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Bent Larsen. |
por Nelson de la Rosa Rodríguez |
Mientras los mejores ajedrecistas del mundo hacían sus maletas para participar en la Olimpiada Mundial con sede en Khanty Mansysk, Rusia, una noticia alcanzó protagonismo en los espacios informativo-deportivos de muchos países: “El Gran Maestro danés Bent Larsen murió en un hospital de Argentina a los 75 años de edad”.
Larsen nunca fue campeón del mundo. Le tocó una de las épocas de mayor esplendor del juego ciencia pero compartió protagonismo con figuras legendarias en las décadas del sesenta y el setenta, encabezadas todas por el genio estadounidense Bobby Fischer.
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Algunos historiadores aseguran que Larsen fue uno de los pocos jugadores de Occidente que alcanzó un resultado favorable frente a la mayoría de los campeones mundiales de la entonces Unión Soviética. Ante él inclinaron su rey en más de una oportunidad Mijaíl Botvinik, Vasili Smislov, Tigran Petrosian, Mijaíl Tal, Boris Spassky y hasta Anatoli Karpov, sin contar que también venció al propio Fischer. En esa época logró incluirse entre los mejores tres jugadores del orbe, atendiendo a su coeficiente Elo.
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Bent Larsen joven. |
Larsen nació en el pueblo de Tilsted, Dinamarca, el 4 de marzo de 1935, aunque su crianza transcurrió en la ciudad de Holstepro. Aprendió a jugar al ajedrez a los 6 años, y cuando cumplió 19 ya poseía el título de Maestro Internacional. En ese tiempo participó en dos Campeonatos Mundiales juveniles: en Birmingham 1951, quedó cuarto; y en Copenhague 1953, terminó quinto.
A los 21 años se consagró campeón de su país y logró una de sus mejores actuaciones históricas en la Olimpiada de Moscú, Unión Soviética, en 1956.
En esa cita Larsen, que ya defendía el primer tablero de su país, alcanzó 14 puntos de 18 posibles, una cifra que se considera extraordinaria teniendo en cuenta que debió enfrentar a los entonces mejores jugadores del orbe. Su labor fue tan destacada que le valió para conquistar el título de Gran Maestro.
Su primer gran triunfo en torneos cerrados llegaría en 1958, cuando se impuso en el Torneo Magistral Ciudad de Mar del Plata, Argentina, una ciudad a la que volvería una y otra vez hasta fijar residencia definitiva.
En su palmarés se destacan seis campeonatos nacionales de Dinamarca y la victoria en los prestigiosos torneos internacionales de Wijk Aan Zee, Holanda, en 1960 y 1961; el IBM de Amsterdam, en 1964; y el Memorial Capablanca, |
Cuba, en 1967. Ese mismo año ganó en Winipeg, Canadá, y menos de 12 meses después se tituló en Mónaco. Luego vinieron otros muchos triunfos, con especial destaque para Lugano, 1970; Las Palmas, 1972; y Manila, 1973.
Bent Larsen fue un jugador habitual en los torneos interzonales, los cuales constituían la etapa previa a la participación en los matches de candidatos, camino obligado |
para los aspirantes a la corona universal.
En ese sentido la historia recoge que el danés ganó tres certámenes de éste tipo: Amsterdan, en 1964; Sousse, en 1967; y Biel, en 1976. Asimismo, cuatro veces estuvo en los matches de candidatos y en tres de ellas llegó a la semifinal. En 1965 perdió ante Mijaíl Tal, en 1968 con Boris Spassky, y en 1971 cedió ante Bobby Fischer. En su cuarta oportunidad sólo llegó a los cuartos de final y allí fue eliminado por el húngaro Lajos Portisch, en 1978.
Pese a no haber ostentado nunca la corona mundial, Bent Larsen es reconocido por todos como un jugador excepcional. En su juego se destaca un batallar constante y la historia lo recoge como uno de los trebejistas más opuestos al resultado de tablas (partida empatada y división del punto). Hoy, cuando abundan las llamadas tablas de salón, sería bueno que muchos recuperaran el estilo del danés. |
Larsen y Bobby Fischer, en la Copa Piatigorsky,
1966,
Santa Monica. |
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Quizás por eso, en su extensa literatura ajedrecística se destaca una obra maestra: Yo juego para ganar.
En ella, el jugador muestra su estilo inconformista, la búsqueda de aperturas poco dinámicas, y para nada convencionales.
Precisamente su espíritu luchador y su negativa a las tablas, explican su resultado totalmente adverso frente a Fischer en el match de candidatos de 1971. En más de una ocasión pudo alcanzar la división del punto pero, siempre apostó por la victoria, aunque asumiera con ello el riesgo de la derrota.
Bent Larsen, “el último romántico del ajedrez”, murió el jueves 9 de Septiembre en la Sala de Cuidados Intensivos del Sanatorio Anchorena, Argentina, donde se encontraba recluido desde hacía tres semanas debido a un derrame cerebral.
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Anatoli Karpov y Bent Larsen, en 1980. |
Había fijado su residencia en ese país desde 1982, luego de participar en Magistral Ciudad de Mar del Plata. Esa vez Larsen conoció a Laura, entonces una joven abogada, con quien se casó luego de solo una semana de noviazgo. Al parecer, el jugador llevó sus dotes y cálculos del tablero a la vida sentimental pues el matrimonio perduró hasta su muerte, luego de 28 años. Todo ese tiempo vivieron en una pequeña casa en la ciudad de Martínez, al norte de Buenos Aires.
El excepcional jugador danés pasará a la posteridad también por otros datos interesantes: En 1988 se convirtió en el primer Gran Maestro vencido por el programa informático Deep Thought, y 20 años después quedó en el último lugar del Torneo de Ruibal, en Argentina. Para la ocasión Larsen tenía 73 años y perdió las nueve partidas que disputó. |
Al ser interrogado por su labor, el Gran Maestro dijo: “El ajedrez a veces es una comedia. Aunque parezca extraño no ganar ninguna partida, no creo que sea tan |
raro, me ha ocurrido en otras ocasiones, como en La Habana en el 67, donde estuve varias veces a punto de perder y, sin embargo, no perdía. Aquí me sucedió todo lo contrario”.
Para Larsen el ajedrez era la vida toda. Cierta vez le preguntaron cuál era la razón por la cual tantos hombres se apasionaban por éste juego y sin pensarlo mucho respondió: “El ajedrez es una hermosa amante a la que volvemos una y otra vez sin que importen las muchas veces que nos rechace”.
Así era Bent Larsen, el mejor jugador nórdico de la historia… hasta que llegó Magnus Carlsen, que es el mejor del mundo. Sirva su legado de gusto por los entrenamientos, caballerosidad y espíritu de lucha, para incentivar en los más jóvenes el interés por ésta disciplina que más que juego, deporte y ciencia, es arte en toda la extensión de la palabra. |
Bent Larsen. |
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