Retornar al "Home Page" ...
 
 
CULTURA Y ARTE

 

- Josefina Toledo: la responsabilidad como escritores
por María del Carmen Muzio

- El curioso éxito de Avatar
por Licia Pereira
  - Alfredo Lozano, a las puertas de su centenario
por Roberto Méndez
- Arte Divino.
por Nelson García
  - El alma de la danza entre Alejo y Vera
por Laura Domingo Agüero
 

Josefina Toledo:
por María del Carmen Muzio
mariam@arzhabana.co.cu

la responsabilidad como escritores

De hablar pausado y sobria en el vestir, la modestia caracteriza a Josefina Toledo. Doctora en Ciencias Históricas, profesora, investigadora, narradora, con diferentes e importantes premios y libros publicados. Fui descubriéndola en la medida en que nos relacionamos por razones de trabajo. No me explico cómo le alcanza el tiempo para todo lo que hace. Hay que conocerla para descubrir los méritos que ella –al contrario de la mayoría de los intelectuales– no anda pregonando ni presumiendo con poses estudiadas. Después de leer algunas de sus investigaciones me fascinó también su dominio de la narrativa. Curiosa, la bombardeé a preguntas. Dejemos que sea ella quien nos hable en esta entrevista a la que, sonriente y con su amabilidad habitual, accedió para Palabra Nueva.
Josefina Toledo


¿Cuándo comenzaste a inclinarte por la literatura y la investigación histórica? ¿Ambas surgieron a la par?

Pues, hasta ahora no me había cuestionado a mí misma sobre eso. Recuerdo que en la Escuela Pública 156, del barrio de Los Sitios, donde nací y me crié, la maestra me indicaba que hiciera una composición sobre la efemérides que se

conmemoraba en esa semana. Cuando no recordábamos ninguna efemérides, entonces la maestra, los jueves, nos indicaba que hiciéramos una composición de tema libre. Según terminábamos de escribir ella las iba revisando y después escogía una, que se leía durante el acto cívico de los viernes, y se nos otorgaba un galardón moral que se llamaba “El beso de la Patria ”. Bueno, ahora recuerdo también que muchas veces, en tercero, cuarto, quinto y sexto grado, obtuve “El beso de la Patria ”. También que a veces lo perdí porque la maestra me sorprendió conversando –supuestamente muy bajito, en susurro– con la compañerita que se sentaba en el pupitre de al lado. ¿Y por qué te cuento esto? El asunto es que yo me tomaba muy en serio la lectura de la composición en el acto de “El beso de la Patria ” que celebrábamos los viernes en la escuela. Recuerdo nítidamente a todas mis maestras de la escuela primaria, con sus nombres, sus gestos, sus consejos, sus exigencias y rigores, siempre llenos de cariño. Nos prestaban tomos de un magnífico compendio cultural que había en la bibliotequita, titulado El tesoro de la juventud. Ponía todo mi afán en que cada composición me quedara un poquito mejor que la anterior. Las maestras me estimulaban mucho. Hoy miro atrás y creo que ya me las daba de escritora. Aquellas ingenuidades que escribía eran ya mi “investigación histórica”, y eran también mi “literatura”, porque procuraba escribir “desde adentro”, es decir, interiorizando los sucesos a los que me iba a referir, y sintiéndome como un personaje más de lo narrado. Ya sabes la tremenda fantasía que los niños son capaces de imaginar. Pero era realmente feliz preparando y escribiendo aquellas boberías que después mi maestra, que en Gloria esté, revisaba con cara de satisfacción; su cara y su comedido asentimiento final eran para mí el mejor premio; el único al que aspiraba entonces.

 
Josefina Toledo: El tema femenino ...  fue apareciendo en mi escritura de forma casi espontánea.

Dentro de tu obra literaria e investigativa se evidencia predilección por el tema femenino con figuras tales como el personaje de Benemérita en la primera y los de Lola Rodríguez de Tió, Marta Abreu y Paulina Pedroso en la segunda. ¿Cómo valoras el tratamiento de éste, ahora que se ha impuesto casi la moda de un acentuado feminismo?

El tema femenino –no siempre necesariamente feminista– fue apareciendo en mi escritura de forma casi espontánea. Me brotaba, creo que sin proponérmelo al principio, como una descriptiva de muchas realidades que tangencialmente me tocaban desde niña. Fue mucho después, ya como profesional, que tomé conciencia de que reflejar esas realidades que me envolvían eran mi respuesta artística a las inequidades que observaba a mi alrededor y en las que yo misma me movía. De niña comencé a escribir un diario, o algo parecido, que ahora me está sirviendo como apoyo para mi segundo libro de narrativa. Te confieso que la mayor parte de los textos contenidos en mi primer libro publicado, Cuentos de fantasmas , salieron de un tirón, en varias noches de angustia. En este primer libro aparece el personaje de Benemérita en dos cuentos.

La investigación histórica, de manera muy consciente en el oficio, me ha llevado al estudio de figuras femeninas por las que siento una empatía integral. Investigo y escribo sobre lo que mueve mi sensibilidad. Si no siento esa empatía

inicial, no me acerco al personaje, porque la aproximación que he pretendido hacer en los estudios biográficos que he publicado es siempre integral: el pensamiento sustentado por la personalidad femenina en cuestión, su contexto epocal, familiar, humano, su creatividad y su espiritualidad cristiana. Porque todas las mujeres que he estudiado han sido buenas cristianas y, en consecuencia, integralmente buenas personas, con sus humanos defectos e imperfecciones. No hago hagiografías; presento mujeres vivas, éticas, cuyas vidas complejas, azarosas, con altas y bajas pueden servirnos de estímulo a seguir desarrollando, por nuestro propio esfuerzo, los dones que Dios nos dio. Tengo predilección por personalidades femeninas cubanas y antillanas del siglo XIX. El más reciente estudio que he terminado en esa dirección es el de la patriota y benefactora Marta Abreu Arencibia, que me fue premiado en el concurso de personalidades ilustres, auspiciado por el Obispado de Santa Clara.

El personaje de la Benemérita de tu libro Cuentos de fantasmas, resulta delicioso por sus valores y contravalores. ¿Está inspirado en alguien real que hayas conocido?

La Benemérita está inspirada –más bien copiada, calcada– de un personaje que quise mucho, al que retomo en el libro de narrativa que ahora mismo estoy escribiendo. La Benemérita vecina, otro de los personajes de Cuentos de fantasmas, es otra figura real llevada a la literatura, que también retomo en el libro que escribo. Tienen valores y contravalores; ambas están convencidas de “sus verdades”, y actúan y viven en consecuencia con ellas. Creo que si estos personajes resultan “deliciosos”, como dices, es porque son muy coherentes con ellos mismos. Te cuento que disfruté mucho –y disfruto de nuevo– el cincelado de sus personalidades, atrapadas en sus peculiares e incambiables maneras de ver y entender las realidades en las que se mueven. Las siento vivir y eso, en verdad, me hace feliz. Es decir, contribuye a mi realización como narradora, al menos en ese momento de la escritura.

En tu obra investigativa existe una gran preferencia por el tema martiano con los libros La naturaleza en José Martí y La madre negra de Martí. ¿Ocupa la figura de nuestro Apóstol un lugar preponderante dentro de ella?

José Martí es para mí, como para algunos otros, una suerte de ontología personal. He tenido la suerte de tener profesores de excelencia que me condujeron al conocimiento primero de “esa mina sin acabamiento”, al decir de Gabriela Mistral, que es José Martí: Gonzalo de Quesada y Miranda, Gonzalo de Quesada y Michelsen, Roberto Fernández Retamar, Cintio y Fina, Teresa Proenza, Aracely García-Carranza… pero una vez descubierto Martí, asumido como objeto de estudio, no he querido, sin embargo, ser otra estudiosa de Martí; no quise –y no quiero– ser una martióloga al estilo de algunos de sus “especialistas”. Quiero, como nos propuso para siempre la maestra de mi escuela primaria del barrio de Los Sitios, ser Martiana, así, con mayúscula, que es tanto –y tan difícil– como asumir y practicar los valores éticos de su pensamiento. Asumir, como él sentenció, que “sólo el amor engendra la maravilla”, y que “la dignidad plena del hombre” debe ser como un culto. En esas claves escribí La ciencia y la técnica en José Martí , mi tesis doctoral publicada después como libro.

También los estudios que he publicado sobre personalidades femeninas están referidos al ámbito martiano. Los primeros de ellos fueron las breves síntesis biográficas de la puertorriqueña Inocencia Martínez Santaella y la joven tunera, cubana, Mercedes Varona González. La primera fundó el primer club femenino adscrito al Partido Revolucionario Cubano, en cuyas filas, en 1892, la mujer ejerció por primera vez, su derecho al sufragio. La segunda, Mercedes Varona, es la primera mártir de la Guerra de los Diez Años, cuyo nombre ostentó el primer club femenino, fundado por Inocencia. Ambas síntesis biográficas aparecen publicadas como anexos en mi libro Sotero Figueroa. Editor de Patria, premio de biografía del Concurso 26 de Julio del MINFAR en 1983.

 

La biografía de Paulina Pedroso, que he titulado La madre negra de Martí , se inscribe a su vez en esa misma dirección de trabajo. Se trata de una humildísima ex esclava que, como la viuda pobre del Evangelio, dio todo lo que tenía para la causa de la independencia de Cuba, simbolizada por José Martí. Con este libro obtuve el premio de biografía del Concurso 26 de Julio del MINFAR, en 2008, y fue presentado en la recién terminada Feria del Libro, en la antigua Fortaleza militar de San Carlos de La Cabaña.

El estudio sobre Lola Rodríguez de Tió se inscribe también, de manera indirecta, en el ámbito martiano, y amplía la perspectiva a los afanes independentistas de Cuba y Puerto Rico en la segunda mitad del siglo XIX, a partir de su relación estrecha con Ramón Emeterio Betances y con otros patriotas boricuas, muy vinculados al Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí. Lola Rodríguez de Tió fue muy amiga de Marta Abreu, y la correspondencia entre ellas ha sido muy reveladora. Por esta circunstancia, cuando concluí la primera etapa de la investigación para el estudio de Lola Rodríguez de Tió, supe que, decididamente, investigaría sobre Marta Abreu, otra extraordinaria personalidad femenina, colmada de valores éticos cristianos y virtudes ciudadanas.

Josefina Toledo junto al cardenal Jaime Ortega.
Josefina Toledo junto al cardenal Jaime Ortega.


La labor literaria e investigativa ha ido siempre acompañada de una acendrada vocación profesoral. ¿Cuál disfrutas más?

Ejercí como maestra voluntaria del primer contingente en la Sierra Maestra , después impartí docencia en los planes especiales que dirigió la compañera Elena Gil, de grata recordación. También ejercí como docente de enseñanza artística en el Departamento de Extensión Universitaria del ISPJAE. Tenía entonces, ciertamente, que robarle tiempo al descanso para echar a andar mi necesidad imperiosa de escribir. Pero aun así lo disfrutaba. Después de mi jubilación impartí clases de Historia Universal y Español en el Seminario San Carlos y San Ambrosio, y fue una experiencia muy enriquecedora para mí, como cristiana católica y como pedagoga. Hoy imparto las asignaturas Literatura Latinoamericana y Literatura Cubana en la Facultad de Comunicación Social de la Sede Universitaria Municipal de Diez de Octubre, y lo disfruto mucho, porque siento que es un trabajo útil y necesario. Aprecio y respeto a mis alumnos y procuro establecer una buena relación personal con ellos, porque creo que una adecuada relación interpersonal es no sólo recomendable, sino también imprescindible en el proceso de enseñanza-aprendizaje, a todos los niveles. Disfruto el aula con mis alumnos. Sin embargo, detesto las reuniones y, siempre que puedo, las espanto de mi lado como hacemos con el silbido de algún insecto importuno.

¿Qué otros temas te gustaría tratar en tus libros? ¿Se ha quedado alguno en el tintero? ¿Existen nuevos proyectos?

Tan pronto termine un estudio que tengo ya muy adelantado sobre Luisa Pérez de Zambrana, la última gran figura de la segunda generación romántica de la lírica cubana, me dedicaré “a tiempo completo” a mi nuevo libro de narrativa; un proyecto que he venido desarrollando a intervalos inapelables; de esos que impone la narrativa. Será un libro raro o, cuando menos, de difícil clasificación en cuanto a género literario. No digo más.

¿Consideras importante la necesidad de una espiritualidad cristiana para la buena salud de nuestra literatura?

Para nosotros la espiritualidad cristiana es ante todo la certeza de una Vida que nos trasciende. Paralelamente, la literatura, en tanto reflejo artístico de la vida y la circunstancia de cada ser humano, debe sostenerse en los valores permanentes de la ética cristiana. Para mí es muy importante la diferenciación entre el tema y el tratamiento que podamos darle. Cualquier tema que el escritor quiera –o necesite– abordar, no importa cuán esencialmente escabroso pueda ser, deviene útil, y hasta bello, si lo abordamos desde la espiritualidad cristiana. Si se quiere –si se necesita– podemos escribir sobre el hampa, sobre los oportunismos, sobre los asesinos; pero una espiritualidad cristiana coherente, nunca escribirá la apología del hampa, ni de los oportunismos, ni de los asesinos. Y no se trata del didactismo paupérrimo que, de siempre, la literatura repele. Se trata de que la espiritualidad cristiana alumbre nuestra manera de ejercer el don que Dios nos ha dado –aun si no todos estamos conscientes de que nuestro oficio es eso; un don– para que de cada letra que escribamos pueda desprenderse aunque sea un mínimo beneficio que nos ayude a todos, escritores y lectores, a ser mejores personas; ya sea estimulados por lo bueno que se nos muestra; ya sea rechazando lo malo que se nos describe. Estoy convencida de que esa es una parte irrenunciable de nuestra responsabilidad como escritores.