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“Educar nutre a uno
mucho más que las medallas” |
Eugenio George
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por Nelson de la Rosa Rodríguez
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Conversar con Eugenio George fue más fácil de lo pensado. El Mejor Entrenador de Voleibol Femenino del siglo XX es una persona cercana, sencilla y presto al diálogo, características que lo hacen brillar aún más… si eso fuera posible. |
El escenario del diálogo no podía ser otro que la Escuela Nacional de Voleibol. Allí en una de sus oficinas, donde trabaja diariamente aún a sus 75 años, Eugenio fue un magnífico anfitrión. Lejos en el tiempo, pero cercano en la memoria, recuerda que llegó a La Habana en la segunda mitad de la década del 40 procedente de Baracoa.
Eugenio George: “Vine a La Habana con la idea de cursar el bachillerato. En mi pueblo era prácticamente imposible, mi padre era un empleado público y los recursos económicos no eran suficientes, así que aproveché la oportunidad que me dio una tía aquí en la capital y comencé a estudiar en el Instituto de La Víbora. En aquel entonces mis aspiraciones no pasaban más allá de graduarme de bachiller. Sin embargo, el Instituto tenía una gran historia en el voleibol e incluso era el campeón del torneo anual que disputaban entre si los principales colegios de La Habana.
“El voleibol no me era ajeno, ya lo había jugado bastante en Baracoa, donde era el deporte más practicado después de la pelota, aunque te cuento que también practiqué boxeo pero no de forma organizada. Perteneciendo al Instituto pude conocer a Jacinto (Tito) del Cueto, quien es considerado el Padre del Voleibol Cubano, y más tarde pasé al Campo Deportivo Pepe Barrientos. En esa época yo jugué con varios equipos, entre ellos el Fiat Lux, que era de los mejores e incluso llegué a la selección nacional ”. |
Palabra Nueva: Con la selección nacional usted participó en varios eventos internacionales, quizás el de mayor prominencia fue el Campeonato Mundial de París, Francia, en 1956. Algunos historiadores reflejan que el objetivo del equipo era ganar una medalla, sin embargo se quedó en el lugar 19…
EG: “ La Federación Cubana se había fundado con un gran sacrificio unos meses antes y realmente nosotros no teníamos noción de lo que era el nivel internacional. Recuerdo que nuestra intención era participar en el Campeonato Abierto de Estados Unidos, pero los directivos se dieron cuenta de que con un poco más de dinero podíamos estar en el Mundial. No teníamos información de lo que pasaba en el mundo y dedujimos que si el voleibol lo habían inventado los norteamericanos, nosotros teníamos un nivel parecido, y lo mismo ocurría con Brasil, y en eso se basaron los
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Equipo cubano en Mundial de París 1956. |
pronósticos. Me acuerdo de que habíamos visto unas fotografías del equipo soviético y nos parecía que su juego táctico era muy limitado. Cuando llegamos a París nos dimos cuenta que de voleibol no sabíamos nada y tuvimos que adaptarnos a las reglas internacionales, pues nosotros jugábamos con las reglas norteamericanas, tuvimos que descifrar el comportamiento táctico de los rivales en la misma competencia… Yo no sé como quedamos en el 19, pudimos haber terminado en el 24. Ahora, ¿qué hicimos allí? Nos fijábamos en los grandes equipos y anotábamos todo lo que hacían, cómo era el calentamiento, cómo se expresaban, sus sistemas de juego, etc. Esto motivó que al regreso tuviéramos una idea más exacta de lo que era el nivel mundial y que estábamos bien alejados”.
PN: Eugenio George se mantuvo como jugador activo hasta el año 1962 y luego pasó a dirigir en la rama masculina, aplicando sistemas más adecuados al nivel mundial, gracias sobre todo al aporte del entrenador checo Lumir Matlacek. Una vez sentadas las bases para el desarrollo entre los varones, pasó en 1968 a dirigir la selección femenina.
EG: “Ese año se retira Andrés Machito Hevia, que era el entrenador, y me dan esa responsabilidad. Para ese entonces la selección necesitaba ser renovada y comenzar un trabajo casi desde cero. Me di cuenta entonces que el trabajo con las mujeres era diferente, estaba obligado a buscar más elementos, a alcanzar un desarrollo superior y a caracterizar un sistema de juego distinto, pues en el juego femenino hay un balance entre defensa y ofensiva que no existe en el masculino donde predomina la ofensiva. En aquel entonces trabajábamos con todas las categorías y reconozco que me ayudó mucho el ya fallecido Antonio Perdomo, quien llegaba a los entrenamientos a las 8 de la mañana y se iba a las 11 de la noche, y casi siempre almorzaba y comía en la instalación. El trabajo con las mujeres necesita de mucho más tiempo y dedicación, es importante que ellas se sientan seguras, sepan que uno hace un trabajo en función de ellas, de elevar sus rendimientos, pero también su disciplina, su conducta, su figura física. Cuando ellas logran experimentar esto se entregan al esfuerzo con una gran decisión y me atrevo a decir que, en muchas veces, con más rigor que los varones”.
PN: El año 2000 fue de gran significación para el voleibol cubano. Regla Torres fue seleccionada como la Mejor Jugadora del siglo y usted el Mejor Entrenador de Selecciones Femeninas. En aquella oportunidad, dijo que hubiera sido más justo seleccionar cinco entrenadores.
EG: “Yo creo que es muy difícil seleccionar una persona en todo un siglo, porque yo no llegué sabiendo, tuve que aprender y hubo muchos que me enseñaron. Uno que no puede faltar es el ruso Nicolai Karpol, quien ha ganado 32 veces el campeonato de su país, creador de generaciones de deportistas; debe estar Ary Sellinger, quien dirigió aquel famoso equipo norteamericano de Flora Hymman, Rita Croquet, etc. Creo que no puede faltar Man Bok Park, quien llevó a la selección peruana a un alto nivel de excelencia deportiva; debe estar Bernardo Rezende de Brasil, aunque últimamente ha tenido más éxito con los equipos masculinos, no hay dudas de que él creó un equipo de una gran plasticidad y belleza; y no puede faltar el japonés Yamada, quien modernizó los sistemas de juego, acercó más las técnicas de los hombres a las mujeres y con su equipo ganó la medalla de oro en Montreal 76 y en la Copa Mundial del 77. Quizás todo esto lo perfecciona la Escuela |
Cubana de Voleibol (ECV), que resumen en mi persona y yo tengo que protestar porque tal vez soy el más viejo y el más representativo, pero se trataba de un sistema formado por un grupo de compañeros muy valiosos, entre los que no puede faltar mi esposa Graciela, quien fue la que concibió el sistema, de cómo llevar eso a las categorías inferiores, tampoco entrenadores como Orlando Samuels, Gilberto Herrera, Antonio Perdomo, y otros en las provincias que fueron excepcionales.
“Por eso te digo que es difícil la selección porque, si nosotros formamos la E.C.V., Karpol, Man Bok Park y el resto fueron entrenadores con sistemas propios que los llevaron a alcanzar resultados altamente positivos. Yo recuerdo a ese equipo peruano dirigido por Man Bok como una belleza extraordinaria. Incluso, a veces, cuando perdíamos con ellas, luego nos sentábamos a ver el partido y lo volvíamos a disfrutar”. |
Eugenio con sus muchachas en el IV Torneo Centroamericano
y del Caribe de Voleibol, 1975. |
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PN: En un período que va desde la segunda mitad de 1996 a 1998 usted no estuvo con la selección nacional. ¿Qué pasó?
EG: “En aquel momento tuvimos algunas dificultades en las concepciones de trabajo con la dirección del INDER, cuyo presidente entonces era Reynaldo González. Eso fue notorio, él no estaba de acuerdo con nosotros, no nos pusimos de acuerdo y entonces él cambió la Federación completa, pues consideraba que muchas decisiones que nosotros tomábamos, y creíamos acertadas para el bien del voleibol, debían ser consultadas. Realmente yo no me quedé fuera del INDER, sino que pasé a trabajar en otro sector muy importante como la creación de los programas de multimedia. Luego vino otra dirección del organismo y Humberto Rodríguez me llama nuevamente, pero ya en ese entonces yo preferí que mi aporte como entrenador fuera en apoyo a figuras más jóvenes, que más tarde pudieran continuar ese trabajo por muchos más años. Uno de ellos fue Luis Felipe Calderón, quien murió prematuramente al igual que Antonio Perdomo. No obstante, creo que los que están ahora en la responsabilidad tienen los conocimientos y las condiciones necesarias para seguir llevando adelante el voleibol cubano”.
PN: Usted guarda en sus vitrinas tres medallas de oro y una de bronce en juegos olímpicos, tres de oro y una de plata en campeonatos mundiales e idéntica cosecha en copas del mundo, además de siete coronas panamericanas y centroamericanas. De todos esos éxitos, ¿Cuál le dio mayor satisfacción?
EG: “Sin dudas, el triunfo en el Campeonato Mundial de 1978. Aquel fue la realización de un sueño. Yo recuerdo que se planificó todo el trabajo durante 10 años con el objetivo de tener un buen resultado a nivel mundial y muchos se preguntaron si sería posible. La clarinada vino en el 71, cuando ganamos los Panamericanos de Cali, en el 74 ya nos ubicamos en el grupo de vanguardia, en el 76 el equipo masculino ganó el bronce en los Juegos Olímpicos de Montreal, y un año después las muchachas quedaron segundas en la Copa del Mundo. Quiere decir que ese gran resultado ya estaba por llegar. Recuerdo que Paul Libaut, entonces presidente de la Federación Internacional , reconoció que con el triunfo de Cuba el voleibol alcanzó su mayor representatividad”.
PN: ¿Es cierto que en los Juegos Olímpicos de Barcelona los entrenadores rivales se reunieron para agasajarlo?
EG: “Sí, es cierto. Eso no es muy público, es bastante personal y por eso no muchos lo saben. Recuerdo que el entrenador norteamericano Laskevich me dice: ‘Ven un momento que tengo que decirte algo', y cuando llego me lleva a un saloncito y cuando entro estaban todos los entrenadores incluyendo a Nicolai Karpol que acababa de perder la final contra nosotros y me dice Laskevich: ‘El criterio aquí de todo el mundo es hacer un brindis por ti, por tu salud y por el éxito; porque el éxito tuyo es el éxito del voleibol, por tu labor de tantos años, la amistad, la modestia con que asumes cualquier resultado por grande que sea, y queremos brindar contigo y todos estábamos de acuerdo en ganarte, en ganar la olimpiada, pero si no la ganábamos nosotros, que la ganaras tú.' Ese fue un momento muy lindo y me pasó otra vez algo parecido con la prensa especializada de voleibol en Japón. Esos han sido dos gestos que guardo como algo íntimo, pero prueban que el paso de uno no tiene tanto que ver con el resultado deportivo, sino con la calidad humana que uno puede expresar a través del trabajo y en la labor de las atletas”.
PN: Hoy es común ver a los entrenadores dirigiendo a equipos de otros países. ¿Alguna vez usted recibió ofertas para dirigir otras selecciones?
EG: “Sí, cómo no, muchísimas. Son tantas que alguna se puede olvidar, pero me han propuesto dirigir en México, en la liga profesional norteamericana, en la liga japonesa, incluso en la selección nacional de Japón, pero yo me he sentido siempre muy ligado al voleibol cubano y nunca hubiera aceptado el vivir fuera del país por muy grande que fuera la remuneración económica. Para mi la principal tarea, más allá de los éxitos, es educar. Ese es el mensaje del deporte, y yo siempre me he sentido aquí, como eso, como un educador”.
PN: ¿Cómo es la relación con el resto de los entrenadores?
EG: “Nosotros nos conocemos mucho, el roce por años en competencias, giras, nos permite un nivel de cercanía bastante elevado. Y conoces a todos, sabes cómo reaccionan en distintos momentos, cuáles son los puntos fuertes y los débiles, y eso muchas veces incide en la decisión de un partido.
“En otras oportunidades salen a flote los valores de la amistad que siempre están presentes. Recuerdo que un día, en un Grand Prix, Cuba y Rusia iban prácticamente a discutir una medalla en su juego y yo veo una situación difícil a la hora de la salida hacia la instalación. Las jugadoras nuestras ya iban para el ómnibus y veo a Karpol en un estado de ánimo que no era normal y que no tenía nada que ver con la competencia. Me dirijo a él, le pregunto qué pasaba y me dice que su hijo y la esposa acababan de morir en un accidente. Le dije: ‘No te preocupes, el equipo Cuba no se va a subir al ómnibus, haz tus arreglos y hasta que tú no tengas listo qué vas a hacer, cuándo vas a viajar, nosotros no vamos a salir. No te preocupes porque no vas a perder por no presentación, porque el equipo nuestro tampoco va a estar allí'. Verlo luego dirigir en medio de esa situación, sabiendo todo lo que estaba pasando, fue bien duro. Eso quiere decir que los entrenadores nos conocemos, sabemos muchas veces lo que pensamos con solo mirarnos y eso es lindo y habla mucho de lo que es el deporte”.
PN: En una disciplina tan dinámica y explosiva, ¿cómo usted podía mantener la ecuanimidad en momentos de tensión?
EG: “Eso forma parte de una dinámica de trabajo que se crea desde que el atleta llega el primer día al terreno y es ahí donde se moldea la conducta del deportista y del equipo. Entonces, cuando empieza el juego sucede como cuando uno se monta en un carro. El carro tiene una dirección y uno la mueve un poquito para allá y luego para el otro lado. En el juego lo que se dirigen son los momentos, ya esa dinámica desde el punto de vista táctico, físico, ya está hecha desde los entrenamientos. Reitero, lo que diriges son los momentos, si estás debajo, cómo lo traigo para acá, con un tiempo de descanso o con la sustitución de un jugador, es decir, todo es un sistema que cuando está funcionando como se debe no tiene por qué alterarse”. |
PN: Hace poco se instituyó el Trofeo Eugenio George para distinguir el Mejor Entrenador de Voleibol femenino en el área NORCECA…
EG: “A mi me emocionó mucho porque yo fui creador del área NORCECA, compartí con las grandes figuras y dirigentes de aquel momento, y lo otro es verme al lado de James Coleman, cuyo nombre lleva el Trofeo que reciben los entrenadores de equipos masculinos, quien es para mí un verdadero líder y una figura a imitar en todas sus facetas. Lamentablemente falleció ya, pero es una de las personas que más ha aportado al voleibol mundial en muchas esferas. Por otro lado, un trofeo con mi nombre no significa tanto un reconocimiento personal, sino a todo lo que es el sistema de la Escuela Cubana de Voleibol”.
PN: Su responsabilidad como entrenador lo llevó a estar mucho tiempo separado de la familia. ¿Cómo se vivía eso en la casa?
EG: “Yo tuve la suerte de tener como esposa a Graciela González, quien estaba también muy ligada al deporte y, para mayor suerte, fue por casi 30 años la directora técnica del voleibol. Eso hacía mejor la relación entre ambos y entonces lo que tratábamos era de no llevar las cosas del trabajo a la casa. Realmente siempre fuimos una familia muy unida, con 50 años de relaciones, y aún anda conmigo siempre”.
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Premio Mejor Entrenador de Voleibol Femenino
del siglo XX.
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PN: Eugenio, si fue difícil para usted escoger cinco entrenadores entre los mejores del pasado siglo y casi imposible hacer un equipo, ¿qué tal si intentamos un equipo Cuba con jugadoras de todos los tiempos?
EG: “Tampoco es fácil, intentaré hacerlo por posiciones. Por ejemplo, entre las pasadoras tienen que estar Imilsis Téllez y Ana María García. La primera era excepcional; y la segunda, genial, aunque no pueden faltar tampoco Taimaris Agüero, Marlenis Costa, Tania Ortíz y Lily Izquierdo. En la posición central tienen que estar Magali Carvajal, Regla Torres, que resultó la mejor del siglo, Lázara González, Ana Ibis González, Mercedes Calderón y Lucila Urgellés; mientras que por los laterales están Mercedes Mamita Pérez, Josefina Capote, Mireya Luis, Yumilka Ruíz, Regla Bell, la capitana, quien no se sentó nunca debido a su rendimiento tan alto siempre. Creo que esos nombres no pueden faltar”.
PN: La conversación con Eugenio comenzó con su viaje de Baracoa a La Habana para estudiar el bachillerato, para convertirse después en jugador, y luego ser director técnico. Si el viaje se repitiera, ¿los objetivos serían diferentes?
EG: “Emprendería el camino del entrenador. No tiene comparación la satisfacción de producir tantas alegrías, pero básicamente de educar, de ver los resultados aun cuando son diferentes generaciones, es algo que lo nutre a uno, inclusive mucho más que las medallas, para serte honesto. Yo te decía a ti que la medalla más significativa fue la de oro en el Mundial de 1978, porque era la realización del sueño de generaciones; pero para mí, en el orden personal, el día que yo dirigí por primera vez el equipo Cuba, que fue en un amistoso contra la Alemania Democrática , mis aspiraciones como entrenador estaban cumplidas porque había dirigido el equipo nacional y eso sigue siendo lo máximo”.
PN: Muchísimas gracias, Eugenio
EG: “Gracias a ti”. |
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