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RELIGION

 

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por fray Frank Dumois, OFM
San Camilo de Lelis (1550-1614)
Presbítero patrono de los enfermos y de los hospitales
Entre los héroes de la caridad Cristiana que venera la Iglesia figura san Camilo de Lelis, que en 1886 fue declarado patrono de los enfermos y de los hospitales por el papa León XIII y en 1930 también del personal hospitalario, junto con san Juan de Dios, por Pío XI.

San Camilo de Lelis.

Camilo vivió en la renovación católica posterior al concilio de Trento. Nació en Chieti, reino de Nápoles, en 1550.

Tenía una estatura de casi dos metros y una vitalidad excepcional. De noble familia de militares, su padre había participado en el saqueo ( sacco ) de Roma de 1517 por las tropas luteranas de Carlos V. Camilo se sintió llamado a la carrera militar, y se puso al servicio de Venecia y de España contra los turcos. Pronto sucumbió al desenfreno y de los 20 a los 25 años vivió una vida disoluta, enrolándose en bandas de mala fama, hasta el punto de convertirse casi en un esclavo.

Tal vida lo condujo al hospital de Santiago de los Incurables de Roma. Quedó impresionado por una conversación que sostuvo con un sacerdote capuchino, se convirtió y entró en el noviciado, que más tarde abandonó.

Herido, para curarse de una llaga en el pie, se dirigió por segunda vez a Roma, al hospital de Santiago de los Incurables y ante el horripilante mal servicio prestado por los sirvientes a los enfermos, tuvo la inspiración (1582) de instituir una compañía de “hombres piadosos y de bien que sirvieran a los enfermos no por lucro, sino por

puro amor de Dios ” . La frase de Jesús: “Estaba enfermo y me visitaron ”, le llenó de amor ardiente hacia los miembros sufrientes de Cristo. Primero se hizo enfermero voluntario en Santiago. Bajo el influjo del florentino san Felipe Neri, entonces en Roma, surgió la Orden de los Clérigos Regulares de los Ministros de los Enfermos, llamados posteriormente Camilos por su fundador. Camilo fue ordenado sacerdote, pero su actividad con los enfermos no desapareció.


Fue trasladado al hospital romano de Santo Spirito (fundado en 1200 por Inocencio III y renovado suntuosamente por Sixto IV).

En aquel tiempo los enfermeros ganaban muy poco y eran gente de escasa cultura. Trataban muy duramente a los enfermos, por lo que quedaban admirados de la amabilidad extraordinaria con que los trataba Camilo, que veía a Jesús en la persona de cada enfermo.

Su precaria salud hace apreciar más su caridad, pues durante 36 años tuvo que soportar una llaga de un pie y sufría nauseas frecuentemente. Los olores de los hospitales en esa época eran nauseabundos y casi inaguantables. Nadie lo veía triste o malhumorado.

Su congregación de “Ministros de los enfermos ” fue llamada en 1591 “Padres de la buena muerte ”, a la que se le impuso un voto especial de misericordia que obliga tanto a los sacerdotes en la cura espiritual de los enfermos como a los legos (religiosos no sacerdotes) en la asistencia corporal.


La terrible inundación del Tiber de 1598 fue ocasión de que Camilo y seis ayudantes ejercieran la caridad heroicamente salvando a los enfermos.

En 1607, por disensiones internas de la Congregación, renunció al cargo y se dedicó nuevamente al servicio de sus amados enfermos, que nunca había dejado del todo.
La vida de san Camilo de Lelis es una demostración más de lo que puede hacer la gracia de Cristo cuando el hombre abre su corazón a ella.


El 14 de julio de 1614 fue al encuentro definitivo con el Padre eterno, no sin padecer antes dolores de estómago y cabeza, cálculos, úlceras y forúnculos casi permanentes. Camilo permaneció en las salas del hospital, enfermo entre los enfermos, atento a las necesidades de todos y aceptando sin queja los desaires de aquellos a quienes servía. “Quisiera poseer, solía decir, un corazón tan grande como el mundo ” .

En su “Vida ”, escrita por uno de los Camilos y que tenemos en el oficio de lectura de la Liturgia de las Horas, se dice que a menudo, mientras daba de comer a los enfermos, pensando que fueran otros Cristos, les pedía la gracia y el perdón de sus pecados.

En cierta ocasión a un cardenal que lo buscaba lo hizo esperar diciendo que estaba con Jesucristo, es decir, con un pobre enfermo, y que sólo después de acabar le daría audiencia.

El prefacio propio de los Camilos dice:“Tú has colmado a nuestro santo padre Camilo de un singular espíritu de amor fraterno, para que hecho en todo semejante a sus hermanos dedicase su vida al servicio de los enfermos, y, reconociendo en ellos a tu propio Hijo en sus padecimientos, enseñase a todos el modo de servirles con amor sobrenatural y humano ” .

CONCLUSIÓN:

La vida de san Camilo de Lelis es una demostración más de lo que puede hacer la gracia de Cristo cuando el hombre abre su corazón a ella.

Hombre impulsivo, apasionado, de espíritu guerrero, convertido en uno de los triunviros de la caridad, junto con san Vicente de Paúl y san Juan de Dios.

Su ejemplo es también en nuestros días una invitación para dar a la asistencia hospitalaria y a los enfermos en sus casas, un verdadero espíritu, esto es en la primacía de las personas de los enfermos frente al anonimato de las estructuras, donde se ven reducidos a un número más.

Fue la Iglesia, tan criticada por los anticlericales, la que creó los hospitales, que llamaron HOTEL DIEU (hotel de Dios). En la Edad Media la Iglesia llegó a atender tres mil leproserías, que si bien no disponían de la medicina moderna, brindaban amor y solidaridad a los enfermos. Los hospitales que actualmente atienden los direrentes estados, estaban todos a cargo de la Iglesia. Gran parte de los diezmos, que tantos critican, era para eso, así como para las escuelas y universidades, también en manos de la Iglesia.