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La telenovela Aquí estamos, que pasa tres veces a la semana por el canal Cubavisión en horas nunca fijas de la noche, ha provocado gran expectativa y comentarios entre los televidentes. |
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Con guión de Alfredo Felipe Pérez y la dirección de Rafael Cheíto González y Hugo Reyes (también coguionista) la novela trata sobre el esfuerzo de unos jóvenes actores aficionados
empeñados en crear un grupo de teatro que, a fuerza de mucho amor y tesón, se va logrando. La trama central alterna con otras de la vida cotidiana de cada uno de estos personajes inmersos en conflictos familiares e íntimos.
Aunque la telenovela no ha llegado a un grado de desarrollo argumental suficiente como para hacer balances definitivos de su realización, la crítica ha comenzado a manifestar sus valoraciones, casi ninguna de ellas favorables, mientras el público –por el contrario– comenta y celebra el modo desenfadado con que en este dramático se muestran algunas de nuestras problemáticas sociales actuales.
En la crítica aparecida en La Calle del Medio de julio pasado, escrita por el periodista Jorge Alkubi con el título de “Aquí estamos, pero... ¿así somos?”, el autor confiesa sentir desasosiego e intranquilidad por “el amasijo de efectos individuales y colectivos que nos impone la obra”.
No sé qué quiere decir concretamente el amasijo de ideas que encierra la frase anterior, pero lo que sí sé es que la obra no impone nada, sino propone al televidente, que es libre de aceptar o no, lo que en ella se pretende sugerirnos.
Continúa el articulista planteando que los realizadores de nuestros programas de televisión deben velar por que haya un equilibrio entre el mal y el bien que las obras dramáticas para la TV representan, para cumplir con la función pública de educar, informar y entretener que tiene nuestra TV. Y dice más: comenta la desproporción existente –según su apreciación– en la conformación de los personajes, pues “si se pretende hacer un análisis de las problemáticas sociales, prácticamente todas, de nuestro país, también deben haber otros personajes de otras esferas y clases, que provean de credibilidad a una sociedad que se pretende describir en una casi totalidad”. |
A lo que yo pregunto: ¿Y se pretende describir casi como una totalidad a nuestra sociedad en Aquí estamos? Porque eso no es lo que se percibe de acuerdo con el argumento de la obra.
No creo que al director ni a los guionistas se les haya ocurrido tamaña empresa. Naturalmente, las problemáticas de nuestro país –como las de cualquier país, porque casi todos tienen muchísimos problemas– no se limitan a las representadas en la telenovela, pues para ello habría que hacer una serie con no sé cuántas temporadas. Además, si para que haya un equilibrio entre el mal y el bien –como propone el periodista–, deben haberse concebido otros personajes, entonces habría que reprocharle a Coppola que los personajes de El Padrino no tuvieran sus antimodelos. Sin embargo, la película funciona así admirablemente.
En otra crítica, publicada en El Caimán barbudo de julio-agosto, escrita por Antonio Enrique González con el título de “Aquí no estamos todos. La juventud y el melodrama social cubano”, se afirma que la muestra representativa de la juventud que aparece en la telenovela es tomada más desde la impresión que desde un mínimo rigor sociológico, lo cual –de acuerdo con su consideración– hubiera logrado resultados más plurales. Continúa el autor diciendo que “siguen quedando fuera del juego los significativos porcientos de trabajadores sociales, instructores de arte, maestros emergentes, intelectuales, las diversas aristas de la marginalidad, los desocupados, pues la prostitución y la delincuencia son rozadas con el pétalo de una flor”
En fin, parecen estarle exigiendo a los realizadores de Aquí estamos lo mismo que –salvando las diferencias, por supuesto– se propuso Honorato de Balzac: describir toda la sociedad francesa de su tiempo, lo cual logró pero en más de 100 novelas en su gigantesca serie de la Comedia Humana, a la cual consagró casi toda su vida con tanta intensidad que lo llevó a la muerte a los 52 años.
Como si todo eso fuera poco, recientemente apareció la crítica –aun con mayores pretensiones– de la periodista Leticia Martínez en el diario Granma el 21 de septiembre, donde cuestiona el funcionamiento de la programación dramática de la TV cubana y pide exigir responsabilidades “a los que aprobaron, alentaron y pusieron en el aire esa propuesta: la Redacción especializada y las instancias de dirección de la TV ”. Además de ello –que ya es bastante–, el citado artículo califica a la novela de mal actuada, sin que se expliquen los fundamentos en que se basa tan delicada valoración profesional, y juzga vulgar el habla de no pocos de sus personajes –cuya chabacanería es cierta–, pero sin tener en consideración la caracterización específica que esos actores representan. |

Adonis y su padrastro. |

Adonis. |

Adonis y su padre. |
Las críticas aludidas tienen todo el derecho –que es también nuestro deber– de defender los valores éticos y morales que nos debatimos por seguir cultivando en nuestra sociedad; pero percibo que carecen precisamente de lo mismo que le reprochan a la telenovela, es decir, de una falta de integración de todos los elementos que deben conformarla para que esos análisis sean lo suficientemente convincentes, pues al centrar sus valoraciones en el aspecto sociológico –más bien ideológico– de la obra, no tienen en cuenta el resto de sus partes.
Por ejemplo, obvian el hecho de que la telenovela ofrece suficientes elementos argumentales que nos permiten explicarnos por qué esos jóvenes son como son, ya que los realizadores recrean sus ambientes familiares con los conflictos donde esos muchachos conviven, y de los cuales ellos son de cierto modo un resultado.
Adonis no manifiesta una buena relación con su padre porque le reprocha haber sido infiel a su mamá, y ha asumido rasgos negativos de la personalidad de su querido padrastro, quien, aunque delinquió y fue sancionado, ya no está dispuesto a volver a cometer el mismo error. El padrastro de Adonis no se deja corromper y hasta se va de la casa de su hermana, porque está en desacuerdo con ella por permitirle costumbres inapropiadas a su sobrino. Pero de esto no habla la crítica. |

Los padres de Cecilia. |

Cecilia. |

Empresario extranjero. |
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Los padres de Cecilia no han sido capaces de educar correctamente a sus hijos, pues los dos hermanos de ella son delincuentes, y a Cecilia le consienten que tenga relaciones amorosas con un hombre casado que, además, no es cualquier hombre, porque se trata de un empresario extranjero, no de uno de nuestros buenos pero humildes ingenieros. El padre de Cecilia ni pinta ni da color en su casa; se aprecia que ha perdido la autoridad que como tal le corresponde, pues quien lleva la voz cantante es su esposa, una persona oportunista, especie de Celestina del siglo xxi cubano. Pero estas debilidades la crítica tampoco las explica como un señalamiento positivo, en el sentido de que muestran los efectos negativos de una educación familiar deficiente en valores espirituales. Yoyi es uno de los personajes más bellamente humanizados en la telenovela. La madurez, responsabilidad y la amorosa paciencia con que trata a su hermano incapacitado, refleja una de las páginas más emotivas y ejemplarizantes que yo haya visto en los dramáticos cubanos. Sus padres se han quedado en el extranjero y él no da saltos de alegría, lo ha asumido con tristeza. Sacrifica los mejores años de su vida con tal de que su hermano esté bien atendido al abrigo de su cariño, lo cual hace con mucha complacencia. ¿Y quién habla de esto? Nadie. |
Yoyi junto a su hermano incapacitado |
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Los padres de Paula. |
Tampoco se habla de la actitud del padre de la vulgarísima y pretensiosa Paula, el cual, a pesar de vivir entre mucho confort y de ser siquiatra –pero a fin de cuentas un ser humano–, se angustia porque no está conforme con ese estilo de vida ligth de su esposa. Para él lo mejor de la vida va mucho más allá que la buena mesa, el vestido de marca y las selectas reuniones sociales que se escudan en reuniones de trabajo, esas que tanto absorben a su esposa, a quien tanta superficialidad le costará el matrimonio.
Y así cada personaje tiene su contexto familiar que nos aporta elementos para comprender la razón de sus conductas, y la coherencia de la trama. Pero de esa dialéctica sobre la cual se sustenta el argumento, tampoco se habla. |
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Otra cosa es la crítica de Víctor Fowler, aparecida el 3 de octubre en Juventud Rebelde –uno de los diarios más importantes que faltaban por tocar el tema, porque parece que el asunto tiene azúcar–, bajo el título de “Aquí estamos. Colores de Cuba”. Fowler –que es ensayista y poeta– escribe su artículo con mucho tiento, como si cada idea que expresara fuera un paso en un campo minado, lo cual a veces lo hace un poco incomprensible. Lo cierto es que ya aquí no se habla de una telenovela mal actuada, sino de un desequilibrio en el nivel de las actuaciones, y aunque él afirma que son muchos los señalamientos críticos que a la novela pudieran hacérseles –según sus observaciones–, reconoce que “a pesar de ello, es tan grande el potencial de la historia […] que la narración merece ser seguida”, sobre su estructura “a través de los personajes, son planteados problemas acuciantes para el presente de la vida, en especial del sector joven, en el país y –aunque se extraña un enfoque y una representación más penetrantes– complace ver llevados a la pantalla la ligereza y orientación al arribismo de Paula, el oportunismo de su madre, la adicción y la coraza emotiva de Vladimir…”
Independientemente de que Fowler pueda o no tener razón en algunos de los señalamientos que expone como deficiencias de la telenovela –que lo juzguen los expertos en dramaturgia–, lo interesante para mí es su modo de expresar sus valoraciones, plasmadas sin pasión y de una manera equilibrada y razonable, lo cual denota el dominio del oficio que se ejerce.
A pesar de todo lo anterior, al final de la lectura del análisis de Fowler el lector no se queda con ese sabor a telenovela despreciable y despreciada que otras valoraciones se empeñan en dejarnos sobre Aquí estamos.
Sí, es verdad que así no somos todos y que en Cuba todavía quedan muchas personas con virtudes admirables, por suerte. Pero el hecho de que no estén
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Paula.

Vladimir o “Siddharta”. |
| representadas en la obra, no significa que la telenovela sea execrable. Por el contrario, el artista no tiene por qué representarlo todo, sino lo que entienda oportuno de la vida para sostener su tesis sobre un tema.
No es necesario complementar el reparto de Aquí estamos con personajes de instructores de arte, maestros emergentes, trabajadores sociales o intelectuales de vanguardia, que la crítica supone ausentes, para que el espectador recuerde que nuestra sociedad es mucho más diversa que esa porción de realidad mostrada en la telenovela. Pues en un país que se precia de un alto índice de instrucción y de cultura, nadie debe temer que el espectador no sepa apreciar lo bueno de lo malo o se confunda, cual un niño inocente. No podemos tapar el sol con un dedo. Es imposible negar lo constatable. Yo también afirmo que, en Aquí estamos, así no somos todos, pero sí una parte considerable de nosotros. Y por que lo reflejemos en un medio tan abarcador como la televisión, no significa que atentemos contra nuestros proyectos sociales ni ofendamos a nuestros abnegados maestros, ni a padres ejemplares, ni a nuestros jóvenes trabajadores y estudiosos, que los tenemos; pues con la representación de lo malo y de lo feo de la vida, también aprendemos qué es lo bueno, y nos edificamos. Si algo provechoso nos trasmite la telenovela es su capacidad de inquietarnos para hacernos pensar más, seria y profundamente, en nuestros caminos y proyectos de vida. No sé qué otros rumbos tomará su argumento, pero lo que he visto de ella hasta hoy no me defrauda ni me desconcierta; y me consta que tampoco a muchos televidentes que, por supuesto, no tienen la posibilidad de publicar sus opiniones, pero sería muy justo tenerlas presentes, pues a fin de cuentas ellos son los destinatarios y hasta testigos de esa vida que, aunque nos pese, Aquí estamos representa. Yo tampoco creo que la telenovela sea perfecta. Perfecta es la Divina Comedia. Pero, vaya…, ¡no hay que hacer una tormenta de un vaso de agua, y mucho menos, leña del árbol caído! Como dice Fowler, “no digamos qué somos ni qué no somos, sino que tenemos la posibilidad” (a lo que yo agregaría) de ser siempre mejores; y si hay una intensión marcada que Aquí estamos se propone, es precisamente esa. |
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