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El Cristo
Mural de cerámica mayólica, 180 x 120 cm , 1998
© Revista Opus Habana.Vol.X No. 2 2006-2007
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Sirva este comentario de Mercedes Quesada en La Jiribilla (Abril 2003, No. 102), como síntesis de esta obra de Aniceto:
“En la Iglesia de Paula, Aniceto Mario nos regaló la figura de Cristo Crucificado, motivo que ha sido una constante a través de toda la historia del arte, hasta tal punto que podría afirmarse que a partir del arte románico sería posible organizar un curso de historia del arte solo con el estudio de este tema, interpretado por cada artista y cada época de manera diversa. Parecería que nada nuevo era posible obtener de un asunto multiplicado hasta el infinito. Sin embargo, hay aquí un acercamiento novedoso, enriquecido con un sinnúmero de lecturas probables. Del madero de la cruz, árbol antes que objeto, nacen hojas, flores, se puebla de vida, de pájaros; es la promesa de la resurrección a través del martirio. Pero tal vez la cruz sea el árbol mismo de la vida, y ella la causa y el destino del sufrimiento y la resurrección. En apretado haz van vida, muerte y vida en un ciclo ilimitado y que no ha de terminar nunca.
“Los ojos, de este Crucificado, como los de todas las creaciones del artista, incluyendo peces, pájaros, güijes y otras criaturas, nos atrapan y no nos dejan marchar, nos trasmiten angustia, asombro, conformidad, dolor, pero sobre todo nos miran, nos interrogan y nos acompañan, en un alarde secreto de la más depurada técnica. Porque el claroscuro logrado por la integración de los diversos pigmentos cerámicos a la naturaleza íntima del material, cuyo dominio parece ser exclusivo de este autor, es otra de las constantes en su obra”.
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a cargo de
Nelson García
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| Aniceto Mario Díaz
Encrucijada, Las Villas, 1952
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Nace en Encrucijada, Las Villas, en 1952, se gradúa de pintura y grabado en la Escuela Nacional de Arte (ENA), y estudia restau-ración de pintura en el Instituto Central de Restauración de Roma en 1980. Trabaja como restaurador en el Museo Nacional entre 1974 y 1984. En 1985 realiza su primera exposición personal de dibujo y pintura en la galería de la Casa de la Cultura de Plaza (antiguo Lyceum del Vedado). En este mismo espacio expone junto a Isavel Gimeno en 1987. En 1992 participa en la Muestra Cubana en la Bienal de Vallauris, Francia. Realiza junto a Isavel una exposición a cuatro manos en la Sala Transitoria del Museo de la Ciudad en 1997. En 2001 ejecuta el pequeño mural de la Virgen de la Caridad , expuesto en la Bienal de Cerámica Amelia Peláez, pieza apreciada también en la Muestra Ora Pro Nobis en el Seminario de San Carlos. Esta obra se encuentra desde 2003 en el convento de Santa Brígida, en la Habana Vieja. Ha realizado junto a Isavel Gimeno numerosos murales en cerámica en Cuba y en el extranjero.
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