¿Qué son para usted los hijos?
Los hijos, los hijos son/ lo irrevocable, lo santo,/ frutos que nos dan encanto/ y sueños del corazón./ Los hijos son la razón/ fundamental de la vida,/ son la ilusión florecida/ en el corazón de un padre.../ y en el alma de la madre/ la existencia bendecida.
¿Cuántos tiene?
Partes de mi corazón/ son Rolando, Miguelito,/ Carlos, Alberto, Jorgito/ cinco hijos, ¡cinco son!/ Ellos me dan la ilusión/ verdadera de existir,/ ellos me hacen sonreír,/ y en sus nobles corazones.../ encuentro cinco razones/ que me ayudan a vivir.
El amor es...
El amor tierno y preciado/ sobre el alma se derrama,/ pero el hombre que no ama/ ¡jamás puede ser amado!/ El amor es delicado/ aun en profundo exceso,/ es dulzura y embeleso.../ es ternura que se aplica,/ y el hombre se multiplica/ en el instante de un beso.
¿Recuerda la primera vez que oyó cantar una décima?
Bajo una mata de güira/ que el sol estaba quemando,/ yo vi a un poeta cantando/ una décima guajira./ Él demostraba su lira/ con un folclórico anhelo,/inspirado en aquel suelo,/ porque solamente él,/ sin pintura ni pincel,/ podía pintar el cielo.
Sus fuentes de inspiración...
El frescor de la mañana/ y las gotas de rocío/ inspiran el canto mío/ en la húmeda sabana./ Es una postal cubana/ pura, reyoya y genuina,/ la alborada matutina/ riega color en el suelo.../ como anunciándole al cielo/ otra estampa campesina.
¿Nació Miguel Ojeda para el arte?
El arte es quien determina/ de mi vida lo mejor,/ y yo siento un gran amor/ porque el arte me fascina./ Siempre seguí su doctrina/ con celo, con inquietud,/ y desde mi juventud/ el arte en mí se acomoda.../ y funde mi vida toda/ en las cuerdas de un laúd.
¿Le ha sido fiel el laúd?
Por el mundo yo viajé/ con patriotismo y amor,/ y mi querido folclor/ con orgullo lo adoré./ Mi laúd siempre llevé/ porque fiel me acompañaba,/ cuando acongojado estaba/ o me sentía deshecho.../ me lo colgaba del pecho/ y en el alma me vibraba.
Lo campesino ha marcado su vida...
La música campesina/ sabe a guarapo de caña,/ a verdores de montaña/a Cucalambé y Rufina./ Sabe a brisas de colina/ en el paisaje que veo,/ yo la bailo con deseo/ porque me siento cubano.../ “no existe nada tan sano/ como nuestro zapateo”.
Voy a descomponer en dos partes el programa que usted prestigió: Palmas...
Palma de estrella y rubí/ que te empinas vertical,/ como el árbol nacional/de este cielo azul turquí./ De San Antonio a Maisí/ eres una novia buena,/coqueta, que no está ajena/ al aire tan juguetón/ y que viene retozón/ a despeinar tu melena.
...y Cañas
Nuestra campiña cubana/ es un jardín florecido/ que el campesino aguerrido/ con su trabajo engalana./ Al despertar la mañana/ se oye la voz de un arriero,/ que vislumbra un carretero/ que se dirige al central.../ y allá en el cañaveral/ canta la mocha de acero.
¿Qué me dice de la próxima canturía?
Hay parranda campesina,/ vendrán muchos bailadores,/ y un grupo de trovadores/ que hay en la finca vecina./ Hasta la vieja Agripina/ anda buscando pareja,/ dice que no está tan vieja/ y que en esta canturía/ ella ve nacer el día/si su marido la deja. |