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NOVIEMBRE / 2010 No.201
SUMARIO
Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante,
porque me presta oído cuando lo invoco.
Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia, invoqué al Señor:
“¡Anda, Señor, salva mi vida!”
El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi vida de la muerte, mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos.
Salmo 116, 1-9

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“Que Nuestro Señor Jesucristo, a quien san Carlos consagró su vida para bien de los hermanos, habite siempre como primer huésped de esta casa y viva en los corazones gozosos de los seminaristas, de sus formadores y profesores, y de los sacerdotes que se formarán aquí para servir al pueblo cubano. Son ustedes quienes escriben la historia de hoy en nuestro Seminario de siempre”. (Palabras del cardenal Jaime Ortega en la apertura de la nueva sede del Seminario San Carlos y San Ambrosio.
(ver artículo
)