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CULTURA Y ARTE

 

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La siesta / Guillermo Collazo.
La siesta / Guillermo Collazo.
por María del Carmen Muzio
mariam@arzhabana.co.cu
Casal y Collazo
DOS ARTISTAS CONVERGENTES

Los poetas modernistas apreciaron en gran medida la pintura, y algunos de ellos incluso llegaron no sólo a escribir interesantes crónicas sobre este arte, sino también a realizarlo. Tales son los casos de Martí, quien gustaba de dibujar, de Juana Borrero, excelente pintora, y de Julián del Casal, cuyos artículos en La Habana Elegante recrean todo el mundo pictórico de la Cuba decimonónica.

 

Julián del Casal (1863-1893) y el Apóstol constituyen los dos pilares fundamentales del Modernismo en nuestro país. El 24 de junio de 1888, Casal con la firma del Conde de Camors , seudónimo que utilizaba, ofrece una visión muy enriquecedora del paso por La Habana del pintor cubano, ya famoso en el extranjero, Guillermo Collazo (1850-1896). El 7 de junio de este año se cumple el 160 aniversario del natalicio del pintor en Santiago de Cuba. Procedente de una familia vinculada a las ideas independentistas –un hermano suyo es fusilado con 17 años al inicio de la Guerra de Independencia; y otro, Enrique, llegó a General– la familia decide enviarlo a Estados Unidos.

Dentro de nuestras artes plásticas Collazo no deja de ser considerado un pintor “afrancesado”, gran retratista, cuyo trabajo con las texturas es de indiscutible valor estético, y autor, durante su breve estancia en la Isla , de magníficos retratos de la aristocracia habanera.

Nadie mejor que Casal para entender los cuadros de Collazo. El verso de Casal busca la precisión, la belleza, la musicalidad, la palabra exacta, enriquecedora y enaltecedora. De ahí su deslumbramiento ante Collazo, de quien dice: “Todo lo que brota de su pincel es refinado, exquisito y primoroso”. (1) Estos mismos adjetivos podía habérselos adjudicado Casal a su poesía. Recordemos:

Julián del Casal.
Julián del Casal.

  Amo el bronce, el cristal, las porcelanas,
las vidrieras de múltiples colores,
los tapices pintados de oro y flores
y las brillantes lunas venecianas...
(2)
 

Gracias a esta crónica de Casal conocemos una minuciosa descripción del estudio del pintor:

“Desde que se penetra en el estudio, no se tienen ojos suficientes para contemplar los objetos que atraen nuestras miradas. Ancha panoplia colosal, forrada de paño verde, sostiene un arnés completo, rodeado de toda clase de armas antiguas y modernas. Al lado de la panoplia, suntuosas colgaduras rosadas, artísticamente prendidas, ocultan la desnudez de las paredes. Jarrones chinescos, ornados de figuras y animales fantásticos; porcelanas antiguas, de diversos tamaños y variados colores; grupos escultóricos, ya en mármol, ya en barro, inspirados en asuntos mitológicos; lámparas maravillosas, primorosamente labradas, suspendidas del techo; muebles antiguos, forrados de viejas telas riquísimas; alfombras pérsicas, con flores grandes y diversidad de matices; todo lo más precioso que el gusto cosmopolita ha producido se encuentra diseminado, como por manos de hada, por los rincones ”.. (3)

Fascinación extrema tuvo que producirle al poeta amante de la belleza, que habitaba en miserable vivienda, que se ganaba la vida escribiendo en los periódicos con exiguo sueldo, el estudio del pintor. Collazo ya era un artista de renombre cuando visita su país natal en 1888. En Nueva York había trabajado en el estudio del pintor Sarony, el retratista de moda de la ciudad. En esa época los retratos del cubano fueron anónimos, hasta que logró establecerse por su cuenta y adquirir fama como creyonista. Allí conoce a José Martí, a quien su padre, Tomás Collazo, había recomendado al director de la revista The Hour, donde el Apóstol comenzaría a trabajar como cronista de arte. Luego el pintor regresa a Cuba, donde reside por cinco años, período en que conoce a Casal.

Durante su estancia, Collazo pintó a las figuras más prominentes de la época, y se destacó especialmente en los retratos femeninos. Uno de los más conocidos es el de la señora de Malpica (Carmen Bacallao de Malpica), que Casal describe con la maestría que lo caracteriza:

“Sobre el fondo violeta del lienzo, el cuerpo de la hermosa dama, ceñido delicadamente por regio vestido de rosa crema, bordada la delantera de flores, se destaca en pie, majestuoso y altivo, mostrando su arrogancia su gallardía. ¡Qué expresión la de aquel rostro! ¡Qué miradas las de aquellos ojos! ¡Qué bien marcados los contornos de aquel cuerpo escultural! ¡Qué aire de majestad en la figura! Parece que es la reina Isabel de Inglaterra en el momento de recibir el homenaje de sus cortesanos ”... (4)

El poeta, al igual que el pintor, era un gran admirador de la belleza femenina que reflejó más de una vez en sus versos:

 

Hecha ha sido tu boca purpurina
con la sangre encendida de la fresa,
y tu faz con blancuras de neblina
donde quedó la luz del Sol impresa.
[...]

Desciende en negros rizos tu cabello,
lo mismo que las ondas de un torrente,
por las líneas fugaces de tu cuello
y el jaspe sonrosado de tu frente..
(
5)

 

Continúa Casal su admiración por el poeta describiendo otros cuadros que pudo apreciar en su visita:

“Hay también, en el estudio, numerosas marinas, acuarelas, paisajes y bocetos que desafían la pluma más hábil y rechazan toda descripción. A pesar de esto, los mejores cuadros del señor Collazo están en Nueva York donde se exponen y venden a precios elevados ”... (6)

Por último, el poeta de quien Martí dijera que murió “del pesar de vivir”, (7) concluye con una frase significativa: “[...] porque el arte proporciona todos los goces... ¡hasta el de olvidar!” (8)

Collazo abandonaría muy pronto la ciudad para marchar a París –la ciudad de los sueños del poeta– donde se establecería definitivamente. En 1890 dos de sus obras triunfan al ser admitidas en el Salón de Exposiciones de la capital francesa, constituida centro mundial de la cultura. No obstante, desde el extranjero realiza cuadros de paisajes cubanos, y su estudio en la avenida Víctor Hugo se convierte en punto de reunión de la emigración cubana, al que asistían figuras como Calixto García, Diego Vicente Tejera y el puertorriqueño Emeterio Betances.

De un breve viaje que realiza a Biarritz surge su “Dama sentada a orillas del mar” que recrea a una joven, su cuñada Susana de Cárdenas, a la orilla del mar junto a un galgo. “Voluptuosidad” es uno de sus cuadros más atrevidos, pero el más conocido es “La siesta”, en el que pinta a una dama sentada en un butacón de mimbre, en tonos cremas que trasmiten la sensación de reposo.

Enfermo por su adicción a las drogas, moriría en 1896. Tres años antes, en 1893, había fallecido Julián del Casal, el poeta que tanto admirara su obra y quien viviera siempre en la pobreza, rodeado de japonerías que introdujo como nota exótica en el modernismo cubano.

Como bien explicaba Casal, lo mejor de Collazo se encontraba en el extranjero, entre Nueva York y París, por lo que parte de su obra se ha dispersado, fundamentalmente en colecciones privadas. No obstante, algunas se conservan en nuestro país, gracias a la exposición realizada por el arquitecto Evelio Govantes en 1933, en el Lyceum, con obras de colecciones de familiares y amigos, que posteriormente pasaron al fondo del Museo Nacional de Bellas Artes. Los restos de Collazo habían sido trasladados a la necrópolis habanera en 1899...

La impronta casaliana influyó y marcó la literatura cubana indeleblemente; el pincel de Collazo nos dejó los mejores retratos de distinguidas figuras de la época y ensoñadores paisajes. Ambos priorizaron lo estético por encima de otros valores, para legarnos un rico patrimonio cultural.

Notas:

(1) Casal, Julián del, “Los pintores” en Prosa , Editorial Letras Cubanas, La Habana , 1979, tomo I, p. 236.
(2) Casal, Julián del, “Mis amores” en Poesías , Edición del Centenario, Consejo Nacional de Cultura, La Habana , 1963, p. 31.
(3) Casal, Julián del, “Los pintores” en Prosa , ed. cit. tomo I, pp. 236-237.
(4) Casal, Julián del, “Los pintores” en Prosa , ed. cit., tomo I, pp. 237-238.
(5) Casal, Julián del, “Camafeo” en Poesías , ed. cit., 1963, p. 128.
(6) Casal, Julián del, “Los pintores” en Prosa , ed. cit., tomo I, pp. 237-239.
(7) Martí, José, “Julián del Casal” en Ensayos sobre Arte y Literatura , Instituto Cubano del Libro, La Habana , 1972, p. 233.
(8) Casal, Julián del, “Los pintores” en Prosa , ed. cit., tomo I, pp. 239.