“Los misterios de la Vida de Jesús”
Catequesis de Cuaresma de S.E.R. Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana |
SEGUNDA CATEQUESIS: EL BAUTISMO DE JESÚS
Jesús, como recitamos en el Credo, se encarnó de María Virgen y se hizo hombre. Todos recordamos y revivimos cada año la trayectoria histórica de la Encarnación y nacimiento del Hijo de Dios que celebramos en el tiempo de Adviento y Navidad. Tenemos presente las narraciones bellas y poéticas que nos cuentan el nacimiento de Jesús en un pesebre, la visita de pastores y magos, la persecución de Herodes que pretende matar al niño, la huída de José y María con el Niño a Egipto y su retorno de Egipto para vivir en Nazaret, el poblado de donde ellos eran. Después aparece Jesús a los doce años, en una peregrinación al Templo de Jerusalén. En esa ocasión Jesús se quedó en el Templo, hablando con los doctores. María y José lo buscaron y al hallarlo, regresó con ellos a Nazaret. Después nada más sabemos de la vida de Jesús, hasta que aparece en público predicando y se hace bautizar por Juan.
Todo el tiempo anterior Jesús lo pasa sin que tengamos noticias de Él. A esto se ha dado en llamar la “vida oculta de Jesús ” . Esta etapa de su vida no es conocida por nosotros, pero no es realmente oculta en sí misma: Jesús, como todo niño hebreo, aún más, de familia muy observante y religiosa, iba a la sinagoga, donde aprendió a leer usando los textos bíblicos como era la |
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costumbre de la época. Aprendió el oficio de carpintero artesano con su padre de adopción san José, a quien ayudaba en el taller que estaba junto a la casa familiar; con seguridad acompañaría a José en la búsqueda de trabajo manual según su oficio en las ciudades vecinas como Cafarnaum y sobre todo Séforis, ésta última era grande y poblada y allí había más encargos para un carpintero, pero irían también más al sur a lugares más lejanos. De ahí pueden haber surgido amistades, como en Betania con la familia de Marta, María y Lázaro, o en Caná adonde fue invitado a unas bodas. Por tanto, Jesús no era un desconocido, no vivía escondido y no pasaba desapercibido: un muchacho joven, amable y bueno que no se había casado, cuando ya a la edad en que Él salió a predicar muchos estaban a punto de tener nietos, tiene que haber llamado la atención en medio del pueblo. Así comienza a predicar y enseguida se presenta a Juan para ser bautizado. Con su bautismo comienza la vida pública de Jesús. |
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El evangelista san Lucas, en la introducción de la historia del Bautista que aparece al comienzo de la vida pública de Jesús, nos dice en tono solemne y preciso: “El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes virrey de Galilea, su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás” (Lc 3, 1ss), comenzó la predicación del Bautista.
Veamos qué significan estos datos históricos de Lucas: al mencionar al emperador romano Tiberio se ubica a Jesús dentro de la historia universal. Roma era la capital del mundo, la cabeza de un imperio que se extendía por una gran parte de la zona contigua al mar mediterráneo, donde estaban las grandes civilizaciones de la antigüedad: Egipto, Persia, Grecia y de otras regiones también importantes que había sometido. |
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Esta locación de Jesús en un momento preciso de la historia universal deja una constancia irrefutable a aquellos que tardíamente han pretendido hacer de Cristo un mito. Un libro de texto de historia para el quinto grado de la escuela primaria en Cuba en los años 70 al presentar a Jesús decía una frase como ésta: “En los primeros siglos de nuestra era apareció el mito de Jesús”. Después de algunos años y mediando repetidas quejas de la Iglesia, el libro fue retirado.
La aparición pública de Jesús no es “un mito que apareció”, es un acontecimiento histórico que tiene una fecha. Esta datación es la de un acontecimiento ocurrido en la historia de la humanidad.
San Lucas nos dice que en el momento de su bautismo Jesús tenía unos 30 años de edad. En la tradición del pueblo hebreo esta era la edad que autorizaba a un hombre a desarrollar una actividad pública.
La mención del emperador tiene además otro significado: el emperador y Jesús representan dos órdenes diferentes de la realidad del mundo: el emperador es quien tiene el poder temporal, Jesús abre al hombre a los horizontes del espíritu. Estos órdenes no tienen que excluirse uno al otro, pero de hecho pueden confrontarse y producirse un conflicto que puede dañar la existencia humana. Más tarde Jesús dirá: “Denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios ” . Con esta frase Jesús quería expresar que el orden temporal y el orden espiritual no son incompatibles. Pero el emperador romano llegó a considerase divino, un dios, y esto hizo que los cristianos, que deben “obedecer a Dios antes que a los hombres ” (Heb 5, 29), tuvieran que convertirse en mártires, en testigos de ese Cristo que había muerto bajo el reinado de Poncio Pilato crucificado como un malhechor.
Fijémonos cómo al señalar el tiempo del bautismo de Jesús se menciona que ya Poncio Pilato reinaba. Al mencionar su nombre San Lucas deja ver cómo desde el inicio de la misión de Jesús se proyecta ya sobre él la sombra de la Cruz. También anuncian la Cruz los nombres de Herodes, Anás y Caifás, que son familiares en el relato de la Pasión, pues son actores de aquel drama. Y todos estos personajes dependen de la Roma pagana. Esto significa que el pueblo de Dios, Israel, vive sometido y en triste desolación, pues parece que Dios ha abandonado a su pueblo. ¿Dónde están las promesas de Dios a Abraham, a David? El país estaba en aquellos momentos lleno de inquietudes.
Habían surgido movimientos y grupos contrastantes en medio de aquel agitado clima político-religioso.
Por la época en que Jesús nació, Judas el galileo había liderado un levantamiento armado que fue aplastado sangrientamente por los romanos. Pero su partido, llamado de los zelotes, seguía existiendo y seguía empleando los métodos del terror y de la violencia para restablecer la independencia de Israel. Uno o dos de los doce apóstoles de Jesús, Simón el Zelote y probablemente Judas Iscariote, provenían de este movimiento.
Los fariseos formaban un grupo que trataba de vivir cumpliendo con muchos detalles y precisión las prescripciones de la Ley judía. Su esperanza no estaba en la violencia, era una esperanza religiosa, pero puesta en el cumplimiento detallado de prescripciones, que traería el favor de Dios a su pueblo. Querían así resistir a la cultura romana dominante, que se estaba imponiendo en todo el imperio y amenazaba someter al pueblo de Israel al estilo de vida de los pueblos paganos.
Los saduceos eran aristócratas, pertenecían a la casta sacerdotal y querían vivir un judaísmo ilustrado que tuviera el mismo nivel intelectual del mundo de esa época. Pretendían llegar así a un compromiso con el poder romano.
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Si vemos las polémicas de Jesús con los fariseos en los Evangelios, sabiendo que su muerte de Cruz es lo contrario a la línea de rebelión y violencia de los zelotes y que entre sus seguidores no había hombres aristócratas e ilustrados, sino pescadores, un cobrador de impuestos y otros hombres sencillos, nos damos cuenta de la total distancia de Jesús de todos esos grupos. Jesús es sólo del Padre. Sin embargo, en la primitiva comunidad cristiana se integraron muchas personas de estas diversas corrientes que encontraron el camino de Cristo. En esas mismas comunidades había muchos sacerdotes y fariseos.
Existía otro movimiento muy amplio, el de los esenios. Era un grupo que se había alejado del Templo y de su culto y que fundaron comunidades de monjes en el desierto de Judea. Pero habían creado también un movimiento de familias que tenían como centro la religión. Tenían los esenios escritos y ritos propios, entre los cuales había abluciones (ritos de purificación por medio del agua). Sus escritos son profundamente religiosos. Parece que Juan el Bautista y quizás también Jesús y su familia fueran cercanos al ámbito de los esenios. En los escritos de los esenios hay muchos puntos de acercamiento con el mensaje cristiano. No pocos estudiosos creen que Juan el Bautista había vivido durante algún tiempo en la comunidad de los esenios y habría recibido allí su formación religiosa. El Bautista decide el destino de Jesús activamente, por el Bautismo que le confiere y, pasivamente, en cuanto que su eliminación violenta fue considerada por Jesús como el signo que le era dado por Dios para comenzar su misión propia. |
El Bautista aparece invitando a todos a una purificación por medio del agua; sin embargo, el rito del Bautista lleva consigo una novedad que lo distingue de abluciones religiosas anteriores. Veamos esas diferencias.
- Este rito no es repetible.
- Indica y decide un cambio de rumbo en la vida.
- Está asociado al Juicio de Dios y al anuncio de alguien más grande que ha de venir después de Juan.
El evangelista san Juan dice que el Bautista “no conocía ” a ese que debía venir y a quien él quería prepararle el camino (Jn 1, 30-33). Pero sabe que ha sido enviado a preparar el camino a ese Otro, que su misión es ésa. Los Evangelios describen esa misión con un pasaje del profeta Isaías: “Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos ” (Is 40, 3).
El Bautista colmaba el anhelo del pueblo, que reconocía las esperanzas contenidas en el anuncio de los profetas: algo extraordinario se iba a producir.
En la atmósfera tan agitada de aquel momento la figura del Bautista causaba una gran impresión. Al fin surgía un profeta que vivía como los antiguos profetas. Juan afirmaba que él bautizaba con agua, pero que Aquél, más grande que él, vendría a bautizar con Espíritu Santo y fuego.
Por eso venía mucha gente de toda Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán (Mc 1, 5).
Al bautismo de Juan va unida la confesión de los pecados. Entre los judíos había confesiones formales y generales de pecados, pero también había confesiones con el reconocimiento personal de los pecados, con enumeración de las faltas. Esto se simbolizaba en el bautismo según se va desarrollando el ritual.
- Al sumergirse completamente bajo el agua se simboliza la muerte (muerte a la vida anterior, al pecado).
- Además, la corriente del río es símbolo de vida: recordemos el Nilo, el Eufrates y el Tigris, en sus márgenes hay cosechas, hay vida, aunque corran por el desierto. El Jordán es también fuente de vida para Israel. Esa corriente limpia, purifica.
- Más tarde, en el rito cristiano, la salida del agua simboliza la resurrección, la vida nueva que Cristo nos trae.
En este contexto, en medio de la gente numerosa que llega a bautizarse, sucede algo inesperado: “Por entonces llegó Jesús de Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán ” (Mc 1, 9).
Recordemos que el evangelista decía que la gente venía de Judea y de Jerusalén, de Galilea no se había hablado que viniera nadie. Ya esto llamaba la atención, venía de lejos; pero había algo aún más llamativo: Jesús pedía ser bautizado. Ahora bien, el bautismo implicaba la confesion de los pecados y el propósito de cambiar de vida. Esto no era posible en Jesús, ¿cómo iba a reconocer sus pecados? ¿Y dejar atrás la vida anterior para entrar en una vida nueva? El Bautista le dice: “Soy yo el que necesita que me bautices, ¿y tú acudes a mí? ” . “Jesús le contestó: Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así toda justicia. Entonces Juan lo permitió ” (Mt 3, 15).
Es una respuesta difícil de comprender.
Veamos qué sentido tiene la palabra “justicia ” . En la época y el sitio en que vive Jesús, “justicia ” es la respuesta plena del hombre a Dios, la aceptación de su voluntad. Jesús con su respuesta expresa un sí incondicional a la voluntad de Dios. Este sí a Dios de quien no tiene pecado lleva a Jesús a solidarizarse con los hombres culpables que quieren orientarse a la “justicia ” . A partir de la Cruz y de la Resurrección los cristianos comprendieron lo que había sucedido. Jesús se había cargado con la culpa de la humanidad y se sumergió con ella en el Jordán. Comenzó su vida pública tomando el puesto de los pecadores, para eso El había venido. En su bautismo Jesús anticipa la Cruz. Por eso san Lucas nos dice que Jesús recibió el bautismo mientras oraba (cf 3, 21). Se trata de una ofrenda al Padre. El significado pleno del Bautismo de Jesús se manifestará sólo en la Cruz.
La voz que se oye: “Este es mi Hijo amado” (Mc 3, 17) es una referencia (también anticipada) a la resurrección. Es decir, en el bautismo de Jesús se da una anticipación de su misión en la Cruz, por la inmersión de Jesús en las aguas del Jordán que simbolizan su sepultura. Y se da también la anticipación de la resurrección, anunciada en la voz del cielo: “Este es mi Hijo amado ” .
El bautismo con agua de Juan llega a su plena significación en el bautismo de muerte y vida de Jesús. Ahora podemos entender mejor nuestro bautismo, el bautismo cristiano.
- En su Bautismo Jesús anticipó su muerte.
- La voz del cielo anticipa su Resurrección.
- En nuestro Bautismo nosotros hacemos memoria de la muerte de Jesús al sumergirnos en el agua y de su resurrección al surgir del agua. |
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En la escena del bautismo de Jesús, a la voz del cielo se añade la presencia de una especie de paloma que aparece sobre Jesús indicando la presencia del Espíritu Santo. Se anuncia ya el misterio trinitario que sólo se manifestará con mayor plenitud cuando se haya completado el camino de la Cruz y resurrección de Jesús.
En el bautismo de Jesús, la unción por el Espíritu Santo que viene a Él da inicio a la acción de Jesús como Mesías. Lo mismo que el Espíritu viene sobre la Virgen María para que en sus entrañas se haga realidad la humanidad de Jesús (Lc 1, 35), ahora ese mismo Espíritu Santo creador (Gn 1, 2) cualifica la humanidad de Jesús para la misión que tiene que cumplir. Frente a la opinión de algunos de que Jesús en su bautismo tiene la experiencia de una vocación, como algo nuevo que le llega a Él en su vida, debemos decir que Jesús ya sabe que ha venido enviado por el Padre para la misión de instaurar el Reinado de Dios en el mundo. En su bautismo, lo que tiene Jesús es la clara percepción de que debe comenzar a cumplir lo que Él ya sabe.
Decir que Jesús es “ungido” por el Espíritu Santo, significa que la acción del Espíritu equipa su humanidad, alumbra su conciencia, robustece su voluntad y le confiere poder para realizar la misión que había recibido. El don del Espíritu a Jesús no es sólo ocasional, sino que permanece, es constituyente de su ser. Cristo es el hombre del Espíritu. Aparece en la historia “ungido ”, “llenado ” por el Espíritu y sale de la historia dándonos “su ” Espíritu (Jn 19, 30) y enviándonos el Espíritu Santo (Jn 20, 22).
Después de la resurrección Jesús enviará a sus discípulos a hacer discípulos de todos los pueblos “bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ” (Mt 28, 19). El bautismo que desde |
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entonces los discípulos de Jesús administran es el ingreso en el bautismo de Jesús. El ingreso en la realidad que Él ha anticipado con su bautismo. Así llegamos a ser cristianos.
El misterio del bautismo de Jesús, como todos los misterios de su vida, no es algo que sólo contemplamos ocurriendo en Él, sino que nos implica también a cada uno de nosotros cristianos. El bautismo nos incorpora a Cristo. San Pablo habla del cuerpo de Cristo que integran todos los bautizados. Nosotros por nuestro bautismo participamos en la muerte y resurrección de Cristo, somos sepultados con Él en las aguas bautismales y resucitados con Él al salir de la fuente bautismal, muertos para el pecado y vivos para Dios.
El bautismo nos hace, pues, discípulos y nos indica que tenemos una misión. Toda nuestra vida cristiana debe ser un llegar a ser lo que somos.
Es una tarea para realizarla en cada Cuaresma, en cada Pascua, durante toda nuestra vida. |
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