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GLOSAS CUBANAS

Hijo amado. José Francisco Martí y Zayas-Bazán in memoriam
por Perla Cartaya Cotta
fotos: Archivo de la autora
Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura,
en la utilidad de la virtud,
y en ti.

José Martí, 1882
 
Martí y su hijo José Francisco.
Martí y su hijo José Francisco


Desde hace algún tiempo me desvela el afán por complacer a quien me ha pedido reiteradamente que escriba sobre José Francisco Martí y Zayas-Bazán. Ese propósito deviene idea conmovedora: significa acercarme íntimamente al ser más amado por ese hombre extraordinario en su altura y trascendencia.

El respeto y la devoción hacia quien debe ser el paradigma de nuestros niños y jóvenes, lograron, como en anteriores ocasiones, detenerme levemente. Como nunca –¡cubana al fin!—me doy por vencida, logro ofrecerles esta glosa concebida con amoroso rigor pero sabiéndola, de antemano, modesta en sus resultados. Permítanme, mediante este encuentro con su hijo, evocar con el amor merecido al hombre de la Rosa Blanca.


I


Los padres de José Francisco, caminantes de rumbo diferente, entrecruzan sus vidas por el misterio del amor.

A más de un siglo de su nacimiento y muerte (1853-1895), sigo pensando que José Martí nació con el halo de la gloria. Primogénito de una familia pobre de inmigrantes españoles, a los nueve años jura ante el cadáver de un esclavo ahorcado “lavar con su vida el crimen”. (1) De 1869 datan sus primeros escritos patrióticos. Sufre prisión y, al año siguiente, sentenciado a seis años de presidio político, trabaja en condiciones inhumanas, con un grillete al pie, en las canteras de San Lázaro. Llagado, enfermo de los ojos, es conducido a Isla de Pinos e indultado a fines de ese mismo año.(2) Con 17 años de edad, sale de ese infierno graduado de Hombre.

José Martí, “cubano completo desde la raíz telúrica hasta la flor altiva”, según el maestro Cintio Vitier, embarca desterrado para España en enero de 1871. No llega derrotado a Madrid. En las canteras había experimentado “un extraño júbilo de vencedor: se siente libre de odio”. (3)


Carmen Zayas-Bazán y José Francisco. La Habana, 1879.
Carmen Zayas-Bazán y José Francisco. La Habana, 1879.
Martí con su Ismaelillo. Nueva York, 1885.
Martí con su Ismaelillo.
Nueva York, 1885.


Si una obra no debe dejar de leer, a mi juicio, la juventud actual, es la que él escribe recién llegado a Madrid, El presidio político en Cuba, la cual “gira en torno al vencimiento del odio y a la trascendencia de la vida humana, no como idea de evasión sino como raíces, en él, de la lucha anticolonialista. Allí, encadenado, descubre la libertad del espíritu, la sustancia del bien y el sentido del sufrimiento”. (4) Allí se define para siempre: “Yo, para quien la venganza y el odio son dos fábulas que en horas malditas se esparcieron por la tierra. Odiar y vengarse cabe en un mercenario azotador de presidio…” (5)“Si yo odiara a alguien, me odiaría por ello a mí mismo”. (6) Son visibles, ya, las raíces de la concepción martiana de una guerra sin odio, “única quizás en la historia de la humanidad”, que él expresa y fundamenta en El Manifiesto de Montecristi (1895), máxima formulación de su doctrina revolucionaria.

De la madre de José Francisco no abundan los datos biográficos. Su padre, Francisco Zayas-Bazán y Varona, abogado de profesión, había nacido el 4 de octubre de 1818 en Puerto Príncipe. El primer día de diciembre de 1846, contrae matrimonio con Isabel Hidalgo y Cabanillas, natural de Cienfuegos, hija de Juan Martín Hidalgo y Espré, y de Carmen Cabanillas García, de origen sevillano y venezolano, respectivamente. (7) De esa unión, al parecer, nacieron cinco hijos: José María, Francisco Xavier, Ramón, Rosa y Carmen, que fue la menor. (8)

Al comenzar, en noviembre de 1868, la lucha insurreccional en territorio camagüeyano, don Francisco colaboró con el gobierno colonial en el esfuerzo –baldío– por lograr que los independentistas depusieran las armas. Con esa finalidad, participó en las comisiones que procuraron entrevistar a los jefes militares cubanos en las zonas donde se encontraban, para obtener un arreglo. Más tarde marchó a México con su familia, (9) en fecha no precisada. Se afirma que la vanidad y el orgullo de las hermanas Zayas-Bazán se acentúan al casarse Rosa, en ese país, con don Ramón Guzmán, cuya riqueza les permitía instalarse en Europa durante largas temporadas.

Carmen ha recibido, por tanto, la influencia de un hogar signado por las comodidades hogareñas, el amor de los padres, el orgullo personal, y la identificación con el status colonial de su país. Es una joven virtuosa, de aire altanero, muy apegada a don Francisco pues doña Isabel falleció sin ver a sus hijas casadas. Sus concepciones de la vida, del amor y de la patria difieren, en alto grado, del credo patriótico-existencial del hombre que será su esposo.

La vida los sitúa frente a frente en México. Martí llega en 1875 para reunirse con su familia, residente en una modesta casa de la calle Principal Segunda. En el piso superior, acota Jorge Mañach en Martí El Apóstol , vive Manuel Mercado, quien llega a ser su amigo y confidente.

Con Manuel Mercado, secretario del Gobierno del Distrito Federal, conoce Martí la política gubernamental del licenciado Sebastián Lerdo de Tejada, presidente de la República , heredero del civilismo de don Benito Juárez. Vinculado muy pronto “a la mejor intelectualidad mexicana”, colabora y forma parte de los redactores de la Revista Universal , tiene a su cargo la sección de Boletines, que firmaba con el pseudónimo de Orestes. Su condición de desterrado político cubano le abre las puertas de tertulias exclusivas de modo que conquista “la circunspecta reserva de los mexicanos”. (10)

“Martí está lleno de impaciencias, de ternuras vacantes”, afirma Mañach.; pero como bien dice este autor, el amor aparece como una centella la noche del estreno de su proverbio en verso Amor con amor se paga, en el Teatro Principal. Descubre, hermosa, en un palco cercano al de su familia, a Carmen Zayas-Bazán, quien vivía con su padre “en la 1era calle de San Francisco no. 12 […] la vía más aristocrática de la capital mexicana.” (11) La vuelve a ver en un baile, le atraen “la prestancia tradicional y el fragante señorío de las mujeres del Camagüey”. A ella le impresionan “sus pardos ojos, algo prendidos hacia la sien […] velados y soñadores en los silencios, brillantísimos en el coloquio…” El fino bigote que guarnecía la sonrisa fácil; la melena, ligeramente riza, que comenzaba ya a huir de la frente blanquísima. Pero sobre todo “su verba fluida, rica en todos los matices de la insinuación; su extremada galantería, su risa de cristal…” (12)

A pesar de las reservas de don Francisco sobre Martí, en la primavera ya son novios. Es impensable que Carmen desconociera sus ideales patrios, porque eran públicos. Sin embargo, celosa en cuanto al pasado sentimental de su novio, no la amedrentan, al parecer, aquéllos.

Inquietudes muy hondas tienen a Martí “codicioso de nuevos rumbos”. En enero de 1877, ya decidido a casarse, necesita mejorar su economía: la familia sufre necesidades, y él ha dado su palabra a una mujer de casa rica y amor impaciente. Al caer el gobierno liberal de Lerdo de Tejada, derrocado por el general Porfirio Díaz, desaparece la Revista Universal y Martí decide salir de México. (13) Regresa de Guatemala, a fines de ese año, para casarse. Por una carta que escribe a Manuel Mercado, sabemos sus planes: “Dar vida a la América , hacer resucitar la antigua, fortalecer y revelar la nueva; verter mi sobra de amor, escribir sobre graves cosas de París, estudiar grandes cosas con mi inteligencia sin prejuicios y sin prioridades, hacer gran hogar de alma a la mártir voluntaria que viene a vivir a él…” (14)

El 20 de diciembre de 1877, José Martí y Carmen Zayas-Bazán contraen matrimonio en el Sagrario de la Catedral de Ciudad México. Él cree que va a ser feliz y pondrá toda su voluntad en serlo. De la luna de miel son estos testimonios: “Aquí estamos, Carmen con aureola, yo con amor y penas. […] Esta luna de miel, errantes, vagabundos, era conveniente a nuestras bodas: peregrinos dentro de la gran peregrinación._Duerme entre salvajes y bajo el cielo, azotada por los vientos […]: ¡y me sonríe!_Ya no hablaré de valor romano. Diré: valor de Carmen._ ” (15 )Martí no calla sus emociones: “Cuando fui las alas que llevaba me cubrían los ojos: ahora, que con mis alas tenía que protegerla, he visto […] eminentes cerros, caudalosos ríos que, con sobrada razón, esquivan los viajeros. Carmen, extraordinaria; yo, feliz y triste ¡felicísimo!” (16)

La amnistía del Pacto del Zanjón posibilita a Martí y su esposa, ya embarazada, regresar a La Habana el 31 de agosto de 1878. Instalados en una modesta vivienda de la calle Tulipán no. 32, en la barriada del Cerro; él trabaja en los bufetes de don Nicolás Azcárate y don Miguel Viondi. El hijo amado , como Martí lo llama, nace el 22 de noviembre de 1878, en aquella casita, parto difícil que ocasionará a Carmen padecimientos crónicos. José Francisco fue bautizado el 6 de enero de 1879 en la parroquia Nuestra Señora de Monserrate y tuvo por padrinos a doña Leonor Pérez Cabrera y don Francisco Zayas-Bazán y Varona. (17)

Martí se halla en una etapa definitoria de su vida. Sabe cómo piensa su esposa. Pero no vacila. Escoge, como siempre, el camino del sacrificio personal. Quiere que su hijo tenga patria libre. Conspira con Juan Gualberto Gómez. Dos años antes había confiado a Manuel Mercado sus premoniciones:“–Afortunadamente, viviré poco, y tendré pocos hijos: –no la haré sufrir.” (18) El 17 de septiembre de 1879 es detenido en su casa por conspirar contra el gobierno español. El día 25 del mismo mes sale deportado por segunda vez a España. Quedan aquí el niño , centro de su drama familiar, y Carmen, que enfrentará sola, porque así lo quiso, el cuidado del retoño.


II

El pequeño José Francisco volverá a estar junto a su padre en tres ocasiones, siempre en la ciudad de Nueva York: la primera, del 3 de marzo de 1880 al 21 de octubre del mismo año. La segunda, de diciembre de 1882 hasta marzo de 1885. La tercera y última, desde el 30 de junio de 1891 al 27 de agosto del mismo año. El denominador común de esas visitas son: los esfuerzos de Martí para agasajar a su esposa y al niño; y la incomprensión e inaceptación de su vida misional, por parte de Carmen. Él dice de su hijo: “Sabrá sufrir, sabrá pensar y sabrá amar”, describiéndolo con ojos profundos y frente ancha. Como esposo tiene (desde la primera visita) cierta insatisfacción: “Regaño a Carmen porque ha dejado de ser mi mujer por ser su madre”. (19)


Del último encuentro, José Francisco conservaría inolvidables recuerdos de su padre, diciéndole sus versos y hablando de sentimientos nobles. Carmen, que nunca le endulzó el destierro porque él nunca quiso claudicar, llega en esta ocasión mucho más lejos. Se vale de Enrique Trujillo para que, a espaldas de Martí, gestione con el cónsul de España la salida de ella con su hijo, lo cual logra. Cuando la señora Clara Pujols, hospedada como ellos en el Hotel Fénix, le comunica a Martí (a petición de Carmen) lo sucedido, él palidece, y únicamente dice: “Hubo un hombre que crucificaron una vez, pero a mí me crucifican todos los días.” (20) En los siguientes versos, escritos por esa fecha, Martí expresa un deseo respetado por su hijo:

Para modelo de un dios
El pintor lo envío a pedir:_
¡Para eso no! ¡para ir,
Patria, a servirte los dos!
Bien estará en la pintura
El hijo que amo y bendigo:_
¡Mejor en la ceja oscura,
Cara a cara al enemigo! (21)

Carmen Zayas-Bazán con su hijo José, poco después de la muerte del Apóstol, 1895.
Carmen Zayas-Bazán con su hijo José, poco después de la muerte del Apóstol, 1895.

A pesar de la oposición de su esposo, por razones obvias, a que su hijo se formara junto a la familia materna; como tampoco permitió que usara el reloj obsequiado por su abuelo porque tenía grabados los símbolos de España. Carmen y José Francisco vivieron en Puerto Príncipe hasta que él se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras (curso 1893-1894). Entonces, en posesión de una pequeña herencia de su padre, ya fallecido, y para que Pepy (así dice a su hijo) matricule en la Universidad de La Habana , como él desea, la licenciatura en Derecho Civil, se mudan en 1894 para la calle Zulueta No. 3 en esta ciudad.


Ajeno está el joven, el primero de abril de 1895, a la epístola desgarradora y severa que su padre le escribe ese día: “Hijo: Esta noche salgo para Cuba: salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adiós, sé justo. Tu/ José Martí”. (22)

Diecinueve días después de su caída en Dos Ríos, madre e hijo saben la dolorosa noticia por comentarios callejeros de la soldadesca española. Sin lograr la entrega del cadáver, deciden viajar a los Estados Unidos, lo cual logran. José Francisco ha tomado la única decisión posible. Y Carmen –¡quién lo diría!– sabrá entonces del dolor de Espirta ante la decisión de Abdala. (23)

El 27 de febrero de 1897 sale una expedición del puerto de Brooklyn, al frente de ella están Carlos Roloff y Enrique Núñez, oficiales del Ejército Libertador. José Francisco es uno de los expedicionarios. Consta docu-mentalmente que se incorporó al Ejército Libertador el 21 de marzo de 1897 en el Departamento Oriental (Cuartel General), soldado número 35811, a las órdenes del general Calixto García Íñiguez, y así se mantiene hasta finalizar la contienda, en calidad de ayudante. El bravo general despierta en José Francisco el interés por la carrera militar; de él recibe las primeras lecciones de estrategia del combate. Lo autoriza a servir, como desea, en el Cuerpo de Artillería como uno de los oficiales de pieza de dinamita, con una pieza neumática Silver Du Dley, muy peligrosa porque lanzaba bombas cargadas de dinamita, y exponía demasiado a sus operadores puesto que tenía que ser colocada a muy corta distancia dentro de la línea de fuego.

Un testigo de primera mano, el coronel Horacio Ferrer, al referirse a la toma de Las Tunas (agosto de 1897), uno de los más brillantes hechos de armas de la Guerra de Independencia, refiere que “los tenientes José Martí, Juan Miguel Portuondo y Francisco Sedano, tres heroicos muchachos improvisados artilleros, les enfilaron [a los españoles] el cañón de dinamita, colocándoles una bomba en el sitio preciso para desmontar la pieza enemiga y acabar prácticamente con sus servidores”. (24) Cuando Manuel Portuondo, jefe de esa pieza, es herido mortalmente al cargar el cañón, Pepe Martí ocupa su lugar, carga el arma y cuando dispara hace volar por el aire al polvorín español. Participó como artillero en la batalla de Guisa; en el sitio de Santiago de Cuba; en la toma de El Guamo; en el combate de Las Auras y en todos los que se sucedieron hasta finalizar la guerra. Por sus méritos en el campo de batalla obtiene los siguientes grados: alférez (22 de abril de 1897), teniente (30 de agosto de 1897) y capitán (18 de agosto de 1898).

José Francisco Martí y Zayas-Bazán con su uniforme militar en 1919.
José Francisco Martí y Zayas-Bazán con su uniforme militar en 1919.
María Teresa (Teté) Bances de Martí, esposa de José Francisco Martí.
María Teresa (Teté) Bances de Martí, esposa de José Francisco Martí.

En 1898, el general Calixto García le ordena viajar a la ciudad de Nueva York, acompañado por el teniente Bernardo Figueredo, para comunicarle a don Tomás Estrada Palma órdenes muy confidenciales; llegan a esa ciudad el 8 de septiembre de 1898. A fines de ese año, Carmen Zayas-Bazán, acompañada por su hijo, regresa a La Habana , residiendo en la calle San José 2ª.

Al terminar la guerra, le otorgan a José Francisco la medalla del Ejército Libertador y la del Mérito Militar. Su licenciamiento del Ejército Libertador de Cuba (Departamento Oriental) está fechado el 15 de julio de 1899, y lo firma el general Carlos Roloff. Se afirma que el joven capitán tenía dañados los tímpanos desde el combate de Tunas de Bayamo, debido a un desperfecto del cañón que operaba.

Malos tiempos lo esperan: trabaja en la Aduana ; en una biblioteca; con salarios tan bajos y horarios tan difíciles que le impiden proseguir los estudios universitarios, reanudados en 1899. Su vida cambia cuando don Tomás Estrada Palma, presidente de la República , por gestiones de la viuda de Martí, lo llama al servicio activo, destinándolo primero a la Guardia Rural , y poco después, al regimiento de artillería de Costa, emplazado en los terrenos ocupados luego por el Hotel Nacional. Ese regimiento integrará las fuerzas del Ejército Constitucional Cubano. Ocupa en él distintos cargos hasta llegar a Jefe del Cuerpo de Artillería. Primer Jefe de las Fuerzas de Artillería de Costas –según el Libro de Oro-Hispano-Americano-Cuba –, que se organizaron más tarde en la Isla.(25)

Al producirse el 29 de septiembre de 1906 la segunda intervención norteamericana, y ser nombrado William H. Taft gobernador provisional de Cuba, recae en Pepe Martí la tarea de ser su ayudante de campo por reunir los requisitos necesarios: dominio del idioma inglés y experiencia previa como ayudante; manteniéndose en dicho cargo cuando Charles Magoon sustituye a W. H. Taft.

Al inaugurarse el ferrocarril de la Florida a Cayo Hueso, el gobierno lo comisiona para representarlo en ese evento. Figura en la comisión que va a los Estados Unidos para examinar los planes de estudio y el funcionamiento de las escuelas militares, los arsenales y los depósitos de guerra del ejército norteamericano. En 1908, presencia grandes maniobras militares en Francia, visita la escuela militar de Saint Cyr y la famosa fábrica de Creusut, donde obtiene los datos necesarios para adquirir la artillería de campaña del Ejército cubano. (26) Joven, culto y entusiasta de su patria, goza de gran prestigio en la sociedad y en el ejército. Se destaca, además, traduciendo informaciones culturales y militares del inglés y el francés al español, para el Boletín del Ejército. Por eso, “militar de vocación y sólo militar”, irá obteniendo los distintos grados de su carrera hasta desempeñar el cargo de Jefe del Estado Mayor General del Ejército, desde el 11 de noviembre de 1915 hasta julio de 1917, fecha en que se le concede su retiro de las Fuerzas Armadas. Siempre sostuvo el principio de que el deber del Ejército es servir a la Patria y no a los intereses de la política. Acepta por breve tiempo el nombramiento de Secretario de Guerra y Marina, en el gobierno de Mario García-Menocal. Renuncia poco después para no inmiscuirse en los asuntos políticos.

Boda de José Francisco Martí y Zayas-Bazán y María Teresa Bances, 21 de febrero de 1916.
Boda de José Francisco Martí y Zayas-Bazán y María Teresa Bances, 21 de febrero de 1916.
José Francisco, que ya cuenta 37 años de edad, es feliz: logra conquistar a María Teresa Bances (Teté), hija de don Victoriano Bances y Cuervo Arango, natural de Avilés (Oviedo, España), y de doña María Teresa Fernández Criado y Stanton, natural de La Habana. Mujer bella, virtuosa y culta, hablaba y escribía correctamente en inglés, francés, alemán e italiano. Al cuidado de su tío, Marcelino Bances, por el fallecimiento del autor de sus días, continúa viviendo en la casa paterna, en la calle Calzada No. 103 (hoy 807), en El Vedado, donde vivirá hasta el final de sus días.

El día 21 de febrero de 1916, el mayor general José Francisco Martí y Zayas-Bazán y María Teresa Bances y Fernández Criado, reciben el sacramento del matrimonio en la Iglesia parroquial del Sagrado Corazón de Jesús en El Vedado. (27) Los padrinos fueron don Marcelino Bances y doña Carmen Zayas-Bazán, viuda de Martí. Firmaron como testigos el general Mario García-Menocal, presidente de la República , e Ignacio Larreinaga, de profesión rentista. El padre fray Isidro Ruiz los casó. La boda fue un acontecimiento social relevante. Él estrenó en esta ocasión el nuevo uniforme de gala del ejército con los grados de mayor general en oro, llevando en el pecho la Cruz del Mérito Militar y la medalla de los Veteranos de la Guerra de Independencia. 28 El matrimonio, que al parecer fue feliz, no logró tener descendientes. No fue
Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de El Vedado
Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de El Vedado (conocida como la Parroquia de El Vedado), donde contraen matrimonio José Francisco y María Teresa, 1916.
fácil la vida para Ismaelillo , diría Vitier, “vida tan poco recordada, respetando las penas silenciosas que fueron prematuramente modelando su rostro de estricto militar con las ilusiones, perplejidades y sinsabores de tan maltrecha República”. (29)

EPÍLOGO

José Francisco Martí y Zayas-Bazán, fallece el 22 de octubre de 1945, después de recibir los Santos Sacramentos, a consecuencia de su dolencia pulmonar crónica. Sus restos fueron trasladados al Salón de los Pasos Perdidos del Capitolio Nacional, donde se mantuvo guardia de honor permanente, y la visita del pueblo que acudió a despedirlo. Recibió honores de acuerdo con su alta jerarquía militar y fue proclamado duelo oficial nacional. Sepultado en el panteón de la familia Bances-Martí, en la lápida blanca, aún se puede leer la identificación simbólica del Apóstol con su propio hijo: Ismaelillo, que ya aparece fijada en un Cuaderno de Apuntes de 1881: “_ese hijo mío a quien no hemos de llamar José sino Ismael_”, aludiendo al personaje bíblico. En Ismaelillo , le dice en versos de conmovedora ternura, “hijo del alma”, “príncipe enano”, “mi caballero”, “mi reyecillo”, “musa traviesa”.

Creo que Ismael amó, respetó y honró a quien tanto sufrió por su ausencia, esforzándose, desde su propia altura, para preservar la dignidad implícita en su glorioso apellido. La fidelidad al mandato paterno, sé justo, la manifiesta cuando, al saber de su muerte en Dos Ríos e independizándose por sí solo de su familia materna, se incorpora al Ejército Libertador. Se percibe junto a Juan Gualberto Gómez, Carlos Mendieta y Cosme de la Torriente , en 1928, en el grupo de personalidades políticas e intelectuales, presidido por Enrique José Varona, que ante la propuesta de reelección de Gerardo Machado, lanzan un manifiesto al país, proyectándose contra la prórroga de poderes y las medidas que impiden la reorganización y la formación de partidos políticos.

Muy amigo de Jorge Mañach y de Joaquín Martínez Sáenz desde su juventud, participa con ellos en el primer acto abecedario con motivo de la organización de ese Partido, al cual se incorpora; aunque poco podrá hacer, siendo su vicepresidente, porque su salud se deteriora rápidamente. El 27 de noviembre de 1938 en una manifestación conmemorativa de la luctuosa fecha que avanza por la calle San Lázaro, en la primera fila, a pesar del frío y la lluvia, y de su crónica enfermedad pulmonar, camina junto a los estudiantes, sus amigos y el

Última fotografía junto a su esposa.
Última fotografía junto a su esposa.

pueblo en dirección a La Punta. El 4 de abril de ese mismo año, gracias “a los esfuerzos del general Martí”, fue posible reunir en su casa “a los jefes antagónicos de la oposición de aquellos momentos” y la firma de un documento único y encauzado en un mismo lema: Constituyente primero y elecciones después, paso previo necesario para lograr posteriormente la unidad de la oposición en la Asamblea Constituyente de 1940, hecho de significativa trascendencia para la nación.

Su fidelidad al mandato martiano que inicia esta glosa, vibra en su respuesta a una injuriosa carta de Ramón Vasconcelos, páginas “de una limpieza y dignidad que, tanto como su militancia mambí, hubieran enorgullecido al Apóstol de Cuba”, (30) las cuales concluye así: “Tengo para mí, sin embargo, la satisfacción del deber cumplido; fe y esperanza en la utilidad de la virtud y en el mejoramiento humano…”, señalándole a ese político “el mismo error que parece criticar: el de las comparaciones, que siempre son odiosas, y que en este caso resulta cruel, porque se utiliza la gloria del padre para deprimir al hijo, que , por lo menos supo, como lo quiso él ‘estar en la ceja oscura, cara a cara al enemigo'”. (31)

Reciba esta glosa, amigo lector, en vísperas del Día de los Padres, como un humilde obsequio de esta sección para todos los cubanos que honran a sus padres y a su Patria, dondequiera que se encuentren, con el amor cotidiano y el permanente respeto

Notas y Referencias:

(1) José Martí. Obras Completas, Tomo 16, página 107.
(2) Por gestiones de José María Sardá, dueño de las canteras y amigo de su padre.
(3) Cintio Vitier. Vida y obra del Apóstol José Martí, Centro de Estudios Martianos, La Habana , 2006, p.15.
(4) Ibídem.
(5) Ibídem p. 16.
(6) Ibídem.
(7) Luis Álvarez Álvarez. Gustavo Sed Nieves. El Camagüey en Martí, Editorial José Martí, La Habana , 1997, p. 353.
(8) Ibídem p. 349.
(9) Ibídem p. 354.
(10) Jorge Mañach. Martí. El Apóstol. Biblioteca básica de Cultura Cubana. Director: Alejo Carpentier. Segundo festival del Libro Cubano, La Habana , 1941, p. 86.
(11) Ibídem 7, p. 354.
(12) Ibídem 10, p.82.
(13) Martí parte de Veracruz rumbo a La Habana , con el nombre de Julián Pérez. Llega el 6 de febrero; conoce las graves disensiones dentro del Ejército Libertador. En febrero, abandona la Isla vía México-Guatemala, a cuya capital llega el 2 de abril
(14)Obras Completas, t. 20. “Carta a Manuel Mercado”, p. 32.
(15) Ibídem p. 40.
(16) Ibídem.
(17) Según consta en el archivo parroquial.
(18)O.C. t. 20. “Carta a M. Mercado”, p. 33.
(19) Ibídem pp. 60, 61.
(20) Ibídem 7, p. 347.
(21)O.C. t. 16, p. 108.
(22)O.C. t. 20, p. 480.
(23)Abdala , poema dramático de José Martí publicado en 1869 en La Patria Libre , es “la prefiguración del conflicto fundamental de Martí en el mundo de la madre, las hermanas, la esposa”.
(24) Horacio Ferrer. Con el rifle al hombro, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana , 2002, p. 80.
(25) Paula María Luzón Pi. Vida de Ismaelillo. Ediciones Boloña, La Habana , 2004.
(26) Ibídem.
(27) La inscripción consta en el folio 173, No. 279 de los archivos parroquiales.
(28) Ibídem 25.
(29) Cintio Vitier. “Gracias, Paula” en ob. cit. No. 25 pp. 9, 10.
(30) Ibídem.
(31) Ibídem 25, pp. 79, 80 y 81.

Un reconocimiento para Yalile Amado, Ysmari Rodríguez y Laura García, de la Biblioteca Pedagógica Félix Varela, y a Elisa Cruz y Lora, por la cooperación de siempre con esta sección, especialmente en esta glosa. Gracias.