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RELIGION

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Santa Ángela de Mérici. Virgen fundadora de las Ursulinas.
por fray Frank Dumois, OFM
Santa Ángela de Mérici
(1474-1540)
Virgen fundadora de las Ursulinas
En medio de la Italia del Renacimiento con su reevaluación del paganismo, no dejaron de surgir almas puras que, fieles a la acción del Espíritu Santo, llegaron a la santidad. Una de ellas fue santa Ángela de Mèrici, que contribuyó a la Reforma católica antes del Concilio de Trento (1545-1563).

No sabemos el año exacto de su nacimiento, ocurrido entre 1470 y 1478 en el norte de Italia, en Desenzano, cerca del hermoso lago de Gardo (Brescia), en una familia de humildes campesinos. Era una época en que la Iglesia bresciana tenía que atender a ejércitos de paso, aquejados por guerras y destrucciones por epidemias y hambre.

Durante los primeros años de su juventud tuvo una visión: le pareció que se abría el cielo y que descendía de él una procesión maravillosa de muchachas,

una de las cuales le revelaba la tarea para la que Dios la había escogido en la Iglesia : la fundación de una “compañía de vírgenes” para la educación y formación de la juventud femenina. Aunque Ángela se había entregado a Dios, no logró imaginarse de qué se trataba.


Huérfana a los 15 años y terciaria franciscana (hoy Orden Franciscana Seglar,OFS), renunció a su humilde patrimonio para vivir pobremente. A partir de 1516 ya se hallaba en la ciudad de Brescia, donde reunió a su alrededor un laicado seriamente cristiano, que abarcaba todas las clases sociales, lo mismo a la matrona noble que a la más humilde persona del pueblo.

En dicha ciudad, hacia 1535 fundó la Compañía de Santa Úrsula, dedicada a la asistencia espiritual de las muchachas, especialmente a las huérfanas, queriendo que las primeras ursulinas se consagraran a Dios y al prójimo viviendo en el mundo. Algo que constituía toda una innovación en aquella época, que solo sería aceptada por la Iglesia en nuestro tiempo con los institutos religiosos seculares. El nombre de la compañía lo toma de la leyenda medieval de santa Úrsula y sus compañeras, que habían sido martirizadas por los hunos.

Tal institución demuestra un gran sentido social, pues en el siglo XVI abundaban las jóvenes que no podían ser ni esposas ni monjas por falta de dote y se perdían en las difíciles condiciones del trabajo servil. Con frecuencia, de criadas se iban reduciendo poco a poco a víctimas forzadas en situaciones de degradación y de corrupción, para terminar su ancianidad en los hospitales de incurables o en las casas de mendicidad.

A las Ursulinas podían pertenecer no sólo mujeres nobles y acomodadas, que debían hacer de madres y de guías de las muchachas privadas de defensa social, sino también las que aceptaran libremente ser vírgenes en el mundo.
En 1566 se les impuso la clausura, pero sólo para la oración coral. La estructura era lo suficientemente ágil por lo que pudo adaptarse adaptarse a tiempos y lugares distintos. Cuando su fundadora murió, en 1540, eran ya 24 las ramas de ursulinas dedicadas a múltiples servicios en la Iglesia. Fueron muy solicitadas en la educación de la juventud femenina. Además, como la mayoría no vivía en conventos, pudieron escapar a las constantes supresiones de institutos de religiosas, decretadas por la autoridad civil.
Si amáis a estas vuestras hijas con una caridad viva y sincera, por fuerza las llevaréis a todas y cada una de ellas grabadas en vuestra memoria y en vuestro corazón


En 1524 Ángela peregrinó a Tierra Santa, adonde llegó ciega por una repentina enfermedad. Visitó así los Santos Lugares, absorta totalmente en su mundo interior. Se curó durante el viaje de regreso, y finalmente siguió con su misión caritativa.

Cinco años después, se estableció en Brescia para estar más cerca de quienes la consultaban como madre espiritual y agente de pacificación. Allí murió el 27 de enero de 1540. Ese día se celebra su fiesta. Fue canonizada sólo en 1807, porque sus ideas parecían demasiado modernas a la corriente conservadora predominante en la Curia romana.

Veamos ahora el espíritu evangélico y prudente de santa Ángela Mérici en su testamento espiritual. Tomo III, 27 enero, página 1163:

“Queridísimas madres y hermanas en Cristo Jesús: En primer lugar, poned todo vuestro empeño, con la ayuda de Dios, en concebir el propósito de no aceptar el cuidado y dirección de los demás, si no es movida únicamente por el amor de Dios y el celo de las almas.

”Sólo si se apoya en esta doble caridad, podrá producir buenos y saludables frutos vuestro cuidado y dirección, ya que, como afirma nuestro Salvador: Un árbol sano no puede dar frutos malos.

”El árbol sano, dice, esto es, el corazón bueno y el ánimo encendido en caridad, no puede sino producir obras buenas y santas; por esto, decía san Agustín: ‘Ama, y haz lo que quieras'; es decir, con tal de que tengas amor y caridad, haz lo que quieras, que es como si dijera: ‘La caridad no puede pecar'.

” Os ruego también que tengáis un conocimiento de cada una de vuestras hijas, y que llevéis grabado en vuestros corazones no sólo el nombre de cada una, sino también su peculiar estado y condición. Ello no os será difícil si la amáis de verdad.

”Las madres en el orden natural, aunque tuvieran mil hijos, llevarían siempre grabados en el corazón a cada uno de ellos, y jamás se olvidarían de ninguno, porque su amor es sobremanera auténtico. Incluso parece que, cuantos más hijos tienen, más aumenta su amor y el cuidado de cada uno de ellos. Con más motivo, las madres espirituales pueden y deben comportarse de este modo, ya que el amor espiritual es más poderoso que el amor que procede del parentesco de sangre.

”Por lo cual, queridísimas madres, si amáis a estas vuestras hijas con una caridad viva y sincera, por fuerza las llevaréis a todas y cada una de ellas grabadas en vuestra memoria y en vuestro corazón.

”También os ruego que procuréis atraerlas con amor, mesura y caridad, sin soberbia ni aspereza, teniendo con ellas la amabilidad conveniente, según aquellas palabras de nuestro Señor: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón , imitando a Dios, del cual leemos: Lo dispuso todo con suavidad. Y también dice Jesús : Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

”Del mismo modo, vosotras tratadlas siempre a todas con suavidad, evitando principalmente el imponer con violencia vuestra autoridad: Dios, en efecto, nos ha dado a todos la libertad y, por esto, no obliga a nadie, sino que se limita a señalar, llamar, persuadir. Algunas veces, no obstante, será necesario actuar con autoridad y severidad, cuando razonablemente lo exijan las circunstancias y necesidades personales; pero, aun en este caso, lo único que debe movernos es la caridad y el celo de las almas”.