Retornar al "Home Page" ...
 
 
RELIGION

  - San Cipriano de Cartago
por Fray Frank Dumois, OFM
- Silencio en el dolor, camino del calvario
por hermano Jesús Bayo, FMS
 

- Oyentes de la Palabra
por Padre Jesús Espeja, OP

- Iglesia de Nuestra Señora del Pilar de La Habana
por Eliana Cárdenas y Aramís A. Aguiar
  - El proceso de la Conversión
por p. Fernando de la Vega
- Desde el Seminario
por Darovis Caballero
  - Sencillamente Don Pedro
por Miguel Sabater Reyes
 
  - Causa de Beatificación del Siervo de Dios Presbítero Félix Varela y Morales
por monseñor Ramón Suárez Polcari

 
San Cipriano de Cartago
Obispo y Mártir (210-258)
por fray Frank Dumois, OFM

San Cipriano de Cartago
 
La liturgia romana celebra el 16 de septiembre en una misma memoria a dos santos mártires: Cornelio, Papa, y Cipriano, obispo, aunque no fueron martirizados el mismo día. Esto se debe a la afinidad espiritual entre ambos en vida, como se ve en sus cartas y en el afecto mutuo.

Los dos eran obispos. El primero de Roma; el segundo, de Cartago, la sede principal del África latina. Ambos se enfrentaron a la herejía montanista(1) de Novaciano y ambos lucharon por la unidad de la Iglesia.

Se cree que san Cornelio murió en junio del 253 y san Cipriano el 14 de septiembre del 258, pero se celebra el 16 porque los días 14 y el 15 correspondían a otras fiestas.

Trataremos sólo del segundo, Tascio Cecilio Cipriano, teólogo y primer obispo africano mártir. Su nacimiento hay que colocarlo en Cartago hacia el 210, hijo de familia pagana, rica, muy culta. Antes de su conversión, hacia los 25 años, bajo la guía del presbítero cartaginés Ceciliano, había ejercido la profesión de retórico y abogado. Fue bautizado en la Pascua de Resurrección del 246.


Ceciliano (según san Jerónimo, Cecilio) lo orientó en el estudio de la Biblia y probablemente también en los escritos de Tertuliano.(2) Sin duda, influyeron en su conversión los martirios de los cristianos (“La sangre de los mártires es semilla de cristianos ” , Tertuliano). Al convertirse dio a los pobres todos sus bienes. Convertirse supuso en él, además de la caridad y la castidad, la renuncia a las letras profanas que había enseñado.


Apenas bautizado recibió el sacerdocio y tres años después el episcopado de Cartago, tan fecundo a pesar de su brevedad (nueve años) que hay que contarlo entre los más fructíferos de la historia eclesiástica.
La teología de san Cipriano
es profundamente bíblica y pastoral.
Hasta san Agustín (354-430)
fue visto como la autoridad teológica
más notable de Occidente.
En la Edad Media llegó a ser
uno de los Padres de la Iglesia más leídos.
Al iniciarlo tuvo que enfrentarse a las malas costumbres introducidas en su Iglesia metropolitana, la más destacada en Occidente, después de la de Roma, que contaba con más de 150 obispados. Desde la persecución de Decio (250) quedó el problema de la readmisión de nuevo a la Iglesia de aquellos que habían apostatado. La posición que adoptó Cipriano era mezcla de inflexibilidad y benevolencia: ponerles exigencias para admitirlos. Cuando regresó a su sede se entregó a reorganizar la paz en la metrópolis.


Más difícil fue la discusión del siglo III entre Roma (san Esteban I Papa) y Cartago (san Cipriano) acerca del bautismo de los herejes. San Cipriano y la Iglesia africana defendían el rebautismo, sin embargo, la persecución de Valeriano dejó sin terminar la discusión, pues Esteban I murió mártir en 257; y Cipriano, primero fue desterrado de África proconsular, y cuando regresó a Cartago fue decapitado por orden del procónsul Galerio Máximo al año siguiente.

Su obra maestra, La unidad de la Iglesia , es la que ha ejercido influencia más duradera y se suele citar más. En ella está la célebre frase: “No puede tener a Dios por Padre el que no tiene a la Iglesia por madre ” .

En “La oración del Señor ” se inspira en Tertuliano pero lo sobrepasa. Trata de la oración en general pero más en particular del Padrenuestro. Exhorta a la práctica de la oración de la mañana, de la tarde y de la medianoche, concluyendo que el verdadero cristiano ora incesantemente, día y noche.

La teología de san Cipriano es profundamente bíblica y pastoral. Hasta san Agustín (354-430) fue visto como la autoridad teológica más notable de Occidente. En la Edad Media llegó a ser uno de los Padres de la Iglesia más leídos. Su influjo sobre el derecho canónico fue notable. Asimismo, su teología sobre la unidad de la Iglesia , el primado de Roma, y los sacramentos, sobre todo, los de la Penitencia y la Eucaristía.

El rigorismo de Tertuliano influye en él cuando emplea la frase: “Fuera de la Iglesia no hay salvación ” , que interpretada al pie de la letra es falsa, pues Dios quiere que todos los hombres se salven y el que por ignorancia no culpable no llega a conocer la Iglesia , no será condenado. Se prestaba además, a un exclusivismo peligroso, que llevó a algunos al fanatismo.

San Cipriano usa la imagen de la túnica sin costuras de que habla Jn 19, 23 (símbolo del Sumo Sacerdote judío) para justificar el antedicho rigorismo: “No puede poseer la túnica de Cristo quien rompa y divide a la Iglesia de Cristo ” ( La unidad de la Iglesia ) . También usa otras imágenes como el arca de Noé, la multitud de granos que forman un solo pan eucarístico, el navío con el obispo al timón, el único redil, el único rebaño, la única paloma, y sobre todo su favorita, la madre, pues, como esposa fecunda de Cristo la Iglesia nos lleva en su seno, nos da a luz en el Bautismo, nos alimenta con la leche de la doctrina y de los sacramentos, y reúne a los hijos en una sola gran familia.

El que ha roto la unidad y se ha separado de la Iglesia madre, ha cortado la fuerza de la vida y no puede esperar ser salvado. Vale aclarar que san Cipriano se refiere a los cismáticos y herejes formales de la Iglesia. Está lejos de su pensamiento el hecho de la salvación de los paganos.

Sobre el primado de Roma, san Cipriano no le reconoce la supremacía de jurisdicción sobre toda la Iglesia. Tampoco que Pedro recibiera poder sobre los demás apóstoles y menos que lo reivindicara. Ello no le impide elogiar a la Iglesia de Roma por promover la fe y la unidad eclesiástica. El obispo de Roma es para la Iglesia lo que Pedro era para el colegio apostólico, a saber, signo y fundamento.

Coincide con Tertuliano en considerar inválido el bautismo conferido por los herejes, aunque disiente en el de los niños, y en reconocer el martirio como el bautismo de sangre. La Iglesia de África admitió las tesis rebautismales hasta el Concilio de Arlés (314), que zanjó la cuestión admitiendo la validez de dicho bautismo.

Su carta 63 “Sobre el sacramento del cáliz del Señor ” es el único escrito anterior al Concilio de Nicea (325) consagrado exclusivamente a la celebración eucarística. Insiste en que el sacerdote hace las veces de Cristo y ofrece un sacrificio verdadero en la Iglesia a Dios Padre. Descubre en el pan sacramental un símbolo de la unión entre Cristo y los fieles, y de la unidad eclesiástica.

Afortunadamente, los cristianos de los primeros siglos compraban y conservaban las actas de los mártires y entre estas tenemos las “Actas proconsulares del martirio de san Cipriano de Cartago ” , que nos muestran la grandeza de alma y el amor a Cristo del santo obispo africano. Dichas actas son una invitación para profesar voluntariamente nuestra fe cristiana en un ambiente hostil o indiferente.

De las dichas actas es el siguiente texto:

“El día 14 de septiembre por la mañana, se congregó una gran multitud en la Villa de Sexto, conforme al mandato del procónsul Galerio Máximo. Y, así, dicho procónsul Galerio Máximo, sentado en su tribunal, en el atrio llamado Sauciolo, mandó ese mismo día que trajeran a Cipriano a su presencia. Cuando se lo trajeron, el procónsul Galerio Máximo dijo al obispo Cipriano:

'¿Tú eres Tascio Cipriano?'
El obispo Cipriano respondió:
'Lo soy.'
El procónsul Galerio Máximo dijo:
'¿Tú te presentas ante los hombres como jefe de esta doctrina sacrílega?'
El obispo Cipriano respondió:
'Así es.'
El procónsul Galerio Máximo prosiguió:
'Los sacratísimos emperadores te ordenan que sacrifiques.'
El obispo Cipriano respondió:
'No lo haré.'
Galerio Máximo insistió:
'Piénsalo bien.'
Pero el obispo Cipriano replicó con firmeza:
'Haz lo que se te ha mandado; tratándose de un asunto tan claro, no hay por qué pensarlo más.'
Galerio Máximo, después de consultar con sus asesores, pronunció, como a regañadientes, la sentencia, con estas palabras:

'Por mucho tiempo has vivido según esta doctrina sacrílega y has hecho que fueran muchos los que te imitaran en este nefando acuerdo, con lo que te has constituido en enemigo de los dioses de Roma y de los sagrados cultos, sin que sirvieran de nada los esfuerzos de los sacratísimos príncipes Valeriano y Galieno, Augustos, y de Valeriano, nobilísimo César, por atraerte de nuevo a la práctica de su religión. Así pues, habiendo sido hallado autor y abanderado de gravísimos crímenes, servirás de escarmiento para aquellos que te imitaron en tu delito: con tu sangre será restablecida la justicia.'

Dicho esto, leyó la fórmula de la sentencia:
'Decretamos que Tascio Cipriano sea decapitado.'
El obispo Cipriano dijo:
'Gracias sean dadas a Dios.'
Al oír esta sentencia, la muchedumbre de los hermanos decía:
'Seamos decapitados junto con él.'

Y se originó un tumulto entre la gran muchedumbre que lo seguía al lugar del suplicio. Así, pues, Cipriano fue conducido al campo de Sexto, y allí se despojó del manto, se arrodilló y se prosternó ante el Señor en oración. Luego se despojó también de la dalmática y se la entregó a los diáconos, y, quedándose en su túnica de lino, esperó la llegada del verdugo.

Cuando este llegó, Cipriano mandó a los suyos que dieran al verdugo 25 monedas de oro. Los hermanos tendían ante él lienzos y pañuelos. Luego, el bienaventurado Cipriano se vendó los ojos con sus propias manos.

Pero, como no podía atarse a si mismo las manos, lo hicieron el presbítero Juliano y el subdiácono Juliano.

De este modo sufrió el martirio el bienaventurado Cipriano, y su cuerpo fue colocado en un lugar cercano para evitar la curiosidad de los gentiles. Al llegar la noche, lo sacaron de allí y fue llevado triunfalmente, con cirios y lámparas, al solar del procurador Macrobio Candidiano, lugar situado en la vía Mapaliense, junto a las piscinas .

Al cabo de pocos días, murió el procónsul Galerio Máximo.

El bienaventurado Cipriano sufrió martirio el día 14 de septiembre, siendo emperadores Valeriano y Galieno, bajo el reinado de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén. ”

Notas

(1) Montano: Sacerdote frigio de Cibeles (siglo III), convertido al cristianismo. Se presentó como enviado del Espíritu Santo para completar la revelación de Cristo.
Tertuliano se adhirió a su doctrina, pero luego formó un grupo aparte.
Novaciano: Sacerdote y teólogo romano del siglo III. Considerando al papa Cornelio demasiado indulgente con los apóstatas en la persecución, encabezó un partido rigorista y se proclamó papa. Este cisma novaciano finalizó en el siglo VII.
(2) Tertuliano: Primer escritor católico en latín. Nació en Cartago (c.155) murió c.222.Pagano convertido, ejerció un verdadero magisterio doctrinal en el norte de África. Su ascetismo le hizo desviarse hacia el montanismo. Influyó en la formación de la lengua teológica latina.