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INTERNACIONAL

El presidente
Obama y Cuba
por Philip Peters (*)
El presidente Barack Obama tomó posesión de la presidencia de Estados Unidos con una promesa de cambio.


Obama sustituyó a un presidente cuya retórica expresó por ocho años un deseo fuerte de ejercer su influencia en el futuro de Cuba, pero cuyas acciones se concentraron, paradójicamente, en construir muros en vez de puentes entre nuestras naciones.


En el primer año de su mandato, el presidente Obama ha comenzado a construirlos. Ha permitido que los cubanoamericanos visiten a sus seres queridos en Cuba sin restricciones, ha establecido un nuevo tono en el discurso de Washington hacia la Isla, y ha abierto la puerta a mayores contactos diplomáticos entre los dos gobiernos.

Estas acciones son significativas, pero son pequeñas en comparación con el cambio fundamental que muchos esperan tanto en Cuba como en Estados Unidos. En octubre de 2009 una encuesta reveló que el 59 por ciento de los cubanoamericanos favorece una política que les permita a todos los estadounidenses viajar a Cuba sin restricción alguna.

 
Como resultado de la eliminación de las restricciones a los viajes, en el mes de diciembre hubo aproximadamente 50 vuelos semanales entre Miami y La Habana.
Como resultado de la eliminación de las restricciones a los viajes,
en el mes de diciembre hubo aproximadamente 50 vuelos
semanales entre Miami y La Habana.

Pero tomando en cuenta el lugar que ocupa Cuba en la política exterior norteamericana y el gran número de desafíos que enfrenta el presidente Obama, es posible que sus modestas acciones iniciales en relación con este país, sean proporcionadas según sus propios cálculos de las posibilidades políticas y las prioridades de su gobierno.

La presidencia norteamericana es una institución que cuenta con un poder grande, pero limitado. Así que cada Administración está obligada a definir los temas en los que va a concentrarse durante su período, incluso tiene que decidir cómo el propio mandatario debe emplear su tiempo cada día, cuáles serán los temas sobre los que se dirigirá al público, y cómo va a emplear su capital político para ejercer influencia en el Congreso.

Algunas de estas decisiones son determinadas por la propia campaña del presidente y el mandato que

recibe del electorado. Muchas otras son impuestas, algo que el presidente Obama conoció con mucha claridad cuando tomó posesión de su cargo el 20 de enero del 2009.

Barack Obama se opuso a la decisión de iniciar la guerra en Iraq, pero esa guerra estaba en marcha cuando devino en presidente, y tuvo que decidir cómo conducirla hacia su final. Apoyó la decisión de librar una guerra contra Al Qaeda en Afganistán y tuvo que elaborar su propia estrategia en ese conflicto.  En el ámbito doméstico, encontró una economía en crisis con grandes fallos en su sistema financiero. Existió un riesgo de paro total en el sistema de crédito privado que pudo haber conducido a una depresión. Al igual que su predecesor, el presidente Obama llegó a la conclusión de que su única opción era buscar el apoyo del Congreso para obtener grandes sumas de presupuesto adicional con el fin de estabilizar los mercados de crédito y estimular la economía. Además de todo esto, está impulsando su principal prioridad legislativa: un plan ambicioso de reformas en el sector de la salud.

Pocos presidentes han enfrentado un número tan elevado de desafíos en su primer año en el poder. En este contexto, puede resultar sorprendente que la Administración Obama haya actuado en la política hacia Cuba aun con pequeñas medidas –especialmente si se toma en cuenta que no ha formulado ninguna iniciativa importante hacia América Latina y el Caribe en general.

En cuanto a Cuba, el presidente Obama empezó por cumplir con sus promesas de campaña.

Como candidato, prometió a los cubanoamericanos que eliminaría las restricciones en sus visitas familiares a la Isla, y el pasado septiembre promulgó las nuevas disposiciones que las permiten, sin límites en cuanto a la frecuencia o la estancia. Como resultado, en el mes de diciembre hubo aproximadamente 50 vuelos semanales entre Miami y La Habana.  El presidente Obama también derogó los límites en la suma de dinero que puede ser enviado por concepto de remesas familiares, y eliminó la estrecha definición de “familia” impuesta por el presidente Bush, que impedía las visitas y el envío de dinero a tíos y primos.

También como candidato, prometió la definición de un nuevo rumbo en la diplomacia norteamericana para iniciar conversaciones con gobiernos con los cuales Estados Unidos ha tenido diferendos de larga duración en materia de ideología o seguridad. Como presidente, ha reanudado las consultas semestrales de los acuerdos EE.UU.-Cuba sobre asuntos migratorios. Los dos gobiernos también han iniciado conversaciones dirigidas al restablecimiento de los servicios directos de correo.

Obama también ha dado pasos en materias que no se habían abordado en el transcurso de su campaña electoral.

En el mes de septiembre derogó casi todas las restricciones para el envío de paquetes por parte de los norteamericanos a personas u organizaciones no gubernamentales en Cuba.  Durante la Administración Bush, solo se permitía el envío de esos paquetes a familiares y su contenido se reducía a un listado de bienes muy específicos. En este momento, cualquier persona puede enviar paquetes a Cuba desde Estados Unidos, lo mismo los cubanoamericanos que los norteamericanos y estos pueden contener bienes que usualmente son considerados como regalos.

En junio pasado Estados Unidos se sumó al consenso obtenido por la Organización de Estados Americanos, el cual derogó una resolución de 1962 que había suspendido a Cuba como miembro de esa organización por razones vinculadas con la ideología marxista-leninista que ostentaba el Gobierno revolucionario y por sus vínculos con la Unión Soviética.  La renovación de la membresía de Cuba en este organismo regional ahora depende de su petición para regresar, después de la cual tendría lugar un “proceso de diálogo ”, “de acuerdo con las prácticas, fines, y principios” de la OEA.

La Administración Obama ha cambiado discretamente la política referida a los contactos académicos y culturales, concediendo visas a artistas cubanos y académicos que fueron denegadas de rutina durante la Administración Bush.  El concierto en La Habana organizado por el cantante colombiano Juanes, residente en los Estados Unidos, no hubiera sido posible sin la aprobación de las licencias de viaje por parte de la Administración Obama.   Los Van Van y Omara Portuondo planean para este año una serie de conciertos en los Estados Unidos, y orquestas cubanas como La Charanga Habanera ya han realizado conciertos en nuestro país. Las universidades e instituciones de investigación están retomando los intercambios académicos como era costumbre en el pasado. Y en septiembre de 2009, un grupo de funcionarios y científicos cubanos visitó Washington para conversar con expertos norteamericanos provenientes de diferentes universidades y organizaciones privadas sobre la protección del medio ambiente. En octubre, el grupo norteamericano viajó a Cuba para darle seguimiento a esas conversaciones. El resultado es una nueva área de colaboración en la protección del ambiente marino compartido por ambos países, y la esperanza de que los dos gobiernos puedan algún día colaborar también en este ámbito.

El presidente Obama ha permitido que las compañías norteamericanas negocien con Cuba para proveer tres tipos de servicios de telecomunicaciones: roaming, algo que permitiría que los celulares de EE.UU. puedan usarse en Cuba; instalación de cables submarinos de fibra óptica para comunicaciones de voz e Internet; y servicios de radio y televisión satelital. Hasta la fecha, no se ha concertado acuerdo alguno.

El presidente Obama también ha cambiado el tono de las relaciones EE.UU.-Cuba.  El ejemplo más claro y notable no fue planificado, sucedió en repuesta a una pregunta de un periodista en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago la pasada primavera. Cuando se le preguntó qué había aprendido en sus conversaciones con otros líderes del área, el presidente Obama contestó que muchos de ellos le habían comentado acerca de “los miles de médicos cubanos repartidos en toda la región, sobre los cuales muchos de estos países dependen mucho.” Observó que las misiones médicas cubanas son “un recordatorio para nosotros en los Estados Unidos de que si nuestra relación con muchos de estos países solo se trata de temas como la lucha contra el narcotráfico, si nuestra relación es únicamente militar, puede ser que nosotros no estemos desarrollando los nexos que pudieran, a largo plazo, incrementar nuestra influencia y tener un efecto beneficioso cuando tratemos de presentar políticas de nuestro interés en la región.”

En el ámbito de la diplomacia directa hacia Cuba, la Administración Obama ha planteado eliminar las restricciones que acotan los movimientos de los diplomáticos norteamericanos en la ciudad de La Habana y, a su vez, de los diplomáticos cubanos en los alrededores de Washington D.C. El letrero electrónico que la Administración Bush instaló en la fachada de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana fue apagado en junio pasado. El extraño puesto que la Administración Bush creó en la jerarquía del Departamento de Estado –el llamado “Coordinador para la Transición en Cuba”– ha sido abolido silenciosamente. Por otra parte, el presidente Obama, al igual que sus predecesores, alienta a Cuba a lograr cambios en sus políticas sobre las libertades civiles y políticas, pero su manejo del tema es diferente. Según un informe que apareció en octubre pasado en el diario El País de Madrid –un informe que la Casa Blanca no desmintió– el presidente Obama envió un mensaje a través del canciller español Miguel Angel Moratinos, quien por esos días viajaría a La Habana : “Que les diga a las autoridades cubanas que comprendemos que no se pueden cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero que, pasados unos años, cuando se mire hacia atrás, debe quedar claro que éste fue el momento en el que empezaron los cambios. Si no es así, habrá una profunda decepción.”
El concierto en La Habana organizado por el cantante Juanes,..., no hubiera sido posible sin la aprobación de las licencias de viaje por parte de la Administración Obama.
El concierto en La Habana organizado por el cantante
colombiano Juanes, residente en los Estados Unidos, no hubiera
sido posible sin la aprobación de las licencias de viaje por
parte de la Administración Obama.
 
No se puede minimizar la importancia de esos cambios en un año. Sin embargo, la política estadounidense hacia Cuba es similar a una gran máquina que se ha construido a lo largo de cinco décadas por una multitud de diseñadores e ingenieros –y el grueso de esa máquina no ha cambiado, en su forma o en sus funciones. Washington sigue catalogando a Cuba como “estado patrocinador de terrorismo.” Sus sanciones económicas siguen bloqueando casi todo el comercio bilateral, con la excepción de las exportaciones agrícolas norteamericanas a Cuba. Esas sanciones siguen afectando el comercio cubano con otros países. Y mientras la restitución de la libertad de viajar de los cubanoamericanos es bienvenida, el presidente Obama ha creado una política profundamente contradictoria en relación con los viajes, en la cual solo un grupo étnico puede viajar libremente a Cuba, mientras los demás tienen que lidiar con la necesidad de buscar licencias y posiblemente sufrir multas derivadas de un estatuto llamado “Acta de Comercio con el Enemigo.”

¿Qué nos muestra el primer año de la presidencia de Obama en su política hacia Cuba, mirando a los próximos tres o siete años en la Casa Blanca ?

En primer lugar, es claro que la Administración Obama no pretende emprender una gran iniciativa hacia Cuba, y es mucho más predecible que actúe con pasos graduales en vez de acciones audaces. Tampoco acepta la tesis de que pueda transformar la relación norteamericana con América Latina por medio de un cambio radical y unilateral en su política hacia Cuba. Es poco probable que Cuba llegue a ser una prioridad de alto perfil en la política extranjera norteamericana, lo que tal vez tenga sentido en una relación que incluye muchos diferendos pero que es, en su esencia, estable y no implica ninguna amenaza a la seguridad de los Estados Unidos.

También es claro que el presidente Obama no se siente obligado a usar una retórica dramática para recordarle a Miami o a La Habana que Washington tiene profundas discrepancias ideológicas con el sistema de gobierno en Cuba. Cuando se trata de las relaciones entre ambos gobiernos, el presidente Obama está interesado en el diálogo –no simplemente en el placer de dialogar, nos recuerda él– y parece probable que la agenda limitada de hoy abarque otros temas de interés bilateral en el futuro.


Obama como senador candidato a la presidencia. Obama como presidente en su buró de la Oficina Oval.
Dos momentos de Barack Obama: a la izquierda, en abril de 2008, como senador candidato a la presidencia;
a la derecha como presidente en su buró de la Oficina Oval.
La presidencia norteamericana es una institución que cuenta con un poder grande, pero limitado.

Cuando se trata de las relaciones entre nuestras sociedades, el presidente Obama tiene una postura intermedia entre su política y la del presidente Bush. Tiene que decidir fundamentalmente si concibe que los contactos entre nuestros pueblos –y específicamente, los viajes de los norteamericanos– pueden constituir un beneficio para ambas naciones y una fuente de influencia de EE.UU. en Cuba, o una actividad que hay que regular y controlar por parte de la burocracia del gobierno norteamericano. Hoy por hoy, mantiene la postura absurda de tener una respuesta para los cubanoamericanos y otra diferente cuando se trata de los más de 300 millones de norteamericanos.

Pero hay razones para ser optimistas. Las acciones del presidente Obama en lo referido a los viajes y remesas de los cubanoamericanos indican que no comparte la fuerte oposición de la Administración Bush a cualquier medida que pudiera implicar más divisas para Cuba –un factor que sustentó el endurecimiento de las restricciones por parte de la Administración anterior hacia los viajes. Sus acciones en relación con los artistas y académicos cubanos indican un interés en lograr mayor comunicación entre los ciudadanos de ambos países y mayores vínculos entre nuestras culturas distanciadas. Su diplomático de más alto rango para América Latina, el subsecretario de Estado Arturo Valenzuela, ha sugerido que tal vez este año puedan deshacerse algunas de las restricciones de la Administración Bush en cuanto a esta materia, para “permitir nexos más fluidos entre los ciudadanos estadounidenses y sus contrapartes en Cuba.”

Este escenario –la probabilidad de la continuación de una apertura gradual en la política norteamericana hacia Cuba– está sujeto a cambios. El Congreso de los Estados Unidos pudiera cambiarlo de manera importante si aprueba normas que deroguen todas las restricciones a los viajes. Es posible que si el gobierno cubano cambiara sus políticas domésticas para darle solución a los problemas que afectan a la sociedad cubana, tales cambios faciliten una respuesta del presidente norteamericano, aun cuando no fueran concebidos como parte de una estrategia diplomática dirigida hacia Washington o a cualquier otro país.

Cuando el Papa Juan Pablo II visitó Cuba, un amigo me obsequió una estampa con un mensaje manuscrito del Santo Padre: “Abran las puertas a Cuba.” Ojalá que fuera tan sencillo, que las medidas que impiden que nuestros ciudadanos viajen, se conozcan, y debatan entre ellos sin pedir permiso a ningún gobierno, pudieran desaparecer con un solo gesto. Esto no se consigue con un solo gesto. Pero desde Washington, por ahora, parece que un cambio ha comenzado.

*)Vicepresidente del Instituto Lexington, Arlington, Virginia, EE.UU.