el camarógrafo, el de las luces… Hay muy poco personal detrás de las cámaras para saber lo que está funcionando. Sin embargo, no cabe dudas de que la televisión tiene el poder de llegar a todo tipo de público, que no es así el teatro, el que, a su vez, te da la inmensa gratitud de intercambiar con la gente, nutrirte de ella. Teatro y televisión, los dos, son muy importantes para mí. |
”El cabaret es otra cosa. Es un trabajo difícil de llevar. Es un lugar donde la gente está bebiendo, compartiendo, hablando, bailando… Y el humor, para poder decir o expresarse, necesita que la gente esté clara. El humor no puede ser sólo para reírse, es importante que la gente analice lo que se está diciendo. Hay quien asume el chiste por el chiste, y se vale de malas palabras y groserías para hacer reír; y con tres tragos cualquiera se ríe de una mala palabra. Pero eso me parece un facilismo. Personalmente, lo confieso, paso un poco de trabajo en los centros nocturnos. Me rompo la cabeza para ver el chiste que funciona o cuál no. Mientras en el teatro tienes a toda la gente sentada frente a ti, mirándote, en el cabaret te encuentras a uno que te mira, otro está de espalda, hay una barra donde preparan tragos, el otro que sirve, aquel que se levantó para ir al baño... Están haciendo cosas que atentan contra la recepción del mensaje. Hay veces que uno está en medio de un chiste y se cae una copa, alguien tropieza, qué se yo, y se perdió el chiste, o la gracia del chiste.”Silva conductor… ¿Casualidad o preferencia?
“Mucha casualidad. Mi deseo hubiese sido llegar a la televisión como humorista, pero no fue así. Yo llego a la televisión como conductor de ‘Cuerda Viva'. Mucho antes de 2005 yo estaba haciendo un programa humorístico en Radio Metropolitana que se llamaba ‘Radio Camino su emisora de bajo costo', y a raíz de una actividad por el aniversario de esta central, donde estaba yo compartiendo con todos los trabajadores, la directora de ‘Cuerda Viva' comenta sobre la necesidad de un nuevo conductor para su espacio. Alguien me señala y le dice: ‘Ahí lo tienes, delante de tus ojos'. Me invitó a pasar por el estudio y hacer una prueba. Y así fue que me quedé. Me fue muy difícil. Primero porque el programa promocionaba una música que yo no seguía. No sabía nada de rock, nunca había entrevistado a nadie, y por tanto no sabía llevar el ritmo de la entrevista. Fueron unos pocos meses, para suerte mía. Después pasé para ‘Súper 12', un espacio con mayor audiencia, más popular. Me sentía más relajado, se me permitía tirar un chiste, entrevistar a personas más variadas… Y para la gente, hasta que no empecé a ser Pánfilo, gracias al programa ‘Carlos y punto', yo no era un humorista. Recuerdo que por esa época fui a Holguín a actuar como humorista, y cuando terminó el espectáculo una señora se me acercó y me dijo: ‘Oye, que bien, tú deberías dedicarte al humor'. Nadie imaginaba que antes de ser conductor de ‘Súper 12', ya era humorista. Pánfilo, por suerte me ha ayudado y la gente me identifica en las dos facetas.
”Después vino ‘Vivir del Cuento', que surgió por accidente, pues el tan conocido espacio ‘Los amigos de Pepito', desapareció por problemas internos, y hubo que cambiar estructuras, formas de trabajo. Me llaman para que fuera el conductor de este programa y les dije que no quería, ya estaba haciendo la conducción de los ‘Lucas' y mi trabajo en Canal Habana. En fin, no quería reiterarme como conductor. Entonces surge la idea de que asumiera la conducción pero como Pánfilo. Por ahí llegó la cosa.”
¿Cómo te las ingenias para llevar a un mismo tiempo esta multiplicidad de trabajos?
“Priorizo lo que corresponde en el tiempo. Yo no puedo pensar en lo que toca mañana, si todavía no he superado lo del día de hoy. Desconecto de las cosas pendientes para mañana, asumo las del día. Siempre he actuado de esa manera, lo mismo en la vida diaria, en la universidad. Hay días que tengo grabación de ‘Coordenadas' en el Canal Habana y de ahí salgo corriendo a hacer Pánfilo en el ICRT. Primero me concentro en ‘Coordenadas', no pienso en el guión de Pánfilo, que a lo mejor no me lo tengo bien aprendido. No, eso va después. ‘Vivir del Cuento' lleva 40 o 45 minutos de maquillaje. Luego me siento un buen rato a estudiarme el guión, y entonces surgen mis propuestas para mejorar al personaje que interpreto y que además creé. A veces me encuentro con cosas que yo sé que no son ni pueden ser de Pánfilo, serían falsas, no están en la historia que yo me he inventado para este personaje. Entonces le digo al director que hay que quitarlas o sustituirlas, no están en la historia personal. Eso me hace más creíble a mí lo que voy a decir, y hace más creíble a Pánfilo.
”Tanto trabajo no me deja tiempo para subsanar una gran desventaja que tengo, y lo reconozco: no he pasado ninguna escuela de actuación, ni siquiera un taller mínimo… Sería bueno prepararme, por supuesto. Hasta ahora todo ha sido por instinto.”
El tiempo tiene que ser oro para quien, además de todos estos compromisos, trabaja como profesor en la Universidad de La Habana …
“Me gradué en la Universidad de La Habana, en la facultad de Matemática y Computación. Yo estudié Computación, los matemáticos están más locos todavía. Dicen que nosotros estamos locos, pero ellos están más locos que nosotros. A mí la carrera me encantaba, fíjate que nunca me pasó por la mente coger el ISA (Instituto Superior de Arte), nada que tuviera que ver con el arte. Yo siempre tuve claro que al terminar la ‘Lenin', estudiaría Computación, me gustaba programar. Lo del arte lo podría llevar en paralelo como un hobby. Después la cosa cambió, y ahora casi que el pasatiempo es la universidad. Cuando me gradué me propusieron quedarme como profesor. Acepté, pues siempre me ha gustado dar clases. Yo, desde la primaria, llegaba a la casa, ponía una pizarra y la misma clase que me daba la maestra yo se la impartía a mis alumnos imaginarios. Fue por esa vocación que me quedé como profesor, un trabajo con horario abierto y, por consiguiente, facilidades para mis actuaciones, las cosas de la televisión, presentaciones, etc. Hasta hoy sigo dando clases. Antes impartía dos asignaturas, ahora solo doy Lógica Matemática a los estudiantes de Bibliotecología en la Facultad de Comunicación Social.
”Las clases son serias, pero llevan su toquecito de humor. Siempre digo que las cosas cuando uno se las aprende riéndose, en un ambiente relajado, se graban mejor. Doy una asignatura que a los alumnos, por lo general, les resulta difícil, y yo, para que comprendan mejor, les pongo muchos ejemplos de la cotidianidad, ejemplos de la vida que pueden resultar graciosos y a la vez provechosos.”
¿Encuentras placer en todo lo que haces?
“Parte y parte. Todo el trabajo que hago en la televisión lo asumo por puro placer, a pesar de que me pagan, y no pagan tan mal (podrían pagar un poquitico más) si lo comparamos con otros medios. Yo disfruto las ‘Coordenadas', ‘Lucas' y ‘Vivir del cuento'. Pero hay trabajos que uno los hace por dinero, en especial las presentaciones en centros nocturnos. A veces uno va a este tipo de lugar a sudar la gota gorda; la gente está para bailar, darse unos tragos, y te sientes como un ente impuesto. Salimos a buscar la risa, si no llega, eso no funcionó… para nada.”
¿Alguna de las personas que imitas se ha molestado?
“Se han molestado personas allegadas a ellos, pero que no son ellos. Me pasó con alguien muy cercano a Eusebio Leal, llegó, incluso, a escribir una carta en la que tomaba como una gran falta de respeto mi imitación. Pero la vida me dio la oportunidad de que el propio Eusebio viera mi trabajo. Yo quería saber lo que le parecía mi particular manera de ‘Andar La Habana ', un recorrido que comprende los Carnavales, La Habana intramuros, el mercado de Cuatro Caminos… con lo que suscitan estos hechos y sitios. Le gustó. A los pocos días me envió un presente que contenía libros dedicados por él. Hace un tiempo me encontré con esa persona que me criticó de manera tan fuerte y le dije: ‘Caramba, ¡qué lástima que haya sido usted quien escribió esa carta! A los pocos días de usted escribirla tuve la oportunidad de imitar a Eusebio delante de él, y le gustó mucho la imitación que hice'.
”Valoro mucho mi trabajo, le dedico tiempo y amor. Trato de hacer algo respetuoso y tomo la dirección de una cuerda en la que no valen malos pasos, no puedo pasarme de la justa medida y mucho menos caer en el absurdo de la burla. También he tenido a Héctor Rodríguez como público y se ha sentido bien cuando me ha visto imitarle.”
¿Sientes que el público aprecia y valora tu trabajo?
“Yo hago todo tipo de humor: choteo, un poco de sátira política, crítica social. Trato de ir llevando un balance de cada cosa. La gente me ha dicho: ‘Oye tú estás tirando fuerte, ¿no te han regañado, no te han mandado a callar?' He trabajado en todo tipo de lugar y con todo tipo de persona, hasta me he presentado en el Consejo de Estado. No acostumbro a cambiar nada en mis actuaciones ni adecuar el mensaje según el público. Hay cosas que hace falta decirlas, y eso es lo importante, no importa dónde ni cuándo. Merecen ser escuchadas en cualquier escenario. Hasta ahora, siento que el público agradece lo que hago.” |
Si tuvieras que elaborar un resumen clínico del humor en Cuba, ¿qué escribirías en la historia?
“Escribiría tanto… Lo bueno que tiene Cuba es que todos los cubanos se creen humoristas, pero en eso va que todo el mundo se siente con el derecho de criticar a un humorista. El humor cubano ha tomado por varios caminos, sobre todo dos ramas fundamentales: el humor de quienes se han dedicado más al teatro, con mensajes más elaborados, incluso, con presentaciones de obras humorísticas; y está el humor de los centros nocturnos, camino por el que hemos tenido que coger todos, pues económicamente reporta una mayor ganancia, aunque no es el humor más sano ni más inteligente.
”El humor no debe ser masticado, no debe siquiera explicarse. Lo primero que debe tener un humorista es no subestimar al público y considerarlo siempre inteligente. El humor es decir las cosas con otras palabras, darlas a entender, decirlas con sutileza. La gran mayoría ha tenido que hacer concesiones, pero ahí están humoristas como Doimeadiós, Churrisco, Rigoberto Ferrera, Iván Camejo, Otto Ortiz… y otros que siguen aportando mucha salud a este trabajo.
”Otras cosas, ajenas a nosotros, atentan contra el humor. La televisión, por ejemplo, un medio tan importante y útil para llegar a todo tipo de público, debe sortear miles de dificultades para grabar un solo programa humorístico. Nosotros teníamos ocho capítulos de reserva de ‘Vivir del Cuento', y ya se nos agotaron. Durante noviembre y diciembre no se pudo grabar el programa porque se acabó el presupuesto, cosas locas que pasan en la televisión y que resultan muy difíciles de comprender, y cuando íbamos a grabar en este mes de enero ¡se rompió el aire acondicionado del estudio y no pudimos! Debo decir, además, que en este mismo estudio se graba ‘Deja que yo te cuente'. Hacer televisión es muy difícil, el trabajo depende de muchas cosas, hay gente que no tiene deseos de trabajar, que no le importa siquiera la calidad de un programa, su intención… Ojalá eso pueda subsanarse y recuperar el modo de hacer que, según viejos actores, caracterizaba cualquier grabación en tiempos ya pasados; en ese entonces existía un respeto por lo que se hacía.”
Tú mismo afirmaste que la familia ocupa un primerísimo lugar en tu vida. ¿Cómo te las arreglas para dedicarle tiempo a los tuyos en medio de tantos compromisos de trabajo?
“Siempre trato, en la medida de las posibilidades, de que mi esposa y mi hijo me acompañen a los viajes o presentaciones en el interior del país. Cuando me invitan a una gira, enseguida hablo con los organizadores para llevarlos. Así aprovecho y estoy más tiempo con ellos, y mientras trabajo en las noches, paseamos juntos por el día y conocemos distintos lugares.
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”Yo creo que he sido un buen hijo, y aún sigo bien cerca de mi mamá, como siempre lo estuve de mi abuela. Ellas fueron quienes me enseñaron a pensar en
la familia y a buscar siempre un tiempo para compartir con ella. Y el niño es lo máximo. Lo quise tener joven para poder jugar pelota con él, hablarle mucho. Él se parece mucho a mí. Ahora mismo está en primer grado y llega de la escuela y se pone con una pizarrita a escribir números. Lo mismo que hacía yo. Eso no es casualidad ¿verdad?” |
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