GÉNERO: Entrevista
TEXTO y FOTOS:
Antonio Miguel Fontela Lamelas
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ZENAIDA CASTRO ROMEU
Entrevista a la directora de coro y de orquesta |
La Camerata Romeu es bien conocida por los cubanos de todas las orillas. Esta agrupación ha obtenido el Premio Coral 1989, la Distinción Por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier y, en España, el Premio Goya. No obstante, poco se informa acerca de los conciertos de beneficencia que ha dedicado a los niños con cáncer, a Caritas, a los ancianos del asilo Santovenia y a los más pequeños de La Habana Vieja.
Además, son numerosas las presentaciones de carácter religioso en las cuales esta orquesta de pequeño formato ha tomado parte, entre las que se destacan: el Concierto de Bienvenida a Su Santidad Juan Pablo II; los conciertos de Navidad y de Adviento, que tuvieron por escenarios a la Catedral de La Habana, a la Iglesia de Paula y a San Juan de Letrán. También, el día 7 de junio de 2007, durante la XXI Edición del Festival La Huella de España, en la Basílica Menor de San Francisco de Asís, la Camerata Romeu y la compañía española de teatro Pedro Ma. Sánchez estrenaron Amar y ser amado o La divina Filotea, auto sacramental de Calderón de la Barca, con música de José Nebra.
A la directora de la agrupación le propongo la entrevista, a través del correo electrónico, el 28 de diciembre de 2009. Ella acepta ese mismo día mediante un “Antonio, con mucho gusto”. Sin embargo, por compromisos de trabajo, la conversación se pospone en varias oportunidades.
Felizmente no surgieron más contratiempos y llego a la Sala Teatro de la Orden Tercera, sede de La Colmenita y lugar del encuentro, a las doce y treinta de una tarde lluviosa. Zenaida lleva blusa negra de mangas largas, pantalón vaquero y los espejuelos a punto de caer. No muestra celular a la cintura. Me recibe envuelta en el ir y venir de las integrantes de la Camerata. Acaba de concluir el ensayo de la orquesta y la mayoría de las jóvenes cargan a la espalda el instrumento musical enfundado en estuche de color negro nuevo: violines, violas, cellos van y vienen por el vestíbulo. Por fin se marchan y comienza la entrevista: |
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AF: Cuando usted dialoga con el público, desde el escenario o fuera del mismo, se le escucha decir “Gracias a Dios”, “Si Dios quiere” o “Dios mediante”, lo cual demuestra que conoce a Dios. ¿Qué es Dios para usted?
ZCR: Todos somos hijos de Dios, creyentes y no creyentes. El hombre ha necesitado canalizar la espiritualidad de diversos modos. Cada religión tiene sus ritos, sus credos. El hombre necesita creer en algo. A veces he oído decir: “a mí me gustaría tener la fe que tiene fulano”, porque en el paso por la vida se necesita de alguien que nos apoye, que nos ayude a vivir. Dios es un ser superior que le da sentido a la vida.
AF: Quizás por ser soñadora en alto grado, usted funda la |
Camerata en una época compleja de nuestra historia, cuando el país se encontraba en pleno Período Especial, 1993, entonces todo era difícil: el transporte, el detergente, adquirir una cuerda, reparar un micrófono. ¿Cómo influyen estas condiciones en la aparición del grupo?
ZCR: Primero fue el grupo Cohesión, el cual no tuvo posibildades de hacerse profesional en esa época, principios de la década del ochenta, no obstante, trabajamos durante cinco años, pero al no tener un salario, se desintegró. Este grupo fue el iniciador del movimiento coral cubano y hacía un trabajo escénico similar al que realiza en la actualidad el grupo Sampling. La Camerata surge dentro de la Fundación Pablo Milanés y su aparición estaba fuera de lo oficialmente establecido para este tipo de grupo musical. En aquel tiempo no había condiciones en el país para el surgimiento de una orquesta de cámara. Todo era difícil, incluso hoy se hace dificil conseguir una cuerda. Lamentablemente el amparo de la Fundación solo duró un año, pues la misma dejó de existir.
AF: En toda agrupación, deportiva, musical o de otra índole, es de vital importancia la estabilidad de los miembros para obtener buenos resultados. La mujer joven presenta dificultades adicionales: embarazos, hijos pequeños, etc. ¿Cómo logra usted vencer la inestabilidad de personal en un grupo compuesto solo por muchachas jóvenes?
ZCR: La estabilidad es muy importante en una agrupación musical, sin embargo, solo he tenido una licencia por gestación, pero en este caso yo sabía que iba a ausentarse. Lo que más afecta a la Camerata no son los embarazos ni los hijos pequeños, te recuerdo que esta orquesta es de pequeño formato, no es lo mismo un instrumento de menos cuando tienes cuarenta o cincuenta violines que uno de menos cuando solo tienes diez, como en nuestro caso. Ahora son nueve violines. Imagínate los problemas que se deben enfrentar cuando en una gira, durante el cumplimiento de un contrato de trabajo en el exterior, una o varias integrantes deciden seguir su vida laboral en otra orquesta, o cambiar de trabajo, sin previo aviso. Cuando una intérprete se va, hay que tensar las cuerdas para tener resultados satisfactorios. Si falta alguna, las restantes deben suplir la ausencia y tienen que hacerlo en medio de la gira, sin tiempo casi de ensayo o de preparación. Es cierto que cada persona tiene sus aspiraciones, y yo las respeto, pero no es correcto abandonar la Camerata durante el cumplimiento de un contrato para trabajar en otro sitio, sin tener en cuenta el compromiso antes contraído con la orquesta. A una instrumentista se le hace una oferta y no tenemos una contraoferta que posibilite la permanencia de la intérprete en nuestra agrupación. Por desgracia, en la mayoría de los casos, sucede que a la joven que abandona el conjunto no le va bien en su vida profesional, no puede seguir su carrera y termina tocando en la orquesta acompañante de algún cantante de pop o similar, pero no en una orquesta sinfónica. Son jóvenes y piensan que el reconocimiento social recibido es per se y no se dan cuenta de que los códigos son diferentes. La Camerata es única en el mundo y violinistas hay muchos. Esas jóvenes confunden el reconocimiento que reciben dentro de la agrupación con el que pueden recibir directamente. Se lanzan al vacío, tal vez, impulsadas por la inexperiencia. En otros países el arte es algo lateral y no se contrata al talento por sí mismo. Tiene que ser un golpe de suerte, muy raro por lo que he podido comprobar . Hay que tener en cuenta que la música de concierto necesita de subvención. La intérprete tiene que ser muy reconocida internacionalmente para continuar viviendo de su arte. Las que sí han logrado continuar su carrera son aquellas que han dejado la Camerata para seguirse superando en el extranjero, pero se han ido de la orquesta por estudios.
AF: Durante la presentación de la Camerata impresiona la ausencia de partituras, lo cual permite una mejor observación de la pericia de sus miembros al no haber atriles que obstruyan la visión. Por otra parte, hay sonidos poco comunes a los conciertos de una orquesta de cámara: los golpes de la conga, los rumores de la manigua y el bullicio del solar. Sus integrantes, además de tocar un instrumento de cuerda, actúan, bailan y hasta hacen del violín un bongó. ¿Qué es lo más complejo en una representación como esta? |
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ZCR: Lo más complejo en una representación de este tipo es ser auténtico y no traicionar las raíces. Resulta muy difícil desear ser folclorista y dar la idea de tropical music, o sea, una música totalmente alejada de lo que se desea interpretar. Pienso que en Cuba es necesario ser folclorista por muy difícil que esto sea. El folclor solo lo manifiestan grupos sociales bien determinados, pero el músico debe ir hacia el folclor y asumir tales elementos. Lograr que un conocedor del folclor, al ver la actuación de la Camerata, perciba el folclor y no una aproximación al folclor. Eso es lo más complejo.
AF: Todo tiene que estar bien programado, ensayado, repetido hasta la saciedad, no obstante, a pesar del esfuerzo, pudiera suceder lo inesperado: un arco se escapa de la artista, un resbalón de la bailarina, una cuerda que se parte, |
un instrumento que no entra a tiempo, son elementos que aumentan el normal estrés previo a la presentación. Por ese motivo: un segundo antes de subir al escenario, ¿tiene alguna costumbre que le ayude a eliminar la tensión? |
ZCR: O la batuta se me va de la mano. Eso también pudiera suceder. Bueno, esa pregunta me da pena respondértela francamente. Fue Michel Legrand quien me enseñó el modo de eliminar la tensión previa al escenario. Me avergüenza, créeme… De acuerdo, te lo digo, hay que repetir: merde, merde, merde, con energía, bruscamente. (Extiende sus brazos con los puños apretados, cierra los párpados con firmeza y susurra algo ininteligible tres veces.) Él la pronuncia en francés, claro está. Después comprobé que los de habla inglesa dicen break your legs igual número de veces. ¿Yo? Pues sigo en castellano el consejo de Legrand.
AF: La familia y su profesión: ¿Cómo se complementan?
ZCR: Al principio de la Camerata fueron tiempos muy difíciles porque tenía dos hijos pequeños, uno de 13, César, y Claudio de 6. Además no tenía apoyo familiar: no había abuelita ni padres que me apoyaran en el cuidado de mis hijos, sobre todo durante las giras. Empeoró aún más mi situación la partida del padre de mis hijos hacia el extranjero. No sé decirte con certeza cómo lo logré, pero lo logré. Pude educar a mis hijos pese a las dificultades. Te repito: no sé cómo. Figúrate un niño, es necesario ayudarlo a hacer las tareas, revisarle las libretas, aclararle las dudas que le puedan surgir. Hay que estar mucho tiempo al lado de los hijos pequeños. Yo logré educarlos a pesar de la exigencia del trabajo y no puedo decirte exactamente cómo lo hice.
AF: El núcleo familiar de la infancia es aquel que se evoca con más afecto, ¿recuerda costumbres religiosas en el hogar de su niñez?
ZCR: Nací en los altos de un edificio de dos plantas, situado en la calle Concordia 410. En los bajos vivía mi madrina. Yo procedo de una familia católica, apostólica y romana. Hice la primera comunión en la capilla de la escuela La Salle cuando tenía siete años y estudié en la escuela Saint George. En la familia por la línea materna, aunque creyentes, no eran de asistir a misa todos los domingos, no había “dominicalidad”, por decirlo de algún modo; sí asistíamos a la iglesia, pero en fechas señaladas: a la Misa del Gallo, a la Misa de Difuntos. Mí madre sí creía, pero no practicaba la religión semanalmente.
AF: Todos tenemos anécdotas de la vida familiar, algunas nos hacen reír, otras, llorar, pero todas son imborrables. ¿Pudiera narrar algún detalle de su vida en familia, en la etapa infantil o adolescente, que no haya comentado con anterioridad?
ZCR: Mi papá fue un sacerdote jesuita hasta la edad de 33 años en que colgó los hábitos. Los tres hijos de mi abuela paterna eran muy creyentes, beatos, un hermano de mi padre también fue seminarista. Mi papá nació en 1914 y conoció a mi mamá en 1952. Era amigo de Monseñor Petit. Mis padres se casaron por lo civil en 1952 y por la iglesia en 1970, mediante dispensa papal. Te confieso algo más: mi abuelo materno era masón y compuso el himno de la Gran Logia Masónica.
AF: A menudo se alude a los músicos de su familia, esos que le antecedieron en el tiempo – usted tiene 11 predecesores, si sumamos cantantes, compositores y músicos –, como los responsables de su vocación y de su calidad artística. ¿Considera que en otro ambiente doméstico habría sentido la misma vocación y habría alcanzado igual reconocimiento?
ZCR: La vocación no es por la familia, el reconocimiento tampoco. Mi madre me obligaba a estudiar piano, deseaba que yo fuera pianista, pero yo no tengo psicología de pianista. Hay que estudiar de ocho a diez horas seguidas, si deseas serlo. A veces te sangran los dedos como a los bailarines, los pies. No, no tengo esa psicología. Me gusta la dirección orquestal. Además, al público no lo tengo seguro, la aprobación del público es una revelación que se manifiesta en cada presentación. Sus aplausos son para la Camerata, no para mi familia. Los amantes de la música de cámara aplauden porque gustan del trabajo de la agrupación y no por mi apellido.
AF: Usted asegura que de no haberse consagrado a la música, habría estudiado Psicología. Por otra parte, la fundación de la Camerata en el año 1993 demuestra que, además de soñadora, es una mujer de temple, batalladora, que no se deja amilanar por los contratiempos. Supongamos que por culpa de cambios independientes de su voluntad, y en nada relacionados con la salud, a partir de hoy se viera forzada a dejar la vida musical: ¿a qué se dedicaría?
ZCR: A la decoración de interiores o a la jardinería. Me encanta la jardinería.
AF: Tanto esfuerzo es agotador, porque no solo ha logrado llegar a la cúspide, sino mantenerse en ella durante más de una década. No obstante: ¿ha alcanzado las metas que se propuso en 1993? ¿Han variado estas o siguen siendo las mismas del inicio?
ZCR: A decir verdad, no creo haber llegado a la cúspide como aseguras, hay otros grupos muy buenos en el país. No tenía la menor idea de las proporciones que iba a tener la Camerata. Nunca soñé esta dimensión. Hace poco vino un señor del extranjero, creo que de Irlanda, y me confesó que seguía las presentaciones de la Camerata por Cubavisión. En otra ocasión, una señora, llegada de Madrid, me dijo que había venido a escuchar aquella noche a la Camerata como un regalo de su esposo. El público siempre me sorprende y supera mis expectativas. Soy más conservadora.
AF: La mayoría de las personas sienten un deseo constante de mejorar, de alcanzar tal vez una quimera. ¿Cuál es su “sueño dorado”?
ZCR: No te voy a responder esa pregunta, lo tengo como todo el mundo, tengo un sueño dorado, pero no quiero hacerlo público.
AF: ¿No ha sentido deseos de componer?
ZCR: Sí, los he sentido, pero ese trabajo se lo dejo al compositor. Componer es una profesión de por sí. El director es un intérprete. Yo soy directora, no compositora.
AF: ¿Qué opina usted de Zenaida Castro Romeu?
ZCR: ¡Ay, la pobre: cómo trabaja! Creo que soy muy luchadora y que trabajo con mucha intensidad, aunque comprendo que no todo el mundo puede asumir el mismo ritmo ni con la misma intensidad. Entender esto forma parte de ser director. Manuel Duchesne me advirtió que dirigir era una profesión muy complicada y que a veces se deben tomar decisiones más allá de uno mismo. Como directora tengo que hacer de médico, de madre, de amiga, de psicóloga, de dictadora. Eso no me lo enseñaron en la escuela.
AF: Si pudiera comunicarse con la Zenaida Castro Romeu de 1993, ¿qué le diría?
ZCR: ¡Oye, te va a cambiar la vida! Vas a ver que la vida es más rica, más compleja, más apasionada, más controvertida, más dura y más bella de lo que tú piensas y de todas maneras vale la pena vivirla.
De pronto interrumpe la entrevista para decir: “ Chico, ya estamos terminando, tú eres físico y no me has preguntado nada de Física. ¿No piensas hacerlo? ”
AF: No, realmente no lo había pensado.
ZCR: Pues te confieso que me gusta la Física ; la música es Física. ¿Qué es un violín o cualquier instrumento musical? No es otra cosa que Física. Por ejemplo: en un instrumento de cuerdas hay tensión, fricción, puntos de apoyo, ondas que viajan por una cuerda. Me fascinan los estudios de Stephen Hawking sobre los agujeros negros, el cono de luz es algo así como una malla espacio temporal que se va fuera de lo concebido en la vida diaria. Es increíble cómo este hombre, a pesar de su inmovilidad, ha desarrollado |
una teoría tan profunda. He leído su libro La historia del tiempo y me he quedado fascinada con la naturaleza. Te aseguro que conozco también acerca de la Teoría de las Supercuerdas, con la que se explican infinidad de fenómenos del micromundo. La Física es maravillosa.
AF: ¿Me permite una última pregunta?
ZCR: Sí, por supuesto.
AF: Los músicos llevan al pentagrama los sonidos del entorno porque lo interpretan de un modo muy peculiar. Gracias al trabajo de compositores e intérpretes, el público puede disfrutar del arrullo de la marea baja, del susurro de un rayo de luna o del zumbido de un moscardón en pleno vuelo. Pudiera usted decir: ¿Qué melodía tiene Dios?
ZCR: (Antes de responder mira al vacío y permanece en silencio unos instantes.) Debería ser una música celestial, pero también Dios pudiera tener una melodía como un Réquiem de Mozart o un Adagio para cuerdas de Barber. Quizás Dios pudiera manifestarse también a través de la ira y del castigo, como es en el caso de Dies Irae de Celano, o incluso – ¿por qué no? – en Punto y tonada de Carlos Fariñas, con sus suaves cantos de pájaros y con los sonidos de la manigua nuestra. Cuando a Dios se busca, Él aparece en todas partes, de un modo más implícito o explícito, pero primero: uno tiene que buscarlo.
Concluye la entrevista, nos despedimos y acto seguido comienza a organizar el próximo examen de unas alumnas.
Abandono la sala teatro: por suerte la lluvia ha cesado y el gran reloj de la Lonja del Comercio señala las 2 y 30 de la tarde del jueves, 20 de mayo de 2010. |
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