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  Triunfa Lula en las elecciones:
¿Un momento mágico para Brasil?
 
por Roberto Veiga GONZÁLEZ
Luiz Inácio Lula da Silva. Geraldo Alkmin.
-Luiz Inácio Lula da Silva .-- - ----Geraldo Alkmin
El pasado domingo 29 de octubre la mayoría del pueblo brasileño otorgó un nuevo mandato al ex sindicalista metalúrgico Luiz Inácio Lula da Silva, conocido representante de la izquierda latinoamericana. El presidente consiguió la reelección con el 60.80 porciento de los votos (una cifra mayor de la que obtuvo cuando fue electo para el primer periodo), según datos oficiales una vez escrutado el 99.95 porciento. Por su parte el candidato del partido socialdemócrata, Geraldo Alkmin, alcanzó el 39.17 porciento, lo cual confirma la ventaja del 20 porciento que auguraban las encuestas a favor de Lula da Silva, quien además posee el apoyo de 17 de los 27 gobernadores y de 303 de los 513 diputados.


Según algunos analistas, la división del voto en la segunda vuelta de los comicios entre el presidente reelecto y el candidato opositor, refleja cierta desigualdad entre dos “Brasiles” que tienden a excluirse, el rico y el pobre. La primera vuelta ya había mostrado la fragmentación del país en términos económicos, sociales y hasta territoriales. Lula obtuvo el 65 porciento de los votos en el norte y nordeste de Brasil, donde se encuentran municipios pequeños y poblados pobres, con bajo desarrollo humano. Y Alkmin logró el 56 porciento de los sufragios en las regiones del sur y las zonas más ricas del sudeste, donde las ciudades poseen buena calidad de vida y abunda el negocio del agro.

Una vez conocido el resultado del escrutinio de la segunda vuelta, Geraldo Alkmin deseó suerte a Lula en su segundo mandato. También dijo estar feliz y con la conciencia tranquila, pues había hecho todo lo posible, ofreciendo a Brasil un mensaje de integración nacional y de progreso regional.

En su primer pronunciamiento tras ser reelecto, Lula da Silva aseguró que vivían un momento mágico pues el país consolidaba el proceso democrático y que seguiría gobernando para todos, pero los pobres tendrían preferencia.

El presidente ratificado, siguiendo esa máxima que algunos le adjudican: la izquierda en la oposición debe procurar la confrontación pero cuando gobierna ha de empeñarse en el consenso, también envió un mensaje a sectores de la oposición empeñados en no darle tregua por los escándalos de corrupción en su partido (que hasta ahora no han implicado al gobernante). A ellos comunicó que las elecciones habían culminado y no debe haber más adversario que las injusticias sociales a rectificar. Aclaró que la victoria no es de Lula, ni del PT, sino de la sabiduría del pueblo brasileño; que no se debe perder tiempo, pues se necesita trabajar porque eso es lo que el pueblo espera.

Incluso, según ha reconocido un senador del PT, citado por el diario O Folha, horas antes de conocerse los datos oficiales Lula ya había comenzado a mantener conversaciones con líderes del Partido de la Social Democracia Brasileña y del Partido del Frente Liberal.

Luiz Inácio Lula da Silva ha reiterado que durante su segundo mandato el país dejará de ser un estado emergente para convertirse en una nación desarrollada, con el objetivo, opinan algunos, de contribuir a la integración de los diferentes “Brasiles”. Para conseguirlo ha ratificado entre sus prioridades la educación y la sanidad, la honradez y la reforma política, el crecimiento económico y la integración de América del Sur, incluyendo el fortalecimiento del Mercado Común Sudamericano (Mercosur).

En este segundo y último periodo presidencial Lula da Silva se propone aumentar la calidad de la enseñanza primaria y secundaria pública, para que los alumnos con menos recursos puedan acceder a los estudios universitarios. También ha prometido más apoyo para la sanidad estatal, pues la diferencia entre la atención pública y la privada es abismal. Con la reactivación económica, sostienen los observadores, pretende disminuir la cifra de 30 millones de pobres y potenciar la clase media, así como facilitar las condiciones materiales para el desarrollo integral de todo Brasil. Acerca de la reforma política, varios analistas comentan que, además de la moralización de los actores políticos, el mayor desafío consiste en diseñar un sistema electoral capaz de constituir un congreso no atomizado que controle al gobierno pero no pueda obstaculizar sus gestiones ilícitas.

Otro tema, el de la reforma agraria, está pendiente desde su primera elección, y es altamente valorado desde el punto de vista social, económico y político, tanto por sus defensores como por los detractores. Lula prometió repartir tierras a unas 400 mil familias, algo difícil de concretar en un país como Brasil donde la inmensa mayoría de la tierra es propiedad de particulares y se encuentra en un estado de aprovechamiento satisfactorio. Ello ha provocado que diversos sectores, entre ellos el Movimiento de los Sin Tierra, lo acusen de haber sido muy lento en este reparto e incluso le dieran la espalda en estas elecciones.

Luiz Inácio Lula da Silva ha concebido el desarrollo integral de Brasil teniendo en cuenta la realidad de un mundo que se globaliza. Con lucidez pretende insertar su país en las estructuras internacionales con el propósito de que la nación cuente para el mundo y sea, de alguna manera, apreciada como necesaria en medio de todo el entramado de intereses globales, con la finalidad de garantizarle así posibilidades de beneficio.
 
Lula ha reiterado que durante su segundo mandato el país dejará de ser un estado emergente para convertirse en una nación desarrollada.
Lula ha reiterado que durante su segundo mandato
el país dejará de ser un estado emergente
para convertirse en una nación desarrollada.

BRASIL Y EL MERCOSUR

Por otro lado, procura lo anterior desde una integración, con pretensiones solidarias, entre todos los países latinoamericanos, y muy especialmente entre las naciones suramericanas. Esto tiene la finalidad de alcanzar una colaboración activa capaz de promover el desarrollo regional, así como la unidad y la fuerza necesarias para gestionar una integración digna del subcontinente en los mecanismos panamericanos y mundiales. Para ello se ha empeñado en promover el Mercosur.

El Mercosur es el acontecimiento de integración más importante en la América Latina actual. Han integrado dicha iniciativa Chile, Uruguay, Paraguay, y su eje decisivo: Brasil y Argentina. Este año ingresó Venezuela, y gestionan su cercanía otros países como Bolivia y México.

brasil y el Mercosur.  


A inicios del año 2005 el Mercosur ya representaba un mercado con 250 millones de consumidores, con un promedio de casi 3 mil dólares de ingreso per cápita, una extensión territorial de alrededor de 12 millones de kilómetros cuadrados, un Producto Interno Bruto regional de aproximadamente 900 mil millones de dólares y un gran potencial de exportaciones e importaciones. Cuenta además con la máxima concentración de capital humano, la mayor red de mercados, universidades e institutos de investigación de América Latina.

Los promotores de este proyecto han reconocido que entre sus mayores desafíos se encuentran: gestionar un crecimiento económico relevante y sostenido desde una intensificación de la producción y la productividad en todos los campos, que se pueda acompañar con una política activa de incorporación de sectores crecientes de población a más altos niveles de escolaridad y preparación técnica, al mercado del trabajo y del consumo, promoviendo la laboriosidad y empresarialidad, como protagonistas de la construcción nacional, regional y mundial.

Algunas personalidades (por ejemplo: Guzmán Carriquiry, doctor en Derecho y en Ciencias Sociales, subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos) consideran que del éxito de la presidencia de Lula da Silva depende el futuro del Mercosur y que en el destino de este proyecto integracionista se juega el equilibrio de las naciones miembros.

Es un reto descomunal para una sola persona y para un gobierno que culmina dentro de cuatro años. Este, quizá, sea el mayor desafío que ha de soportar el presidente Lula. Ello le exige una gestión capaz de erigirse en referente, así como sembrar un anhelo ideal comunitario y promover los principios sobre los cuales debe descansar. En tal sentido, debe proponerse además que el PT, su fuerza política, encarne dicho empeño. Esto último resultará una tarea ardua, pues el partido posee una estructura nacional débil y es víctima de escándalos de corrupción. Sin embargo, algunos afirman que la organización política puede recuperarse y asumir con efectividad una cuota de liderazgo (a lo Lula), tanto nacional como regional.

Habrá que ver si de verdad es posible lo anterior. Ojalá suceda, pues muchos advierten la necesidad de estudiar los paradigmas y los procedimientos asumidos por Lula da Silva durante su gestión de gobierno, considerados como inteligentes y serenos, previsores y edificantes, con la esperanza de que también puedan aportar una orientación sabia a la izquierda latinoamericana en su actual proceso de redefinición.

Esto último es de suma importancia, ya que todos los enfoques políticos (tanto de derecha como de izquierda y todos esos matices que tienden al centro) son imprescindibles para lograr un camino de justicia, siempre que estén dispuestos a interactuar continuamente, desde la tensión y hacia el consenso, con racionalidad, de forma sosegada y constructiva.


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