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APOSTILLAS

por Monseñor Carlos Manuel
de Céspedes GARCÍA-MENOCAL
Haïti Chérie... Feuilles
Instantáneas. Rápidas y breves. Pero muy hondas: entrañables
¡Haití querido!
Haïti Chérie... Feuilles

1. ¡Haití querido! Sí, y muy querido, aunque a veces venga a ser como un manojo de hojas secas y retorcidas que el viento arremolina. Cuando un pensamiento y un sentimiento unidos, alegres o dolorosos, se me agolpan, mi valladar, mi “defensa”, para evitar la parálisis ante las otras realidades que debo asumir cotidianamente, es sentarme a escribir: acerca de ello, o de otra realidad que evoco involuntariamente. ¿Y qué cubano de buena entraña no experimenta en estos días un extraño apiñamiento haitiano, en lo más íntimo de su intimidad interior? “Las penas que a mí me matan, son tantas que se atropellan y cuando de matarme tratan, se agolpan unas con otras y por eso no me matan”. Es el verso de una canción cubana conocida –que relacionamos siempre con la interpretación de Esther Borja– y que, al venir Haití, en terremoto, a nuestro encuentro, en esta semana, se me ha agolpado también en esta suerte de catarsis, que hoy quiero compartir. Desordenadamente, como desordenado me tiene Haití. Porque quiero mucho a ese país. Mis amigos lo saben. Porque está pasando por una catástrofe de la que no sabemos todavía cómo y cuándo podrá salir... Porque me siento impotente y, si no resultare la catarsis de la escritura, el dolor que experimentamos –la herida del amor– que no deseo perder, sería sustituida por la rabia inenarrable, la cólera y la asquerosa roña: actuando de consuno, esta trilogía mataría la esperanza que los haitianos tienen. Y yo también.

2. El encabezamiento, además de ilustrar una actitud interior muy personal, es el título de dos canciones emblemáticas para todo haitiano y todo amante de ese país. Las escuché por vez primera, cuando era un adolescente. Luego, ya joven –y tantas veces en pequeñas tertulias de amigos–, en la voz única de Martha Jean Claude, síntesis irrepetible del alma de Haití. Y llegué a conocer bien sus textos y la melodía, y a cantarlas muy mal, según mis posibilidades, pero hoy ya no sería capaz de hacerlo. Ni siquiera eso. Pero las reconocería siempre, aunque escuchara sólo algunos compases.

3. Cuando era estudiante, en Roma, solíamos reunimos en ocasiones por “colonias”. O sea, según las nacionalidades. Como entonces los grupos nacionales antillanos no eran muy numerosos, nos reuníamos todos los antillanos: de Puerto Rico, Jamaica, República Dominicana, alguna de las pequeñas islas del Caribe, Cuba y Haití. Cantábamos canciones de nuestras tierras y, cuando podíamos, compartíamos también algunas golosinas típicas. En una ocasión –¿octubre de l96l?–, llegamos a actuar en la Fiesta de los novatos ( Testa delle matricole ), anual, en la que ese año escenificamos un camaval habanero. Y en esa representación de la conga callejera estábamos, juntos, todos los antillanos. Y me correspondió llevar y menear la farola en la cabeza de esa comparsa y, luego, caer en un “trance” del que, con los pañuelos blancos necesarios para el “pase”, Alfredo Petit y Pipe López (un portorriqueño ya fallecido) me sacaban de la sirimba. Encontramos ejemplos análogos en todo el ámbito cultural cáribeño pero, me parece, que nadie pone en duda que los “trances” más sonados y “coloridos” son las sirimbas haitianas, emparentadas con el vudú.

4. ¿Cómo Haití ha llegado a obtener la identidad específica que la emparenta y, simultáneamente, la distingue del concierto de naciones de nuestro continente? Tendríamos que recorrer los vericuetos de su prehistoria y de su historia, casi siempre llena de contradicciones dolorosas, y repasar –es también parte de su historia y de su realidad actual–, las conclusiones a las que nos puede conducir un estudio pormenorizado de la naturaleza de su misteriosa y colorida religiosidad, mayoritariamente católica y vudú. Los límites que me impone la naturaleza de un artículo, me impiden la presentación y el análisis detallado. Valgan, a falta de otras iluminaciones rápidas, los datos que menciono –solamente menciono– a continuación.

A. Pinceladas de su historia.

Haití fue “descubierta”, al este de Cuba, por Cristóbal Colón hacia fines de su primer viaje a América (1492), el mismo en el que el Almirante situó también a Cuba en las referencias Occidentales. Y si llamó Juana a Cuba, por el nombre de uno de los infantes de Castilla (hijo de Fernando e Isabel, que murió.joven y no llegó a ocupar el trono), llamó a Haití La Española ; probablemente porque –haya pensado lo que haya pensado acerca de la identificación de las nuevas tierras–, estimaba Colón que esa isla podría ser el centro de irradiación del proyecto colonial. Haití, en lengua aborigen, significa “tierra montañosa”. Y montañosa, verde y bella es. Su población, como la de Cuba, no era muy numerosa, ni políticamente y/o económicamente muy organizada. Como sí lo estaban los aborígenes de México, Guatemala y Perú. También como en el caso de Cuba, la población aborigen arahuaca, perdió su visibilidad muy pronto.

Los españoles colonizadores se instalaron, mayoritariamente, en la zona oriental de la isla, territorio que conocemos hoy como República Dominicana. Por la Paz de Ryswick (1697), los españoles cedieron esa parte oriental de la isla a Francia, pero desde algún tiempo antes (al menos desde 1694), se habían ido introduciendo la cultura y la población francesas, utilizando, como puente, de modo preferencial, la Isla de la Tortuga (nordeste de Haití), localización de la que no se puede prescindir en el Caribe si se quiere tener en cuenta –como debe hacerse– la presencia de piratas y de corsarios de muy diversas banderas. Aunque cada región o país tuvo sus peculiaridades, el esquema del proyecto colonial español se aplicó de manera sustancialmente análoga en todo el territorio del imperio colonial español. En el territorio de la actual República Dominicana, las semejanzas culturales con Cuba y el resto del Caribe español, han sido siempre mayores.

El régimen esclavista de Haití fue también análogo, pero después que la región occidental pasó al dominio francés, el número de esclavos se incrementó descomunalmente. La región adquirió un nombre francés: Saint-Domingue. Por otra parte, los colonos franceses, sostenidos por tal régimen, cultivaron una especie de “refinamiento colonial” a lo largo del sigo xviii, que iba desde las realidades más superfluas, hasta algunas notas culturales más relevantes. El consumo de vinos y de perfumes franceses, entre los colonos blancos, era más alto en Saint-Domingue que en el territorio francés del continente europeo; asimismo, la música de ópera y conciertos y, sobre todo, la música de cámara y la apropiada para el baile, el teatro, diversas artes plásticas, etc. encontraron también un espacio en la realidad colonial francesa. Cuando desembarcaron en Cuba después de la independencia haitiana, nos contagiaron. ¡Bendito contagio de músicas, plantaciones de café, buen gusto... y tantas otras realidades que todavía perduran en nuestro meollo!

En cuanto a la realidad religiosa de los negros africanos esclavos o libertos, tengo la impresión pero carezco de datos, de que debe haber sido análoga a la de Cuba en el siglo XIX, cuando la población de origen africano de nuestra Isla se vio incrementada al compás de la ampliación de la agricultura. Sincretismo incalculable que, por el momento, permite sólo un análisis fenomenológico (cf. infra). La religión de los blancos colonos de origen francés, con rasgos derivados de la realidad colonial, debe haber sido una especie de mélange heureux et malheureux del catolicismo español y del catolicismo francés del período barroco.

B. Independencia de Francia. Constitución de la primera República en el Continente. Alternancias en el tipo de régimen.


Los hechos de las colonias francesas no pueden desligarse de la cambiante situación socio-politica de la metrópolis. Con las colonias españolas pasaba otro tanto, en lo que a interdependencia metrópoli-colonia se refiere pero, en la época que ahora contemplo, las “tormentas” francesas (Revolución, Napoleón, Restauración, alternancias republicanas y monárquicas, etc.), fueron mucho más fuertes que las españolas. Amén de que hubo también intervenciones norteamericanas e inglesas, etc. y un “rosario de diferencias” con lo que llegó a ser la vecina República Dominicana. Los hechos franceses tuvieron consecuencias mayúsculas y repercusiones: no sólo en su colonia y/o ex colonia, según el momento, Saint-Domingue –Haití–, sino en todo el continente americano que, de momento, miraba hacia allá.

Nadie desconoce que la rebelión de la inmensa y muy combativa población de origen africano tuvo caracteres de violencia difíciles de describir. ¿Por qué en ese grado? ¿Mayor contraste entre el “refinamiento” de los colonos franceses y las condiciones de vida y trabajo de los esclavos? ¿Difusión del ideario revolucionario francés en la población de origen africano? De todo un poco. Se pasaba rápidamente, en Haití, de los regímenes “fuertes” con características de imperio de opereta, a la anarquía total. Pero, a pesar de ello, los hechos relacionados con la independencia política haitiana adquirieron un valor de símbolo republicano y democrático todavía vigente en nuestros países latinoamericanos.

...el pueblo haitiano conserva una religiosidad y una espiritualidad sumamente fuertes, sea de una familia, sea de otra.
 

No se puede prescindir de Toussaint L'Ouverture, el arquetipo, al repasar la historia política, esclavo hijo de esclavos, libertador vertical, digno, conductor inigualable de los negros auto-liberados. Actor principal de la gesta de Bois-Caimán (14 de agosto de 1791), hecho que, de acuerdo con Alejo Carpentier, definió el verdadero concepto de independencia. Los haitianos le levantaron el más hermoso monumento en Port-au-Prince. El terremoto actual no pudo echarlo por tierra. Ahí está en pie. La muerte de L'Ouverture en la prisión napoleónica le confirió nuevas estaturas. Lo había hecho prisionero el General Brunet en 1802 y murió, casi inmediatamente, en 1803, en el fuerte prisión de Joux. A partir de entonces, su “espíritu” recorre, sin cesar, bajo uno u otro nombre e identidad las alamedas latinoamericanas. Incluyendo en ellas, por supuesto, las cubanas. Un resumen de historia de Haití que nos podría permitir acercarnos a la armazón de esa nación, tan compleja, tendría que incluir más referencias, positivas unas, negativas otras: Padrejean, Petión, Jean J. Dessalines, Francois Mackandal, Bouckman, y ¡cómo no!, también el general Leclerc y su esposa Paulina Bonaparte, que probablemente tuvo en los hechos haitianos más influencia que la que se le suele atribuir. Además, no estaría de más una relectura de los textos haitianos de Alejo Carpentier para henchir sabrosamente nuestra comprensión.

C. La Religión.

Oficialmente era y sigue siendo la religión católica. Las tormentas del siglo XIX entre la República de Haití y la Santa Sede, oficialmente quedaron resueltas por el Concordato de 28 de marzo de 1860. Pero, ¿cuál es el mapa real de la religiosidad haitiana? Junto a, y dentro de la religiosidad católica –sea cultivada, sea popular– el fenómeno del sincretismo entre el catolicismo y las religiones de origen africano es muy fuerte e inextricable. El vudú haitiano, aunque más elaborado y, quizás, más cercano a la religiosidad africana, es un fenómeno de naturaleza análoga a la santería cubana y a los grupos sincréticos de Santo Domingo, Puerto Rico, Louisiana y de casi todos los países del África Subsahariana.

Me parece que puedo afirmar, por observación, no por análisis científico, que el pueblo haitiano conserva una religiosidad y una espiritualidad sumamente fuertes, sea de una familia, sea de otra. Lo “religioso” cuenta en Haití más que en la mayoría de nuestros países latinoamericanos. Con vudú y sin vudú, el haitiano medio se sabe familia de la Iglesia Católica, se siente en casa en el templo católico y, con el discurrir de los años, los haitianos han ido elaborando una música religiosa católica, popular, mucho más hermosa que la de la mayoría de nuestros países. Amén de que han incorporado una participación litúrgica activa de altísimo nivel. La riqueza extraordinaria de la pintura naíf haitiana ha alcanzado niveles irrepetibles de fantasía, de color y de expresión de lo religioso católico. Si la música religiosa haitiana nos despierta inefables emociones, la pintura las corrobora y encanta.

Haití, aunque hoy te parezca otra cosa, sepultado como estás por los escombros de la muerte. Te erguirás,...
Haití... Ahora serás. Una vez más, serás tú quien nos enseñe cómo se hace... cómo asumir, los dolores más desgarradores...

5. Epílogo.

¿Qué más decir o escribir, que transparente mejor el cariño, la admiración y la conciencia de deuda que experimento para con Haití y su encanto, para con ese país, cercano y amado, y su misterio inenarrable? ¿Por qué, desde el momento del terremoto, que supe casi inmediatamente, no me siento tranquilo, no tengo cabeza para elucubraciones acerca de otra realidad que no sea el propio Haití, no tengo deseos de ver otra cosa que las imágenes de Haití, que nos llegan por televisión, nada me pesa más que la deuda común que tenemos todos con Haití? Pienso Haití, siento Haití, sueño Haití, lloro Haití... Además de orar y de ofrecer el óbolo de la viuda, ¿qué más?

6. Tengo la secreta convicción de que serán, una vez más, los propios haitianos quienes vendrán en nuestro auxilio. ¡Tantas veces en su dolorosa historia han llenado la oscuridad de un vacío con sus colores únicos y su música impar y, al hacerlo, han acrecentado la Esperanza que con frecuencia se nos duerme y abate! De Haití, no de otra parte, nos vendrá la respuesta a nuestras preguntas. Haití será el pañuelo que enjugue nuestras lágrimas y moverá los brazos solidarios y despertará nuevas posibilidades. ¡Haití chéri, Haití chéri! ¡Ven a nuestro encuentro y reclama lo que es tuyo: nuestras “ayudas” materiales pero, sobre todo lo demás, el apoyo y la enseñanza que te debemos, que no te dimos en tantos jalones de tu Historia en los que habría sido posible, para que pudieras hoy responder a la catástrofe con las mejores punterías, dar a tu pueblo eso que hoy se llama infraestructura –política, económica, etc.– y que, posiblemente, no habría disminuido los grados del seismo, pero sí habría apresurado el encaramiento sereno, esperanzado y valiente. ¡Qué no falta, pero que puede acrecentarse, para tu henchimiento y el nuestro!

7. Se nos ha repetido hasta la saciedad que estamos viviendo una de las catástrofes más grandes de los siglos recientes; se nos dice, además, que Haití es el pueblo más pobre del Continente: pobre en recursos económicos y en organizaciones que capacitarían mejor al país para la reconstrucción; que la corrupción administrativa y de muchos órdenes, hoy como en tantas ocasiones anteriores, alcanza niveles incalculables... Todo eso es cierto, pero, por favor, no volvamos la cara a otro lado, para no ver... Sobre todo, para no ver, para esquivar nuestras responsabilidades históricas ante Haití. Miremos, pero miremos bien. No olvidemos la mirada de la Fe (de la Esperanza y de la Caridad ), la mirada de Teresa de Calcuta a los más pobres entre los pobres. La mirada de Jesús que se atrevió a llamar dichosos a los pobres porque de ellos es el Reino. A los que lloran, porque serán consolados. A los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. No, Haití, no te dejes engañar más. No creas a los que te digan que tú eres un país sin remedio, que siempre ha sido así. Eso no es cierto. Pero, además, aunque fuese verdad que muchas veces ha sido así contigo, ¿por qué ha sido así?

8. No es cierto, Haití, aunque hoy te parezca otra cosa, sepultado como estás por los escombros de la muerte. Te erguirás, Haití, y ya no será como lo fue antes en otras ocasiones, para que te vuelvan a echar por tierra. Ahora serás. Una vez más, serás tú quien nos enseñe cómo se hace... cómo asumir, los dolores más desgarradores con la dignidad soberbia que ya te conocemos... De nuevo nos dirás cuál es el camino, como lo supiste decir, a pesar de los balbuceos explicables entonces. Como entonces lo fueron también las palabras de la sangre de la que no tienes la exclusiva... Como entonces, Haití, con el Juramento de Bois-Caimán, aquel 14 de agosto de 1791.

9. ¡Estamos ya en otros tiempos y momentos! No son iguales aquel día en el que nos enseñaste qué significaba realmente “independencia” y que nos demoramos tanto tiempo en aprender. Ahora viene a nuestro encuentro otra cosa, pero que partirá, una vez más, de un Haití redimido, al que no le deberíamos –¡MÁS NUNCA!– dar la espalda, al que deberíamos mirar con atención respetuosa y escuchar como se escucha el susurro de los maestros viejos cuando hablan de sabiduría. Paguemos, sí, a Haití lo que le debemos, por haber sido el que nos marcó un camino razonable y muchas cosas más. Y cuando Haití ya esté en pie, magnífico, como el monumento a Toussaint Louverture en Port-au-Prince, entonces... podremos continuar tras sus pasos con mejor clarividencia, siguiendo el ritmo antiguo y nuevo de la misma canción que siempre nos dejaron escuchar: ¡Haití chéri! Pero ahora las hojas – les feuilles de la otra canción evocada– no están secas y retorcidas. Serán feuffles de un verde tierno y perfumado con olor de primavera. Mi nostalgia, Haití chéri, ante las realidades y las imágenes de estos días que nunca olvidaremos, es nostalgia fecunda de futuridad merecida e irrenunciable. No te dejaremos freír en el aceite caliente en el que, no por culpa tuya, ahora padeces. ¡Sólo te dejaremos florecer, una vez más: florecer y perfumar!