Fue trasladado al hospital romano de Santo Spirito (fundado en 1200 por Inocencio III y renovado suntuosamente por Sixto IV).
En aquel tiempo los enfermeros ganaban muy poco y eran gente de escasa cultura. Trataban muy duramente a los enfermos, por lo que quedaban admirados de la amabilidad extraordinaria con que los trataba Camilo, que veía a Jesús en la persona de cada enfermo.
Su precaria salud hace apreciar más su caridad, pues durante 36 años tuvo que soportar una llaga de un pie y sufría nauseas frecuentemente. Los olores de los hospitales en esa época eran nauseabundos y casi inaguantables. Nadie lo veía triste o malhumorado.
Su congregación de “Ministros de los enfermos ” fue llamada en 1591 “Padres de la buena muerte ”, a la que se le impuso un voto especial de misericordia que obliga tanto a los sacerdotes en la cura espiritual de los enfermos como a los legos (religiosos no sacerdotes) en la asistencia corporal. |
El 14 de julio de 1614 fue al encuentro definitivo con el Padre eterno, no sin padecer antes dolores de estómago y cabeza, cálculos, úlceras y forúnculos casi permanentes. Camilo permaneció en las salas del hospital, enfermo entre los enfermos, atento a las necesidades de todos y aceptando sin queja los desaires de aquellos a quienes servía. “Quisiera poseer, solía decir, un corazón tan grande como el mundo ” .
En su “Vida ”, escrita por uno de los Camilos y que tenemos en el oficio de lectura de la Liturgia de las Horas, se dice que a menudo, mientras daba de comer a los enfermos, pensando que fueran otros Cristos, les pedía la gracia y el perdón de sus pecados.
En cierta ocasión a un cardenal que lo buscaba lo hizo esperar diciendo que estaba con Jesucristo, es decir, con un pobre enfermo, y que sólo después de acabar le daría audiencia.
El prefacio propio de los Camilos dice:“Tú has colmado a nuestro santo padre Camilo de un singular espíritu de amor fraterno, para que hecho en todo semejante a sus hermanos dedicase su vida al servicio de los enfermos, y, reconociendo en ellos a tu propio Hijo en sus padecimientos, enseñase a todos el modo de servirles con amor sobrenatural y humano ” .
CONCLUSIÓN:
La vida de san Camilo de Lelis es una demostración más de lo que puede hacer la gracia de Cristo cuando el hombre abre su corazón a ella.
Hombre impulsivo, apasionado, de espíritu guerrero, convertido en uno de los triunviros de la caridad, junto con san Vicente de Paúl y san Juan de Dios.
Su ejemplo es también en nuestros días una invitación para dar a la asistencia hospitalaria y a los enfermos en sus casas, un verdadero espíritu, esto es en la primacía de las personas de los enfermos frente al anonimato de las estructuras, donde se ven reducidos a un número más.
Fue la Iglesia, tan criticada por los anticlericales, la que creó los hospitales, que llamaron HOTEL DIEU (hotel de Dios). En la Edad Media la Iglesia llegó a atender tres mil leproserías, que si bien no disponían de la medicina moderna, brindaban amor y solidaridad a los enfermos. Los hospitales que actualmente atienden los direrentes estados, estaban todos a cargo de la Iglesia. Gran parte de los diezmos, que tantos critican, era para eso, así como para las escuelas y universidades, también en manos de la Iglesia. |