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X Semana Social Católica
por Orlando Márquez Hidalgo
Monseñor Dominique Mamberti.
Monseñor Dominique Mamberti.
Del 16 al 19 de junio sesionó en la Casa San Juan Maria Vianney, en esta arquidiócesis, la X Semana Social Católica, en la que participaron 126 personas, entre delegados e invitados. Representantes de las once diócesis cubanas, junto a especialistas residentes en la Isla, Estados Unidos y Argentina, intercambiaron durante esos días sobre algunos tópicos de interés común, como el diálogo entre cubanos, la economía, la presencia pública de la Iglesia y la reconciliación.


LA MISIÓN DE
LOS LAICOS:
COMPROMISO, TESTIMONIO Y DIALOGO


El secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, monseñor Dominique Mamberti, inauguró el miércoles 16 de junio la X Semana Social Católica recordando a los laicos cubanos que su misión “es de compromiso, de testimonio, de diálogo, de animación dentro de la sociedad y de sus articulaciones, y en contacto con todos los demás ciudadanos”. Le escuchaban en el Aula Magna del Colegio Universitario San Gerónimo, de la Habana Vieja, el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana y responsable de la comisión organizadora de la Semana Social, monseñor

Emilio Aranguren, obispo de Holguín y presidente de la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), monseñor Angelo Becciu, nuncio apostólico en Cuba, y el historiador de la ciudad, Eusebio Leal, anfitrión de la sesión inaugural.

En su conferencia, con el título “Laicidad del Estado: algunas consideraciones”, monseñor Mamberti hizo un recuento histórico del concepto laicidad, su desarrollo en el tiempo hasta nuestros días y su interrelación con el cristianismo. Afirmó que si bien la “laicidad” es “invocada hoy y utilizada no raras veces para obstaculizar la vida y la actividad de la Iglesia, en su realidad profunda ella no se hubiera dado sin el cristianismo”. Remitiéndose a la Doctrina Social de la Iglesia y al magisterio pontificio de Juan Pablo II y Benedicto XVI, recordó que la laicidad del Estado debe incluir el pleno respeto a la libertad religiosa, porque de lo contrario, paradójicamente, el Estado dejaría de ser laico para convertirse en confesional, convirtiendo la laicidad en ideología, “una especie de religión, hasta con sus ritos y liturgias civiles”.

Al concluir la conferencia, todos los participantes fueron invitados a la gala ofrecida por el Gobierno cubano con motivo de los 75 años de relaciones entre la Santa Sede y Cuba, celebrada en el antiguo Convento de San Francisco con la interpretación de la Misa Cubana a la Virgen de la Caridad, compuesta por el músico José María Vitier.


LA PRIMERA SESIÓN
DE TRABAJO


Con la presencia de monseñor Dominique Mamberti se iniciaron los trabajos de la Semana Social Católica en la Casa San Juan Maria Vianney.

En sus palabras de bienvenida a los participantes, el cardenal Jaime Ortega definió la Semana Social como “una búsqueda que, entre la tupida selva de opiniones, intenta encontrar un camino que contribuya a hacer avanzar la historia en sus procesos a veces lentos, a veces difíciles”.

Otro orador de la apertura fue el obispo de Holguín y presidente de la Comisión Justicia y Paz de la COCC, monseñor Emilio Aranguren, quien expresó que, con estas jornadas, el Señor “regala la posibilidad de repensar el compromiso de transformación” de la sociedad cubana “con creatividad y audacia”, así como la posibilidad de “crecer en libertad y generosidad en lo individual y en lo comunitario” y de profundizar en los “procesos de conversión pastoral”.

Según monseñor Aranguren, el país vive “una hora densa y compleja” de su historia, lo cual “empuja a muchos, particularmente a las generaciones jóvenes, a evadirse en la búsqueda de soluciones individualistas, inmediatas o hedonistas”, lo cual reclama que “se imponga el espíritu de comunión entre los cubanos, y que ello facilite el diálogo respetuoso y honesto entre los nacionales de las más diversas tendencias, como único camino para la construcción de un hogar común y reconciliado”.

La sesión de trabajo continuó con la presentación del superior provincial de la Compañía de Jesús en Cuba, el sacerdote Jorge Cela. En su enjundiosa disertación titulada “El Amor como estrategia política”, desarrollada a partir de la encíclica Caritas in veritate, del Papa Benedicto XVI, el padre Cela afirmó que el documento pontificio propone “introducir el amor, inteligente y político, como un factor clave en la construcción del desarrollo y la creación de fraternidad en la sociedad moderna”, de modo que todos den su aporte “para que la sociedad civil se muestre como un actor protagónico en la creación de fraternidad, con credibilidad, transparencia, eficacia y creatividad”; y que la religión “tenga un espacio público desde donde pueda aportar como fuerza inspiradora de muchos creyentes y como motor impulsor en diálogo con todas las personas”.

La sesión matutina concluyó con el debate de los delegados en torno a la presentación del sacerdote Jorge Cela.


EL DIÁLOGO ENTRE CUBANOS


Con un panel integrado por monseñor Carlos Manuel de Céspedes, vicario del Oeste de La Habana ; el politólogo y vice-rector de la Universidad de Harvard, Jorge I. Domínguez, y el sociólogo cubano y editor de la revista Casa de las Américas, Aurelio Alonso, sesionó el primer panel de la X Semana Social Católica.

A las 2:30 p.m. comenzó la presentación de Aurelio Alonso, quien se refirió a la urgencia del diálogo y las dificultades para asumirlo debido, entre otras cosas, a las posturas intolerantes y las dificultades en las relaciones políticas con otros países. Para el sociólogo cubano, el evento en que participaba convocado por la Iglesia, demuestra que el diálogo es posible. Consideró “urgente resolver el reto del diálogo dentro de la nación”, y agregó que de la capacidad para dar respuesta a ese diálogo “depende que estemos en condiciones también de afrontar el diálogo con la emigración”. Concluyó expresando que el diálogo no se consigue con reuniones frecuentes, pues se trata en realidad “de una filosofía, de una voluntad, de una coherencia” que debe funcionar con la perspectiva de que “todo tiene que ser distinto de como es hoy”.
De izquierda a derecha: Jorge Domínguez, monseñor Carlos Manuel de Céspedes, y Aurelio Alonso, en el panel Diálogo entre cubanos.
De izquierda a derecha: Jorge Domínguez, monseñor Carlos Manuel de Céspedes, y Aurelio Alonso, en el panel Diálogo entre cubanos.

Emotiva y generadora de un prolongado aplauso fue la exposición de Jorge Domínguez, nacido en Cuba y emigrado a Estados Unidos en 1960. Al disertar sobre el diálogo en Cuba, y entre el Gobierno cubano y los emigrados, Domínguez ejemplificó la actitud necesaria para ese diálogo con una anécdota personal. En 1979, recordó, visitó Cuba por primera vez en 19 años, y en un paseo por La Habana descubrió que la casa que había pertenecido a su abuela, Clara Estrella de la Paz, antes de emigrar, había sido ocupada por la Federación de Mujeres Cubanas. “Mi abuela nunca se quejó cuando, a mi retorno a Estados Unidos… le conté quién ocupaba su casa y le enseñé una fotografía que la identificaba como de la FMC. Al contrario –añadió–, con un suspiro me indicó que prefería que siguiera siendo su casa, pero… no estaba mal que la ocupara la Federación de Mujeres Cubanas”.

Visiblemente emocionado, al recordar las lágrimas que derramó Clara Estrella de la Paz, concluyó afirmando que “los diálogos en y entre Cuba y su diáspora no son imposibles”, y se desarrollarán con “mayor éxito si todos compartieran la generosidad de mi abuela. Y un futuro mejor para Cuba, y para todos quienes se consideren cubanos, depende de ese éxito”.

Las presentaciones concluyeron con la intervención de monseñor de Céspedes, quien se refirió, entre otras cosas, al diálogo Iglesia-Estado en Cuba, y se preguntó si de veras se trata de una realidad obtenida o el contencioso es todavía una pregunta sin respuesta clara. Consideró que una cierta tensión crítica entre la Iglesia y el Estado es normal, pero no lo es “la tensión venenosa, la que juega con la sospecha y la represión, la que recarga el acíbar y dificulta sobremanera la comunicación entre las partes”.

Todo lo anterior generó un rico debate entre los delegados e invitados en torno al diálogo, el monólogo, la Revolución cubana y su incidencia en la vida de los nacionales, el momento presente, el dolor y el perdón. El diálogo, como se propusieron los organizadores, se hizo presente.


UNA HOMENAJE AL PADRE
FÉLIX VARELA


Ese mismo día en la noche, al concluir la santa misa en la Catedral de La Habana por el quinto aniversario del pontificado de Benedicto XVI, a la que acudieron también los delegados de la Semana Social, monseñor Dominique Mamberti y el cardenal Jaime Ortega develaron una tarja en bronce dedicada al Siervo de Dios padre Félix Varela, enviada por el Papa Juan Pablo II.

A la derecha del portón antiguo que daba acceso al Colegio Seminario San Carlos y San Ambrosio, donde el mismo padre Varela dio clases y se formaron decenas de jóvenes que forjarían después la independencia nacional, los presentes pudieron vivir el significativo momento en que el sencillo acto dejó a la vista pública, para las presentes y futuras generaciones, la urgente frase del padre Varela: “No hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad”.


IGLESIA Y SOCIEDAD


La mañana del viernes 18 de junio estuvo dedicada al panel “Espacios públicos de la Iglesia ”. En ella disertaron los laicos Maritza Sánchez, directora de Cáritas Cuba, quien ofreció una panorámica sobre la labor social de la Iglesia ; Sergio Lázaro Cabarrouy, sobre los medios de comunicación social; y María Caridad Campistrous trató sobre la labor educativa y la Iglesia. Los doctores Roberto Méndez y Gustavo Andújar, presentaron sendas ponencias sobre la Iglesia en relación con el mundo de la cultura, y sobre la presencia del laicado en la sociedad, respectivamente.

Omar Everleny Pérez.
Omar Everleny Pérez.
Maritza Sánchez expresó que la misión de Cáritas es acompañar, asistir y promover, mediante el ejercicio organizado de la caridad que testimonia el amor de Dios desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, a personas, grupos vulnerables y en desventaja social, sin distinción de credo, raza, género e ideología, a través de diversos programas y proyectos sociales. Con datos correspondientes al cierre de 2009, Sánchez ejemplificó la asistencia que reciben en alimentos y otros bienes materiales y espirituales unos 25 mil 390 ancianos de todo el país, por el esfuerzo de más de tres mil voluntarios de las Cáritas diocesanas.

Cáritas desarrolla, además, programas para grupos de desarrollo humano infanto-juvenil y sus familias, para personas con VIH/SIDA, así como otro de intervención en las emergencias por desastres naturales. Sobre este último, Maritza Sánchez informó que tras el paso de los huracanes Ike,
Gustav y Paloma en 2008, gracias a “la participación de la comunidad cristiana”, con “el apoyo de las autoridades públicas centrales y locales”, y la generosidad de Caritas Internationalis ; así como las donaciones remitidas “por la comunidad cubana que vive en Estados Unidos a través de las Hijas de la Caridad ”, Cáritas Cuba pudo “dar testimonio del Amor de Dios” a 304 mil 398 personas y nueve hospitales del país.

Destacó igualmente en este panel la intervención de María Caridad López, laica de Santiago de Cuba con amplia experiencia en el campo educativo. “Macucha”, como es más conocida, se refirió a los servicios educacionales que presta la Iglesia en casi todas las diócesis de Cuba en la educación no formal, como los cursos de idiomas, computación o filosofía, o los repasos en las materias tradicionales de la enseñanza. Refirió que un servicio importante ampliado en los últimos años es el entrenamiento de profesionales de la enseñanza en las Escuelas de verano, los talleres de entrenamiento y los estudios de posgrado.


ECONOMÍA Y SOCIEDAD


Significativos fueron los datos que ofrecieron Omar Everleny Pérez, Pavel Vidal, Carmelo Mesa Lago y Cristina Calvo, economistas responsabilizados con el panel “Economía y Sociedad”, que ocupó la tarde del viernes en la segunda jornada de trabajo.

“Notas recientes sobre la economía cubana” fue el título de la ponencia de Everleny Pérez, claro y contundente en sus conclusiones y propuestas responsables y comprometidas, también para afirmar que el problema de Cuba, más que financiero es de producción y productividad, por lo que urge desatar las fuerzas productivas. “Los 50 años de socialismo cubano demuestran, con algunas excepciones, que la recentralización y el alejamiento del mercado, han provocado recesiones y situaciones económicas adversas, lo cual indica que ese camino no es al que necesariamente debe acudirse en el futuro, sino que el Estado debe estudiar su rol futuro, de administrador general a regulador general, sin cambiar el proyecto socialista por el que hemos apostado una gran parte de los cubanos acá”. Para el economista del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), es urgente “que aparezca la estrategia económica cubana a mediano y largo plazo que aún no es visible”.

Para el joven Pavel Vidal, también perteneciente al CEEC y quien disertó sobre “La crisis cubana bancaria actual”, lo sombrío del panorama financiero se dificulta porque la crisis económica internacional se produce en un momento en que Cuba, a diferencia de otros países de América Latina, no cuenta con reservas financieras y el ajuste económico se hace en medio de una desaceleración económica. Dijo además que “se están reduciendo gastos cuando en realidad la economía necesita una política expansiva”. ¿La solución? Acelerar las reformas que incentiven los ingresos, como los pasos dados en la agricultura y el mercado del trabajo. Pero hace falta más, “una verdadera apertura a la inversión extranjera, ofreciendo facilidades que superen los riesgos actuales”. Para Vidal, es posible que el país se halle a las puertas de un nuevo estancamiento o recesión, y su duración “dependerá… de la velocidad, profundidad y eficacia de las transformaciones” que estimulen la productividad.

Carmelo Mesa Lago expuso su trabajo sobre “Estructura demográfica y envejecimiento poblacional. Implicaciones sociales y económicas para el sistema de seguridad social en Cuba”, mientras la economista argentina Cristina Calvo cerró con su ponencia “Globalización y desarrollo integral inclusivo. Valores que articulan una economía cristiana”. Mesa Lago, catedrático de Pittsburg, coincide con las advertencias que han hecho en algún momento las autoridades del país, al afirmar que el acelerado envejecimiento hace más difícil el sistema de pensiones. “Para resolverlo –dijo–, hay que realizar reformas adicionales que serán imposibles, si no se implementan las reformas estructurales que son esenciales para aumentar la producción y la productividad”.

Cristina Calvo se refirió a la ética que debe

El cardenal Ortega clausuró la Semana Social.
El cardenal Ortega clausuró la Semana Social.
acompañar también la actividad económica y empresarial, e hizo alusión a los documentos pontificios a favor de la paz y el desarrollo, pero llamó la atención sobre el riesgo de considerar el desarrollo económico como solución de todos los problemas o generador de la paz, por lo que la comunión humana debe ocupar un lugar en la economía como en todo proceso humano.

 

LA RECONCILIACIÓN


En la sesión matutina del último día, sábado 19, el panel estuvo dedicado al tema “Reconciliación entre cubanos”, donde se presentaron los mencionados Arturo López Levy y Rafael Hernández, junto al sacerdote cubano Juan Carlos Carballo, secretario de la Comisión de pastoral carcelaria de la COCC, y el laico Lenier González, de la revista del Consejo diocesano de laicos de La Habana, Espacio Laical.

Desde distintas posiciones los panelistas dieron sus consideraciones y apreciaciones sobre un tema que se resiste a las definiciones y constituye una de las mayores pruebas de la condición humana. Mientras el padre Carballo ponía énfasis en algunos contenidos teológicos de la reconciliación, Rafael Hernández presentaba cerca de veinte preguntas sobre el tema al auditorio. Por su parte López Levy enfatizó en las condiciones necesarias para la vuelta a las buenas relaciones entre los cubanos, incluyendo los que han emigrado. Por último, González valoró el momento actual de diálogo iniciado entre la Iglesia y el Estado en Cuba, el cual podría abrir caminos de reconciliación entre todos.


ULTIMA SESION Y CLAUSURA


En la sesión vespertina, el sacerdote Jorge Cela SJ, ofreció el resumen de lo debatido durante la X Semana Social Católica. Según la propuesta de los delegados, el compromiso de la Iglesia con la sociedad incluye ayudar a construir la sociedad civil, pues allí se encuentran los espacios para fomentar fraternidad; debe igualmente la Iglesia crear redes de comunicación apropiadas y formar a fieles laicos capaces de vivir y dar testimonio en los espacios públicos.

Consideraron también los delegados la conveniencia de fomentar el diálogo al interior de la Iglesia, y potenciar una comunidad eclesial que sea lugar de discernimiento en este proceso difícil pero vital que se ha iniciado, lo cual ayudaría también a modificar actitudes y visiones que pudieran ser erradas.

Los delegados consideran que el diálogo es el estilo de la misión de la Iglesia en la sociedad, y en él se debe poner la vida y el corazón. Debe ser un diálogo en la verdad, sincero, sin evadir temas, sin miedo ni prejuicios, capaz de vencer la desconfianza acumulada, sin prisas pero sin pausas. El diálogo entre cubanos significa diálogo sin límite de interlocutores y entre sujetos que se aceptan diferentes, debe ser entonces entre la Iglesia y el Estado, y entre todos los cubanos, residan dentro o fuera de la Isla.

Por último, los delegados constataron la singularidad del momento presente que vive el país, y destacaron la existencia de personas de buena voluntad en todos los ambientes sociales, deseosas de construir un país mejor.

Con las palabras conclusivas del cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, concluía el sábado 19 en La Habana la X Semana Social Católica, con un llamado al compromiso social de la Iglesia y a avanzar en un diálogo amplio con toda la sociedad.

El cardenal Ortega destacó el espíritu dialogal que prevaleció en el los tres días que duró la Semana Social, lo cual fue posible, según sus palabras, por “una dosis de buena voluntad iluminada con un deseo de bien, de amor y conciliación”, que hizo posible la comunicación entre los participantes, algunos de ellos no católicos, como el sociólogo Aurelio Alonso o el académico Rafael Hernández.

La presencia de expertos invitados fue ampliamente reconocida y agradecida por los participantes. Sus exposiciones, combinadas con las de los panelistas católicos, dio a todos la oportunidad de intercambiar criterios y enriquecer su percepción acerca de tópicos de gran actualidad e interés en la Cuba actual.