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GLOSAS CUBANAS

Memorias del Cañonazo
¡Créalo o no lo crea!
por Perla Cartaya Cotta
fotos: Archivo de la autora
Memorias del Cañonazo de las nueve...
La puntualidad es una cualidad preciada en los seres humanos, objeto de preocupación y ocupación por parte de las familias cubanas a través del tiempo. Como bien se dice, como nos educaron nuestros padres así educamos a nuestros hijos; aunque esto en nuestra época ha tenido variaciones; tal vez porque las familias de estos tiempos, signadas por otras circunstancias –no siempre mejores que las de antaño–, o por razones de diversa índole que no vienen al caso, han ido conformado su propia estrategia hogareña, respetable y respetada, por supuesto, pero quizás desfavorable para formar en los hijos el hábito de ser puntuales . Hay verdades tan grandes como nuestro Capitolio, suele decir un anciano a quien respeto mucho; y una de ellas es que si el niño no incorpora en su vida escolar el hábito de ser puntual, difícilmente lo será cuando sea hombre.


El niño en edad escolar requiere dormir diariamente no menos de nueve horas para estar en condiciones de enfrentar los deberes cognitivos que requiere el proceso de enseñanza/aprendizaje. Recuerdo que por los años setenta, la doctora Valeria Mújina, destacada psicóloga rusa que ofreció excelentes cursos de Psicología Escolar en el I.S.E. Nacional; hospedada en el hotel Habana Libre, expresó su sorpresa y preocupación porque había observado en sus caminatas por los alrededores, cerca de las once de la noche, y también más tarde, madres con niños de brazos, en algunos casos, y en otros con muchachos de edad escolar, paseando en horas que “debían estar durmiendo”. Ciertamente, tenía razón la doctora Mújina : aquellos niños irían a la escuela al día siguiente. Tengo entendido que ella tuvo que ver con la permanente y desobedecida Calabacita de nuestra televisión.

Ciertamente, los escolares necesitan reponer las energías invertidas en estudiar y jugar cada día, para rendir lo necesario al día siguiente en las aulas. Sin embargo, en la mayoría de los hogares cubanos, los niños ven la programación de la televisión cubana para adultos, la cual está muy lejos casi siempre de ser apta para sus edades porque no fue concebida para ellos. Y como por esa razón, fundamentalmente, no duermen las horas que necesitan dormir, al día siguiente se levantan a regañadientes, y en la escuela están soñolientos, disminuyendo así su capacidad de concentrar la atención, sobre todo, en las dos primeras horas de la mañana.

Si a lo anterior agregamos que, lamentablemente, la alimentación diaria de nuestros niños y adolescentes –¡siempre con excepciones– está por debajo de lo que deben recibir en términos y cifras concretas de proteínas, carbohidratos, vitaminas y minerales; creo que vale la pena analizar la posibilidad de reajustar el horario hogareño nocturno de modo que favorezca el bienestar de quienes son los primeros en nuestras vidas: los hijos, los nietos.

Por todas esas razones, y porque siempre es útil recordar tradiciones y rasgos de los cubanos que es inadmisible se los lleve el viento –la puntualidad, uno de ellos–, les ofrezco estas cuartillas que ojalá les hagan sonreír, en algunos de sus aspectos, porque pienso, con Charles Chaplin, que obsequiar o recibir una sonrisa ayuda a sobrellevar la vida.

I

Cuentan que los hijos de San Cristóbal de La Habana siempre estaban atentos a los relojes públicos –que entonces no eran otros que las campanas de la Catedral y otras iglesias–, los cuales permitían conocer la hora en la casa o en la calle. Saber la hora era tan necesario a la esclava que colaba y disfrutaba el “buchito” de café, tan sabroso al amanecer, antes de emprender las obligaciones de cada día; como para los vendedores ambulantes que iniciaban la faena casi con el canto de los gallos. Esos pobres de la tierra estaban en pie, por lo regular, a partir del cañonazo que cada día los despertaba alrededor de las cuatro y media de la mañana.

Tal vez usted no recuerde que la gruesa muralla de piedras que rodeaba nuestra ciudad sólo tuvo inicialmente dos puertas: la de la Punta (al norte) y la de la Muralla (al oeste). Surgieron otras en diversas épocas: “la de Colón, las dos de Monserrate, una más junto a la Muralla, la del Arsenal, la de Tenaza, la de Luz, la de San José y la de Jesús María”. (1) Cada una de esas puertas tenía su finalidad: la última construida, conocida como la Nueva de la Tierra, según Emilio Roig de Leuchsenring, “facilitaba la comunicación con las Calzadas de Guadalupe o del Monte y San Luis Gonzaga o de la Reina, y para los barrios extramurales de Jesús María, el Horcón, Jesús del Monte y el Campo Militar”. (2) De acuerdo con la misma fuente, dos eran las puertas de Monserrate: una para salir, la de la calle O'Reilly; y otra para entrar, la de la calle del Obispo.

La puerta de Luz debió su nombre al Regidor don Cipriano de la Luz, (3) por ella se realizaba el trasiego de pasajeros y mercancías procedentes de Regla y de otros sitios de la bahía.

Todas las puertas de la muralla permanecían abiertas de sol a sol, cerrándose durante la noche. La apertura y el cierre de las mismas se anunciaban a la población mediante el disparo de sendos cañonazos: “a las cuatro y media de la mañana, al toque de diana se disparaba el primero, alzándose los rastrillos, tendiéndose los puentes levadizos, abriéndose las puertas al tránsito y tráfico de la ciudad intramuros con la extramuros…” (4) Y a las ocho de la noche, al toque de retreta, se hacían caer los rastrillos, se levantaban los puentes, no permitiéndose entrar ni salir a la población hasta el siguiente día.

Posteriormente, esa hora fue cambiada por la de las nueve de la noche, y con ella el disparo del correspondiente cañonazo; aunque no siempre esos cañonazos se hacían desde la fortaleza de La Cabaña : también fue disparado “desde el buque de guerra que hacía de Capitana en el Apostadero…” (5) Lo cierto es que hasta nuestros días la ceremonia del cañonazo –en estos tiempos con fuerte connotación turística, y que tanto gusta a los infantes–, siempre tiene lugar en la fortaleza de La Cabaña, antaño con la finalidad de “anunciar públicamente a los habaneros que deben poner en hora sus relojes todos los días a las nueve de la noche”. (6) Y hogaño, además, denota el noble empeño de perpetuar nuestras tradiciones.

Aunque el 8 de agosto de 1863 fue anunciado pública y oficialmente el derribo de las murallas, y así ocurrió, el cañonazo de las nueve siguió disparándose. Únicamente recesó durante la II Guerra Mundial: el Gobierno lo suprimió desde junio de 1942 (alegando que esa medida se tomaba para ahorrar pólvora) hasta el 10 de diciembre de 1945, ocasión en que los habaneros concurrieron al malecón para festejar el regreso de ese fuerte y esperado sonido que nos sigue acompañando en los avatares de nuestra historia.


I I


Les recuerdo que el maestro Luis Casas Romero desde su emisora, la 2LC, fue el primero en dar la hora por la radio, diariamente, con el cañonazo de las nueve decía: las nueve en punto. (7) Tal vez fue también el primero en preguntarse, en más de una ocasión, por qué sólo parte de la ciudad tenía el privilegio de poner los relojes en hora, cada noche a las nueve, guiada por el sonido que producía el disparo del cañonazo. (8) Como es probable que a usted le sorprenda tal preocupación, le ofrezco la siguiente información, referente a los segundos que demoraba en llegar el sonido a esos lugares (publicada en Revista Telefónica Internacional, mayo de 1931): (9) Al Capitolio, 4 s.; al Vedado, calle Paseo, 13 s.; a la Loma del Mazo, Víbora, 19 s.; a Marianao, Cuban Telephone Company, 32 s.; a la playa y Country Club, 36 s.; a Arroyo Arena, 46 s.; a Santiago de las Vegas, 60 s.

Por esa época, de acuerdo con la publicación antes citada, el cañonazo de las nueve se disparaba desde La Cabaña valiéndose de un reloj eléctrico de la Cuban

Telephone Company colocado frente al cañón.

La iniciativa de Casas Romero antes recordada, se fue repitiendo en distintas emisoras pero con fines comerciales, por ejemplo: en los últimos años de la década del treinta, la CMX, Radio Lavín, se encontraba instalada en un edificio situado en Oficios y Obrapía. Teniendo en cuenta la favorable ubicación de esa emisora, el publicista Antonio Joffre –que tenía en la misma un Cuadro de Comedias dirigido por el actor Guillermo de la Mancha –, le propuso al dueño de la mueblería El Cañonazo dar la hora cada noche cuando se disparara el cañonazo, como cortesía de ese establecimiento. La aceptación de esa idea hace posible la primera anécdota:

 

Como la emisora se encontraba en uno de los últimos pisos del edificio, instalaron en una de las ventanas una bocina de fonógrafo orientada hacia la fortaleza de La Cabaña y frente a la misma, un micrófono. Todo parecía previsto, pero les falló un detalle importante: no contaron con la naturaleza. Por eso, cuando el aire estaba a favor, el estampido se oía perfectamente; pero cuando no era así, había que guiarse por la claridad que producía la pólvora al ser disparada, es decir, se veía la claridad pero no se oía: ¿cómo resolver ese problema?, era una pregunta que parecía no tener respuesta…

Sin embargo, como los cubanos para inventar no tenemos rival, el actor Tomás Cuervo (que en el Cuadro de Comedias realizaba imitaciones de voces y sonidos), se brindó para emitir el efecto con la boca, pegándose a la bocina previamente instalada. Cuando el actor imitaba el sonido, el locutor Juanito Domínguez decía: “Acaban de escuchar el cañonazo de las nueve en todo el territorio nacional, como cortesía de la mueblería El Cañonazo. ¿Y qué pasaba cuando el actor no estaba, de no oírse el sonido? Para esos casos, tenían una enorme caja de cartón, “similar a las usadas para guardar sombreros de invierno”, sobre cuyo fondo se golpeaba una baqueta como la usada para tocar el gong. (10)

De los años cincuenta data el siguiente testimonio: la CMCU, Radio García Serra, se encontraba instalada en uno de los pisos del habanero Hotel Plaza (Zulueta y Neptuno). Minutos antes de dar la hora, el locutor Manolo Ortega anunciaba: “Después del cañonazo pasaremos al show ofrecido desde la marquesina del Hotel Saratoga”. Observando el reloj eléctrico que se encontraba en la cabina, Ortega decía: “¡Ahí viene el cañonazo!”, mientras que el operador de audio, Julio César Brizuela, acercaba el micrófono a una ventana para captar el esperado sonido…

Pero una noche, el locutor, enfrascado en leer los comerciales se pasa de tiempo, y cuando mira el reloj casi infarta: ¡eran más de las nueve!.. Para salvar la situación y quedar bien con el anunciante, sale corriendo, cae al suelo, se levanta, coge un contrabajo que se encuentra a mano, le hace señas a Brizuela para que abra el micrófono, le acercó el instrumento, y tirando de una cuerda, dijo con voz convincente: “Acaban de oír el cañonazo de las nueve”. (11) Manolo Ortega, personaje principal de esta segunda anécdota, incorporó a sus excelencias como locutor, la de tener una mente ágil y una capacidad de actuar con rapidez más fuerte que el dolor por la torcedura de un tobillo.

Una larga cadena de hechos, de la cual seleccioné dos ejemplos, demuestra que el cañonazo de las nueve, a través de los años, fue un interés permanente de la radio cubana. Creo que usted coincidirá conmigo en cuanto a la poca seriedad que ha existido con tal de sacar partido a un hecho que, desde el siglo XVIII, integra las tradiciones de esta deteriorada ciudad que tanto amamos.

Es justo señalar que la preocupación por dar la hora a través de la radio tuvo tal vez su más alta expresión el primero de julio de 1947, con la inauguración de la CMCB 1330 kc, “la emisora al servicio de la puntualidad”. La salida al aire de la estación que conocemos como Radio Reloj fue un acontecimiento notable vinculado al dinamismo de Goar Mestre. La Cuban Telephone Company era la única autorizada para dar la hora oficial en todo el territorio nacional. Pero Mestre logró que aquella le permitiera darla también a través de su emisora, alegando que se trataba de un experimento que se realizaría solo durante un tiempo determinado.

Gaspar Pumarejo, director artístico de CMQ en esos momentos, llevó a cabo ese proyecto basándose en la experiencia de la emisora XEQK de México, pero haciéndole ligeras variantes. El hecho de que no se le ofreciera ninguna responsabilidad en Radio Reloj, posteriormente, suscitó su renuncia y salida de CMQ, dando motivo a la creación de Unión Radio como planta competitiva, y a su definitiva enemistad personal con los hermanos Mestre.

Por considerarlo justo, complazco a quien me ha pedido divulgar los nombres del primer cuerpo de locutores de Radio Reloj, la emisora que sigue siendo útil y necesaria a los cubanos: Héctor de Soto, Félix Travieso, Reinerio Flores, Julián M. Espinal, Eduardo Tristá y Ramón Irigoyen. (11)

EPÍLOGO

Parece que universalmente se considera la puntualidad como un rasgo del gentleman inglés. Tan importante es para ellos que, en 1923, el tañer del Big-Ben de la Torre del Parlamento de Londres, surca el espacio y un micrófono en su cima hace llegar la hora exacta a través de la BBC.

En Cuba, desde el siglo XVIII, comprobar la hora de nuestros relojes gracias al cañonazo –que no siempre fue a las nueve ni siempre se disparó desde La Cabaña –, es una tradición habanera asumida primero por Luis Casas Romero en la 2LC y secundada, después, por otras emisoras.

Con el curso escolar 2010-2011 llega un aire renovador a la enseñanza secundaria y a los preuniversitarios cubanos al ir dejando atrás, al parecer, la concepción de los profesores integrales –negación rotunda de lo que significa realmente ser un profesor integral–, con la organización de las cátedras por parejas (excepto las de Inglés y Educación Laboral), de manera que los profesores de las cátedras únicamente cubran la docencia de esas especialidades.


Las parejas de Cátedras están organizadas de esta manera:

Historia-Marxismo
Matemática-Física
Biología-Geografía
Computación-Educación Laboral
Español-Literatura
Química-Biología

Es de pensar que esa organización se debe, posiblemente, a no disponer en estos momentos con el número de profesores necesarios en cada Especialidad para asumir la docencia de cada Municipio. Significa, de hecho, un reto para los profesores. Pero confío en que podrán triunfar en tan importante empeño. Que así sea.

Creo oportuno, en las actuales circunstancias, recordar a mis colegas, los maestros y profesores, lo que el Padre Varela y su discípulo José de la Luz y Caballero, nos indicaron como deberes sagrados: Evitar que los alumnos sean maquinitas repetidoras, enseñarlos a pensar por sí mismos, para que sean los hombres capaces, leales y honrados que la Patria requiere. Padres, abuelos y maestros, arquitectos de las almas infantiles, tengan presente que el mejor método de educación es el testimonio diario de sus propias vidas

 

Referencias:

(*) Mi agradecimiento a la Lic. Lula Pérez Blanco, de la Biblioteca Histórica Cubana y Americana Francisco González del Valle, Oficina del Historiador, por su colaboración.

(1) Emilio Roig de Leuchsenring. “Las puertas de las Murallas y el cañonazo de las nueve “, en Carteles, La Habana, septiembre 1 ero de 1935, p. 26.
(2) Ibídem.
(3) Era el abuelo de José de la Luz y Caballero.
(4) Ibídem 1.
(5) E. Roig de Leuchsenring no precisa la fecha. Tampoco he hallado ese dato en otras fuentes.
(6) Ibídem 1
(7) Véase: “Memorias de la radio cubana I”, en Palabra Nueva no. 195, abril 2010, p. 52.
(8) Testimonio de su hijo Luis a Oscar Luis López. Véase: Josefa Bracero. Rostros que se escuchan. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2002, pp. 221, 222.
(9) Véase: Oscar Luis López. La radio en Cuba, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1998, 2da. Edición, p. 118.
(10) Ibídem pp. 118, 119.
(11) Ibídem pp. 124, 125.