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GLOSAS CUBANAS

Verano de Amor,
por Perla Cartaya Cotta
fotos: Archivo de la autora
Dora Alonso in memorian

Dora Alonso in memorian


"Palma real, ¡qué nombre el tuyo
para evocar a la Patria!"
D.A., 1975

Hace unos días, al entrar el mes de junio, pensé, probablemente como en otros años: el 2010 se va volando, ahora llegan las ansiadas vacaciones, las semanas más difíciles.

Julio y agosto son para las familias cubanas el tiempo de las
vacaciones escolares, tan esperado por los alumnos y sus
maestros para descansar, pasear y resolver problemas
pendientes. Aunque para muchos hogares, me dice una amiga,
y a pesar de la alegría por las notas de los muchachos en los exámenes -sobre todo si lograron vencer el de Matemática para ingresar en la Universidad-, constituye una fuerte preocupación. La situación crítica del país les impide estimularlos como merecen. Y si a esto agregamos las agobiantes temperaturas, la necesidad imperiosa de ingerir mucha agua y “cosas frías”, y la de protegerse con una sombrilla o paraguas que resista, al menos, una semana de uso constante, “ la cosa requiere ”, como decía hace poco un humorista, pensar en opciones que disminuyan, al menos, el callejeo diario de los niños.

La lectura recreativa puede ser una de las más eficaces alternativas para todos. Organizar un tiempo para leer, aun en el difícil caso de poder disfrutar de unos días en la playa, puede, entre otras cosas: atenuar las preocupaciones; enriquecer el diálogo familiar; nutrir el alma de los niños con lecturas hermosas e instructivas, propiciando la útil e importante costumbre de leer todos los días.

En tales circunstancias, esta sección se une, modestamente, a los homenajes dedicados a la memoria de la escritora Dora Alonso con motivo del centenario de su natalicio. Desde mi apreciación personal, su obra recibe el laurel mayor al ser evocada con cariño por muchos de quienes crecieron leyendo sus cuentos y poesías. Algunos de aquellos lectores, jóvenes todavía (varios de ellos, alumnos míos), me lo han pedido personalmente o por teléfono, expresando en sus razones verbos que me conmueven: soñar, pensar, amar, “ aprendí a defender mis sueños ”.



I


Que me vele el paisaje de Viñales,
la vega más lozana,
la entrañable presencia de su valle.

Doralina de la Caridad, la llamaron sus padres desde el día de su nacimiento: 22 de diciembre de 1910, en el pueblo llamado entonces Recreo (después Máximo Gómez), término municipal de Martí, provincia de Matanzas. Hija de David Alonso Fernández, nacido en La Rubiera (Asturias) el 21 de diciembre de 1859, y de Adela Pérez de Corcho Rodríguez, de origen campesino, natural de Guamutas, cuya vida comienza el 31 de julio de 1880.

De la entrevista realizada por la periodista camagüeyana Josefa Bracero, (1) tomo la mayor parte de los datos autobiográficos de esta escritora, necesarios para entender la

fidelidad de su obra a las raíces de su vida.

Al referirse a la infancia, vibra en su evocación el orgullo por sus mayores: “ Sí. He sido muy feliz, porque he tenido la naturaleza cubana como raíz de guajiros, a mi antojo, por derecho propio. Viviendo en un casón de madera rodeado de flores y pájaros; con haciendas ganaderas a mi disposición, con cejos de monte de mi tío-abuelo campesino, analfabeto adorable, mambí ”. De la madre dice: “ Era una mujer de una sensibilidad exquisita, sembraba rosas, criaba pájaros ”. Los campesinos saben que “ amaestrar, hacerse querer por una yaguaza, es algo increíble ”, pero ella “ poseía tal poder de seducción ” que cuando llamaba por sus nombres, ¡Negritas!, a una pareja de yaguazas que vivía en “ los patios y traspatios de la hacienda de papá ”, venían volando y “ se le posaban en los hombros ”.


Con el padre aprendió a montar a ca ballo casi antes que a gatear. Todos sus allegados por línea materna “eran campesinos medios y campesinos pobres. Y sus virtudes eran tan ricas que opacaban cualquier defecto que pudieran tener”. Admira a la campesina cubana: sólo conviviendo con ella durante mucho tiempo es posible llegar a conocer “su bondad, su coraje para vivir, su empeño vital”.

Tempranamente se manifiesta en ella la vocación de escritora. Participa y gana, con ocho años de edad, el primer premio del concurso literario provincial Estela Brochs de la Torriente. Quiere ser escritora y piensa que puede serlo: “inventaba mil imaginerías, soñaba por horas y horas, refugiada bajo la sombra de un árbol, envuelta en una naturaleza casi virginal, cuyos ruidos conforman mi gusto y mi pensamiento. Por eso fui escritora antes de saber escribir”.

Con preocupaciones sociales y políticas, motivos de fuertes y permanentes disgustos familiares, ingresa con 23 años en la organización Joven Cuba, fundada por Antonio Guiteras, y hace su debut como periodista escribiendo artículos de barricada contra el gobierno. Es así que conoce al tabacalero Constantino Barredo Guerra, su compañero en la vida y en las luchas revolucionarias, aunque no definitivamente.

El matrimonio se instala en La Habana. Ella trabaja en la Dirección de Cultura y es cesanteada en 1943. Se dedica entonces a la artesanía y a la costura de baratillo (agarraderas para la cocina, muñequitos de trapos…); hasta que el esposo de la actriz Antonia Valdés la anima a escribir para la radio. Su primer trabajo para ese medio es el cuento de tema esclavista Blanco y Negro, el cual presenta en la RHC Cadena Azul a través de la escritora Caridad Bravo Adams, en quien halla una amiga solidaria. Triunfa en ese empeño. En esa emisora se transmite su novela Tierra adentro. Posteriormente, en la CMZ del Ministerio de Educación, escribe “ su primera novela campesina completa: Entre monte y cielo, que fue un gran éxito”.

En 1956 se casa con Fausto Rodríguez Sánchez (Cárdenas, Matanzas, 1928), miembro del Partido Socialista Popular. De ese año son: su primera obra de teatro para adultos, La hora de estar ciegos, cuya primera puesta en escena ocurre en 1960 a cargo del grupo Teatro Estudio.Y su primera obra de teatro infantil, Pelusín y los pájaros, la cual escribe a solicitud de unos amigos titiriteros.


Fue escritora exclusiva de la firma Crusellas (en CMQ) durante ocho años. Pero en 1957 sale de la misma, porque la protagonista de su novela Un grito en la montaña, es una mulata, y ellos consideraban que “ una mulata no vende ” : “ Mi nana fue mi abuela y sentí que me la ofendían. Por eso me fui de Crusellas ”. A partir de 1959 regresa a la CMQ con alguien a quien quiso mucho y recordará siempre como “ un director estupendo ” y “ un gran amigo ”, Julio Lot. Allí estuvo hasta 1973, cuando pasa a Radio Progreso, emisora de gratos recuerdos para ella, en la cual sus obras siguen saliendo al aire. Escribió para ese medio, “ si la memoria no me falla ”, dice Dora, “ un total de catorce novelas: Yo amo la radio ”.

Sus novelas Sierra brava, Río Abajo, Tierra nueva, Por los verdes caminos, Tierra adentro, Flor de aguinaldo, Rancho Luna y Sol de batey, fueron transmitidas con éxito en Puerto Rico, Panamá, El Salvador, México, Nicaragua, Colombia, Brasil y Venezuela.

Se ha dicho que la historia de la radio sería incompleta sin su presencia: ella la enriquece y acerca a los valores más autóctonos que cobran vida para afianzar sus raíces en el corazón del pueblo. (2) Valores y raíces que también se expresan en sus telenovelas Sol de batey y Tierra Brava, adaptación libre de su novela Media Luna, realizada por la directora Xiomara Blanco.

"El Valle de la Pajara Pinta" Autora: Dora Dlonso

 

I I


Al trabajar con la cronología de su vida,(3) resalta la secuencia y publicación de sus obras –con cierta tregua de 1965 a 1971–, los géneros que aborda y los laureles que recibe tanto en Cuba como en el exterior.

He vuelto a leer –disfrutándolos– algunos de los libros de esta autora leídos por mis propios hijos: Ponolani, El Caballito Enano, El Cochero Azul, El valle de la Pájara Pinta, Este era un gato, Viaje al Sol, Los Payasos, La flauta de chocolate (todos de la Editorial Gente Nueva). Testimonios evidentes de la voluntad psicológico-pedagógica de contribuir amorosamente a que los destinatarios de sus cuentos y poesías desarrollen la imaginación y la fantasía, sueñen, piensen, amen todo lo que debe ser amado, respeten cuanto deben respetar y aprendan que la autonomía, aspiración temprana de los adolescentes, se logra a su tiempo. Vibra en cuanto he leído un fuerte y dulce sentimiento maternal, que si bien su naturaleza no satisfizo, hace que su corazón abra sus puertas, en 1953, a un niño huérfano, de siete años de edad, llamado José Joaquín Alfonso Malagón, proveniente del pueblo de Herradura (Pinar del Rio), a quien forma y educa como hijo legítimo.

Dora Alonso, en Ponolani, narra con tono acusador la dolorosa historia de una negrita macuá, desde que niña aún es arrancada de su aldea Samá Guenghené, traída a Cuba y vendida en el mercado de esclavos de Guantánamo. Fue enviado por la autora al concurso de la Casa de las Américas de 1962. No obtuvo premio, pero por acuerdo del jurado correspondiente fue recomendada su publicación. Esta obra, que ella dedica a María Villar Buceta, con prólogo de Onelio Jorge Cardoso, e ilustrada con estampas alegóricas de Luis Posada (1966), recuerda a los lectores que “cuando el hombre llega a las estrellas es también la hora de las raíces.”

Los maestros sabemos que no todos los educadores saben llegar a los niños. Dora Alonso, quien contribuye en 1961 a la preparación de libros de texto para la enseñanza primaria en Cuba, sabe llegar a ellos. Es, además, una mujer respetuosa de las raíces españolas y africanas presentes en Cuba; que ama a su patria y a todo lo que la representa.

En El valle de la Pájara Pinta (Premio Casa de las Américas. Publicada en 1984), la historia se desarrolla en el antiguo pueblo de Viñales y en la espléndida naturaleza que lo circunda, lugares que ella visita por primera vez en 1950. Es admirable el dominio de la narrativa infantil que posee la autora, capaz de desenvolver magistralmente 16 capítulos breves en los cuales presenta y vincula simpáticos personajes; despliega la fantasía y desliza moralejas asequibles a los niños, como las siguientes: Musu, un gato de ojos azules, se comía las uñas, por eso los ratones, ratas y guayabitos del barrio le perdieron el respeto: “Gato sin uñas/ gato de trapo/ gato aburrido/ gato pazcuato”. “Para un pitirre siempre será preferible esforzarse en cantar como el mejor pitirre que llegar a ser un sinsonte de pacotilla ”.


Casi todos los personajes de esta noveleta son miembros de nuestra propia fauna que hablan, aman, critican lo criticable: la fanfarronería, los alardes, la cobardía: “Para los cobardes, hasta los estornudos se vuelven cañonazos ”. “Si no perdemos el valor, hallamos los medios de arreglar las cosas. ” A Pepe, el pescador de la Coloma, lo describe “alto como un pino ”, “rubio como el sol ”, “fuerte como la ceiba real ”. Creo probable que todos los niños cubanos, sin fronteras en el tiempo, al jugar han cantado la siguiente tonada, procedente de la tradición española: “Estaba la pájara pinta/ sentada en el verde limón/ con el pico recoge la rama/con la

rama recoge la flor/¡ay Dios, cuándo veré a mi amor! ” Sin embargo, esta escritora que amó tanto a los niños, omite el final de la tonada al utilizarla en su libro.

Dora Alonso ubica a los personajes de El Cochero Azul en su provincia natal. La historia presenta al cochero “Martín Colorín, que tenía dos hijos, un perro sato, un caballo blanco y un coche viejo. Vivía en el camino de Varadero y de tanto mirar el mar durante años y años, acabó por desear que cuanto lo rodeara fuera del mismo color azul ”. En las vacaciones deciden darle la vuelta al mundo: “¿qué clase de trotamundos seríamos si no pensáramos cosas nuevas? ” Durante el viaje miran las lozanas huertas “y la escuela donde José Martí, blanco y pensativo, parecía esperar a los niños para enseñarles cómo se debe querer a Cuba ”. Las páginas que he leído son un derroche de color, luz y fantasía que no disminuye al hombre, sino que lo eleva. “En cada escudo hay un sueño/ y en cada sueño un misterio ”, dice en La Torre de los Sueños. En La Esquina de los Encuentros, incluye todos los personajes de la narrativa infantil universal. Este es, en síntesis, un libro precioso, digno de ser leído por nuestros niños en este verano y siempre.

La flauta de chocolate es un hermoso libro de poesía, revisado y corregido por su autora en el año 2000. Corresponde a la Biblioteca Escolar. Consta de las siguientes partes: “Nanas y tonaditas ”, “Nidal ”, “Vaqueras y marineras ”, y “La tierra mía ”, en la cual me detendré brevemente.


En “La tierra mía ” el contenido de los versos exalta lugares, hechos, y cosas que identifican nuestras ciudades, como los gallos de Trinidad, los tres ríos de Matanzas, o el toro camagüeyano. Y a héroes cercanos a los niños en el tiempo como Camilo y El Ché, presentes en los programas de Historia de Cuba para la enseñanza primaria, por razones obvias. La autora no incluye a próceres cubanos, ciertamente distantes en el tiempo, pero forjadores de la Patria como son, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte y Antonio Maceo. A Martí alude en la última estrofa de “Isla de la Juventud ”. La musicalización de una poesía de esta sección, “En la casa que recuerdo ”, realizada por el compositor cubano Juan Piñera, obtuvo premio en el XIII Concurso La Edad de Oro (canción para cantar los niños), 1984.

El Lic. Adrián Guerra, especialista de la Sala Infantil-Juvenil de la Biblioteca Rubén Martínez Villena, conoció a Dora Alonso. Valora que El cochero azul es “el más agradecido de sus libros ”, y El valle de la Pájara Pinta “el más elaborado ”. Dice de ella: “Dora era la sencillez misma, la claridad. Con ellas recreaba el mundo para mostrárselo a los niños ”. En el programa De tarde en casa, del Canal Educativo 2, afirma: “Es la maestra de todos nuestros autores ”. Lo fundamental, añade, es que los niños aprendan, piensen y sueñen.

Dora Alonso falleció en la madrugada del 21 de marzo de 2001, Día Mundial de la Poesía. En su antológico poema “Testamento ” (1987), inspirado en el Valle de Viñales y, “no recogido en ninguno de sus libros ”, (4) había expresado el deseo de que, al morir, sus cenizas fueran esparcidas en ese lomerío de Pinar del Río que tanto admiró. Así sucedió.

De ese poema, las dos últimas estrofas:

En el silencio de las grutas
tendré mi paz y mi descanso;
sólo el rumor de la cascada
me llegará del río cercano.
Y si me acogen los caminos,
habrá una fiesta de amistades:
el ruiseñor y los seibones
podrán venir a saludarme.

EPÍLOGO

Según pasan los años, ratifico la idea de que el tiempo –años, meses, semanas, días…– es, de hecho, un enigma. La vida misma es un enigma. Y aunque agradezco a Dios por haberme otorgado hijos y nietos que me enorgullecen, y amigos como los que Martí inmortalizó en sus versos, confieso que cierto desasosiego perturba mis días y mis noches más allá de las cuitas personales que puedan o no tener: ¿qué traerá este verano a los cubanos?

 

Hace unos días, de regreso a mi casa por la calle del Obispo, unos metros después del restaurante La Mina, logra aminorar mi paso la poderosa voz de una mujer todavía joven y bonita, muy ligera de ropas, quien con entonación rítmica repetía una y otra vez un estribillo provocador de comentarios e hilaridad en los transeúntes: “¡A tiempos terribles, calores terribles! ¡Ay Dios, que salga el sol!”, un hombre la mira codicioso y sentencia: "¡Esa mujer está loca!", mientras otro que empuja una carretilla le responde: “¡Qué va! ¡Cógele la vuelta a lo que dice, es un cerebro…!”, y divertido, al parecer, por la ocurrencia, sigue su camino. Choteos por el estilo, y de otro estilo, expresados en alta voz, escuché durante mi trayecto de nueve cuadras. Realmente, no me sorprendió lo que decían; pero oírlos públicamente, y en una calle como esa, parece otra novedad de este verano.

Anoche, avanzada la madrugada, escuché a un ingeniero dominicano, especializado en asuntos ecológicos, decir palabras interesantes que no recuerdo haber oído antes: la naturaleza ha declarado la guerra a los hombres, porque los hombres se declaran la guerra. Creo que merecen meditación, sobre todo por quienes son, en cualquier lugar del mundo, amigos de guerrear.

Casi terminando esta glosa, llega a mis oídos y me detiene, el tema musical de una película que hizo época hace años, Verano de amor.(5) Para mi sorpresa, lo escucho, le doy otra lectura, lo siento como un signo de esperanza, quizás por la relativa cercanía de la Fiesta de nuestra Reina y Madre, María de la Caridad. Que el Señor de la Historia nos ilumine y ayude para hermanarnos con misericordia, que el Amor, fuerza superior de la vida, reine en Cuba y en sus hogares, para felicidad de los niños y jóvenes; que puedan disfrutar en sus merecidas vacaciones de las obras de Dora Alonso y de otros autores porque los buenos libros son generosas compañías. Que podamos, al fin, hacer realidad el sueño del Apóstol, nuestro propio sueño: Con todos y para el bien de todos.

Referencias:

(1) Josefa Bracero Torres. Rostros que se escuchan. Editorial Letras Cubanas, colección Voces, La Habana, 2002, pp. 11 a la 20.
(2) Ibídem, p. 19.
(3) Gracias a la gentileza de mis colaboradoras permanentes de la Biblioteca Pedagógica Félix Varela.
(4) Omar Perdomo, La Jiribilla, no. 17, La Habana, agosto de 2001.
(5) Protagonizada por Richard Egan y Dorothy Mc Guire, Warner Brothers, 1959.

PREMIOS NACIONALES E INTERNACIONALES
OTORGADOS A DORA ALONSO POR SU OBRA

1961- La novela Tierra inerme: Primer Premio en el II concurso Literario Hispanoamericano de la Casa de las américas.
1971- Cómo el trompo aprendió a bailar: Primer Premio en el I Festival de Teatro Infantil de Vallenar, en Chile.
1975- Espantajo y los pájaros: Premio de la Municipalidad de Leipzig, República Democrática Alemana, por su puesta en escena con actores alemanes y bajo la dirección de Eddy Socorro.
1979- Sol de batey: seleccionada la mejor novela y el mejor original del año.
1980- El valle de la Pájara Pinta: Premio Casa de las Américas.
1981- Distinción por la Cultura Nacional.
1982- Medalla Alejo Carpentier.
1985- Tres premios para El valle de la Pájara Pinta: Diploma del Premio Internacional Máximo Gorki; Premio La Rosa Blanca, de la UNEAC; Premio de la Crítica (correspondiente a 1984), del Instituto Cubano del Libro.
1987- El poemario Los payasos: incluido en el listado básico del Banco del Libro de Venezuela. Premio El Diablo Cojuelo por la UJC.
1988- Orden Félix Varela de primer grado. Declarada Hija Distinguida en la XIII Semana de la Cultura del municipio de Matanzas. Miembro Emérito de la UNEAC. Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra.
1990- Orden Nacional Ana Betancourt.
1991- Premio Los Zapaticos de Rosa.
1992- Teatro para niños: uno de los diez títulos ganadores del Premio de la Crítica.
1994- Distinción Jovellanos. Tres lechuzas en un cuento: Premio La Rosa Blanca de la UNEAC. La Rata (cuento), incluido en un libro de texto para estudiantes de preuniversitario suecos (Estocolmo).
1997- Premio Mundial de Literatura José Martí, otorgado en Costa Rica por el conjunto de toda su obra.