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Mención del XIV Concurso de Periodismo y Literatura


GÉNERO: Entrevista
por Jorge Fernández Era

“Póngale usted el punto, Ojeda”
“Póngale usted el punto, Ojeda”
“Soy un músico popular que ama a Cuba,
y dediqué mi vida a la cultura musical campesina ”
Miguel Ojeda

Una guitarra con bigotes. Así nombraba yo al laúd cuando, pequeño todavía, mi padre no necesitaba obligarme a ver Palmas y Cañas, pero sí a que engullera el plato de la comida de los domingos, a la hora del grito que anunciaba el programa de Ramón, la misma de sentarnos todos a la mesa. Además de lo atípico del instrumento, me llamaba la atención “la cara de bueno” y la sonrisa franca que tenía el hombre que lo tocaba.

Luego supe se llamaba Miguel Ojeda, y que a mediados de los sesenta había dirigido una espectacular agrupación de cien guitarras que en plena Plaza de la Catedral deleitó a los participantes en un importante congreso mundial de arquitectura. Tan sencillo se veía que pocos sabían o podían imaginar que alguna vez formó trío junto a Eduardo Saborit y Ramón Veloz, acompañó a Pedro Vargas y a Los Panchos, y compuso más de cien piezas musicales.

Ya casi nonagenario nació el 29 de septiembre de 1921 , falleció el pasado 10 de enero, y este periodista se queda con las ganas de entrevistarlo. Entonces, a partir de las décimas de Ojeda que amablemente me cedió su hijo Miguelito, decido armar un diálogo imaginario con el laudista, compositor y poeta. No estarán de seguro todas las preguntas ni todas las respuestas, pero sí el punto maravilloso del Maestro Miguel.

 

¿De qué parte de la Isla es Miguel Ojeda?

En Cárdenas yo nací,/ en Cárdenas me crié,/ y con artística fe/ el mundo yo recorrí./ A muchos lugares fui/ con orgullo verdadero,/ fui exponente muy sincero/ del campesino folclor.../ pero mi orgullo mayor/ es saberme cangrejero.

¿Qué imagen guarda de sus padres?

Anoche, de madrugada,/ en el fulgor de una estrella/ vi a mi madrecita bella/ que junto a mi padre estaba./ Al verme lejos lloraba/ y sufría su dolor,/ y yo, con un tierno amor/ le tiré a mi madre un beso.../ después, con dulce embeleso,/ ella me tiró una flor.

 


¿Qué son para usted los hijos?

Los hijos, los hijos son/ lo irrevocable, lo santo,/ frutos que nos dan encanto/ y sueños del corazón./ Los hijos son la razón/ fundamental de la vida,/ son la ilusión florecida/ en el corazón de un padre.../ y en el alma de la madre/ la existencia bendecida.

¿Cuántos tiene?

Partes de mi corazón/ son Rolando, Miguelito,/ Carlos, Alberto, Jorgito/ cinco hijos, ¡cinco son!/ Ellos me dan la ilusión/ verdadera de existir,/ ellos me hacen sonreír,/ y en sus nobles corazones.../ encuentro cinco razones/ que me ayudan a vivir.

El amor es...

El amor tierno y preciado/ sobre el alma se derrama,/ pero el hombre que no ama/ ¡jamás puede ser amado!/ El amor es delicado/ aun en profundo exceso,/ es dulzura y embeleso.../ es ternura que se aplica,/ y el hombre se multiplica/ en el instante de un beso.

¿Recuerda la primera vez que oyó cantar una décima?

Bajo una mata de güira/ que el sol estaba quemando,/ yo vi a un poeta cantando/ una décima guajira./ Él demostraba su lira/ con un folclórico anhelo,/inspirado en aquel suelo,/ porque solamente él,/ sin pintura ni pincel,/ podía pintar el cielo.

Sus fuentes de inspiración...

El frescor de la mañana/ y las gotas de rocío/ inspiran el canto mío/ en la húmeda sabana./ Es una postal cubana/ pura, reyoya y genuina,/ la alborada matutina/ riega color en el suelo.../ como anunciándole al cielo/ otra estampa campesina.

¿Nació Miguel Ojeda para el arte?

El arte es quien determina/ de mi vida lo mejor,/ y yo siento un gran amor/ porque el arte me fascina./ Siempre seguí su doctrina/ con celo, con inquietud,/ y desde mi juventud/ el arte en mí se acomoda.../ y funde mi vida toda/ en las cuerdas de un laúd.

¿Le ha sido fiel el laúd?

Por el mundo yo viajé/ con patriotismo y amor,/ y mi querido folclor/ con orgullo lo adoré./ Mi laúd siempre llevé/ porque fiel me acompañaba,/ cuando acongojado estaba/ o me sentía deshecho.../ me lo colgaba del pecho/ y en el alma me vibraba.

Lo campesino ha marcado su vida...

La música campesina/ sabe a guarapo de caña,/ a verdores de montaña/a Cucalambé y Rufina./ Sabe a brisas de colina/ en el paisaje que veo,/ yo la bailo con deseo/ porque me siento cubano.../ “no existe nada tan sano/ como nuestro zapateo”.

Voy a descomponer en dos partes el programa que usted prestigió: Palmas...

Palma de estrella y rubí/ que te empinas vertical,/ como el árbol nacional/de este cielo azul turquí./ De San Antonio a Maisí/ eres una novia buena,/coqueta, que no está ajena/ al aire tan juguetón/ y que viene retozón/ a despeinar tu melena.

...y Cañas

Nuestra campiña cubana/ es un jardín florecido/ que el campesino aguerrido/ con su trabajo engalana./ Al despertar la mañana/ se oye la voz de un arriero,/ que vislumbra un carretero/ que se dirige al central.../ y allá en el cañaveral/ canta la mocha de acero.

¿Qué me dice de la próxima canturía?

Hay parranda campesina,/ vendrán muchos bailadores,/ y un grupo de trovadores/ que hay en la finca vecina./ Hasta la vieja Agripina/ anda buscando pareja,/ dice que no está tan vieja/ y que en esta canturía/ ella ve nacer el día/si su marido la deja.