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Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número, animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves y el Leviatán
que modelaste para jugar con él.
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo;
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;
escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran, y vuelven a ser polvo;
envías tu alimento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. |
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Salmo 104, 25-30 |
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- - - - SUGERENCIAS - - -
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La Muerte: “Sin importar el contexto cultural, filosófico o religioso, advertir que nuestra vida tiene un fin natural, nos puede ayudar a mirar a los demás con compasión, también a reconocer la necesidad de vivir nuestro tiempo con sentido y responsabilidad. La manera en que percibimos la muerte corresponde a la forma en que comprendemos y le otorgamos valor a la totalidad de la existencia”(ver artículo).
El ensayo que presentamos recibió Mención en el pasado Concurso Aniversario de Palabra Nueva. |
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