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La feria del libro de La Habana.
Presencia de la cultura rusa y apostillas emparentadas |
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por Monseñor Carlos M. de Céspedes GARCÍA-MENOCAL |
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1. Cuando se publique esta “ apostilla”, habrá concluido la Feria del Libro de La Habana de este año 2010. Como se ha hecho tradición, se dedica a algunos escritores cubanos valiosos, a un país en especial y a la cultura que dicho país representa. Este año, los escritores son Carmen Barcia y Reynaldo González. Ambos nos son de sobra conocidos y a ambos los apreciamos como escritores y amigos irrenunciables. Personalmente, siempre les estaré reconocido por las luces que nos han regalado para acercarnos a la realidad cubana y a su comprensión más cabal. A una y a otro, bien merecido homenaje.
2. El país elegido ha sido Rusia, portador de una cultura, en el sentido más exacto de la palabra, que nos enriquece. La elección ha sido, a mi entender, acertadísima, pues nos abre la posibilidad de algunos esclarecimientos y reflexiones sobre el mundo cultural ruso en nuestro País y en nuestro espacio interior; es decir en nuestro espíritu. Durante los años del “poder soviético” muchos –en Cuba y en otras regiones– se habituaron erróneamente a identificar, sin matices, las palabras “ruso” y “soviético”, así como las realidades a las que dichas palabras hacen referencia.
3. El primer discernimiento que subrayo es, por consiguiente, que “soviético” es el término, derivado del ruso, que identificaba a un específico régimen sociopolítico que llegó a instaurarse en Rusia y otros países de su entorno. “Soviet” es una palabra rusa que significa “consejo” y, en el caso que examinamos, “soviet” era el consejo en el que, en principio, estaban representados todos los sectores de la población. “Ruso” es el gentilicio que identifica a la nación enorme que cubre el este de Europa y una buena parte de Asia. Estuvo gobernada por un régimen soviético, pero antes lo había estado por los zares y ahora es una república democrática. Rusia fue y sigue siendo Rusia, la Gran Madre Rusia, a los ojos de sus ciudadanos.
4. Su territorio se extiende desde el Mar Báltico, al oeste, hasta tocar las orillas del Océano Pacífico al este; desde el Mar Negro al sur, hasta el océano Ártico al norte. No es éste el lugar para trazar todos los pasos de su historia, desde la Edad Media hasta nuestros días; historia en la que podríamos ir descifrando, dentro de los hechos que la componen, sus notas religiosas y culturales que, como en todos los países antiguos y grandes, aparecen revestidas de elementos contradictorios: gloriosos unos, dramáticos otros.
5- La identidad religiosa de la mayor parte de su población es eslava y cristiana. Los cristianos rusos, muy mayoritariamente, se identifican como “ortodoxos”, pero no deja de haber católicos, protestantes de diversas confesiones (sobre todo bautistas) y personas que profesan religiones no cristianas. Los contenidos de la fe de la Iglesia Ortodoxa Rusa son análogos –no iguales– a los de las ramas históricas del Cristianismo, de manera especial a los del catolicismo y la ortodoxia en sus diversas familias. La tradición litúrgica de la ortodoxia rusa es riquísima y en ella, como tradición religiosa y cultural, incluyo el arte insuperable del icono, de la música y de la arquitectura religiosa.
6. Esa tradición religiosa rusa es inseparable de la tradición cultural genérica del pueblo ruso. Así como en países católicos lo cultural y lo religioso no se identifican, pero se imbrican y se solapan, en los países eslavos pasa otro tanto entre la cultura y la fe religiosa. Casi toda la tradición literaria rusa, por ejemplo, está penetrada por la religiosidad cristiano-ortodoxa, como adhesión o como reacción. Léanse |
con atención, si se tienen dudas, no sólo los autores clásicos, sino también los más recientes, como Pasternak, sus poemas y su “Doctor Djivago” (¡perdonen los eslavófilos mi transcripción al alfabeto latino, probablemente no muy acertada!).
7. Entre nosotros, en Cuba, aunque lo ruso siempre estuvo presente de algún modo (sobre todo por medio de la música y de la literatura), la presencia rusa se intensificó después de la victoria revolucionaria que dio origen a un régimen socialista-marxista-leninista y, hasta cierta medida y en algunas circunstancias, stalinista. Sabemos que tuvo sus peculiaridades, pero era muy cercano al tipo de gobierno que estaba vigente en la Unión Soviética, instaurado bajo el liderazgo de Lenin, después de la Revolución de Octubre y de la constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Hasta que se deshizo la URSS, el apoyo económico y político dado por el estado soviético a Cuba, unido a la ayuda de otros países y a las características de los dirigentes políticos cubanos, permitió la estabilidad y el desarrollo de los propósitos sociopolíticos de la Revolución cubana. La URSS se desplomó hace ya algunos años, pero las huellas culturales (las rusas y las propiamente soviéticas) son perceptibles y las relaciones humanas se mantienen, ya no sobre los parámetros políticos soviéticos, sino sobre los normales parámetros seculares rusos.
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Liev Nikoláievich Tolstoi. |

Alexánder Pushkin |
8. Porque si bien la URSS dejó de existir, ni Rusia, ni las otras repúblicas que la componían desaparecieron. Cada una de ellas mantiene la identidad que le es propia y Rusia se destaca entre ellas no sólo por sus dimensiones geográficas, sino y sobre todo por su cultura y su peso específico en el concierto del uni verso mundo. Los regímenes políticos y los estilos de gobierno duran más o menos tiempo, pero al fin y a la postre, siempre “cambian” y no se deberían identificar sin matices con la nación y el pueblo que durante un tiempo vivieron su presente en tal marco. Ni Italia se identifica con Mussolini y con el fascismo; ni Alemania con Hitler y el nazismo; ni España con Francisco Franco y el nacionalismo franquista; ni Rusia con la Unión Soviética y, mucho menos, con Lenin, Stalin y el talante del comunismo soviético que ellos forjaron .
9. Ahora bien, los regímenes mencionados y las doctrinas políticas que les daban armazón se solapan naturalmente con muchas de las notas características de los pueblos en donde surgieron, así como con las características históricas del momento. Difícilmente podríamos imaginar el fascismo mussoliniano fuera de la Italia de entre-guerras; ni el nazismo hitleriano fuera de Alemania y precisamente en el período posterior a la humillación que le infligieron los aliados después de la I Guerra Mundial; ni el franquismo fuera de la España de los años 40, mientras el resto de Europa se desangraba en la II Guerra Mundial y en ella encontraban cuerpo el fascismo y el nazismo; ni el comunismo leninista y, después, |
estaliniano, fuera de los errores y pecados del zarismo, y en otro marco distinto de la naturaleza y psicología social propia de los pueblos eslavos: es decir, de Rusia y de algunos otros de la misma zona geopolítica; no de todos. El nacer y el desarrollarse dentro de una cultura y una nacionalidad concreta no identifica sencillamente a las corrientes políticas con la misma, pero tampoco se pueden explicar sin ella, en otro contexto cultural y sociopolítico diverso al que, de hecho, les dio origen y nutrición.
10. Además, cuando rechazamos un tipo de régimen porque no lo consideramos justo, eficaz, adecuado etc., no por eso abrazamos en el mismo rechazo todo lo que ocurrió dentro de las fronteras del país mientras tal régimen estuvo vigente. Porque no seamos zaristas vamos a rechazar a Pushkin, Dostoievski, Tolstoi, Chaikovski…? Y porque no miremos con buenos ojos el gobierno Stalin, ¿ignoraremos las producciones cinematográficas, musicales y hasta literarias –ámbito muy difícil– de aquellos años del gobierno de Stalin, y acaso no admiraremos la heroicidad ruso-soviética en la II Guerra Mundial, lo que pesó en aquella guerra la batalla de Stalingrado en el inicio del fin del nazismo, etc.? Cuando he dicho cosas por el estilo entre amigos, algunos me dicen que esas realidades positivas ocurrieron no gracias a esos gobernantes, sino a pesar de ellos. Y yo comento que no sólo “a pesar de”, sino también, “gracias a”, pensando en los costados positivos de aquellas realidades. Casi nunca la realidad es blanca o negra; tiene grisuras y “pinticas” de uno u otro tono. Totalmente luz, solamente el Cielo; totalmente noche, solamente el Infierno. Lo nuestro, en las condiciones terrenales en las que existimos, es tratar de aprehender la mayor cantidad posible de luz.
11 En fin, ratifico que me parece una elección excelente la de Rusia como país especialmente recordado en nuestra Feria del Libro. Elección que contribuirá al henchimiento de nuestro ser de cubanos. La celebración de la Feria, la literatura y los filmes que nos llegan en estos días, así como las conferencias que escucharemos, etc., contribuirán sobremanera a que nuestro pueblo afine su discernimiento entre lo soviético –ámbito en el que no todo fue reprobable y del que echamos de menos algunos rasgos–, y lo ruso, que hemos tenido siempre en un lugar muy hondo de nuestro corazón, de nuestro entendimiento y nuestra sensibilidad; en nuestras valoraciones estéticas y culturales en general.
12. Si algo lamento en mi situación personal, o sea, en mi “ancianidad terminal”, es no haber podido visitar Rusia y que, debido a otras urgencias, el tiempo de vida útil no me haya alcanzado para haber aprendido su hermoso idioma, que relaciono muy especialmente con la poesía de Pushkin, con los textos de tantas óperas rusas. Desde Glinka, Borodin y Chaikovski –sobre todo los de esa maravilla musical y escénica que es Eugenio Onegin – hasta las contemporáneas –p.e. La Guerra y la Paz, de Prokofiev–, pasando por el irrepetible Boris Godunov, de Mussorski. Y no menciono el ballet porque me parece que la relación de Rusia con el desarrollo del ballet es un terreno más conocido y reconocido. Creo que todos sabemos lo que le debemos a los rusos en el ámbito de la danza y, en él, hemos presente entre nosotros a tal pueblo que engendró tales maravillas.
La Habana, 11 de Febrero de 2010. |
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