Revista de la Arquidiócesis de La Habana Año XX. Septiembre / 2011 No. 210
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EN ESTE UNIVERSO DE DIOS APOSTILLAS ¿QUIÉNES SOMOS? EDICIONES MENSUALES CONTACTOS
 
- San Pío V (1505-1572). Papa dominico - Oyentes de la Palabra
- El saludo del ángel II - La Virgen de la Caridad está en La Habana
- Cuba vive una primavera de Fe. - Procesión de Ntra. Sra. de la Caridad del Cobre
- La Virgen celebra su día en Güines - “Tenemos que vivir como el pueblo”
- Ordenado nuevo presbítero habanero - Las copias del texto bíblico
- Desde el Seminario
 
 
Palabras sobre María en el Evangelio.
El saludo del ángel (II)
por Hermano Jesús Bayo M., FMS
“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: 'Alégrate, llena de Gracia, el Señor está contigo'. Ella se conturbó por estas palabras y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: 'No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús'.”
(Lc 1, 26-31).

Comienza este relato con la presentación de María, situándola en el espacio y en el tiempo. La joven virgen de Nazaret, antes del anuncio del ángel Gabriel, es simplemente “Myriam”; tiene un nombre hebreo que significa elegida, amada, bella, excelsa… Lucas presenta a María en su contexto cotidiano, donde el ángel le invita a la alegría mesiánica, le cambia de nombre, le da una nueva identidad y una nueva misión.
“Alégrate” (Kaire) es una invitación al gozo propio de los tiempos mesiánicos que no puede traducirse como simple saludo de cortesía. Con este saludo, el ángel relaciona a María con los profetas que anuncian la alegría de recibir al Mesías (cf. So 3, 14-15; Is 12, 6; Jl 2, 21-27; Za 2, 14; 9, 9). Lucas hace referencia al júbilo de quien recibe al Mesías. Este gozo mesiánico lo expresa Isabel cuando saluda a María, y Juan Bautista que salta en el seno de su madre; lo manifiesta María que exulta de alegría en su cántico del Magnificat; es el gozo jubilar de Zacarías que canta el Benedictus, es el gozo de los ángeles que cantan en la noche de Navidad y anuncian la llegada del Señor, es el gozo de Ana y Simeón –últimos profetas del Antiguo Testamento–, que cantan a
Jesús como fuente de vida, dulzura y esperanza. Todo el gozo de la Navidad se concentra en este saludo, que no es un simple “Salve” al modo de “buenos días, cuídese, usted lo pase bien”… El saludo “Alégrate” trae consigo la Paz (Shalom), y es la consecuencia de recibir a Jesús, el Mesías Salvador, “porque Él es nuestra Paz”.
“Llena de gracia” (Kejaritomene) es el nuevo nombre de María. El ángel Gabriel completa y describe la identidad de María en su relación con Dios que le ha colmado de Gracia y de Amor. Su plenitud de gracia es el sustrato donde desarrollará su vocación de Madre. María ya ha sido transformada por la gracia del único Salvador, capaz de transformar a toda la humanidad. Desde su Inmaculada Concepción hasta su Asunción a los cielos, María es profecía que anuncia y anticipa lo que nosotros esperamos alcanzar. María es la que ha recibido el favor divino, es la favorecida y la favorita de Dios porque Él le ha colmado de Gracia y ha derramado sobre ella su Amor. En el Antiguo Testamento, la favorita es la Hija de Sión, la esposa muy amada y agraciada, y en este contexto, María –excelsa Hija de Sión–, responderá con amor a la gracia divina.
La santidad de María, su ausencia de pecado, precede al nacimiento de Jesús pero es obra de Dios que se orienta a su maternidad divina. María goza del favor de Dios no por sus propios méritos sino por la gratuidad de su amor. María no es la madre de la gracia, sino hija de la gracia divina. El gran favor que recibirá de Dios es el Hijo que acogerá en su seno. Este nuevo nombre, “colmada de Gracia”, no tiene paralelo en el Antiguo Testamento, aunque María esté allí prefigurada, pues la Madre del Señor recibe en su seno a quien es Creador del universo. Se inicia un nuevo tiempo de Salvación porque el Mesías habitará en nuestra tierra. “Alégrate, Hija de Sión, el Señor está en medio de ti” (So 3, 14; Za 9, 9). Este saludo deja a María desconcertada.
El ángel le dice: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús”. El ángel que inició su anuncio invitando a María al gozo y júbilo mesiánico le dice ahora, cuando ella se turba, que no tema ni se entristezca. El mismo motivo se repite: María goza del favor de Dios y es llena de Gracia; tiene el favor de Dios y concebirá en su seno. Se trata de una concepción real y no aparente; María concibe física, psíquica y espiritualmente. Ciertamente, es una concepción extraordinaria, basada en la iniciativa salvífica de Dios, y en la respuesta de fe y de amor por parte de María, que se hace fruto bendito de su seno. El fruto concebido y dado a luz es Jesús, Salvador, nacido de María la Virgen, por obra del Espíritu Santo, que nos trae la Paz y por eso no queda lugar para el temor, ni la tristeza, ni la turbación.
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